«Quien no conoce Estambul, no conoce el amor».

Yahya Kemal Beyatlı.

Comenta en este blog

Selamünaleyküm: No olvides dejar al final de cada artículo tu comentario para el autor de este humilde blog que acabas de leer. Tus opiniones serán tomadas en cuenta para mejorar el contenido en la forma y el fondo.

Si esperas respuesta a tu comentario, debes buscarla dentro de la misma sección del artículo que comentaste. Gracias. Selam.

Carlos Flores Arias – Yahya.

Escritor chileno.

Sobre Facebook

Por favor, si me agregas a Facebook, envíame un mensaje privado diciendo que has visto mi blog, para saber dónde me encontraste. De lo contrario, tu solicitud podría ser rechazada por seguridad. Muchas gracias por tu comprensión.

miércoles, 24 de abril de 2019

Incompatibilidad afectuosa


¿Hace cuánto que no escribo sobre Sr. L? ¿Dos años aproximadamente? Bastante me parece. Pues bien, un par de semanas atrás me escribió brevemente pidiéndome desbloquearlo en Facebook porque necesitaba hablarme sobre la copia empastada que le obsequié de ¿Con cuántos hombres has amanecido? en dos mil diez.
Resulta que hace dos años me planteé la idea de saldar todas mis cuentas pendientes o al menos las que más pudiera y por ello, le escribí intentando darle una explicación del por qué me había distanciado tras volver de Turquía; en esa oportunidad mi idea fue intentar irme ligero de esta vida pero como ya habían transcurrido seis años desde nuestro distanciamiento, obviamente él no quiso profundizar en mis motivos y mucho menos retomar la amistad, argumentando que nuestros caminos eran distintos y teníamos demasiadas diferencias… En fin, una de esas frases típicas suyas para decirme de manera poética o eufemística que somos incompatibles. Pensando que era justo permitirle continuar con su vida despreocupándose de mí y sin tenerle rencor alguno, volví a bloquearle pretendiendo desaparecer de su mapa.
Ahora y más o menos en el mismo plan de aligerar su carga para quedarse con lo estrictamente necesario, Sr. L ha decidido deshacerse de todos sus CD’s, DVD’s, libros e incluso su colección de Malú Gatica, que seguramente consideraba un tesoro; entre aquellos bienes estaba el ejemplar firmado de Alma Negra que se compró, una novela de Truman Capote y tal vez una copia de la película Capitán pirata que le obsequié habiéndola bajado de internet. Sin embargo, ¿Con cuántos hombres has amanecido? es una novela inédita que todavía ni siquiera tengo pensado publicar y por lo tanto, amablemente prefirió devolverme la copia en lugar de dejarla por cualquier lado.
Ayer por la tarde, cuanto finalmente nos encontramos en su departamento, me explicaría además que no era tan fácil donar una copia inédita a una biblioteca municipal y de hecho, se la habían rechazado según le entendí, por no contar con un permiso del autor. Ya sea que pretendiera tener un gesto de consideración –prefiero creerlo– o simplemente porque no se la recibirían en ninguna parte, es bueno tenerla de regreso sabiendo que además de él, ninguna otra persona podría cuidarla mejor que yo.
Hasta ahí el punto práctico, porque en los días previos me había asegurado que tenía la mejor disposición pues quería verme y saber de mí, pero entendía si yo no quería verlo e incluso me ofreció que mamá fuera a recoger la copia. Por mi parte, acepté su invitación porque tal como él me explicaba, si bien nos distanciamos, no nos convertimos en enemigos y si hubiera enviado a otra persona en mi lugar, habría sido como decirle que todavía tenía conflictos sin resolver. Empero, para ser sincero, hasta ayer ignoraba qué esperar de dicha reunión, si bien sabía que en determinado momento deberíamos abordar nuestro distanciamiento.
Todo fue tranquilo pero hubo instantes en los cuales no pude evitar sentirme como si lo hubiese visitado apenas al día siguiente de nuestro último encuentro en dos mil once. Llegó el momento de darle la oportunidad que hace ocho años le negara para cerrar por su parte nuestra historia porque habiéndolo hecho unilateralmente provoqué según sus palabras, una desazón o desilusión al no reconocer a su apreciado Carlitos en ese tipo capaz de cerrarle todas las puertas sin darle ningún explicación. Desde luego puedo comprender cuán difícil le debió resultar durante este tiempo intentar conjugar ese cariño que aún me tiene y del cual no tengo por qué dudar con la pena de saberse abandonado.
Sin embargo, seguramente intentando explicarse mi silencio, ha llegado a pensar que por practicar el Islam debí sacar de mi radar a aquellas personas quienes no eran compatibles con mi nuevo estilo de vida. No nos distanciamos porque quisiera tener un crecimiento espiritual y de hecho, perfectamente podríamos haber seguido siendo amigos hasta ahora, pero él no comprende cómo me es posible «estar con personas que no me permiten ser yo mismo».  Al respecto intenté explicarle que cada musulmán es responsable de sus propios actos y ninguno vendría a mi casa para reprocharme alguna conducta porque no vivimos pendientes de lo que hace el hermano, todo en nuestro destino ya está escrito previamente, cuando nos presentemos ante Allah, lo haremos como individuos sin que nadie deba responder por nosotros y además, es imposible que un ser humano imperfecto cumpla con todo cuanto pide una religión cualquiera sea, pues tenemos limitaciones e intentamos hacer lo mejor posible.
Cuando le planteé la posibilidad de retomar nuestra amistad, lo rechazó categóricamente argumentando que las acciones tienen consecuencias. Yo no pude objetar porque al menos en este punto tiene toda la razón, pues si me aparté fue teniendo razones. Escribo el presente artículo porque este blog y mis lectores han sido testigos de nuestra historia, pero sólo diré que desaparecí bastante tiempo antes de ser musulmán practicante y no por cambiar de credo.
No entraré en detalles sobre aquellos motivos porque en primer lugar, a ambos nos parece muy desgastante y en particular a mí además inútil recordar lo que debería estar superado desde hace ocho años. Por otro lado, aunque nuestras opiniones al respecto no coincidieron, al menos llegamos al acuerdo de tener cada uno nuestras propias verdades sobre el asunto; si bien se me quedaron algunas cosas en el tintero porque según él «hay conversaciones que es mejor no tener», tampoco es éste el lugar para retomar un tema privado y añejo.
Sólo quiero hacer un brevísimo comentario que tal vez Sr. L podría, si quiere, tomar como consejo aunque no me lo haya pedido y es que siempre me consideró un buen consejero: deja de usar esa muletilla evasiva de «hay conversaciones que es mejor no tener», pues te quejaste de que algunas personas desaparezcamos sin dar explicaciones pero cuando alguien quiera decirte algo, es porque necesita ser escuchado y si siempre le dices esa frase, no puedes reprocharle que se vaya sin despedirse.
Cuando me entregó el libro, lo denominó un cierre digno y me alegra que haya podido tenerlo finalmente porque al bloquearle nunca pretendí lastimarlo sino más bien, retirarme con la mayor dignidad posible pensando que él no habría dado lugar a una conversación conclusiva. Me di cuenta de esto ayer, al confesarme lo desgastante que le resultaba lidiar con mis expectativas.
Fue raro sentir que el tiempo no había pasado porque yo ahora no pienso como hace ocho años. Entiendo y respeto absolutamente que Sr. L no quiera retomar nuestra amistad, pues dijo que hay un tiempo prudente para hablar sobre aquello que nos separa, pero no después de seis años y al respecto, sólo diré que las cosas no suceden cuando uno desea sino cuando corresponde pero si no me acerqué antes fue porque tampoco estaba listo ni había superado del todo los desencuentros. El problema es que ambos relojes –lo deseado y lo apropiado– casi nunca coinciden. Por otro lado, nos dimos cuenta o al menos yo, de que aquellas diferencias estuvieron siempre presentes, pues nuestras expectativas con respecto a la amistad nunca se encontraron.
Por último, y ya para terminar con una nota dulce, Sr. L dijo que yo le había cerrado todas las puertas, como se hace cuando una relación termina, en este caso una amistad. Ahora no lo bloquearé porque las amarguras perdieron su importancia y si bien retomar la amistad es algo improbable, valoro el cariño que afirma tenerme. Toda acción tiene consecuencias, es cierto; Carlos tuvo buenas razones para cerrar la puerta, pero Yahya la dejará abierta para que sin empujarlo ni presionarlo, él decida si quiere entrar. Es extraño cómo puede existir cariño entre dos personas incompatibles, pero cosas más raras se han visto en este mundo.

lunes, 18 de febrero de 2019

Portada turca para Síndrome de Estambul


Como todos ustedes saben, en diciembre de dos mil quince se lanzó la edición chilena de mi novela Síndrome de Estambul bajo el sello Contracorriente Ediciones y poco después surgió la posibilidad de publicarla en Turquía gracias al trabajo de la editorial Profil Kitap, pues el Ministerio de Cultura y Turismo de ese hermoso país estaba interesado en difundir la obra de un autor chileno pero al mismo tiempo, mi opinión sobre su cultura, tradiciones, historia y otros detalles expuestos en la crónica del viaje que hice.
Sólo dije lo justo y necesario pretendiendo no arruinar el proyecto hablando demás. Sin embargo, ahora puedo presentarles la portada de İstanbul Sendromu. Estoy tan contento con esta noticia, que quise compartirla inmediatamente en todas mis redes sociales, pues ahora mis hermanos y amigos turcos podrán leer la obra en su propio idioma, permitiéndome acercarme mucho más a ellos.
Desde luego, esta publicación me permitirá abrirme camino profesional en un país que he amado desde hace ya tantos años. Considerando todas las implicaciones, no puedo dejar de agradecerles a los señores Mehmet Mollaosmanoğlu, Munir Üstün, Eren M. Paykal y todo el equipo de Profil Kitap, quienes con gran profesionalismo han hecho un maravilloso trabajo traduciendo, editando y publicando mi novela.
De igual manera, me corresponde agradecer a mi amiga personal, Yeliz Şimşek, por ayudarme en las reuniones con el señor Mehmet y gestionar en parte la edición, sirviendo como intermediaria entre las dos editoriales responsables de publicar la obra en Chile y Turquía.
Por último, quisiera agradecer también al señor Ignacio Fritz y Contracorriente Ediciones, por publicar la edición chilena de mi obra.

domingo, 3 de febrero de 2019

Manifiesto para el día de los enamorados


Hacía tiempo ya no pasaba por mi blog a dejar algún artículo; lo bueno es que nadie me paga por ello. Sin embargo, como iniciamos otro febrero y mis entradas más visitadas son aquellas referentes a la soledad, quise dejar de lado un momento mis otras ocupaciones literarias y escribir algo nuevo porque los años no pasan sólo para hacer caer el cabello o aparecer arrugas, aunque modestia aparte creo no tener ninguna todavía.
Es precisamente la experiencia que me ha hecho cambiar a mis treinta y siete años la opinión que tenía a los veinte sobre las relaciones y seguramente en el futuro seguirá cambiando muchas veces, si Allah (cc) me da vida. Debo confesarles que a esta edad comencé a echar en falta tener pareja, tal vez no para vivir juntos al mes de conocernos como algunas personas hacen hoy, respetablemente donde las haya, sino porque uno quiere sentirse acompañado en ciertas circunstancias que no se disfrutan tanto estando solo como por ejemplo, aquellas reuniones familiares donde hasta la prima más fea lleva compañía mientras uno, siendo tan encantador debe conformarse con compartir la mesa de los pequeños o los tíos abuelos a quienes mucho se les quiere, pero sin tener tanto tema en común. No sé si me van entendiendo.
Ciertamente hace casi dos décadas uno podría haber esperado que cualquier relación amorosa consistiese un noventa por ciento en sexo sin ninguna responsabilidad y para aquellos que a los veinticinco seguían viviendo su adolescencia, la cosa no había cambiado mucho. Pero todo parece indicar que al bordear los cuarenta las prioridades cambian bastante porque hay quienes buscan estabilidad.
¿Pero qué significa esto? Es una palabra de once letras pero con mucho peso. Hay quienes como yo, piensan que ser fiel, sincero, honesto y tolerante brinda estabilidad a la relación; otros postularán que esto depende de la independencia, autosuficiencia y solvencia o resumiéndolo, estabilidad económica; un tercer grupo y tal vez el más exigente puede creer que todo lo anterior constituye una pareja estable por permitirle hacer planes a largo plazo. Yo pertenezco a una generación en la cual los jóvenes ni siquiera se casan y si lo hacen, es sólo cuando tienen dónde irse o una casa bien montada. Mis padres en cambio, son de un tiempo en que para vivir con tu pareja debías casarte y comenzar una vida juntos desde cero, sin grandes lujos sino únicamente satisfaciendo las necesidades básicas, pues el proyecto común significaba construir algo con esfuerzo mutuo. Empero, muchos no se comprometen actualmente porque les gusta disfrutar su libertad o en términos simples, destinar dinero a otros ítems en lugar de tener un espacio propio, aunque esto no se traduzca como celibato.
Yo soy honesto y no me cuesta decir que como escritor no tengo un trabajo en alguna empresa multinacional ni puedo permitirme grandes lujos, así que lo de ser solvente queda descartado. Recuerdo bien cuando en cierta ocasión el Sr. L me dijo que no soy un buen partido para nadie aunque siendo sincero, por su parte reconoció tampoco serlo a pesar de rentar un departamento y tener empleo. Por entonces me sentí sumamente ofendido, porque a nadie le gusta escuchar que no es un buen partido para nadie; pero por otro lado, quien crea que en este país un minusválido cesante de clase media puede tener una situación económica holgada es derechamente tonto.
Cualquiera que me conoce sabe que si bien me gusta escribir, tomé la decisión de ser novelista a falta de mejores oportunidades laborales habiéndome titulado como comunicador social con mención en producción de eventos y no lo digo por sacar a colación mi currículum vitae sino porque no me conformé con terminar la enseñanza media. De hecho, para el tiempo en que el Sr. L me decía tales piropos yo ya tenía dos novelas escritas y al menos una publicada sin pasarme todo el día metido en Facebook, como creía.
Pero muy a mi pesar, parecía tener razón en que la gente considera más difícil encontrar alguien fiel y por ello, van con quien les resulte económicamente estable, aunque sea experto maltratando y poniendo los cuernos.
Sí, también es verdad que ahora siendo musulmán se me hace incluso más difícil hallar pareja en un mundo donde practicar una religión sea casi mal visto porque no te permite hacer muchas cosas… Pero yo sería hipócrita además de estúpido si con tal de tener pareja, estuviese dispuesto a abandonar mis creencias, mis principios, pues es parte de lo que soy.
No, señoras y señores. Aquí seré despiadadamente honesto aunque a muchos les saque ronchas. Lo cierto es que todo lo anterior son sólo excusas para quienes alguna vez pudieron tener una relación conmigo pero que simplemente, no dieron el salto de fe. A esas personas yo les serví para pasar el rato, mientras llegaba a sus vidas alguien independiente económica y emocionalmente, con quien no tuvieran que comprometerse demasiado al punto de aceptarle sus limitaciones ni se sintieran en la obligación de la monogamia.
Pero hay una segunda parte de esta verdad que puede parecerles muy lapidaria y es que por mi parte, también me he mantenido soltero porque hasta ahora no tuve la suficiente valentía de imponerme ante el mundo y con el tiempo, esto se hizo tan normal que cometía el error de responsabilizar completamente a mis potenciales parejas por no aventurarse, culpándoles de rechazar mis discapacidades. Lo cierto es que cualquiera necesita sentirse valorado y en este sentido, también debo dar un salto de fe o jugármela, demostrándole al ser amado que soy capaz de vencer mis miedos o complejos.
No se lo tomen a mal, pero ya sé que estoy soltero porque no ha llegado la persona indicada y llega una edad en la cual tantas veces te lo han dicho, que pierde el sentido, volviéndose cruel y redundante. Obviamente si la persona indicada hubiese llegado a mi vida estaría escribiendo sobre otro tema y ese comentario de consuelo pasa a ser frase para el bronce. Escribo este artículo sin intención de dar pena sino porque mi situación no es única, gracias a Allah (cc). Hay otros solteros que siendo sanos, sin discapacidades físicas, solventes, independientes, con buenos trabajos e incluso creyentes, no han hallado a aquel individuo con quien compartir sus vidas. Esto significa que el problema no es completamente mío sino sólo un porcentaje y para ser justos, tal vez sea la mitad.
Pero si tengo el coraje de admitir cuál es mi problema, no veo por qué los demás deban callarse como si tuvieran sus vidas resueltas. ¿Qué buscan exactamente? ¿A qué le temen? Basta de aparentar ser triunfadores como en las redes sociales porque realmente nadie lo es; hay celebridades con mucho dinero que se hunden en las drogas porque están solas y uno les ve en portadas de revistas como grandes ganadores. ¿Qué queda para nosotros?
No somos las máximas bellezas del universo pero siempre hay quien empieza a verle defectos superficiales a potenciales parejas. Que está quedando calvo, es viejo, se ve gordo, es bajito, tiene una cicatriz o algo similar. Tampoco digo que debamos aceptar parejas monstruosas, pero si seguimos siendo tan quisquillosos acabaremos criando gatos como Eleanor Abernathy (en la foto).
Ya dije antes que algunas personas me tuvieron en sus vidas para pasar el rato, pero ahora quiero alguien que me valore realmente y quiera estar conmigo, sin pretender orgías los fines de semana con el anillo puesto; bien por quien lo haga pues cada persona aborda las relaciones desde su experiencia particular, pero yo soy partidario de la monogamia y para mí la infidelidad es motivo de descalificación inmediata, pues no debería conformarme con ser premio de consolación. Sí, es verdad que en redes sociales flirteo porque tengo una naturaleza coqueta, pero estoy soltero y cuando tenga pareja, seré exclusivo pretendiendo reciprocidad.
Desde luego, cuando se trata de relaciones, nadie lo tiene fácil…, pero creo que se vuelve más dificultoso si no sabemos qué podemos ofrecerle al otro y qué pretendemos alcanzar. En cuestiones del corazón, y no me refiero a lo sucedido entre las sábanas, se debe tener claridad sobre estos asuntos para después dejar fluir las cosas. Se tiene la costumbre de hacerlo al revés y por eso algunos ni siquiera alcanzamos a tener romances de verano. El amor es hasta cierto punto, una negociación de la felicidad temporal, lo importante es saber cerrar el trato para gozarlo.
¿Y para qué querer tanta independencia de una pareja? Nadie nació solo y cuando yo tenga una relación estable, con el permiso de Allah (cc), seguramente pretenderá que le presente a mi familia; entonces será justo que nos integremos al círculo social del otro. Ser tan individualista al final es una mentira que te deja solo, porque todos tenemos un grupo de pertenencia.
Las relaciones son complicadas más allá de una situación sentimental en Facebook, pero quien diga «Mejor solo que mal acompañado» está tomando el camino fácil, pues ni siquiera lo intenta.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Fallece Stan Lee

A Rafael Flores V.
«Stanley Martin Lieber (Manhattan, Nueva York; 28 de diciembre de 1922 - Los Ángeles, California; 12 de noviembre de 2018), más conocido como Stan Lee, fue un escritor y editor de cómics estadounidense, además de productor y ocasional actor de cine».
Así comienza Wikipedia el artículo referente al cofundador de Marvel Comics y hoy el portal TMZ informaba sobre su sensible fallecimiento a los noventa y cinco años, luego de que la noticia fuera confirmada por su hija, producto de las enfermedades padecidas desde hace años debido a su avanzada edad. No obstante, se mantenía activo y sus admiradores ya teníamos por costumbre disfrutar los cameos que hacía en las películas del universo Marvel.
Hasta aquí lo meramente referente a la información. Debo confesar que no soy un consumidor de historietas como Sheldon Cooper y sus amigos ni he visto todas las películas del Universo Cinematográfico de Marvel o MCU por sus siglas en inglés. Sin embargo, reconozco que por mucho la obra de este autor se convirtió hace años en una obvia referencia de la cultura pop.
A veces, cuando un personaje reconocido fallece, copio la noticia desde otro portal y la pego aquí. Empero, porque los personajes de Marvel Comics y DC Comics definieron mi infancia y adolescencia, el lamentable fallecimiento de este artista merece sin duda alguna que le dedique algunas palabras propias.
Mi interés en ver películas de superhéroes aumentó considerablemente en dos mil once con el estreno de Thor, quien pasaría a ser uno de mis personajes favoritos. ¿A quién no le gusta Chris Hemsworth? A algunos tal vez les gustaría parecérsele. Empero, para mi sobrino menor –a quien dedico este artículo– Spider-Man ha sido objeto de admiración desde su más tierna infancia, cuando comenzó a coleccionar todo lo posible que se relacionara al alter ego de Peter Parker.
Es en éste sentido que Stan Lee pudo influir transversalmente al menos en las cuatro últimas generaciones a nivel global. Tal hazaña habría sido poco valorable si hubiese comenzado ahora, con Internet. Pero en mil novecientos sesenta y uno cuando cofundó su compañía junto a Jack Kirby, las historietas eran algo consumido prácticamente sólo por adolescentes desadaptados, incomprendidos, hostigados por sus compañeros de clase debido a sus rarezas. Lee inició esta titánica tarea como un sueño que quizás muchos subestimaron hasta la primera Comic-Con en mil novecientos setenta.
En ese entonces e incluso antes algunas pequeñas compañías de cómics desaparecieron producto de la censura impuesta por organismos que no veían con buenos ojos la publicación de historias cuyos protagonistas eran parte de ciertas minorías raciales, étnicas e incluso sexuales. Se decía que podían ser una mala influencia para los adolescentes, adoctrinados con décadas de conservadurismo hoy obsoleto. Ante el riesgo de apagar su luz, Marvel Comics debió someterse también a las limitaciones impuestas por la Autoridad del Código de Cómics o CCA por sus siglas en inglés… Pero Lee era un genio y hallaría el modo de entregar su mensaje.
Actualmente los fanáticos de las historietas tienen su propia subcultura que les ha permitido integrarse a una sociedad mucho más ruda y violenta que las páginas de un universo fantástico. Pero esto no habría sido posible sin la iniciativa del autor que se identificó con sus lectores, contando historias sobre mutantes discriminados, un ogro noble, un escuálido joven muy patriota, una espía rusa que busca corregir su oscuro pasado, cuatro astronautas expuestos a rayos cósmicos, un mago psicodélico e incluso, y aquí me toca de manera personal, una joven musulmana con genética extraterrestre.
Quien vea las películas, las series animadas o lea las historietas y piense que sólo encontrará aventuras de personajes ficticios con habilidades especiales, subestima absolutamente el trabajo de un autor. Sin importar cuán fuerte, rápido, resistente e inteligente sea un superhéroe ni lo mucho que haya entrenado o estar destinado a gobernar reinos fantásticos, lo que da a cada personaje la capacidad de salvar al mundo es su propia limitación humana, la voluntad de superar sus miedos e inseguridades.
El mensaje es claro para todos nosotros: no somos valiosos a partir de una buena apariencia física, un trabajo exitoso o las habilidades personales sino más bien, por estar conscientes de nuestras propias inseguridades y pese a ello, no rendirnos incluso habiendo tropezado o cuando todo resulta adverso.
En los sesentas Lee escribía una columna y la competencia le copiaba todas sus maneras de despedirse; por ello, quiso buscar una expresión única de la cual no se supiera el significado exacto ni la manera correcta de escribirla y usó una palabra latina que ha sido el lema de Nueva York desde mil setecientos setenta y ocho; se traduce como Siempre hacia arriba, pero él mismo explicaría en un tweet un significado personal con el cual motivar a sus lectores: «¡Hacia arriba y hacia adelante por la gloria mayor!».
Éste es su mayor legado y la razón por la cual hoy sus personajes se quitan las capas, bajando las armas para guardar luto como los admiradores, que tenemos dentro un superhéroe íntimo, capaz de hacer mejor este mundo oscuro.
Hasta siempre, Stan Lee. Excelsior!

jueves, 1 de noviembre de 2018

FILSA 2018

Mientras mi madre lee el manuscrito de mi novela recientemente terminada para corregir los errores antes de registrarla y presentarla en alguna editorial, hoy hemos pasado una excelente tarde familiar en la FILSA mis padres, mi hermano y yo.
Entiendo que para algunos pueda ser un excelente panorama hacer deporte –yo sólo hago repeticiones con mancuerna–, ir al cine o salir de noche. Pero para mí una Feria del Libro está entre las pocas opciones que aceptaría como invitación, no sólo por mi trabajo de autor –me queda chica la palabra novelista pues también he escrito críticas, columnas, mi diario íntimo, cuentos, poemas y de vez en cuando este blog, aunque no todo está para publicarse– sino también por la posibilidad de encontrar tesoros literarios e incluso conocer gente.
Fue eso lo que ocurrió hoy, cuando entre el recorrido por los stands de diversas editoriales, la deliciosa comida disponible y el haber salido de casa, que ya es gran cosa por sí misma, pude comprarme un grueso tomo con algunos cuentos ilustrados de Las mil y una noches a un precio razonable –hace años buscaba algo así– y además las Crónicas de Équilas. La doncella delcorazón negro del autor Alejandro Salazar D’Alessandri, con quien desde hace poco he mantenido breves pero significativa charlas por el chat, habiendo acordado vernos en esta ocasión para conocernos personalmente y pedirle firmarme un ejemplar de su obra.
¿Qué hizo de esta ocasión algo especial? Pues poder verme cara a cara con alguien que en poco tiempo ha sido muy amable al empatizar conmigo desde nuestra experiencia adolescente en común. Desde mi perspectiva, las amistades no siempre se dan al compartir buenos momentos sino porque podemos identificarnos en el otro, comprobando que realmente no estamos tan solos como creíamos o al menos podamos mantener una conversación, para la cual el interlocutor no necesite salirse de sí mismo para comprendernos.
En este mundo actual donde nos engañamos a nosotros mismos pretendiendo creer que una amistad puede llevarse dentro del teléfono móvil por las redes sociales, es vital encontrarse con el prójimo no sólo para sexo casual como suele sucederles a algunos sino además, en una charla cuya extensión no importa más que el contenido y la profundidad.
De vez en cuando es bueno e incluso gratificante para el alma no conformarse con el mensaje escrito «Hola. ¿Cómo estás?» sino además, tomarse el tiempo de escuchar al otro, mirar sus ojos e interesarse por saber quién es realmente, más allá de su nombre o una foto de perfil que hasta podría tener filtros. Es apasionante escudriñar en la intimidad de quien me abre las puertas, enseñándole también partes mías con la mayor franqueza posible y en tanto esté dispuesto a tolerarme.
Es lo que extraño de aquellas amistades personales con quienes he compartido importantes momentos de mi vida, pues lo son en parte porque estuvieron conmigo; me parece que la felicidad es verdadera sólo si se comparte. Esto te permite ver que en un mundo roto, aunque exista oscuridad, también hay breves destellos de luz y esperanza; de nosotros depende decidir qué lado de la balanza tendrá más peso en nuestros corazones, pero si van ganando las sombras, siempre podemos confiar en que nuestros amigos comenzarán a halarnos para llevarnos de regreso al lado contrario… Créanme, no lo digo porque suene bonito.
Antes le había hablado a mamá sobre este autor aunque sin darle detalles, pues no sería la oportunidad para tomarnos un café tranquilamente y ahondar en los temas que antes habíamos tratado sino más bien, apenas hablaríamos algunos minutos luego de comprar su novela, pedirle que me la firmara y tomarnos algunas fotos.
– ¡Hola. Viniste! –me saludó alegremente al verme encabezando la fila.
Esta reacción sorprendió agradablemente a mamá, quien se sintió a gusto viendo cuánto se contentaba Alejandro al verme cumplir la cita, pues hasta entonces no había podido comprometerme del todo ya que debía pedirles a mis padres acompañarme.
Media hora después volví a su stand para solicitarle que además de Carlos, incluyera mi nombre musulmán en su dedicatoria y accedió amablemente –me reconozco hinchapelotas–. Muchos otros detalles forman parte de esta tarde redonda, pero no los incluyo en este artículo por tratarse de la intimidad familiar que poco puede influir aquí. Lo importante es considerar que a veces no basta con sentarnos frente al monitor a escribir, pues un gran momento podría esperarnos fuera, disfrazado de un panorama sencillo pero cuyo significado puede ser trascendente y memorable.

Gracias por tu visita

Si llegaste a este blog y lo leíste, agradezco que me dedicaras un poco de tu tiempo.

Asimismo, te invito a dejarme tus comentarios, sugerencias, peticiones y críticas constructivas en los posts.

Por último, si te agradó, puedes añadir un vínculo de La Pluma Dorada en tu página web, blog, fotolog o espacio personal y así, colaborar al crecimiento de este humilde rincón. También te invito a convertirte en seguidor.

Espero tenerte de regreso; siempre serás bienvenido. Hasta pronto.

Yahya. Carlos Flores A.
Escritor chileno.