Por ello, en este Mes Sagrado podemos hallar un oasis de paz en el cual alimentar nuestro espíritu, refrescar el alma y rogar al Misericordioso Allah (cc) que nos reconforte, renovando nuestras esperanzas.
No puede negarse que este mundo está roto, pero viviendo en él no es difícil deducir que algunos de sus habitantes son en parte responsables de esta fractura, pues también tienen el alma corrupta. Por ello, Ramadân es una oportunidad perfecta no sólo para acercarnos a Allah (cc) sino además, para sanar, perdonar (o disculpar según sea el caso), rogar Su perdón y purificarnos.
Este Mes Sagrado es como una pausa que hacemos durante el año, sentándonos a la orilla del camino a reflexionar, descansar del constante agobio mundano, renovar nuestra fe y respirar profundo para seguir adelante.
Desde sus orígenes, Ramadân es considerado un Mes Bendito por haber descendido en él los textos sagrados, entre los cuales se encuentra el Noble Corán pero además, por ubicarse entre las diez últimas noches la llamada Noche del Destino, del Decreto o del Poder, una ocasión en que las acciones de los siervos ascienden y el destino de cada uno es decidido durante un año pero además, se cierran las puertas del Infierno (Yahannam o Cehennem) y los demonios son encadenados, teniendo lugar muchos milagros por la voluntad de Allah (cc).