«Quien no conoce Estambul, no conoce el amor».

Yahya Kemal Beyatlı.

Comenta en este blog

Selamünaleyküm: No olvides dejar al final de cada artículo tu comentario para el autor de este humilde blog que acabas de leer. Tus opiniones serán tomadas en cuenta para mejorar el contenido en la forma y el fondo.

Si esperas respuesta a tu comentario, debes buscarla dentro de la misma sección del artículo que comentaste. Gracias. Selam.

Carlos Flores Arias – Yahya.

Escritor chileno.

Sobre Facebook

Por favor, si me agregas a Facebook, envíame un mensaje privado diciendo que has visto mi blog, para saber dónde me encontraste. De lo contrario, tu solicitud podría ser rechazada por seguridad. Muchas gracias por tu comprensión.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Siempre he pensado lo mismo

Es tarde, pero quise escribir porque hace bastante tiempo no abordó un tema con el cual antaño solía relacionarse este blog. Cuando estaba en mi etapa activista, luchaba contra la discriminación sexual escribiendo airados artículos sobre la conducta homosexual generalizada y había algunos a quienes esto les desagradaba por diversos motivos.
Ahora mi vida es diferente, pues aunque sigo creyendo en la fidelidad, monogamia y mantener una vida sexual responsable, lo cierto es que jamás he tenido pareja. Sin embargo, no necesito gran experiencia amorosa. El sentido común y los principios morales que tengo por crianza familiar, son suficientes para darme cuenta de que cualquiera sea nuestra orientación sexual, el amor verdadero existe y es más importante que la egoísta satisfacción personal.
Demoré en darme cuenta. Pero agradezco no haber cometido grandes errores en el camino, porque aún puedo reconocer la diferencia entre el sentimiento y la sensación. Sabiendo esto, salvé a tiempo mi autoestima y todavía soy digno de respeto por valorar a las personas íntegramente.
A decir verdad, siempre he valorado la familia, la amistad y los afectos verdaderos. Pero ciertamente me siento orgulloso de que mi corazón no se haya enfriado tras tanta decepción y todavía pueda amar sinceramente en sus diversas formas. ¿Cuántos pueden decir esto honestamente?
Hay muchos que cumplen sesenta años y pululan de sauna en sauna buscando sexo casual, porque han desestimado completamente los sentimientos, subestiman a las personas y ya no les importa lastimar a alguien tras usarlo. Yo en cambio, lucho contra eso porque aún creo en la familia, las relaciones adultas (no adúlteras) y el respeto entre seres humanos.
Hay quienes no le dan importancia alguna a la lucha por igualdad de derechos. Estas mismas personas son quienes sobrevaloran una discoteca, las drogas, la promiscuidad, el consumismo superficial la libertad mal enfocada que no es otra cosa sino soledad. Sí. Algunos son tan volubles en sus relaciones porque ésta es la única manera que han hallado de luchar contra ese vacío en sus corazones aletargados.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Con rumbo fijo

En la foto: Üsküdar, el sitio más romántico que conocí en Turquía. Se ubica en la orilla asiática de Estambul.
Este año comprobé que lo más importante de la vida es saber disfrutar y agradecer los regalos que Dios nos da. Después de viajar a Turquía y conocer a personas tan maravillosas como Mismo Mismo, aprecio mis afectos cuales tesoros invaluables. Ahora mi mayor deseo no es hallar el amor ideal que antes no me permitía dormir; quiero regresar donde hallé algo aún más significativo, algo tan importante como un hogar, cariño sincero y felicidad comprobable.
Mi camino no está aquí en Chile, donde tanto sufrí. Mi destino está en Turquía, donde seguramente tuve y tendré muchas vidas. Es que puedo destacar su preciosa arquitectura, milenaria historia, riquísima cultura, pero lo más valioso es su magnífica gente. Allí encontré una segunda familia, que me ha hecho olvidar mi doloroso pasado.
Este año mi vida pasó de ser un desolado desierto a un frondoso bosque. Ahora hasta tengo un propósito para seguir existiendo y luchar. No importa que existan grandes distancias, pues allá me espera la felicidad.
Tengo tantas personas a quienes agradecer por cómo me hicieron sentir cuando estuve allá. Gente que me adoptó como un pariente y que además de amarme, también quiere a mi familia.
Éste fue un gran año. Aprendí cuan cierto es aquello de que la felicidad sólo es verdadera si se comparte. Pude distinguir cariños sinceros o si lo prefieren, hallé el amor que realmente tiene importancia, más allá del interés o atracción sexual.
Ahora sé que el amor, cuando es verdadero, tiene muchos significados, pero siempre viene de Dios.
Cuando me vaya, dejaré aquí gran parte de mi pasado, porque mi presente es más importante y el futuro me espera.
Allah sizinle olsun!

sábado, 24 de diciembre de 2011

Una pregunta

¿Qué pasará ahora? Es justo lo que siento, cuando falta tan poco para finalizar el año 2011.
Ha sido sin duda alguna el mejor año de toda mi vida hasta ahora, por haber viajado a Turquía, conocer a Tarkan, ver todas aquellas maravillas históricas y arquitectónicas que siempre quise conocer. Además, conocí amigos increíbles que son la personificación de ángeles aquí en la Tierra.
De todo lo ocurrido, sin duda alguna lo mejor fue haber encontrado mi verdadero hogar, aquel único sitio en todo el mundo donde me sentí realmente feliz. Gran parte de esto se lo debo a Mismo Mismo, aquella persona que sin restricciones se empeñó en alegrar mi estadía y hacerla inolvidable.
Dios o Allah sabe cuánto me habría gustado quedarme allá. Pero por diversas razones fue imposible y ahora, cada moneda que llega a mis manos la ahorro, para regresar lo antes posible. Recorreré todos aquellos lugares que no pude visitar durante mi primer viaje, pero lo más maravilloso es tener allá gente buena que me espera.
Fue realmente hermoso encontrar allá ese cariño tan sincero y entregado. Cuando viajé me había desencantado del Sr. L; creí que debería endurecer mi corazón sin dar paso a amigos o amores nunca más, porque me sentí decepcionado de todos los cariños ajenos a la familia. Sin embargo, apenas llegué al Aeropuerto Internacional de Atatürk, Dios me tapó la boca presentándome a Mismo Mismo, quien me hizo recobrar la fe en un cariño sincero, desinteresado, ajeno a cualquier perversidad o egoísmo.
Allá descubrí que el amor verdadero no sólo se remite al sórdido sexo. También pude amar a dos amigas que conocí en tierras del poeta Homero, a un verdadero angelito que mi madre adoptó como su hijo sentimental y a hermanos que ahora constituyen mi segunda familia.
Por eso dejé de creer en el Príncipe Azul idealizado y preferí quedarme con los afectos sinceros, que aún hoy perduran, pese a las grandes distancias. Aquí en Chile creí tener amigos hasta darme cuenta de cuánto tiempo puede pasar sin tener noticias suyas. En Turquía encontré amigos y afectos que sin importar las latitudes, todavía se dan tiempo para entablar una conversación, escribir un mensaje o tener algún gesto aparentemente pequeño, pero muy significativo.
Si bien aquí conservo valiosos amigos y aún guardo afecto por quienes conocí antes del viaje, ahora tengo razones de bastante peso para establecerme en Turquía cuando pueda y hacer todo lo honestamente posible para lograrlo.
Por fin no estoy solo, no me siento ajeno al mundo, comprobé que mi familia es más grande de lo aparente y además, mi corazón se ha purificado hasta ser correspondido en sentimientos bienintencionados, que defiendo plenamente.

Fiestas decembrinas 2011

En estas fechas tan señaladas, solemos desear paz y amor a nuestros seres queridos. Compartimos con ellos una opípara cena, intercambiamos preciosos obsequios costosos y brindamos vistiendo elegantes para esperar la medianoche… Todo es muy entretenido. Pero detrás de eso, lo verdaderamente importante es detenernos un momento en nuestras agitadas vidas, sin ánimos de evaluar el año sino para descansar contemplando tranquilos cada paso avanzado.
Miremos nuestros errores y llantos no como tropiezos sino como aprendizaje que aún siendo difícil, resulta ser más duradero. De igual manera, volvamos a disfrutar las alegrías inolvidables que nos hicieron sonreír y tengamos siempre en cuenta que nuestra propia felicidad, aquella por la cual merece la pena esforzarse, no depende del logro profesional o algún regalo material específico. Propongámonos ser dichosos haciendo felices a otros y compartiendo desde el corazón.
Dios nos bendice cuando somos capaces de ver al prójimo como alguien a quien debemos favorecer desinteresadamente. No hagamos favores esperando una retribución. Más bien actuemos considerando siempre lo correcto y esforzándonos por proceder con rectitud. Al menos intentemos llevar una vida tranquila, sin pretender convertirnos en santos o ejemplos para otros. Seamos honestos y consecuentes defendiendo nuestros preceptos.
Además, amigos míos, no nos mortifiquemos con aquellas culpas del pasado. Más bien, hagamos lo posible por definir quienes somos y escuchemos fielmente nuestros corazones, donde se guardan los mayores tesoros: los sentimientos verdaderos.
En esta Navidad, recordemos que al ser hijos de Dios, todos somos hermanos sin importar las insignificantes diferencias que imponemos socialmente. De nada vale raza, condición o procedencia alguna porque siempre estaremos unidos al compartir un mismo espacio y lo realmente significativo es saber distinguir nuestras similitudes.
Cuando llegue el Año Nuevo, tengamos presente en nuestras memorias a quienes se hayan ido, respetando cada bello recuerdo con la dulzura que en vida nos hayan inspirado. Rescatemos del pasado aquellas valiosas lecciones aprendidas y atesoremos los inolvidables instantes.
Agradezcamos a Dios cada día vivido y los que están por venir, pues en ellos podremos hallar nuevas ocasiones de crecer como seres humanos. Seamos constantemente solidarios y respetuosos con todos, sin discriminar. No sirvamos sólo a quienes amamos sino también a aquellos que alguna vez hayan guardado rencor por nosotros. Seamos grandes no con ánimo de presumirlo, sino para guiar al que aún no lo comprenda.
Que Dios esté con ustedes siempre y que cada día puedan atestiguar el amor divino.

Carlos Flores A.
Escritor chileno.

martes, 29 de noviembre de 2011

Adiós Sr. L

Lo que escribo ahora ni siquiera amerita que postee la foto de un hombre desnudo chateando.
Hace algunas mañanas me levanté temprano para responder unos correos electrónicos y el Sr. L me habló por chat. Como yo estaba en pijama y tenía frío, le pedí que se conectara a MSN porque podríamos usar cámara web y además los chats de las redes sociales son lentos, demasiado lentos para mi gusto.
Si quería que chateáramos, deberíamos hacerlo rápido y además, hacía meses que no nos veíamos. Dijo que si conectaba la cámara web su computadora se quedaba pegada. Pero añadió que estaba desnudo en la cama. ¿Y a pito de qué me interesaría saber eso ahora?
Para colmo de males, me tuvo quince minutos esperando respuesta suya y a medida de que le iba preguntando, me di cuenta de que vive en el mismo departamento, trabaja en el mismo lugar y sigue frecuentando aquellos locales nocturnos que conoce, conservando su soltería. En resumen, su vida no ha cambiado nada mientras que la mía sí.
Después de esto decidí que no puedo seguir estancado. Por ello lo bloqueé en todas las redes sociales donde alguna vez lo tuve agregado, incluido el correo electrónico y hasta borré su número telefónico de mi móvil.
Con esto se cierra definitivamente este capítulo en mi vida. Agradezco lo aprendido y espero no tener que repasar las lecciones. Que cada uno siga su camino.

domingo, 20 de noviembre de 2011

ATENCIÓN

A quienes son seguidores y/o lectores de La Pluma Dorada, se les informa que por cambios de configuración necesitarán una invitación del autor para acceder al blog.
Esta invitación es gratuita y quien quiera obtenerla sólo debe enviarme un mensaje privado con su dirección de correo electrónico. Repito, sólo por mensaje privado.
Muchas gracias y disculpen las molestias.

He preferido hacer mi blog más privado para impedir comentarios anónimos promcionando productos o páginas web sospechosas que nada tienen que ver con esta página.

sábado, 19 de noviembre de 2011

La adivina estaba en lo cierto

Lo malo de estar en reposo enfermo y adolorido es que se tiene mucho tiempo para pensar. Seguramente quienes me leen en español ya saben de sobremanera cuánto me gusta Turquía y las razones para ello, pero lo único malo de sentirse tan atraído por un país extranjero es que tarde o temprano uno debe volver a la triste realidad e inevitablemente se extrañan más las amistades que los lugares conocidos.
Cuando recuerdo un sitio específico como Sultanahmet por ejemplo, me es intrínseco escuchar a Mismo Mismo dándome algún detalle histórico interesante. Pero ahora que han transcurrido cuatro meses desde mi regreso a Chile, tengo la muy desagradable sensación de que nos hemos alejado por circunstancias de la vida. Como si esto fuera poco, además Ahmet está a poco de irse para siempre, tras terminar su tesis.
Así que en resumen, no sólo me he distanciado de Mismo Mismo por sus impostergables y muy entendibles quehaceres, sino además perderé a quien no sólo fuera mi profesor de turco, también un muy querido amigo.
¿Y dónde queda ese ideal turco de la amistad, bajo cuya premisa estas relaciones duran para siempre? Como concepto es muy bonito y hasta utópico creer que las amistades prevalecen sin importar tiempo ni distancias. Empero, en la práctica me he dado cuenta muy a mi pesar, que un amigo chileno y uno turco son iguales porque, dadas las circunstancias del destino que no podemos controlar, la separación es como la muerte: inevitable.
Cuando estuve en Estambul, una adivina del café me presagió que le temo a la muerte de los amigos. Me preocupé muchísimo cuando lo dijo. Pero ya en Chile, entendí que se refería a la separación, al distanciamiento que actualmente me aleja de mis tan queridos amigos turcos.
En otros tiempos seguramente me hubiese muerto de la angustia sin Internet, porque gracias a esta red mundial he podido mantener contacto esporádico con quienes me importan estando aquí y allá. Pero a veces ni siquiera este adelanto tecnológico que progresa cada día, es capaz de calmar mi desasosiego. En ocasiones escribo queriendo saber cómo están, qué ha sido de sus vidas durante mi ausencia, cómo ha estado su día o su semana y simplemente me responden un escueto «Gracias amigo. Estoy bien. Cúidate, nos vemos. Chao». Resulta bastante entristecedor ver que no hay ningún «¿Cómo estás tú?». Nótese que uso condicional al decir que pareciera no haber interés alguno de comunicarse conmigo realmente. No lo estoy dando por hecho, así que espero no haber herido a nadie.
Como tampoco soy una pobre víctima ni pretendo la compasión colectiva, reconozco que siempre hincho las pelotas escribiendo a diario y seguramente llega el momento en que mi insistencia aburre. Hago esta autocrítica porque sería completamente injusto decir que la gente me ignora por maldad. El trabajo, los estudios, las responsabilidades que sobrevienen cuando eres adulto y el cansancio tras una ardua jornada, les impide a mis amigos turcos estar al pendiente de responder con detalle cada mensaje diario que les escribo… En ello soy consciente, créanme.
Por otro lado, no es ningún consuelo darme cuenta de que mamá tiene razón y soy una persona pasajera, olvidable. Mientras estoy presente, la gente me quiere muchísimo e incluso lo demuestra. Pero en cuanto me aparto apenas dos metros u ocho mil millas, quedo completamente solo. No es que esté desesperado buscando amigos, pero hay quienes dicen que el roce hace el cariño y sería bonito que de vez en cuando ellos tuvieran la iniciativa escribiéndome. En general, tengo amistades conductistas es decir, reaccionan a un estímulo dando una respuesta. Para ser más claro, se limitan a responder de manera escueta los mensajes que les escribo, pero si yo no escribiera, ellos tampoco lo harían fuera por falta de tiempo o desinterés, que también es posible.
No obstante, debo reconocer que durante el último tiempo Ahmet y Mismo Mismo han sido dos de mis mejores amigos, preocupándose por mí y estando presentes cuando les he requerido sentimentalmente. Supongo que ni siquiera ellos se imaginan cuánto o por qué los necesito tanto, pero así es y ahora debo acostumbrarme a que por diversas razones se alejen. Como dije antes, no es la primera vez, pues ya soy un experto teniendo amigos turcos que siendo excelentes personas, demuestran su nobleza al máximo y finalmente, se van porque la vida así lo quiere.
Ellos dicen que las distancias no importan si somos amigos, porque «Compartimos un mismo cielo. Vemos el mismo sol y la misma luna». Apenas escribo esta frase, mi alma se sobrecoge porque recorro la sala de mi casa y no puedo evitar pensar que soy pobre y carezco de los medios para tomar un avión a Turquía cuando quiera verles, escucharles y abrazarles. Es en parte como si fuese prisionero de mis propias limitaciones aquí, pero nadie lo entiende.
Es aquí donde entra Internet con todas sus redes sociales, como la gran maravilla. Ahmet consuela a Karina diciéndole que cuando se haya ido, al menos podrán chatear, pero ella argumenta con razón que no será lo mismo. El privilegio de compartir, salir, conversar y forjar una amistad con todo el trato que ello implica, es incomparable. Podemos tenernos agregados en cuanta red social exista, pero llegará un momento en el cual por deberes o cansancio pensaremos «Mañana me conectaré para chatear. Mañana le escribiré un correo electrónico», pero no pasará de ser un simple propósito porque ese «Mañana» nunca llega y cuando menos nos demos cuenta, habrán pasado treinta o cuarenta años hasta que un día, sentados en nuestras sillas de ruedas y tapados con gruesas colchas habiéndonos llegado los años, nos preguntaremos «¿Qué habrá sido de mis amigos, a quienes tanto quería y jamás volví a ver?», pero podría ser demasiado tarde porque en el otro lado del mundo, aquellas amistades que tanto significado tuvieron, tal vez estén muertas y ni siquiera nos habremos enterado.
No nos engañemos, si es lo que acaba pasando aunque suene desalentador, porque la vida nos hace priorizar distintas cosas a medida que superamos etapas. Aquellas amistades del colegio, que creíamos tan imperecederas, son las mismas que olvidamos cuando trabajamos, nos casamos o tenemos hijos. Ante esto, no hay promesa que valga.
Sí, es verdad que Ahmet gentil y sinceramente me ha prometido recibirme si algún día regreso a Estambul, de igual modo que Mismo Mismo hizo otras promesas sellándolas con un inquebrantable «Erkek sözü» y sin embargo, debí anotar todo en mi diario íntimo, pues aunque parezca gracioso, ni bien volví a Chile y chateando un día, ya había olvidado todos sus compromisos no por tener mala voluntad sino simplemente porque la memoria no lo favorece. Y por otro lado, mi retorno a Estambul es tan improbable por falta de dinero que tal vez si algún día vuelvo, sea un nieto de Ahmet quien me reciba, sin tener idea de quién soy porque jamás le habrán hablado sobre este chileno molestoso con complejo de turco exiliado. Es que realmente sentí como si hubiese regresado a Chile por obligación, ¿pero cómo le explico a un turco que en su país encontré la felicidad? Aun si tuviese todo el dinero necesario para vivir allá, nada me garantiza que podría retomar mis amistades plenamente, como cuando estuve con las chicas y todo fue miel sobre hojuelas (o casi todo). Nada me asegura que Mismo Mismo y Ahmet estén siempre presentes.
No quisiera ser un estorbo en sus planes, pero a veces siento que debo disculparme por molestarles tanto con insignificancias y exigencias como «Bana haber ver!!». Inevitablemente un día Ahmet, Karina, Mismo Mismo y yo tomaremos nuestros respectivos rumbos, sin extrañarnos que en el buzón de entrada no tengamos mensajes. Ninguno recordará que una vez algunos pensamos incluso vivir juntos, viajando y escribiendo. En esto, las mal llamadas redes sociales son nocivas para nuestras relaciones de cualquier tipo, porque nos conformamos con ver noticias de amigos o contactos en la página de inicio y ya ni perdemos tiempo escribiendo un comentario o preguntando cómo están porque realmente nos interese… Asumimos que si escriben en sus muros están vivos y si viven, deben estar bien. Al poco tiempo no somos más que una foto de perfil e información fría en aquella página. ¿Y qué pasó con todo ese cariño que decíamos sentir entre nosotros? Se enfrió sin darnos cuenta y un día, por falta de comunicación, nos han eliminado de sus redes.
Señoras y señores, turcos, chilenos o de donde sean: a mí no me interesa tenerlos agregados porque se vean bonitos en sus fotos de perfil. Si me tienen agregado en algún directorio o red social, dense el tiempo para cultivar una relación conmigo y esfuércense por mantenerla viva más allá del teclado, de igual modo que hago yo con ustedes. No me interesa ser como Roberto Carlos y tener un millón de amigos que nunca me escriben, ni me hablan ni se conectan para chatear. ¡Mierda! Si en realidad me quieren como dicen, en honor a ese cariño que alguna vez me demostraron cuando estuve a su lado, organicen su tiempo para escribirme algo que merezca la pena leer y responder.
Sí, ya sé que el párrafo anterior suena tan intransigente de mi parte, como si no me importase todo lo que ocupa el tiempo de mis amigos o lo atareadas que indudablemente son sus vidas en comparación a la mía, un verdadero día de la marmota. Yo comprendo que tras un extenuante día de estudio o trabajo, quieran descansar en lugar de conectarse a Internet para chatear o escribir un mensaje. Tal vez esté perdiendo valiosos puntos con estas palabras, pero le he pedido a Ahmet que las traduzca al turco, para evitar malentendidos, porque no quiero ofender en absoluto.
Sin embargo, como dijo Isabel Paterson «Uno no hace amigos; los reconoce a medida que los va encontrando». Es bajo esa premisa que para mí resulta tan importante cultivar las amistades rigurosamente a diario. En las relaciones, jamás me ha gustado dar por sentado el afecto, pues es así como uno abandona la laboriosa pero al mismo tiempo agradable empresa de alimentar ese cariño. Cuando creemos que nuestros seres queridos siempre estarán presentes, los descuidamos. Y en cuanto a reconocer amigos, no puede ser simple coincidencia que haya viajado hasta Turquía para conocer a Mismo Mismo, Arzu, Dürdane y otros. Se trata más bien de Dios, el destino, nuestra propia voluntad o todo eso combinado. ¿Sería prudente, en mi humilde condición humana imperfecta, dejar morir estas amistades porque falta tiempo o bien, debería poner todo mi empeño en cultivarlas hasta que el cariño sea tanto como para realmente superar distancias y diferencias horarias? Aunque me duela admitirlo, algunas veces he creído que mis amistades turcas tenían fecha de vencimiento, pero luego me escriben algún amoroso mensaje y la flor que parecía estarse marchitando vuelve a su esplendor original.
Mismo Mismo y yo tenemos algunos proyectos que me gustaría realizar en el tiempo, aunque sé que para él podría ser complicado compartir su espacio con un escritor enfermizo como yo, pues además reconozco cuan difícil es entenderme y soportarme…, sí, soportarme porque a veces soy insufrible. Empero, esta madrugada anoté en mi diario íntimo algo de lo cual me di cuenta repentinamente: «Soy un simple escritor, cuyos escritos serán guardados hasta que las generaciones de esta familia hayan olvidado mi nombre». Dios quiera que mis amigos no lo olviden tan pronto y al contrario, se esfuercen por recordarlo. Así mismo, en el plano afectivo, si no es mucho pedir, ruego a Dios y a mis amigos que nuestra relación jamás sea una flor marchita.
Ciertamente Karina, Ahmet, Mismo Mismo y yo haremos nuestros caminos, pero nada me gustaría más que hacer el mío junto al de ellos, pese a los obstáculos que por capricho nos ponga la vida. Resulta tan desalentador pensar hasta cierto punto en nuestras relaciones, como documentos que terminan archivándose periódicamente. Preferiría envejecer renovando aquellos documentos y que siendo ancianos, no nos preguntemos «¿Qué habrá sido de mis amigos, a quienes tanto quería y jamás volví a ver?» sino más bien «¿Recuerdan el día en que nos conocimos y comenzamos a querernos?». Pero para ello, hace falta más trabajo que cuatro meses estudiando turco o tres semanas paseando por Turquía. Lograr ese tipo de relación requiere del trabajo constante de toda una vida, pero merece la pena y el resultado podría ser más de lo que uno espera, porque el límite del amor es sólo cuanto nosotros queramos.

viernes, 28 de octubre de 2011

Imbécil Anónimo-Anonymous Idiot

¿Quién es el imbécil que publica comentarios Anónimos con direcciones URLs de páginas web fraudulentas? No puede ser tan estúpido creyendo que perderé mi tiempo publicando sus avisos.
¡Consigue un trabajo digno sin molestar a los demás!

Who is the idiot that publishes Anonymous comments with URLs of fraudulent web pages? He cannot be so stupid to believe that I lose my time to publish their advertisements.
Get a worthy work without disturbing others!

lunes, 17 de octubre de 2011

Happy birthday to Tarkan from Tarkan Fans Chile

Doğum günün kutlu olsun, sevgili Tarkan!!!!

Your Chilean fans wish you all the best on this special day and we hope that you have a future with much more success in all aspects of your life.
We appreciate the dedication you have in your work and affection that you have always with us.
From the confines of the world, we want to give you our love and admiration. We have many reasons to love you, because your music has encouraged us in the most difficult moments of our lives and for you we have formed a family of friends.
Go to Turkey to see you in the Fanta Festival of Izmir was an adventure we will never forget, by the wonderful people we find in our path and because Allah always nursed our steps, giving us the best in the world on this trip.
Our admiration for you is even greater now, knowing that you are magnificently human. Have you met was the culmination of a long but successful crossing, which made us better people and enlarged our spirits.
For you, all our affection...
 
TARKAN FANS CHILE...

martes, 27 de septiembre de 2011

Maricón lleva tilde

Escribo este artículo harto de la intolerancia nacional, que lamentablemente forma parte de nuestra idiosincrasia tanto como los saqueos a supermercados, las protestas con destrozos públicos o la delincuencia en sus distintas variantes.
Pocas veces he querido alzar la voz tanto como ahora, ante una estúpida guerra semántica de la que se valen para bien o mal organismos gubernamentales y homofóbicos radicales escondidos en el anonimato cobarde.
Francamente no me interesa si Jordi Castell se llama así o no. Lo que sí me importa es la obvia incitación violenta que un panfleto muy mal redactado hace, al ser distribuido en diversas comunas santiaguinas. En él se disfraza de nacionalismo un mensaje cobarde, ingurioso y generalizado que demuestra con cada palabra la pobredumbre de determinados sectores supuestamente cultos e incluso analfabetas, aludiendo a toda nuestra sociedad del modo más triste y patético.
Es cierto que no nos escandalizamos tanto cuando el mismo discurso es declamado por alguna autoridad política o eclesiástica de renombre. La molestia del SERNAM y del Movilh se centra principalmente en dos puntos:
  1. La descalificación que este panfleto hace de la campaña "Maricón 2.0", promovida por el SERNAM para denunciar el maltrato masculino hacia la mujer y prevenir de este modo, a largo plazo la violencia intrafamiliar o entre parejas.
  2. El carácter difamatorio, grosero y violento utilizado contra un personaje público, cuyo efecto se hace extensivo a todo un sector por demás discriminado y ofendido históricamente. Quede claro que a nadie corresponde calumniar al señor Castell ni ningún otro, enrostrándole un supuesto pasado turbio. Esto es demasiado ruín.
Queridos lectores, como mi blog es en sí una columna de opinión sobre diversos temas y en este caso el cobarde tendría que dar la cara para ejercer de algún modo un derecho a réplica, que para mi gusto perdió al comenzar una nefasta campaña, me daré la libertad de aclarar algunos puntos que me parecen relevantes:
Para empezar, es cierto que el término Maricón en diversos idiomas, ha sido utilizado de modo peyorativo -por decir lo menos- para referirse a hombres homosexuales desde los tiempos aurorales del mundo. Toda nuestra civilización debe agradecerle al desgraciado que por vez primera haya acuñado este florido lenguaje.
Si el SERNAM hubiese empleado otro insulto de nuestro amplísimo idioma para referirse a los hombres maltratadores, habría tenido quizás un efecto igualmente potenciador para la campaña o inclusive superior. Pero aquí ocurre que de diez palabras usadas diariamente, repetimos siete en cada frase y nuestra pobreza de lenguaje nos hace cometer garrafales errores ortográficos como los del malamente célebre panfleto o nos incapacita para hablar públicamente sin quedar en blanco cuando ignoramos conceptos básicos.
Emplear una palabra ofensiva claramente referida a cierto sector social y pretender redefinirla atribuyéndole actitudes negativas como maltratar a una mujer, resulta un arma de doble filo y despropósito. Esta acción además de confundir al espectador hundiéndolo en su desconocimiento, también ensucia aún más y de manera bastante injusta a quienes hayan sido llamados maricones por su orientación sexual.
Si al menos el responsable hubiese utilizado correctamente signos de puntuación y un diccionario básico, su mensaje al menos no sería objeto de burla, además del repudio que inevitablemente merece. ¿Qué grado académico tiene quien escribe «!BASTA¡» con los signos exclamativos invertidos? Y pongan atención, desde ahí, el único invertido es él.
Y tiene el descaro de declarar «NO SOMOS HOMOFOBICOS». Por favor, podrás subestimar al pobre tipo que lee Condorito como si fuese la enciclopedia Larousse de hace quince años. ¡Pero a mí no! Ni falta hace ser semiólogo para darse cuenta de que cada pútrida palabra expele discriminación hacia una orientación sexual que quizás encubiertamente sea la tuya. La misma ha existido mucho antes de tu lamentable nacimiento y seguirá muchísimo después de ese último suspiro exhalado por vuestra boca.
Lejos de pretender mejorar nuestra sociedad impidiendo supuestos lavados de imagen, esta campaña promueve un patriotismo mal entendido, que en lugar de defender la aceptación de cada individuo como parte importante del conjunto, alienta una cacería de brujas, nunca mejor dicho. Como si aquí no se discriminara ya lo suficiente.
Si fuese o no el propósito lavar la imagen del panelista televisivo y fotógrafo, nada importa. Aquí, estimados lectores, se llama directamente a prevenir la propagación de una homosexualidad latente en futuras generaciones. O sea que, encima de todo, la masculinidad es objeto del escarnio inescrupuloso y se acusa con total descaro al personaje sin siquiera dar una prueba, lo cual demuestra cual falsas pueden ser estas afirmaciones.
Nuestra extremista sociedad nos hace pensar que si eres un varón heterosexual, entre más mujeres pasen por tu cama, mayor virilidad tienes, como si hubiese una relación directa. En tanto, si eres hombre homosexual, todos deben cuidarse de ti porque supones incluso la perversión de menores y una vez más se comete la misma imparcialidad injusta. ¡No seas imbécil! Si así fuera, no existirían pedófilos heterosexuales ni sacerdotes abusadores.
Esto también ha derivado en la distracción del objetivo principal, cual es combatir la violencia intrafamiliar contra la mujer. ¿A alguien se le ha ocurrido que tal vez, sólo tal vez, las mujeres maltratadas realizan juicios mucho más severos hacia sus verdugos que simplemente el de maricones?
¿Y qué es lo más grave de haber iniciado esta difamación? ¿Las acusaciones contra Jordi Castell? No señoras y señores. Lo peor es que podemos hacer retroceder con nuestra ignorancia a las organizaciones que luchan por igualdad de derechos civiles sin importar orientación sexual. Lo peor es que todavía parece haber motivos para considerar inmerecidas aquellas garantías ciudadanas. Lo peor es que aún no se hace lo suficiente para taparle el hocico al autor del maldito panfleto, pues sigue habiendo quienes consideran un estilo de vida válido aquella promiscuidad mencionada. Lo peor es que el maltrato a la mujer pasó ya a tercer plano porque desde un principio, la campaña tuvo lagunas. La culpa no es del chancho, sino de quien le da afrecho y en este caso, ya sea un estúpido salido del alcantarillado o un señor elegantemente vestido, sólo debió esperar su oportunidad.
Vergüenza debería darnos, por atrevernos a considerar Chile un país en vías de desarrollo y aguantar entre tanta delincuencia, deshonestidad, inconformismo, miseria y suciedad mental, esta guinda de una torta que nadie quiere comerse. Pero más nos preocupan la farándula y el cometa Elenin, porque sin eso no tenemos tema.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Fallece Andy Whitfield

LOS ANGELES (AP) — Andy Whitfield, el actor que protagonizó la serie de televisión por cable "Spartacus: Blood and Sand", murió el domingo. Tenía 39 años.
Sam Maydew, su agente, dijo que Whitfield murió de linfoma no-Hodgkin en Sydney, Australia.
Vashti, esposa de Whitfield, describió a su marido como un "hermoso joven guerrero" que murió una "mañana soleada en Sydney" en los "brazos de su amada esposa".
Whitfield —que nació en Gales y vivió en Australia— era virtualmente desconocido cuando fue seleccionado para protagonizar "Spartacus", una exitosa serie original para el canal Starz que llamó la atención con sus escenas explíticas de violencia y sexualidad.
Whitfield se preparaba para la segunda temporada cuando fue diagnosticado hace 18 meses.
En enero, la cadena de televisión anunció que otro actor australiano, Liam McIntyre, podría retomar el personaje.
Fuente: AP (Associated Press).

lunes, 5 de septiembre de 2011

Desconsuelo por tragedia en Juan Fernández

Felipe Humberto Camiroaga Fernández.
(Santiago, 8 de octubre de 1966 - Archipiélago Juan Fernández, 2 de septiembre de 2011).

Si este blog estuviese meramente dedicado a las noticias y actualidad, el presente articulo debiera haberlo escrito hace tres días de la siguiente manera:
«Santiago - Chile (24 Horas).
»ÚLTIMA HORA: ACCIDENTE AÉREO EN ARCHIPIÉLAGO JUAN FERNÁNDEZ.
»Desaparece avión con equipo del programa Buenos Días a Todos, de TVN. Entre ellos está el animador Felipe Camiroaga.
»Noticia en desarrollo».
La nave CASA C212 Aviocar, donde viajaban veintiún personas no sólo del equipo televisivo sino también de la FACh, el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y Desafío Levántate Chile se dirigía al archipiélago para realizar una nota sobre los avances de reconstrucción en zonas afectadas por el terremoto y tsunami del pasado año. Sin embargo, condiciones climatológicas provocaron este catastrófico accidente que ha traspasado fronteras e incluso, removido conciencias.
Si bien el animador del matinal Buenos Días a Todos es tal vez la víctima más reconocida por su trayectoria, todos los pasajeros son igualmente llorados por sus respectivas familias, amistades y el país:
- Equipo de Televisión Nacional de Chile:

. Felipe Camiroaga, animador de TVN
. Roberto Bruce, periodista
. Sylvia Slier, periodista
. Carolina Gatica, productora asistente
. Rodrigo Cabezón, camarógrafo

- Desafío Levantemos Chile:

. Felipe Cubillos, empresario
. Sebastián Correa, arquitecto
. Joel Lizama
. Catalina Vela Montero, pintora, esposa de S. Correa
. Jorge Palma
. Joaquín Arnolds, Gerente General

- Consejo Nacional de la Cultura y las Artes:

. Gália Carolina Díaz Riffo
. Romina Irarrázabal Faggiani

- Fuerza Aérea de Chile:

. José Cifuentes, periodista
. Rodrigo Fernández, Jefe Dpto. de Comunicaciones
. Carolina Fernández, Teniente, piloto
. Juan Pablo Mallea, Teniente, piloto
. Eduardo Jones, Sargento 1°
. Erwin Núñez, Sargento 1°
. Eduardo Estrada, Cabo 1°
. Flavio Olivo, Cabo 2°

En estricto rigor, es lo que debería informar un artículo noticioso. Sin embargo, aunque no los conocí personalmente y vi pocos programas de Camiroaga por falta de tiempo, quiero ocupar esta nota para intentar explicar desde mí perspectiva por qué Chile entero está afectado.
Aún hay diecisiete desaparecidos. Lo que en un principio era esperanza, hoy es desconsuelo y duelo nacional estos días lunes y martes.
Sí. Es terrible que cualquier persona perezca en aquellas atroces circunstancias, más aún cuando se dirigían a realizar una noble labor en beneficio de otros compatriotas afectados por un desastre anterior. Estaban sirviendo, entregando y ayudando, no sólo cumpliendo su trabajo.
Yo mismo escribo desde la pena, sin siquiera haber cruzado una palabra con ellos y seguramente no diré nada nuevo. Empero, no quiero caer en el cliché de describirlos según su carácter o talento porque desconozco sus personalidades. Más bien, escribo describiendo los efectos que causarán sus ausencias, porque ahora será común charlar sobre el desastre como tema obligatorio de cada reunión social o conversación casual en los pasillos y calles.
Es tan extraño hablar sobre Felipe con tal familiaridad y asumir su muerte. Especialmente considerando que no ha faltado quienes aprovechen estos momentos para vender toda clase de productos con su imagen fuera del canal TVN. ¿Dónde quedó el respeto que hasta este sábado nos mantenía reflexivos?
Más aún, hasta me molesta que la cobertura mediática incluya programas especiales donde se lean las condolencias públicas que celebridades han hecho por redes sociales. Podría equivocarme, pero en el primer momento me dio la impresión de que no hallaban con qué más rellenar sus respectivos espacios para lograr mayor audiencia.
Podrían diferir pero por favor, entiéndanme. Es al menos incómodo cuando alguien tan famoso y querido muere, se convierte en leyenda y su partida sirve como morboso negocio para comerciantes inescrupilosos o medios competitivos. Me pongo en el lugar de los deudos que sólo desean despertar del mal sueño y atender una llamada diciéndoles «La persona a quien usted espera, sobrevivió. Lo encontramos y está en perfectas condiciones». ¿Qué haces con todo ese amor, que se vuelve incontenible, cuando el último momento compartido con aquella persona fallecida fue tan cotidiano? Deseas haberle retenido, decirle cuánto le amas y rogarle que ni siquiera se aleje un centímetro de tu lado. Pero ya es tarde y sólo le diste los buenos días como en cualquier otra jornada.
Siempre hemos sabido que la vida es efímera y la muerte, aunque sorpresiva e irónica, es segura. Pero preferimos desperdiciar cada día alimentando pereza, absurdos rencores y crueles traiciones. Pocos hay capaces de cultivar incondicionales afectos, desinteresadas labores e irrealizables sueños hechos realidad. Cuando alguien parte solemos preguntarnos «¿Por qué no le dije lo que sentía?» y para consolarnos, alguien responde «No te preocupes. Lo sabía y te quería de igual manera». Pero no basta, porque cada segundo es una nueva oportunidad para demostrar ese cariño, antes de quedarnos repentinamente sin más tiempo.
Yo he tenido la suerte de nunca haberme quedado con algo sin decirlo o demostrarlo. A veces, a gritos y de manera increíblemente insistente o fastidiosa... ¿Acaso no es eso lo que importa?
Tal vez tanto comercio inescrupuloso y cobertura mediática es sólo producto del alto impacto producido por un dolor tan inmenso, que veintiún familias no son suficientes para contenerlo y se necesitan más de diecisiete millones de personas desahogando el llanto agradecido.
No hablo de vidas perdidas, porque quienes partieron aprovecharon constructiva, generosa y plenamente su paso por este plano. Sembraron una semilla que ahora debe cosecharse.
Mis sinceras condolencias a los dolientes y agradecimiento a quienes partieron.

martes, 30 de agosto de 2011

Libertad o la última vez


Ahora puedo decir que la semana pasada fue mi última cita con el Sr. L, pues debía entregarle los encargos que me hizo cuando le conté sobre mi viaje a Turquía. Para ser sincero, le insistí mucho en que él viniera a mi casa por varias razones.
En primer lugar, ya no me resulta rentable gastar diez mil pesos pagando un radio taxi, siendo que podría ahorrar para un próximo viaje. Sin embargo, me ofreció pagar la carrera y pensé «No puedo ser tan avaro».
En segundo, tendría a mamá presente, dándome la seguridad de que ni por casualidad Sr. L tendría oportunidad para decirme algo desagradable como acostumbraba hacer. Empero, pensé «A esta edad debería saber defenderme solo».
En tercero y lo más importante, evitaría lo que ahora me parece el desagradable espectáculo de verlo desnudo cuando sale de la ducha, habiendo yo llegado a su departamento. Si invito a alguien, no espero que llegue a mi casa para comenzar a asear todo y ducharme; mucho menos dejo que me vea desnudo así nada más. Al contrario, cuando mis visitas llegan todo está limpio y yo me encuentro listo para recibirles.
Como no quería pasar por eso, le advertí explícitamente que si insistía tanto en invitarme, debía tener todo listo y haberse duchado cuando llegara, de modo que pudiéramos salir a tomar un café por ahí cerca sin perder tiempo esperándolo. Acudí entonces porque aceptó mis condiciones.
Y por vez primera no le pedí que estuviésemos solos, pues quería a toda costa evitar darle oportunidades para pasarse de listo. Al contrario, no me habría molestado si hubiese estado presente su pareja.
Desgraciadamente, cuando llegué a su departamento me encontré con que aún se hallaba limpiando la cocina y no se había duchado. Empezamos mal. Por fortuna la demora se debía a Javier, un amigo suyo al que había invitado a almorzar y que todavía no se retiraba… Mientras Sr. L se duchaba, su amigo y yo charlamos sobre el viaje y al mismo tiempo, me aprontaba para sacar de mi mochila los regalos: un imán para el refrigerador, un llavero y un ojo turco que puede colgar en la pared para espantar las malas energías.
Cuando salimos del departamento, insistí en que Javier nos acompañara tomando café, pero debía irse para cumplir con otro compromiso y ya estaba retrasado.
- Qué extraño –me dijo Sr. L.
- ¿Qué cosa? –le pregunté.
- Que hayas invitado a Javier, porque siempre insistes en que estemos solos.
- Bueno, sí. Pero ahora tenía ganas de que nos acompañara.
- Yo siempre trato de que Cristián no venga cuando estás, por la misma razón –me mintió, porque nunca evitó nada.
- No es necesario. ¿Cómo está? –le pregunté.
Cuando salimos del departamento, insistí en que Javier nos acompañara tomando café, pero debía irse para cumplir con otro compromiso y ya estaba retrasado.
- Qué extraño –me dijo Sr. L.
- ¿Qué cosa? –le pregunté.
- Que hayas invitado a Javier, porque siempre insistes en que estemos solos.
- Bueno, sí. Pero ahora tenía ganas de que nos acompañara.
- Yo siempre trato de que Cristián no venga cuando estás, por la misma razón –me mintió, porque nunca evitó nada.
- No es necesario. ¿Cómo está? –le pregunté.
- ¿Te conté que terminé con él? –dijo.
- ¿Y por qué? –volví a preguntarle.
- Porque estaba amarrándome mucho –contestó.
La verdad es que sólo hasta ahora estoy listo para aceptar que Sr. L no es una persona hecha para adquirir compromisos…, ahora, que ya no me interesa ponerle un anillo en el dedo, que él ve como un collarín en el cuello.
Durante el resto de la tarde apenas tocamos el tema de mi viaje, pues nuestra conversación se centró en cuánto extrañaba él la aventura de emborracharse perdidamente y tener sexo casual con alguien que encontrara en algún antro y de quien no supiera ni el nombre, para poder dejarlo allí después.
Yo en tanto, intentaba cambiar el tema comentándole sobre los artículos que venden en la Feria de Las Pulgas que recorríamos entonces.
Lo siguiente fue oírle decirme que había olvidado cuándo fue su última vez haciendo rol de pasivo, pues entonces había consumido cocaína y su memoria no lo acompañaba… Ya me resultaba evidente cuál era su intensión: ver si mi viaje me había servido para olvidarlo o seguía interesado en él como estuve hasta junio pasado.
Ciertamente tuvo razón para sospechar algo así, pues en Turquía vi otras realidades que superan por mucho mis expectativas. Sin embargo, es irónico que para pasar página, haya tenido que viajar hasta el otro lado del mundo; pero funcionó.
Llegado un momento en que me contaba sobre sus experiencias íntimas, puede decirse que Dios me salvó de no pedir un radio taxi en la calle. Pasábamos fuera de la Catedral de Santiago.
- ¿Entremos? –propuse, cortándole el tema.
- ¿Y para qué?
- Quiero conocerla por dentro –dije.
Así entramos y en la oscura e increíblemente fría bóveda, mientras sacaba fotos con su cámara, una vez más habló:
- A veces pienso que me gustaría terminar mi vida recluido en un monasterio.
- ¿Tú, un sacerdote? No te veo.
- Cuando me canse de esta vida gay, me gustaría hacer los votos sacerdotales. ¿Por qué no? –cuestionó.
- Porque para ser sacerdote se debe tener vocación religiosa. No haces voto de castidad cuando te has cansado de ser un fornicador libertino y vicioso –le dije, dejándolo callado por momentos.
- A veces te pones tan serio –me reprochó.
- Y tú tan frívolo –le respondí.
Cuando finalmente llegamos a su departamento y se había cansado de lanzarme indirectas sobre sus vivencias sexuales o cuánto extrañaba abandonarse a sus costumbres, como si hubiese tenido un celibato muy prolongado, hizo algo que jamás antes había hecho desde que nos conocimos y que yo siempre busqué sin tener éxito: me abrazó por la espalda.
- ¿Y eso? –me extrañé.
- Tenía ganas de abrazarte –me respondió.
- Ah –exclamé girando la cabeza hacia mi derecha, mirando su mano.
Inmediatamente me soltó como si lo hubiese empujado. Estoy convencido de que si hubiese girado hacia la izquierda, donde apoyaba su cabeza sobre mi hombro, me habría besado pero no le di oportunidad y fue lo mejor.
Al poco rato nos despedimos y vine a casa. Ya no siento por él lo mismo que antes y ahora puedo ver cuántas veces me subestimó. Creo que ésta será la última vez que nos veamos. Tal vez sea la única forma de liberarnos ambos de una amistad poco sana.

Gracias por tu visita

Si llegaste a este blog y lo leíste, agradezco que me dedicaras un poco de tu tiempo.

Asimismo, te invito a dejarme tus comentarios, sugerencias, peticiones y críticas constructivas en los posts.

Por último, si te agradó, puedes añadir un vínculo de La Pluma Dorada en tu página web, blog, fotolog o espacio personal y así, colaborar al crecimiento de este humilde rincón. También te invito a convertirte en seguidor.

Espero tenerte de regreso; siempre serás bienvenido. Hasta pronto.

Yahya. Carlos Flores A.
Escritor chileno.