«Quien no conoce Estambul, no conoce el amor».

Yahya Kemal Beyatlı.

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Carlos Flores Arias – Yahya.

Escritor chileno.

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viernes, 20 de febrero de 2015

Mi actual parada frente a la vida

Tarde o temprano, llega una edad para pararse frente a la vida y decir «Éste soy yo y de acuerdo a mis circunstancias, así veo el mundo». Pues bien, hoy he charlado con mamá durante la tarde como acostumbro hacerlo y he llegado a ciertas conclusiones con respecto a sucesos que han tenido lugar en mi vida durante los últimos trece meses, que preferí callar porque no son únicamente mis problemas y la demás gente involucrada no merece ser expuesta… ¿Para qué? Sin embargo, ahora con la mayor delicadeza que me permite el ser escritor, quiero decir ciertas verdades, sabiendo que algunos concordarán conmigo y otros no; pero cuando llegas a este punto, te da lo mismo, porque sólo importa decir lo que tienes atorado en la garganta. Espero tengan paciencia para leerme considerando el tiempo invertido en escribirlo y además, puede que a muchos de ustedes ya adultos esto no les sirva, pero lo dejo para gente como mis sobrinos, que mediante Allâh (swt) podrían alcanzar una edad en la cual puedan asimilar mis palabras. Aquí va:
1.-       Yo, Yahya, soy musulmán y si Allâh (swt) así lo quiere, dejaré esta vida siéndolo. La religión es un método simple para relacionarnos con el Creador y no debemos permitir que un ser humano imperfecto nos lo complique, imponiéndonos su modo de práctica. Si aceptamos que otros interfieran en nuestra relación íntima con Allâh (swt), corremos riesgo de que nos transfiera sus temores, prejuicios y culpas. La religión nos permite acercarnos al Creador, pero ninguna persona tiene derecho a decirnos lo que Él piensa o cómo actuaría en cada caso, pues Él ve nuestros corazones y sabe lo que nadie más conoce.
2.-       Siempre he dicho que al hacer Shahāda, acepté los planteamientos del Islam pero no inicié una carrera hacia la santidad. Soy el primero en reconocer mis limitaciones humanas físicas, psicológicas y emocionales, algunas de las que me doy cuenta y otras que ni siquiera noto pero los demás sí. No hice Shahāda para creerme perfecto ni señalar a los demás por sus errores. Soy musulmán en la medida que puedo y no pretendo la admiración ni acepto el repudio de los demás según sean mis acciones. Si soy musulmán es porque así lo quiso Allâh (swt) y no debo pasar por exámenes morales cada vez que un individuo me crea desviado. Cuando adopten un credo, vivan de acuerdo a su religión, pero no se dejen influenciar por opiniones de otros individuos. Sean seguidores de Dios (Allâh) y no de los hombres.
3.-       En este tiempo he sufrido el rechazo de algunas personas que me sacaron de sus vidas como si fuese un trapo desechable. Algunos me prometieron amistad eterna y ahora ni siquiera me preguntan cómo estoy. Es verdad que debería acostumbrarme a estas circunstancias porque todas las personas son así y los únicos con quienes puedo contar, son mis parientes, contando sólo algunas amistades muy específicas. ¿Por qué yo debo buscar a las personas que dicen quererme para decirles lo que me pasa, si no demuestran interés? No hice Shahāda para que la gente me quisiera más ni pretendiendo conseguir el afecto de nadie en especial y si algunas personas desacreditan mi Islam por creerme indigno, es su problema, no el mío.
4.-       Podría decirles a mis ex amigos que algunos seres queridos parientes y amistades están muy mal por circunstancias graves que no cabe detallar aquí, podría incluso describirles todas mis enfermedades. Pero no soy tan miserable como para aprovecharme del auténtico sufrimiento de otros o el propio para ganarme el cariño de algunas personas en base a su lástima. Cuando alguien te quiere, es porque te valora y no porque siente pena por ti.
5.-       Yo soy un hombre frágil e inseguro, lo reconozco y lo acepto como parte de mi personalidad, que se ha forjado en base a sufrimiento. Por eso, quien se gana mi amistad tiene todo mi cariño desmedidamente. Sin embargo, cuando alguien me lastima creo tener derecho a levantar algunas barreras y no ser tan entregado, para protegerme. No soy tan orgulloso y a veces la gente me humilla a ultranza porque doy pie para eso, pero algunos se aprovechan de eso.
6.-       Defiendo los derechos de las minorías sexuales a no ser discriminadas, porque conozco de primera mano lo que hace la discriminación y sufrí durante toda mi infancia que por diversas razones, algunos me maltrataran. Si a alguien esto le incomoda, no es mi problema y tampoco acepto que otros me digan qué causas debo defender, pues seguramente ninguno se ha puesto en los zapatos de un paria social. Deben tener claro que absolutamente todos somos discriminados sin excepción por padecer una enfermedad, raza, orientación sexual, ideología política, credo religioso, posición económica, origen social o cualquier otro motivo… Pero a pesar de ello, algunos creen tener derecho a discriminar a otros porque les permite evadir su propio dolor.
7.-       Hay veces en que puedes culpar a otros por lo que te ha ocurrido. Pero llega el momento en que debes hacerte cargo del dolor y superarlo antes de que éste te supere. Cuesta ser un individuo resuelto, empoderado y seguro, pero es posible si te lo propones sin permitir que las circunstancias sean más importantes que tu valor. El dolor en esta vida es inevitable, pero el sufrimiento como todo lo demás, no es eterno. Sea que te refugies en Allâh (swt) como yo o no, las heridas siempre cicatrizan con el tiempo y despertarás un día habiéndote acostumbrado a ver la marca, pero no te importará porque será parte de ti.
8.-       Un día dije que tener sentimientos es parte de ser humanos y no puede ni debe evitarse; si alguien intenta coartar tus emociones, te quitan parte de tu humanidad y libertad. A esto, alguien me respondió que las personas tenemos espiritualidad y racionalidad además de sensibilidad, pues somos una realidad compleja. Cuando digo que tenemos derecho a sentir, no me refiero necesariamente a que debamos desatar nuestras pasiones como alguien podría interpretar; pero tampoco es correcto que una persona tan imperfecta como tú te juzgue, porque todos cometemos errores y sólo Allâh (swt) puede juzgarnos.
9.-       Cuando debas decir algo, escoge muy bien tus palabras y refúgiate en Allâh (swt) para que tu lengua no te traicione. No seas impulsivo pero tampoco permitas que los demás callen tu voz, pues tal vez estarás diciendo lo que nadie más se atreva a hablar por cobardía.
10.-     Allâh (swt) está siempre muy cerca de ti, aunque te niegues a aceptarlo. Si no percibes Su presencia, no quiere decir que Él esté ausente. No permitas que nadie te convenza de lo contrario ni aceptes que otro determine tu cercanía con el Creador según tus acciones.
11.-     Todos podemos pelear por una causa, pero sólo está perdida cuando nos rendimos. Escojamos bien las batallas, pero que siempre sean nuestras y aprendamos a retirarnos oportunamente cuando nos quedemos sin municiones. Si debemos llorar, hagámoslo por perder a quienes nos valoran realmente, pues esta vida es demasiado corta para sufrir por cualquier razón. Si alguien no nos aprecia, ya lo hará si Allâh (swt) lo determina, pero primero debemos amarnos nosotros mismos, pues nadie quiere a quien se humilla en exceso.
12.-     No caigas en el orgullo ni la soberbia, pues podrías causar el sufrimiento de quien realmente te aprecia y es algo que difícilmente se recupera después. Cuando alguien es orgulloso, acaba quedándose solo. Somos pasajeros y al irnos, nuestro recuerdo será breve como un pestañeo.
13.-     Durante esta semana he descubierto vergonzosas mentiras de gente con cuya amistad contaba. Hay dos verdades innegables: la mentira no es eterna y la gente mala existe. Elhamdülillah su influencia sobre nosotros no dura mucho.
14.-     Todos los errores causan sufrimiento. Aprende de tus equivocaciones para que el dolor no sea en vano y al menos intenta no tropezar dos veces con la misma piedra.
15.-     Respeta a tus mayores, pues aunque hayas alcanzado la mayoría de edad, ellos siempre sabrán más que tú. La gente al alcanzar los treinta años, cree que ya sabe todo de la vida y sin importar la edad que tengamos, la verdad es que nunca sabemos nada, por eso nos equivocamos toda la vida.
16.-     Parecerá obvio, pero dada la gran cantidad de gente que podrías conocer a lo largo de tu vida, debes aprender a diferenciar entre quienes son realmente importantes y quien es sólo una persona más porque tu amor, respeto y atención no alcanzarán para distribuirlos a todos en una justa medida y tampoco puedes pretender que te valoren como crees merecer.
No sé si más adelante cambie mi planteamiento pero actualmente, es lo que pienso. Es todo lo que recuerdo por ahora, pero si me viene a la memoria algo más o llego a reflexiones que me parezcan importantes, las entregaré inşAllah a su debido tiempo.

sábado, 14 de febrero de 2015

La importancia de la comunicación paternofilial

Foto: Gerard Piqué en su faceta de padre.

En un artículo anterior donde hablaba sobre la demanda que Camila Améstica Merino interpuso recientemente contra su padre ante los Tribunales de Familia, exigiéndole manutención para pagar sus estudios, expuse también cómo diversos medios de comunicación distorsionaban la información diciendo que el señor Patricio Améstica negó la ayuda económica a su hija por ser lesbiana y lo tacharon de homofóbico. Pues bien, en el último párrafo de dicho post dije «Me parece también que se debe ser extremadamente criterioso al momento de exponer a un pariente al escarnio público, sea por la razón que fuere, pues está bien exigir manutención de los padres hasta una edad razonable; no obstante, ello no justifica que les permitamos a terceros opinar y sacar conclusiones descarnadamente sobre asuntos que debieran permanecer en la más estricta intimidad familiar. Creo pues que esto no tiene tanta relación con defender los derechos de las minorías sexuales sino más bien, con asuntos privados no resueltos que tampoco llegarán a buen puerto discutiéndose en un programa de televisión».
Anoche confirmé este punto viendo la primera parte de Primer Plano en Chilevisión. Allí estaban Tatiana Merino y su hija, hablando sobre lo duro que había sido para esta última ocultar su homosexualidad durante tanto tiempo, por temor a que sus padres la rechazaran y conociendo casos cercanos en los cuales sus amigas habían sido encerradas e incomunicadas debido a su lesbianismo.
Cuando Julio César Rodríguez le preguntó a la actriz cómo se sintió al saber esta verdad, ella respondió que tuvo frustración porque no hubo la oportunidad de hablar privadamente con Camila, sin intervención mediática. Fue entonces cuando, en un intento de imparcialidad, la producción del programa contactó telefónicamente al padre, quien manifestó la misma molestia y hasta desmintió ser homofóbico, pues dijo que habría aceptado a su hija con el mismo amor que siempre le ha tenido, sin importar su orientación sexual.
Yo aquí no hablaré de perspectivas conservadoras, de la intencionalidad que tuvieron los protagonistas del caso al exponerse tanto o de mi opinión más que conocida sobre programas faranduleros. Me parece que actualmente los padres deberían prepararse psicológica y emocionalmente ante la posibilidad de tener un hijo o una hija homosexual, más allá de conservadurismos cuadrados, prejuicios heredados o incluso manipulaciones porque, aunque no les guste afrontarlo, los padres muchas veces son prejuiciosos y manipuladores pretendiendo imponer su tradicionalismo valórico a generaciones recientes, que inevitablemente a veces tienen otra forma de ver la vida. Digo que sólo a veces porque aún hay jóvenes capaces de alimentar la discriminación contra minorías sexuales y otros sectores desfavorecidos socialmente… Es así como se cometen crímenes de odio en Chile.
Antes de ayer también escribí sobre el programa La cultura del sexo de TVN. En el capítulo titulado Los tabúes del sexo en Turquía, no escatimaron esfuerzos para hacer parecer al país que tanto amo como una cultura machista y retrógrada, sin considerar que Chile también tiene muchísimos casos de discriminación sexista o contra las minorías sexuales, careciendo de un pretexto por estúpido que fuere. Los chilenos no tenemos excusa para ser sexualmente incultos, prejuiciosos, incapaces y anticuados, por decir lo menos.
Tal vez es cierto que en Turquía las condiciones de educación sexual no sean las mejores, pero al menos los turcos tienen la excusa de no contar con programas escolares de información sobre el tema; aun así, yo no puedo asegurarlo ni hablar mal de ellos porque, sabiendo mucho sobre su cultura y habiendo viajado, nunca tuve relaciones sexuales allá. Vivo en Chile y aquí, contando con patética asignatura de educación sexual, todavía sufrimos desinformación y prejuicios obsoletos en una sociedad supuestamente moderna, todo lo cual redunda en incremento de enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, sexismo contra las mujeres y desde luego, discriminación a la comunidad GLBTI.
Es una vergüenza que nos atrevamos a criticar las realidades de otros países cuando aquí, una jovencita de veinte años no se atreve a hablar privadamente con sus padres sobre su orientación sexual, por temor a la reacción que podrían tener, pero al mismo tiempo prefiere que se enteren a través de la prensa escrita. En primer lugar y como bien dijo la experimentada periodista Pamela Jiles en el programa Intrusos de La Red, es prácticamente imposible que dos padres no noten en absoluto la verdadera orientación sexual de su hija tras veinte años conociéndola. En segundo lugar, cuando realmente tienes miedo de cómo reaccionen tus progenitores, por sentido común bajo ninguna circunstancia se te ocurriría informarles a través del diario y si lo hiciste, sin importar la razón, debes saber que ningún padre del mundo por hippie que sea, verá con buenos ojos tener un hijo gay y además, si utilizas la exposición pública para comunicarte le das todo el derecho a reaccionar mal.
Cualquier joven homosexual que quiera revelarles a sus padres la orientación sexual que tiene, peca de ingenuo (a) si cree que lo felicitarán. En ninguna parte del mundo ocurre eso –yo en lo personal creo que ni siquiera se daba así en la antigua Sodoma–, menos aquí porque sigue esperándose que demos nietos a nuestros progenitores y cuando no es así, la frustración es inevitable.
Siempre se dice que los padres no deben pretender proyectar sus propias metas a través de los hijos, que éstos tienen derecho a hacer sus vidas aunque tomen decisiones equivocadas. ¿Pero aplicamos esto realmente? No. Seamos sinceros. Aunque no puedo generalizar, diré que la mayoría de los padres nos educan bajo determinadas tradiciones y valores morales adecuados para hacernos encajar en la sociedad, lo que se conoce como heteronormalidad en este caso; pero si luego el hijo sale gay, inmediatamente la idea asociada es que sufrirá por ser un paria social y en consecuencia, un padre o una madre intentan negar, modificar y por último, tal vez aceptar la situación.
Conozco algunos casos de homosexuales bordeando los treinta e incluso cuarenta años que, por no poder hacer sus vidas libremente o no atreverse a salir del armario, se han emancipado muy jóvenes para vivir solos y no dar explicaciones a nadie. No sé si esto sea mejor que sentarse con los padres tranquilamente y decirles «Pues, que soy gay y ya está. Es lo que hay». Sin embargo, considero demasiado egoísta salir del armario sin considerar previamente los sentimientos parentales para, en virtud de este factor, escoger el mejor modo de hacerlo. Me parece que, aun cuando se justifica por todos los casos de discriminación extrema, hoy los jóvenes de la comunidad GLBTI se paralizan por el miedo o esto les hace revelar su identidad sexual de la peor manera, sin tomar en cuenta el funesto efecto que trae para la armonía familiar. Dicho de otro modo más simple, un padre o una madre que se entera malamente de la orientación sexual del hijo, no sólo debe lidiar con un sentimiento de fracaso en su intento de crianza recta, el temor que le produce la obvia discriminación a la cual el joven estará expuesto toda su vida y el derrumbe del proyecto personal como tener nietos sino que además, debe enfrentar el sufrimiento al saber que no goza del contacto suficiente, la confianza necesaria para romper barreras comunicacionales que les mantienen alejados aunque vivan en la misma casa.
La solución a este problema no es imponer forzosamente perspectivas morales personales a los hijos, porque tarde o temprano tomarán sus propias decisiones que podrían discordar con los principios inculcados durante la crianza. Tampoco se debe ocultar permanentemente la verdadera identidad sexual y fingir una orientación que complazca a los padres o la sociedad en su conjunto, pues aquella heteronormalidad autoimpuesta sólo da como fruto un engaño que irá creciendo con el tiempo hasta que, inevitablemente la verdad salga a la luz. La real solución  al problema expuesto en el párrafo anterior es cultivar la confianza y comunicación totalmente desprejuiciada, libre de ignorancia.
Finalizaré este artículo diciendo que nos guste o no, los padres tienen que cumplir el deber de criar inculcando valores e ideales. Pero al mismo tiempo, los hijos tienen derecho de decidir si siendo ya adultos y con criterio formado, quieren seguir aquellas directrices o tener una forma autónoma de enfrentarse al mundo. Esto, señoras y señores, es inevitable y normal, pero cuesta mucho menos aceptarlo si nos hacemos a la idea desde un principio.

jueves, 12 de febrero de 2015

La incultura del sexo

Anoche vi el programa La cultura del sexo en TVN porque mostrarían Estambul, pero jamás imaginé que serían tan prejuiciosos En primer lugar, este programa es muy arbitrario porque sólo quieren mostrar una parte de la realidad: la que a nosotros como país occidental y supuestamente desarrollado, nos incomoda. Para conocer la realidad de un país hay que consultar todas las opiniones y no sólo las que nos gustan; si yo quiero demostrar una teoría, debo ser imparcial y más en el caso de un trabajo periodístico, donde la premisa es ser objetivo, dejando a un lado mis opiniones personales, pues éstas obviamente influenciarían a mi público.
En segundo lugar y como siempre, los chilenos hacemos programas sobre sexo como si fuésemos eruditos. ¡Y no lo somos! Aparentamos ser progresistas y criticamos descarnadamente otras culturas como si aquí tuviésemos todo resuelto. Yo es que me pongo realmente malo cuando una chilena va a Turquía sin interiorizarse para nada en la cultura, tradiciones o religión y lo primero que dice es «Los turcos son muy machistas». Un ejemplo clarísimo es cuando una chilena critica que las turcas usen hiyab y ni siquiera le interesa saber cuál es el trasfondo de este código de vestimenta, porque como chilenos tenemos la maldita costumbre de creer que nada es bueno más allá de la Cordillera de Los Andes y por tanto, no nos interesa saber.
Siempre recuerdo el caso de Paulina, quien yendo conmigo a Turquía nunca leyó ni un folleto sobre cultura osmanlí y pretendía que los turcos no la mirasen raro si se paseaba con minifalda dentro de una Mezquita. «Yo soy una mujer occidental» decía, hasta que un buen día Hakkı D. fue a por ella al departamento que rentábamos en Aksaray y le ordenó ponerse pantalón largo antes de salir, pese al calor que hacía. Fue entonces cuando, por amor, Paulina agachó la cabeza y se sometió a la voluntad de su sultán particular, corriendo a cambiarse de ropa y de la mujer occidental tan independiente, no quedó ni el rastro
Donde fueres, haz lo que vieres. Es muestra de nuestra incultura criolla criticar otras realidades y creer que aquí no tenemos ningún problema. En lugar de criticar el hiyab turco, la mujer chilena verdaderamente feminista y no precursora del feminismo de bolsillo que siempre se ve, debería ocuparse de resolver la desigualdad sexual sufrida aquí. Nathalie Nicloux, animadora del programa, entrevista a mujeres turcas que ignoran qué es el clítoris y cuál es su función, pues allá los escolares no cuentan con clases de educación sexual en la malla curricular dada por el Gobierno; pero ocurre que aquí en Chile, teniendo dicha asignatura, tampoco sabemos nada al respecto. ¿Es apropiado extrañarnos tanto por la realidad foránea si nosotros estamos igual?
En tercer lugar, en ningún país la realidad es perfecta, así que cuando vean este video, por favor, por favor no se llenen de prejuicios absolutistas. Como dije antes, no podemos salir de Chile y pretender que en otro país la realidad sea igual que aquí. Un verdadero viajero debería ser capaz de abordar un avión dejando abajo las aprensiones culturales que lógicamente todos arrastramos. Es cierto que para mí fue muchísimo más fácil porque a diferencia de mis compañeras, en 2011 yo llevaba doce años investigando todo lo relacionado a Turquía y eso me ayudó bastante a adaptarme en situaciones que ellas consideraban chocantes. Sin embargo, considero irrespetuoso llegar a una parte donde somos extraños y exigir que los lugareños se adapten a nosotros.
En cuarto lugar, este programa no respeta en absoluto el punto de vista religioso, pues constantemente atribuyen a este factor los problemas sexuales existentes allá y considerando que en Turquía el Islam es parte fundamental de la cultura aunque se defina como Estado laico, no se puede decir que aborden una completa "Cultura del sexo", pues debieron investigar un poco más sobre el tema. El capítulo se titula Los tabúes del sexo en Turquía, o sea que desde el inicio le dan una connotación negativa, sin importar el respeto a la cultura turca conjuntamente. ¿Se entiende? Decir que los turcos son machistas por la religión es como afirmar que los chilenos somos ladrones porque nuestra raza es mala; además de ser dos afirmaciones completamente falsas e ignorantes, carecen de fundamento y generalizan metiendo a todo un país dentro del mismo saco, lo cual es producto del prejuicio. Entiéndase mi punto: alguien que viaja a cualquier país por una semanita no debe llegar hablando mal como si hubiese vivido allá diez años, menos aún si va para realizar un trabajo periodístico pues correspondería como comunicadores, hacernos responsables del efecto que sobre la opinión pública puede causar nuestra intervención en la información que damos.
El programa aborda incluso la difícil vida de un homosexual en Turquía, hablando sobre los crímenes de odio como si en Chile eso no sucediera. ¿Acaso nadie recuerda el emblemático caso de Daniel Zamudio? Y sólo es uno de muchos ejemplos, pero los medios de comunicación masiva no han cubierto otros porque sólo éste dio nombre a una Ley Antidiscriminación. Estamos de acuerdo en que Estambul no es un paraíso gay y allá la comunidad GLBTI vive mucha discriminación; no pretendo tapar el sol con un dedo. Sin embargo, ayer los programas de farándula y prensa escrita informaron sobre la demanda por manutención que Camila Améstica Merino interpuso contra su padre por no pagarle los estudios, pero hubo medios informando sobre una acción legal por homofobia. Tal vez en mi artículo de ayer no se entienda mi perspectiva, pero apuntaba a ser objetivo en el periodismo, no ser sensacionalista y menos si esto podría destruir una familia por exponer problemas íntimos.
¿A qué me refiero citando estos casos? Pues a que hablar de la discriminación contra minorías sexuales en otros países no contribuye en absoluto a la solución del problema allá ni aquí. Así mismo, criticar el machismo turco no significa que las mujeres chilenas estén a la par con sus contrapartes masculinas, en el plano laboral por ejemplo. Y por último, me parece ruin que se atrevan a criticar la supuesta inexperiencia amatoria de un hombre turco promedio, como si los chilenos fuésemos grandes amantes; conozco por ahí compatriotas que en media hora han tenido tiempo hasta para cambiar las sábanas de la cama después del acto sexual, así que en Chile no somos toros y además, algunas mujeres chilenas sufren anorgasmia porque hasta hace poco los hombres perdían la castidad en manos de prostitutas y éstas, obviamente no enseñaban en una hora cómo satisfacer realmente a las féminas.
Para terminar, sólo les diré que con este artículo obviamente quise defender a los turcos y turcas, por si no se dieron cuenta. No critiquemos la sexualidad de otros, porque acabaremos exponiendo nuestras propias carencias y vergüenzas.
Esto se los dice un tipo que lleva quince años estudiando Turquía. No obstante, les recomiendo ver el programa y si critican algo, háganlo de manera constructiva.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Camila Améstica Merino demanda a su padre

Foto: Camila Améstica Merino y Tatiana Merino.
Última hora.

Camila Améstica Merino, hija de Tatiana Merino, demandó hoy a su padre ante los Tribunales de Familia por pensión alimenticia, pues éste le negó el pago de sus estudios superiores tras enterarse en octubre pasado de su orientación sexual a través de la prensa.
Tatiana Merino declaró a los medios televisivos que por ser su hija lesbiana, Patricio Améstica la maltrató psicológica y verbalmente. A esto se sumaron las declaraciones más específicas de Rolando Jiménez, presidente del MOVILH, quien quiso apoyar a las demandantes por considerar que se ha ejercido discriminación y no sólo negación del pago de estudios.
Cuando madre e hija salían de Tribunales de Familia, fueron abordadas por las cámaras de diversos programas televisivos entre los cuales se destacó Intrusos. Fue entonces cuando la actriz defendió apasionadamente a su hijo diciendo que su caso es muy parecido al de tantos otros jóvenes que no pueden salir del armario por temor al maltrato que sus propios padres pueden ejercer sobre ellos. Fue entonces cuando una camioneta del programa Primer Plano recogió a las mujeres, llevándoselas.
En algunos medios esto ha dado paso a que se malinterprete la situación, diciendo que Camila Améstica demandaba a su padre por homofobia. No es así, pero comunicacionalmente parece ser mucho más útil el morbo de hablar sobre discriminación por orientación sexual que una demanda por pensión alimenticia.
Me parece que una vez más los programas de farándula harán escarnio público con una situación íntima, familiar que desgraciadamente se hizo conocida masivamente por una parte afectada.
En esto no tiene nada que ver la discriminación que jóvenes anónimos sufren por parte de sus padres homofóbicos. Están queriendo mezclar peras y manzanas sin considerar que la lucha de alguien gay contra el maltrato es constante, incluso después de salir del armario.
He trabajado en un medio dirigido a la comunidad GLBTI como muchos de ustedes saben y mamá algunas veces al tratar el tema, me ha preguntado seriamente «¿Por qué tienen la necesidad de decirle a todo el mundo lo que son?». A esto le respondo categóricamente lo siguiente:
Cuando un homosexual oculta su orientación sexual es para evitar la vergüenza pública de sus parientes frente a la sociedad, que se especializa en hablar de la vida ajena. Ocultar la orientación sexual por este motivo implica necesariamente que el afectado admita todos los tópicos que se tienen sobre la población gay, aún cuando tal vez es virgen y en cuyo caso, no sería aplicable acusarle de promiscuidad.
Además, esconder la orientación sexual –esto no es lo mismo que ocultar la sexualidad, entiéndase– significa negar parte importante de la identidad del individuo y permitir que terceros manipulen su manera de encajar en la sociedad.
En otros artículos he dicho que los sentimientos son parte de la condición humana y por ello, nadie puede decirle a alguien de quién puede o no enamorarse. Ojo, dije enamorarse y ello no necesariamente implica concretar una relación; lo aclaro porque no faltará quien me haga comentarios sobre la notoria diferencia entre entir algo y hacerlo. Por otro lado, si alguien concreta una relación, es asunto de esa persona y absolutamente nadie más.
La misma regla se aplica a la identidad como ser humano en su conjunto. Nadie tiene derecho a decirte cómo deberías ser feliz. El modo de vida es individual y ninguna persona debería sentirse con derecho a decirle a otro bajo qué parámetros puede ser feliz ni condenarlo si se sale de esos márgenes. En virtud de eso, la orientación sexual –y no condición ni opción, las cosas dichas por su nombre– es parte de la identidad de un ser humano y si coartamos eso, al igual que prohibir los sentimientos, estamos quitándole parte de su condición humana.
A su vez, esto puede aplicarse a cualquier esfera de nuestro ámbito social. Sean nuestros padres, familias, amigos, colegas, jefes o incluso líderes de cualquier clase, nadie humano puede atribuirse el derecho de decirnos qué sentimientos debemos tener, cómo debemos ser felices correctamente o bajo qué márgenes debemos restringir nuestra identidad sea social, sexual, individual o colectiva.
Dicho esto y volviendo al tema inicial, si bien es grave que un padre le niegue a su hija el pago de sus estudios profesionales en desmedro de su orientación sexual, lo cual constituye en sí misma una discriminación y una manipulación de la identidad integral del individuo afectado, tal como se ha expuesto masivamente y personalmente no estoy asegurando que así sea, es igualmente reprochable que los medios falseen la información con el propósito de lograr mayor difusión o audiencia, diciendo que el motivo de las acciones legales desde el principio no es conseguir manutención sino por homofobia. Se destruye así la imagen pública de una persona y no contribuye en nada a la reconciliación familiar.
Me parece también que se debe ser extremadamente criterioso al momento de exponer a un pariente al escarnio público, sea por la razón que fuere, pues está bien exigir manutención de los padres hasta una edad razonable; no obstante, ello no justifica que les permitamos a terceros opinar y sacar conclusiones descarnadamente sobre asuntos que debieran permanecer en la más estricta intimidad familiar. Creo pues que esto no tiene tanta relación con defender los derechos de las minorías sexuales sino más bien, con asuntos privados no resueltos que tampoco llegarán a buen puerto discutiéndose en un programa de televisión.

viernes, 23 de enero de 2015

Fallece Pedro Lemebel


Pedro Lemebel (Santiago, 21 de noviembre de 1952 - Providencia, Santiago, 23 de enero de 2015) fue un escritor, cronista y artista plástico chileno. Su única novela fue Tengo miedo torero.
Nominado al Premio Altazor en seis ocasiones y al Premio Nacional de Literatura una vez. En 2006 recibe el Premio Anna Seghers y en 2013 el Premio José Donoso.
Lemebel fue cronista de Página Abierta, La Nación, de las revistas de izquierda Punto Final (desde 1998) y The Clinic. También condujo programas radiales, dirigió talleres de crónicas y dió conferencias en diversas universidades, como la Universidad de Harvard y la Universidad Stanford.
A las 2 de la madrugada (hora local) del 23 de enero de 2015, Pedro Lemebel, falleció a causa del cáncer de laringe que lo arrastraba desde 2011, en la Fundación Arturo López Pérez de Providencia, Santiago. Años atrás, había sido operado en este mismo lugar en dos ocasiones, con el fin de acabar con su enfermedad.
La población marginal y pobre así como también los parias sociales y la comunidad GLBTI del mundo tiene en él un gran representante cultural. En mi sección de Noticias de Facebook he visto sólo una publicación sobre esto. El cáncer se llevó a uno de los últimos verdaderos escritores chilenos, cronista de nuestra realidad cuando actualmente los narradores jóvenes pretenden alcanzar fama y fortuna rápidamente.
¿Dónde están los activistas gays? Lo he dicho antes y lo digo ahora: preocúpense menos del sexo casual, el sauna, la discoteca, el bar de moda y el centro comercial. Presten más atención a la literatura, el teatro, los museos y el arte. Dejen de comportarse como subcultura y tengan más cultura.

miércoles, 21 de enero de 2015

Palabras al Sr. G. H.

Cuando era más joven, me resultaba impensable dormir una siesta después de almorzar, pues al parecer mi cuerpo tenía más energía o ganas de vivir. Hoy en cambio, llevo días acostándome hasta las cuatro de la tarde y diría que hasta me ha salido un poco de panza. Sin embargo, ahora en lugar de la siesta, preferí quedarme escribiendo esto para un amigo.
Anoche el Sr. G. H. escribió que su ex pareja había llegado de sorpresa a su departamento sin avisar, reavivando el fuego que alguna vez hubo entre ambos. Pero después de una fugaz recaída, el susodicho recibió una llamada de su actual novio y salió corriendo a su encuentro, dejando a mi amigo con lágrimas en los ojos y la ilusión rota.
Apenas leí esto, a las dos de la madrugada le escribí un correo electrónico de aquellos tediosos como sólo yo sé hacerlo, de trece párrafos, para aconsejarlo e intentar de algún modo consolarle.
Básicamente le dije que lamentaba su llanto, pero no debía preocuparse porque su dolor era señal de que aún podía sentir, pues hay quienes desmotivados por las desilusiones amorosas, renuncian a los sentimientos y eligen vivir mecánicamente sus pasiones, como entes sin emociones, perdiendo parte de su humanidad.
Estas criaturas subestiman tanto las emociones que incluso creen patético a quien tiene sus sentimientos como motivación. Cualquiera podría decirme que cada persona es libre de vivir como quiere y que ser promiscuo también es legítimo. Pero no es así si tu modus vivendi afecta a otros, atropellando sus emociones y lastimándolos.
En este sentido, es común que alguien a quien le han roto el corazón muchas veces, cansado de sufrir, claudique ante el amor y prefiera tener varias parejas esporádicas en lugar de comprometerse sentimentalmente con sólo una persona, manteniendo una relación madura y estable. Es cierto que desde hace un tiempo no abordo los temas de la comunidad GLBTI con la misma frecuencia que antes, pero esto es igualmente aplicable a cualquier persona sin importar su orientación sexual. Sigo creyendo que no es válido anteponer las pasiones propias en desmedro de los sentimientos que alguien tenga.
¿Qué le pasa a la gente, que va por la vida ensuciando los corazones de quienes a pesar del sufrimiento, están dispuestos a sentir? Sería oportuno decir en este punto que debemos ser cuidadosos en general, hombres y mujeres, al momento de dejar entrar a alguien en nuestras vidas, porque hay quienes no valoran este voto de confianza y tampoco les importa causarnos una pérdida afectiva, una desilusión.
Estas personas, psicópatas porque no hay otra forma de llamarles, nos cosifican; somos para ellas una fuente de placer que no vale nada después de haber logrado su mezquino objetivo. Muestra de ello es cómo nos abandonan fríamente, sin importarles el rastro de desolación que dejan con su partida, porque les resulta más provechoso usar a un ser humano emocional que masturbarse o comprarse un consolador. Cuando digo que nos cosifican, es porque nos ven como si fuésemos consoladores parlantes o elementos desechables de los cuales pueden desprenderse fácilmente cuando hayan obtenido utilidades. Sí, soy duro e implacable en mi forma de hablar porque estas criaturas no tienen tacto alguno al momento de llevar a cabo su plan y tampoco les debe afectar demasiado cómo se les diga la verdad.
Es cierto que tal vez el resto de nosotros nos exponemos a este tipo de abuso socialmente aceptado, porque a veces necesitamos sentir afecto de otro y cometemos el error de escoger a la persona más inapropiada, sea porque no nos quiere o simplemente porque no estamos hechos el uno para el otro. Sería deshonesto no admitir cierto grado de responsabilidad propia en aquellas traumáticas experiencias amorosas que nos dejan cicatrices.
Sí. No toleramos la soledad y a veces, preferimos engañarnos creyendo las mentiras de alguien que sólo quiere aprovecharse por un rato de nuestras carencias. No soy cínico fingiendo ser alguien sin experiencia; la verdad es que tampoco soy muy experimentado, pero si a los treinta y tres años todavía me contaran cuentos, estaría totalmente perdido.
Hace algún tiempo escribí sobre el Sr. F. A., quien recientemente admitió su homosexualidad aunque se ve enfrentado a una problemática de tipo religiosa, porque siendo católico apostólico y romano, se niega a vivir plenamente su sexualidad y sus sentimientos por temor al Infierno. Actualmente no mantiene contacto con mi tocayo con la misma frecuencia que antes, pues al parecer se dio cuenta de que sería difícil vivir en Jordania siendo abiertamente gay.
Quiero dejar claro que este artículo no trata de lo que dice la religión sobre la homosexualidad sino más bien, acerca de cómo algunas personas sin importar su orientación sexual, se aprovechan de las carencias afectivas o el cariño que han despertado en otros, para satisfacer sus necesidades egoístas sin considerar el bien común. Sé que a muchos no les gustará mi opinión, pero lo cierto es que a veces sufrimos estas decepciones porque nos dejamos llevar por nuestras pasiones e ilusiones, dejando de lado el razonamiento. ¿Qué nos hace creer que si no funcionó bien la primera vez con una persona, funcionará en un segundo intento?
No quiero que el Sr. G. H. se enoje conmigo por lo que diré a continuación, pero sólo es un análisis: su ex pareja le visitó sin avisarle previamente, pasaron juntos una tarde maravillosa y finalmente, cuando el actual novio de este sujeto lo telefoneó, salió corriendo a su encuentro. Para mí es evidente que no sólo lastimó a mi querido amigo sino además, a su pareja que inevitablemente, acabará enterándose. Este tipo es una joyita como para llevar a casa; es ideal para pedirle que marche a favor de una Ley de Matrimonio Igualitario. Luego son estos personajes por los cuales la comunidad GLBTI tiene mala fama.
Yo sé que el Sr. G. H. tiene un vínculo emocional con el tipo que lo dejó tirado ayer y por ello, me preocupa que mis palabras sean malinterpretadas. Sin embargo, él debe saber que también he tenido muchas decepciones amorosas, principalmente porque me encuentro con gente cobarde que le teme al compromiso y aunque pueda enamorarse de mí, nunca tendrá el valor para estar conmigo porque nadie querrá hacerse cargo de este cacho…, un tipo enfermo, cesante y que además, habla demasiado.
Repito que aquí estoy hablando sobre cómo algunas personas desalmadas nos utilizan, engañan, manipulan y cuando han logrado su objetivo, nos desechan como trapos viejos. Da lo mismo que estas palabras las lea un heterosexual homofóbico o un gay reconocido, porque ambos sabrán comprender mi mensaje, pues a todos nos ha pasado lo mismo y a algunos, más de una vez.
Hemos escuchado la flauta de Hamelin, pero cuando cruzamos al otro lado del río, sólo encontramos ratas. Y ya que hablo sobre cuentos de hadas, recordé que anoche el Sr. G. H. se durmió esperando al Príncipe Azul. Sin embargo, ésta al igual que la Princesa Encantada, no existe. Sólo habemos hombres reales de carne y hueso; para quien busque el amor, sólo tiene dos alternativas: los hombres malos o los mejores.
Por eso es que los señores F. A. y G. H. no deberían sufrir al tropezar con tipos como los descritos anteriormente. A los tres con el permiso de Allâh (swt) nos queda mucho camino por andar, cada uno en su senda y por ello, es preciso asumir que si bien el dolor es inevitable, podemos elegir por quién sufrir: una persona que merezca la pena o una que no.

martes, 20 de enero de 2015

La libertad de expresión no es cobarde

Hace algunos días publiqué en este mismo blog una entrada titulada Una falsatolerancia –la anterior–, donde dejo bastante clara mi opinión acerca de la libertad de expresión. En mi buzón de correo electrónico recibí el comentario hostil de un Anónimo que en apenas dos líneas insultó mi religión, a los musulmanes y reconoció que no daba su nombre por temer la reacción que podría provocar. ¿Por qué no publiqué este comentario? Mis razones son simples:
En primer lugar, jamás he discriminado a ningún grupo por razón alguna, incluso si eso me hace acreedor de la enemistad de quienes sí lo hacen. No será esta la primera vez que promueva mensajes de odio contra determinado sector social, animando así una injustificada cacería de brujas. Menos aún si ello perjudica a mis hermanos de fe. Este cobarde comentarista Anónimo no contaba con el hecho de que sus palabras saldrían a la luz pública sólo si pasaban mi filtro (en mi blog no se publica cualquier basura y menos si ataca a gente inocente).
En segundo lugar, no aprobaría los nocivos comentarios de alguien que se esconde en el anonimato para decir lo que se le plazca. «Je suis Charlie» es una frase en la que muchos han hallado la representatividad de la libre expresión, sin considerar que también hubo al menos una víctima musulmana en el atentado a la revista francesa y que eso también nos da el derecho a manifestarnos. Les guste o no, ser musulmán no es sinónimo de ser terrorista. Yo no he cometido el garrafal error de meter a todos los católicos, protestantes o judíos en un mismo saco por los errores de algunos; por ello, no permito que generalicen en mi caso.
En tercer lugar, comentar desde el anonimato es igual que cuando en la Revolución Francesa (1789 y no lo digo por los franceses de hoy), hubo cobardes que lincharon a gente inocente escudados en la multitud, llevándolos a la guillotina. La libre expresión no significa que puedas decir lo que quieras de cualquiera, sin filtro y peor aun, sin dar la cara... Es cierto que en este blog critico todo tipo de asuntos, pero todos mis lectores saben cómo me llamo y quién soy. Así es como trabaja correctamente el derecho a la libre expresión, con honestidad y yendo de frente.
En cuarto lugar, no es correcto utilizar una tragedia, el dolor de la gente, las muertes de personas inocentes y la muy lamentable discriminación de la cual hemos sido víctimas los musulmanes del mundo en mayor o menor grado, para subirte al carro de la victoria e insultarme gratuitamente desde el anonimato diciendo «Je suis Charlie». No es el propósito de esa frase ni de quienes, como el inocente pueblo francés de hace doscientos veintiséis años u hoy, la enarbolan. Tú no eres Charlie; tú no eres nadie.
En quinto lugar, comentarista Anónimo, reconoces no dar tu cara ni nombre por miedo. La razón de tu temor no es lo que ocurrió en Francia, sino tu ignorancia, tu desinformación y especialmente, el hecho de que te desquitaste con los musulmanes por algún problema personal en el cual, desde luego no tenemos ninguna responsabilidad. En otras palabras, no debemos hacernos cargo de que tu vida sea miserable y me incluyo, no sólo por ser musulmán, sino también porque tuviste la desafortunada idea de desquitar tu rabia en mi blog. Por si no lo notaste, tengo muchos más recursos argumentativos que tú y si no lo sabías, ya lo sabes; yo no te respondería insultándote gratuitamente en dos líneas.
En sexto lugar, el derecho a la libre expresión requiere que para ser ejercido correctamente, legitimes tus opiniones con argumentos, bases, pruebas y si lo hicieras como una persona adulta, madura, responsable e informada, no te esconderías en el anonimato cobardemente ni utilizarías insultos básicos, porque así no defiendes nada ni a nadie. Lo tuyo no pasa de ser la expresión descontrolada de una rabia personal que no guarda relación alguna con los hechos acontecidos últimamente.
En séptimo lugar, has de saber que por lo anterior, mientras no des tu cara y nombre para opinar, ni una sola letra tuya será publicada en los comentarios de mi blog, sin importar cuántas veces intentes envenenar a mis lectores. Esto es aplicable a cualquier comentarista que desde el anonimato ataque, humille o difunda mensajes discriminatorios y de odio contra cualquier persona, sin distinción alguna.

jueves, 8 de enero de 2015

Una falsa tolerancia

Ayer hubo al menos doce fallecidos en un atentado al semanario satírico parisino Charlie Hebdo e inmediatamente Facebook se llenó de comentarios contra los musulmanes, diciendo que debía defenderse la libertad de expresión. Pues bies, éste es el tema que ocupará el presente artículo de mi blog, porque los usuarios de redes sociales son muy buenos para expresarse sin siquiera saber de qué hablan concretamente.
En primer lugar, me gustaría aclarar que como musulmán, repruebo absolutamente el asesinato de personas inocentes e indefensas como ocurrió en Francia, especialmente porque el Noble Corán dice específicamente que ante los ojos de Allâh (swt), matar a una persona tiene la misma carga que haber matado a toda la Humanidad y salvar a alguien tiene el mismo significado que salvar a toda la Humanidad. Se nos enseña que sólo Allâh (swt) es Dueño de la vida y de la muerte y no debemos matar a ninguna criatura.
En segundo lugar, debo mencionar que uno de los policías fallecidos en el atentado era musulmán, pues en Francia la población islámica es numerosa. El radicalismo en todo sentido es negativo y no debe causar bajo ninguna circunstancia la nefasta discriminación generalizada, pues los propios musulmanes parisinos fueron primeros en repudiar este deleznable acto.
Si bien es horrible lo ocurrido, nadie toma en cuenta que las autoridades francesas han promovido un rechazo radicalizado a musulmanes, ejerciendo islamofobia igualmente reprobable. Consideremos pues que de un tiempo a esta parte las mujeres musulmanas en Francia tienen prohibido usar públicamente el hiyab, que no sólo es parte de su religión sino también de su cultura e identidad. Así mismo, las burlas de este semanario satírico contra el Profeta Muhammad (saws) podrían considerarse del todo escandalosas por sugerir abiertamente que fue pedófilo, sin investigar su vida en profundidad para tener bases certeras sino sólo en pos de la libertad de expresión y creatividad.
Ayer en Facebook tuve un debate muy irritante con alguien que siendo ateo decía que si soy musulmán, debo serlo en mi casa pero no públicamente y jamás entendió que la religión como la identidad no es una camisa que debas quitarte o ponerte según la ocasión. Seguramente esta persona sería feliz si en público un musulmán bebiera alcohol, comiera cerdo y sólo se comportara correctamente entre las cuatro paredes de su casa. Sin embargo, esto es hipocresía, pues uno debe ser musulmán todo el tiempo y si bien hay exigencias que no podremos cumplir por nuestras imperfecciones y limitaciones, no debemos intentar complacer a quienes nos aceptarían sólo si cometiéramos las mismas faltas que ellos. ¿Por qué yo, siendo musulmán, debo renunciar temporalmente a mis valores morales, ideales y creencias para simpatizarle a esta persona atea?
Él acusaba a los musulmanes de ser invasivos con nuestras costumbres e incluso sugirió que sólo debíamos profesar nuestra religión dentro de países musulmanes. Sin embargo, siendo musulmán no obligo a las mujeres a usar hiyab ni a otros hombres a rezar cinco veces diarias; mi religión es algo que practico sin estorbarle a nadie y no veo por qué a un ateo deba molestarle que sea musulmán practicante. Seguramente también hablaría mal de mí si fuera hipócrita, siendo musulmán de la boca para afuera y sin cumplir los pilares del Islam.
En definitiva, terminé la discusión porque se transformó en un diálogo de sordos donde cada quien esgrimía sus argumentos en una biografía de Facebook ajena, donde la usuaria obviamente se molestó porque si queríamos atacarnos, debíamos hacerlo en nuestras propias páginas.
Dicen que la libertad de expresión y creatividad son razones suficiente para obligarme a tolerar que difamen al Profeta (saws) y me encierren en mi casa si quiero practicar mi religión, sin derecho a moverme donde quiera o viajar al país que desee. Estas personas que me discriminan por el sólo hecho de ser musulmán –pues temen que esto sea sinónimo de terrorista–, son las mismas que dicen ser tolerantes, luchan contra la discriminación y disfrazan como falsa libertad de expresión un manifiesto mensaje de odio celebrado mediáticamente como sátira cómica. ¿Cómo se entiende esta contradicción en sí misma? Intentemos entender:
Yo, musulmán, debo aceptar que personas progresistas, tolerantes, intelectuales y evolucionadas, defensoras de los derechos de toda minoría, me obliguen a soportar la difamación del Profeta (saws) y sus enseñanzas, profesar mi religión encerrado, sospechen de mí por mi religión, no me permitan manifestarme como musulmán públicamente y promulguen leyes para forzarme a asimilar conductas que van contra mis ideales, so pena de ser arrestado o expulsado del país y en este punto no estoy mencionando ninguna nación en particular. ¿No les parece irónico?
Más aun, cuando ocurre un atentado terrorista al cual como musulmán me opongo rotundamente, todos se compadecen y con razón de las doce víctimas, sin considerar que uno de los muertos es musulmán y que se puede desatar un violento rechazo al Islam, absolutamente injustificado pero promovido socialmente.
Este hombre con quien debatí en Facebook me decía que cuando ha visitado Turquía, acepta descalzarse y que su esposa cubra su cabeza con un velo para entrar en una Mezquita; pero no acepta que en su país las mujeres musulmanas usen hiyab por las calles. Le hice ver que en Occidente es mal visto que una mujer entre en una Iglesia católica usando escote o minifalda. Básicamente es el mismo principio de ingreso a cualquier templo, sólo que una mujer musulmana no deja de serlo al salir de la Mezquita y por ello, al ir por la calle es cuando más debe usar el hiyab voluntariamente, para resguardar su pudor.
Quien diga qué el Islam sólo le impone obligaciones morales a mujeres, ignora que son recomendaciones y que un hombre musulmán también recibe sugerencias, como bajar la mirada ante las mujeres, para no fijarse en sus atributos femeninos lascivamente.
Durante estos días el programa Intrusos transmitido por La Red TV, han hablado pestes de las telenovelas turcas que los canales chilenos han comprado. Los panelistas protestan porque hace algunos años había seis programas televisivos dedicados a la farándula y hoy se transmiten seis producciones eurasiáticas. Sin embargo, las críticas no llegan hasta ahí porque uno de los panelistas siempre critica Turquía como cultura y a los turcos, rayando abiertamente en la xenofobia sin considerar que, siendo gay defiende los derechos de la comunidad GLBTI. Ésta también es una contradicción manifiesta e irritante, porque siendo víctima de discriminación, yo personalmente no me atrevo a discriminar a nadie, haciéndole pasar por las penalidades que esto implica. Siendo discriminado por cualquier motivo, ejercer discriminación sobre otro es una hipocresía.
No menciono esto antojadizamente sino como demostración de que la discriminación puede ejercerse incluso públicamente, sin importar país ni otras condiciones. Si hablas mal de alguien y trabajas en ello, siendo un personaje público e tu obligación aceptar que otros hablen mal de ti y si no te gusta, debes controlar tus declaraciones, sabiendo que la palabra tiene poder y puedes causar efectos sociales muy negativos contra el sector social que estás discriminando. Si criticas que los canales nacionales le den preferencia a exitosas producciones dramáticas extranjeras en desmedro de programas del rubro en el cual tú te desempeñas –sin importar si lo haces bien o mal–, no recurras a argumentos tan mediocres como discriminar por raza, cultura o nacionalidad, sabiendo que en tu país hay inmigrantes de muchos países quienes, como en todas partes, han aportado a tu propia cultura e identidad nacional aunque no te guste admitirlo.
Si ves que los programas televisivos del rubro al cual te dedicas ya no son del gusto general y cada vez van desapareciendo más, lo correcto no es aportillar el éxito que la competencia ha obtenido transmitiendo excelentes producciones extranjeras; al contrario, lo correcto sería esforzarte en hacer un mejor trabajo y así, encantar nuevamente al público cin programación de calidad.
Todo esto lo digo en mi blog personal porque me he dado cuenta de que a pesar de ser una red social, Facebook está lleno de casos en los cuales uno dice algo y causa un debate, malentendidos o declaraciones fuertes. Últimamente en Facebook no tengo libertad para hablar de deportes, política, religión ni sexo porque todo escandaliza a quienes me leen.
Como pueden ver en este artículo, la libertad de expresión se relativiza bastante al momento de ejercer tolerancia. Todos la exigimos, pero pocos son capaces de darla realmente. El hombre con quien tuve ayer el debate me decía que todas las religiones son hipócritas y causan guerras. ¿Es así? Según lo veo, la hipocresía y la guerra son responsabilidad de los seres humanos, que radicalizan sus ideologías ya sean de un extremo u otro. Si queremos respeto y tolerancia, debemos entender que así como el ateo tiene derecho a no creer, el religioso lo tiene de profesar su religión sin tener que esconderse, avergonzarse ni temer las reacciones de gente temerosa y prejuiciosa. Atención, que no estoy refiriéndome a casos particulares que me ha tocado tratar sino a generalidades vistas últimamente.
Durante la Edad Antigua, los cristianos fueron lanzados a los leones. En la Edad Media, la Inquisición se encargó de torturar y ejecutar a judíos, musulmanes y ateos. Al llegar la II Guerra Mundial, mataron masivamente a judíos, musulmanes, gays y extranjeros. ¿En qué se diferencia esto de lo ocurrido actualmente?

viernes, 2 de enero de 2015

Los polémicos rezos de Delfina Guzmán

Foto: La actriz Delfina Guzmán en uno de los posters de la campaña gubernamental para prevenir el cáncer de mama.

Bueno, yo no soy de aquellos que ventile su vida privada, principalmente porque antes lo hice y tiene un altísimo costo emocional. Sin embargo, hoy he visto parte de las declaraciones que la actriz Delfina Guzmán hizo recientemente para una entrevista concedida a Radio ADN, donde asegura «Escucho un comentario adverso y soy comunista pero católica, cosa que no me complica para nada. Entonces le rezo a la Virgen del Carmen, que es una reina para cumplir las mandas –qué cabra más buena persona– y a la Teresita de los Andes, para que les dé cáncer a los que pelen a Nicolás», refiriéndose a las críticas hechas contra el Ministro de Educación, señor Nicolás Eyzaguirre, quien es además su hijo. A esto, añade «Así que el primer cáncer que aparezca es porque yo le he rezado y he pedido a la virgen que le dé por bruto, mal educado, por incomprensivo y ordinario».
No daré nombres para evitar exponer públicamente a las personas afectadas, pero detallaré mi experiencia. Cuando era pequeño, una parienta cercana y amada fue tratada de un cáncer cervicouterino. Elhamdülillah, hoy es sobreviviente, luego de haberse sometido a una compleja cirugía y radioterapia en aquellos años.
Mis abuelos paterno y materno fallecieron de cáncer. El último fue afectado por uno prostático y a pesar de que le dieron sólo un año de vida, estuvo catorce luchando contra esta maldita enfermedad.
El suegro de mi hermano también falleció hace pocos años de este padecimiento, habiéndose tratado con muchos medicamentos paliativos que le daban para combatir las consecuencias de no tener dinero para un mejor tratamiento.
Una muy querida amiga de mi madre tuvo cáncer mamario y además de operarse, tuvo ciclos de quimioterapia y radioterapia, porque estuvo a punto de morir. Elhamdülillah también sobrevivió milagrosamente. Por su parte, ella tuvo una hermana que falleció por este mal y otra descubrió padecerlo justo a tiempo, pudiendo prevenirlo.
¿Les parece suficiente? Pues el año pasado un hermano de la Mezquita cayó hospitalizado y le descubrieron cáncer de médula ósea, también conocido como mieloma múltiple, además de leucemia. Elhamdülillah se recuperó del segundo, pero ha perdido al menos trece centímetros de estatura porque se quebró al menos seis costillas y la columna en dieciocho partes.
También el año pasado alguien próximo y muy querido fue diagnosticado con cáncer aunque prefiero ser discreto y no especificar de qué tipo, provocando el sufrimiento de todos quienes le conocemos. Rogamos a Allâh (swt) que haga un milagro y lo sane. Amin.
A pesar de ser musulmán y saber que sólo Allâh (swt) es el único Dios verdadero, respeto todas las religiones porque me gusta ser respetado. Empero, me da lo mismo si la gente le reza a vírgenes o santos. Y a pesar de esto, no puedo entender que alguien se pavonee de pedir que una persona sufra esta nefasta enfermedad por razones tan irrelevantes.
Para empezar, un personaje público debería asumir como parte de su labor el recibir críticas, sean éstas constructivas o no. Es una fracción del costo a pagar.
Pero es realmente terrible que en esta sociedad inmunda, corrupta, capitalista y degenerada –hablo en términos globales y no de un país o gobierno específico– en pleno siglo XXI, todavía exista quienes sean incapaces de empatizar con el dolor ajeno en circunstancias tan funestas como las descritas en párrafos anteriores y además, se refugie en la religión –cualquiera sea– para justificar sus dichos.
Y aun más, me parece gravísimo a ultranza que el gremio de actores, malamente representado por algunos rostros, apoye estas declaraciones con argumentos tan absurdos como «Todos sabemos que Delfina es irreverente y hay que entenderla, porque una madre defiende a su hijo con uñas y dientes». Pocas veces concuerdo con el señor José Miguel Villouta, periodista de profesión y panelista del programa televisivo Intrusos de La Red, porque sobre todo no soporto sus opiniones en contra de los turcos, un caso aparte. Sin embargo, hoy tenía razón al decir que los actores son representantes muy importantes de un país en el plano cultural e intelectual y como tales, deberían meditar más sus expresiones en asuntos tan serios.
Ciertamente es vergonzoso que en este país a ciertos personajes se les justifiquen desmadres sólo porque son ellos y además, se les premie la irreverencia. No debemos olvidar que en años anteriores la señora Guzmán participó en una campaña publicitaria de prevención del cáncer, donde muchos personajes públicos eran fotografiados calvos. Algo de muy mal gusto, chocante y como es esperable en la publicidad chilena, sin el efecto esperado. Es inconsecuente.
Ahora bien, porque no me chupo el dedo, sé que esto podría ser un desesperado intento mediático de hacer polémica donde nadie más se fija, convirtiendo en tema país algo que sólo nos importa a quienes hemos vivido el cáncer de cerca, lo que no es menor. Pero en una sociedad tan indolente como ésta, si no experimentas la situación en carne propia, poco o nada te importa lo sucedido al prójimo.
Así es como actualmente un programa de farándula deja a un lado los temas frívolos que siempre lo hicieron sustancioso a ojos de telespectadoras, para convertirse en el vigilante que denuncia públicamente los escándalos y desatinos de figuras que otrora se llevaban sus galardones.

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Yahya. Carlos Flores A.
Escritor chileno.