«Quien no conoce Estambul, no conoce el amor».

Yahya Kemal Beyatlı.

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Carlos Flores Arias – Yahya.

Escritor chileno.

lunes, 30 de agosto de 2010

Mi segunda novela ya tiene final

Mis muy estimados lectores:
Junto con saludarlos, es un verdadero placer para mí anunciarles que esta tarde terminé de escribir el primer manuscrito de mi segunda novela, sujeto a ser editado.
En 330 páginas -menudo trabajo- doy rienda suelta a la mezcla de realidad y ficción. Al relato troncal se suman experiencias que ustedes gentilmente me compartieron, cambiando sus nombres y en algunos casos las fechas para proteger sus identidades.
Agradezco como siempre que me sigan, animen, colaboren y especialmente opinen. Después de todo, ¿qué es un escritor sin lectores?
Saludos cordiales,

Carlos Flores A.
Escritor.

martes, 24 de agosto de 2010

Falta poco de mi segunda novela

Estoy muy contento porque apenas me falta un capítulo para terminar el manuscrito de mi segunda novela. No puedo dar más información, pues en la puerta del horno se quema el pan, pero apenas me queda una semana y debo aprovecharla escribiendo todos los días.
Después lo presentaré a la editorial y esperaré que una comisión evaluadora decida si puede ser publicada. De tener éxito, el trabajo de edición -más difícil- tomaría algunos meses.
Ya he hablado con un fotógrafo y un diseñador gráfico que trabajarían en la portada. Es cuestión de fe, esfuerzo, tiempo y dedicación.

sábado, 21 de agosto de 2010

Quiero amanecer con alguien

Ya sé lo que quiero. Ignoro si lo supe hasta antes de hoy porque en honor a la verdad, pasé mucho tiempo embriagado con la ilusión de quien tarda porque nunca ha existido.
Pensé en cómo esta mañana estuve a punto de interpretar nuevamente mi mentira. No puedo culpar a otros por creer mis propias fantasías, guiándome con la brújula del instinto básico.
No quiero alguien que me ame con locura, porque el enamoramiento es tan efímero como falso en sus palabras. Lo que un día puede ser miel, al siguiente es cicuta.
Prefiero una persona capaz de respetarme plenamente, compartiendo conmigo más que su cama por única vez. Si a partir de eso, nace el amor verdadero o da para otra relación, sólo Dios dirá y con el tiempo sabré.
Sí, es agradable recostarse ocasionalmente en lecho ajeno por momentos. Sin embargo, me gustaría mucho más conversar gratamente entre las sábanas, sentir un abrazo cariñoso mientras la luna surca los cielos, saludar el amanecer juntos y saber que la persona no renegará de mí al día siguiente, porque seguirá queriéndome.
¿Es necesario amar para esto? No lo creo, aunque en el respeto hay amor, sin importar qué nombre le demos.
Eso deseo, sentirme querido, respetado pero no usado. Si ello me agradara, le daría otro nombre y cobraría caro por ello.
Ahora estoy seguro de tomar buenas decisiones, porque no me arrepentí después, como en ocasiones anteriores. No sufrí ni enfrenté la culpa de equivocarme. Esto va a mi lista de aciertos, pero en parte por oír buenos consejos y aprender de los tropiezos.

No sabes nada de la vida

Hoy casi tropiezo con la misma piedra, pero tras cuatro fracasos o engaños, por fin aunque más lento que los demás, voy aprendiendo. Y hay quien me dice "No sabes nada de la vida", pero sí sé, vaya que sí sé porque cada caída ha dolido en su particular manera.
Con los golpes vas aprendiendo entre otras lecciones, que sin importar cuánto intentes llegar a una persona, si tiene las puertas cerradas para ti, no habrá quién las abra y nada consigues lamentándote. En otras palabras, si la vida te da limones, haz limonada.
Ya me lamenté, por Dios que es cierto, sufriendo la crueldad, orgullo, desprecio y vanidad de otros quienes para bien o mal, me marcaron. No importan sus nombres, aunque los tengo frescos en la memoria, porque al final me quedo con lo aprendido.
Ya por ejemplo, no creo en los elogios fáciles y evito las ofensas gratuitas; tampoco me expongo ante gente que pueda lastimarme y dejé de llorar por la leche derramada.
¿Qué importa si todo cuanto hice se redujo a pérdida? Tal vez de ello nada debía quedar y lo cierto es que, siendo irrelevante el esfuerzo, no podemos obligar el cariño de nadie.
Ahora preferí esperar para ver si realmente puedo darle mi confianza a una nueva figura en el escenario, pues sé que apresurándome me arrepentiría después, cuando ya fuera demasiado tarde. Es mejor ir a paso lento por las piedras, para evitar los tropiezos.
Es que lo importante no es sólo hacer lo correcto sino además, con la persona adecuada. Tarea difícil, porque vamos por la vida sabiendo los riesgos y sin embargo, ideamos cómo o buscamos con quién equivocarnos.

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Yahya. Carlos Flores A.
Escritor chileno.