«Quien no conoce Estambul, no conoce el amor».

Yahya Kemal Beyatlı.

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Carlos Flores Arias – Yahya.

Escritor chileno.

jueves, 31 de marzo de 2011

No es lo mismo existir que vivir

Aunque suene pedante decirlo, espero que estas palabras sean consideradas por todos mis lectores sin importar edad, sexo, raza, orientación política o sexual ni niguna otra distinción absurda, de aquéllas que solemos hacer cuando nos creemos superiores con base en nada.
Estaba reflexionando esta mañana sobre por qué la gran diferencia que hay entre vivir y sólo existir. Pues bien, lo primero implica más que respirar, comer o llevar una rutina. Significa tomar cada día sacándole máximo provecho, aunque sea haciendo actividades simples como ir en verano al Emporio La Rosa del Parque Forestal y comer un delicioso helado con sabor exótico mientras paseas entre los árboles. También decirle lo que sientes al ser amado, sin importar nada y echándote en el bolsillo un tonto orgullo o la inútil vergüenza. No se arrepientan más adelante por tener ocasión hoy y desaprovecharla postergándola para mañana. Ni siquiera estamos seguros de los siguientes cinco minutos.
Existir en cambio, es levantarse cada día sabiendo que cumplirás una rutina aburrida sin nada interesante. Ciertamente a nadie se le presentan aventuras si no tiene suficiente sagacidad para notarlas por el camino, porque a veces somos tan obstinados maldiciendo nuestra suerte que ni siquiera vemos las oportunidades pasar.
Hace algunos años conocí a mi amiga Luz y en nuestra primera charla me contó que viajaría a Estambul. Feliz por ella, le comenté que también me gustaría conocer aquella ciudad, cuando no tenía medios, tiempo ni posibilidad de viajar. Ella respondió «Si tienes fe, irás cuando menos te lo esperes. Con fe en Dios, todo se puede» y entonces pareció algo que diría mi querida abuelita. Sin embargo, aquí estoy preparando las maletas.
Y desde luego así es con todas las circunstancias. Algunas personas tristemente pasan toda su vida sin haber hecho nada importante. Se levantan cada mañana, desayunan, ven televisión, tejen, comen y vuelven a la cama. Están solas, habiendo desconocido el amor verdadero aunque sea de aquel no correspondido y lo único que les espera es una sobria lápida en alguna sombría sepultura que con el tiempo, nadie visitará porque los parientes más cercanos son sobrinos desapegados... Como quien tiene un tío en Granada, que ni es tío ni es nada.
Dios me libre de llegar a los cincuenta sin haber despertado grandes y arrebatadoras pasiones, amores intensos y verdaderos. No quiero tener hijos, eso está claro, pero sí el ardor del beso que como amante me pidan una vez tras otra incansablemente.
Ésta es la diferencia entre sólo pasar por este mundo sin pena ni gloria y vivir intensamente. No importa si me recuerdan como escritor, amigo o amante. Que al morir, digan de mí «Este hombre amó con la fuerza de las tormentas y respiró la vida hasta llenar los pulmones».
¿Y qué hay de los miedos? Algunos evitan decir un sincero «Te amo» por temor a ser rechazados, evadiendo el sufrimiento propio que antes hayan padecido o creyéndose incapaces de amar plenamente. Otros tantos ni siquiera se aventuran a admitir un sentimiento por miedo a ser vulnerables y usan siempre una máscara indiferente. Nunca sabrán cuan a la altura de las circunstancias pueden estar si no lo intentan con todas sus fuerzas.
¿Qué puedo decir del amor? No seré tan presumido pretendiendo definirlo, porque todos amamos en distintas intensidades. Empero, estén atentos para saber diferenciar entre deseo pasajero, atracción sexual y sentimiento verdadero. Jamás sean pedantes subestimando el amor que alguien les tenga, pues cada sufrimiento causado a otros regresa al causante. ¿De qué sirven los ojos si están cerrados?
Por experiencia sé que ya sea amorosa, amistosa o familiar, toda relación debe cultivarse. No crean inmortales a quienes aman porque en cualquier momento pueden partir y de nada sirve la culpa posterior por no haberles dicho cuánto les querían. Nunca crean asegurado o incondicional el amor de alguien, salvo sus propias madres.
¿Algo qué opinar sobre el sufrimiento? Siendo de lo que más he tenido, hablo con propiedad al decirles: es inútil paralizarse. Podemos perder una vida entera evitando el dolor e incluso, algunas personas le temen aun más que a la muerte. Pero frente a esto, hay dos opciones: seguir adelante para intentarlo nuevamente o quedarnos estancados en el agujero permanentemente. Esto último no es vida, pero algunos se dan cuenta demasiado tarde.
Para concluir esto no se necesita tener demasiada experiencia, ser muy viejo o sabio. Ni siquiera hace falta hablar o escribir bien.
No esperen al último día de sus vidas para sumar el resultado, pues podría ser cero. Más bien deténganse en el camino cada tanto, observando la cosecha que vayan dejando.
Todo lo que merece la pena implica valentía, compromiso y esfuerzo. Sin esto no conseguiremos nada y pasaremos por este mundo siendo infelices, solitarios, vacíos e insignificantes.

lunes, 28 de marzo de 2011

“Sex and the city”. Bushnell, Candace.

En 2008 Debolsillo nos entregó bajo la traducción hecha por Matuca Fernández de Villavicencio un best seller que quizás sea el más reconocido de los últimos tiempos por quienes seguimos la cultura pop. Me refiero a “Sex and the City”, obra escrita por la columnista del New York Observer y editora de Vogue, Candace Bushnell.
Indudablemente la mayoría de ustedes sabrá más detalles sobre la popular serie televisiva que tiempo después dio pie a dos películas donde Carrie era un modelo a seguir para muchas mujeres. Sin embargo, el libro es bastante más distinto y entrega una visión completamente nueva de los personajes, incluso presentándolos con otros nombres o características.
De hecho, me reconozco desilusionado porque al adquirirlo esperaba leer una de aquellas reflexivas aunque siempre superficiales columnas y en cambio, me encontré con entradas tan breves como las de un diario íntimo que bien pueden interpretarse cual crónica de la vida neoyorquina, vista para mi gusto desde una perspectiva pesimista y escéptica.
Me incomodó aquella forma de narrar al principio tan definitiva, planteando que en la Gran Manzana sólo puedes encontrar sexo casual pero no amor. Es una forma de plantear nuestra Edad Contemporánea como fría, insensible y emocionalmente enfermiza, porque sólo puedes esperar tener amigos o cerrar un buen negocio después del último orgasmo y en ese sentido, es casi otra forma de ejercer prostitución aunque nadie lo llame con su nombre.
La misma autora cuestiona por qué en Nueva York ya no se puede creer en el amor verdadero sin soltar inmediatamente un irónico comentario de impecable oportunismo. De verdad no me gustaría comprobar que en alguna medida, este libro tiene una base verídica, porque si sentimos tanta admiración por la serie, tal vez signifique que nos acostumbramos a globalizar aquel escepticismo romántico.
Personajes notoriamente elitistas, superficiales, problemáticos y emocionalmente confundidos o egoístas que sin embargo, están desarrollados consiguiendo molestarme como lector.
Es lo malo de comprarme un libro basándome en haber visto la serie televisiva, que luego de repetirse algunas veces, también acaba cansando. Supongo que mis expectativas superaban las doscientas sesenta y tres páginas. Había esperado al menos un ejemplar donde se leyeran capítulos más estructurados como un relato fluido, a modo de columnas semanales. Pero no. En cambio tengo serios cuestionamientos sobre hasta qué punto las relaciones amorosas reemplazaron el romance con pasajeros encuentros sexuales… Y ya no estoy hablando sólo del libro sino además, de cómo éste puede ser un reflejo social.
Pues sí. Puede ser un éxito en ventas y muchas lectoras quizás lo adquirirán esperando encontrar las mismas aventuras que Carrie tenía junto a sus amigas en la serie mientras frecuentaba restaurantes o compraba zapatos Manolo Blahnik. Sin embargo, encontrarán para mi gusto un universo donde se ven expuestas las miserias humanas, que tampoco es malo analizar.
De toda la obra apenas me gustaron dos detalles: que al principio se mencionara a Truman Capote y que al final Carrie hiciese un comentario sobre cómo las plantas crecen sólo con prestarles un poco de atención. En esa parte se encuentra cenando con Mr. Importante, pero su reflexión refiere más a las relaciones que a la jardinería.
Y es que con respecto a relaciones amorosas, no debería ser difícil sostenerlas. Resulta irrelevante si desayunamos en Tiffany’s o comemos tostadas; lo importante es saber hacer concesiones y dejar de lado el egoísmo. Como la propia Carrie dice, un amor debe cultivarse.
A fin de cuentas, si hacemos como ella buscando el amor donde no debemos o más bien, confundiendo este sentimiento con un patrón, seguramente también creeremos que Cupido nos ha abandonado y en tal caso, no importará si vivimos en Nueva York, Santiago o la Habana, pues cualquier ciudad nos parecerá fría.
Al margen de los vicios, las fiestas, el sexo y la frivolidad de una realidad descarnada, el libro no ofrece respuestas para mi gusto de cómo abordar satisfactoriamente una relación porque está lejos de considerarse autoayuda. Pero habiéndose planteado tantas interrogantes, habría pretendido leer más que sólo una sucesión de acontecimientos.

viernes, 25 de marzo de 2011

Diario-Günlük-Diary

Ciento ochenta hojas cuadriculadas, tamaño mediano, portada sobria, espiral... Son sólo algunas características del cuaderno Rhein Super Class que le encargué a mamá hoy. Esta vez sí lo usaré para escribir mi diario de viaje a Estambul. Quizás sea el más importante que haya escrito y desde luego, cuando muera muchos diarios se habrán perdido, pero el que tengo ahora donde registro los preparativos del viaje y el próximo deben conservarse.
Aunque parezca majadero, anotaré cada cosa por insignificante que pueda parecer. Será un excelente ejercicio de redacción para describir detalladamente todo. Mi intención es dejar un registro tan fiel, que algún futuro lector pueda imaginar los sitios, sabores, aromas y experiencias sin ver mis fotografías.
A decir verdad, para mí existen sólo algunas cosas indispensables al salir de casa: mis medicamentos de la diabetes, una colación, azúcar, mi diario y al menos dos lápices. Todo lo demás se consigue en el camino a medida que lo necesito. ¿Qué sería de mí sin el diario? Alguna vez he dicho aquí cuan vital me parece este sencillo bien... No es porque mi existencia sea demasiado relevante, pero aquí desahogo mi alma cuando el sufrimiento o la cólera me abruman y registro mis breves momentos felices para sumarlos al final, dándome cuenta de cuánto vale vivir.
Corrector, manchones y faltas ortográficas aparte, este diario en especial narrará una aventura que he esperado tener por once años. Según yo porque una mañana cuando me preparaba para dar la Prueba de Aptitud Académica, escuché el tema más reconocido de Tarkan. Según Madelaine, porque esta ciudad y un gran amor me llaman desde otra vida, pudiendo hallar en ésta mi felicidad concreta.
Como sea, toda posibilidad está asomándose desde que este viaje comenzó a planificarse. Las circunstancias son propicias, el tiempo oportuno, la ayuda se presenta y cada persona llega a su debido momento, como si Dios colocase las piezas de este rompecabezas que es mi vida.
Debo reconocer que por distintas razones, siempre he visto caótica mi vida, llena de acontecimientos aparentemente inconexos. Sin embargo, ahora todo tiene sentido de un modo casi escalofriante aunque agradable, pues no puedo dejar de verme como alguien a quien fuerzas superiores le están ordenando el caos.
¿Quién sabe? Posiblemente allá sí pueda encontrar lo que aquí tanto busqué sin éxito. Quiero decir alguna parte de mi alma, que me hace falta para sentirme entero. Positivamente sé cuánto cambiará mi vida con este viaje, pues lo más valioso no lo encontraré en el Gran Bazar sino porque cada rincón tendrá algo de mí mismo, como si hubiese dejado algo o alguien allá y ahora lo recuperaré.
Escribir en mi diario a qué sabe un té acompañado de una delicia turca cuando visite el Café Pierre Loti y desde allí contemple las horas del atardecer pasar por aquel famoso Cuerno de Oro, no es tan importante como describir mis sentimientos mientras bebo cada sorbo en excelente compañía y gozo ese ajetreo osmanlí tan característico.
Antes me han aconsejado no tener expectativas para evitar decepcionarme. Empero lo que sienta internamente va más allá de cuanto pueda esperar del viaje. Mi diario relatará cómo mi espíritu crece, se alimenta y regocija con cada experiencia... Antes de conocernos Madelaine y yo, creía que viajar a Estambul sería como cuando Ulises llegó a su amada Ítaca. Éste es el verdadero contenido del cuaderno llevado en mi mochila.
¿Y el grupo Tarkan Fans Chile? ¿Y mamá? Ellas son para mí como la tripulación de Ulises, aunque espero que ninguna acabe del mismo modo.
Paseos por el Bósforo con la banda sonora de Tarkan, dirigiéndonos a las playas que tenga alguna isla cercana, donde podamos tomar sol mientras Chile se congele con un crudo invierno. ¿Qué más se puede pedir? Ya sé, ya sé... Estambul me tiene sorpresas que con toda mi imaginación no podría adelantar.
Es por esto que un cuaderno deja de ser simple objeto para transformarse en mi extensión. No me gusta escribir usando computadora, pues mi letra es la huella fidedigna de quien registró esta humilde existencia.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Elizabeth Taylor muere a los 79 años

La actriz estadounidense Elizabeth Taylor, famosa por sus deslumbrantes ojos de color violeta, sus ocho matrimonios y su brillante carrera cinematográfica, murió a los 79 años de edad, anunció este miércoles su agente en un comunicado,
"La legendaria actriz, empresaria y activista militante Elizabeth Taylor murió apaciblemente hoy en el hospital Cedars Sinaí de Los Angeles", señaló el comunicado. "Estaba rodeada por sus hijos, Michael Wilding, Christopher Wilding, Liza Todd y Maria Burton", añade la nota, precisando que le sobreviven, además, diez nietos y cuatro bisnietos.
"Mi madre era una extraordinaria mujer que vivió la vida al máximo, con una gran pasión, humor y amor", dijo Wilding.
"Su notable trabajo cinematográfico, su exitosa carrera como empresaria y su lucha incansable contra el VIH/SIDA, todo esto hace que estemos extremadamente orgullosos de lo que ella logró", agregó.
Todos sabemos que el mundo es un mejor lugar porque mi mamá vivió en él. Su legado nunca perecerá, su espíritu estará siempre con nosotros y su amor vivirá en nuestros corazones", concluyó Wilding.
Taylor había estado en el hospital durante seis semanas por problemas cardiacos que ya padecía desde hace tiempo y que se complicaron recientemente, informó un comunicado de la familia.

Fuente: AFP.

lunes, 21 de marzo de 2011

“Dormir al sol”. Bioy Casares, Adolfo.

Esta semana me gustaría presentarles a un autor que hasta la última Navidad desconocía: el argentino Adolfo Bioy Casares. Trabajó con Borges escribiendo varias novelas policíacas e incluso fundó una revista literaria, transformándose en uno de los escritores trasandinos más reconocidos por su innovación creativa.
En 1973 escribe la novela “Dormir al sol”, donde como es costumbre para él, trata las dificultades al consolidar una relación amorosa, mezcla mundos ficticios con realidades y aborda sus temas añadiéndole un humor chispeante que sin duda reaviva el interés del lector con cada capítulo.
El autor narra en primera persona la vida matrimonial de Lucho Bordenave, un cesante dedicado al oficio de relojero cuya esposa, Diana, muestra desde el principio un temor casi patológico a los hospitales psiquiátricos, pues cuando era joven estuvo internada. Es allí cuando el libro enhebra una historia inicialmente sencilla que a través de las páginas expone cómo funcionan estas instituciones médicas y los peligros del área facultativa tan bien explorada por Bioy Casares.
Irónico, gracioso y original, el argentino describe muy bien a sus personajes, lugares y situaciones en capítulos breves donde comienza narrando la monótona existencia del protagonista, quien llevado por manipulaciones maquiavélicas acepta internar a Diana en un instituto frenopático. Desde ese momento la realidad se desperfila hasta confundirse con lo imaginario, paranoico e incluso misterioso.
Quizás el lector pueda confundirse en las primeras páginas, donde Bordenave escribe una carta perdiéndose muchas veces entre situaciones anexas al conflicto principal. Uno a veces se atasca en las ramas donde presenta personajes y los describe ocasionalmente graciosos, sobreprotectores, cínicos o conflictivos. Sin embargo, al mismo tiempo esto permite desarrollar el relato pausado, evitando presentar en la primera página una trama que necesita tiempo.
Aun así debo ser honesto, pues a veces el escritor pierde la continuidad narrativa cuando habla sobre un tema puntual y lo ejemplifica con vivencias pasadas. Para retomar el hilo debe recurrir muchas veces a un retomar que seguramente sería menos vago si hubiese redactado distinto el texto.
Por otro lado, a mi parecer uno de los personajes más atractivos es Ceferina, debido a la relación casi materno-filial que mantiene con Lucho y el antagonismo con Diana derivado de esto.
Otro de los temas más interesantes presentados por Bioy Casares son las carencias afectivas de cada personaje, llamándome poderosamente la atención cómo Diana expresa su deseo de tener hijos.
Sí. Éste es un buen relato que además se enmarca muy bien en la época narrada, hincando el diente a las experiencias de los barrios y relaciones entre vecinos, para derivar al tema raíz del cual se exponen realidades, temores e imaginarios.

viernes, 18 de marzo de 2011

Delicias turcas

Aunque parezca increíble, desde que me compré el cuaderno Tornasol de Torre hasta ahora he escrito más de la mitad y francamente, no creo que me dure hasta junio próximo.
Las nuevas amistades, los preparativos del viaje, estudiar turco cada semana y resolver mis asuntos pendientes son en ese orden, trámites ineludibles.
Publicar mi segunda novela definitivamente no ocurrirá este año, porque entre hacerlo y conocer la ciudad que me ha llamado durante una década, obviamente escojo Estambul. En especial considerando las posibilidades ofrecidas por el destino.
Llevar un cuaderno en blanco para anotar cada paso, aroma, sabor, aventura y experiencia es algo que no puedo dejar de hacer. Ni siquiera quiero imaginar cómo serán mis vivencias allá, porque seguramente me espera algo sorprendente.
Estudiar turco se me hace un poco difícil, por ejemplo ayer con las conjugaciones. Sin embargo, mientras más practique mejor hablaré y escribiré. Será necesario si quiero decirle «Seni seviyorum» a alguien especial.
Y los besos con sabor a delicias turcas son algo imperdible, como el Gran Bazar o un atardecer osmanlí en buena compañía.

lunes, 14 de marzo de 2011

"Bridget Jones: Sobreviviré". Fielding, Helen.

La semana pasada comenté “El diario de Bridget Jones” por recordar aquella polvorienta edición que tanto agrado me causó leer. Pues bien, en 2000 Femenino Lumen publicó la secuela, donde Helen Fielding nos muestra a un personaje más delineado, aunque igualmente divertido e inseguro, pese a haber cumplido su objetivo del diario anterior: «encontrar un novio amable y sensato, y no seguir estableciendo lazos afectivos con ninguno de los siguientes tipos: alcohólicos, adictos al trabajo, fóbicos al compromiso, mirones, megalómanos, gilipollas emocionales o pervertidos».
Cabe destacar que para mí tiene un valor especial, pues cuando compré mi ejemplar hace algunos años, era el último que quedaba en Chile y lo hallé tras pedirle a un taxista que recorriera todas las librerías de Santiago. Me pareció vital leer la segunda parte del libro que me había gustado tanto y sólo supe de su existencia porque sería llevada al cine.
Bridget inicia esta nueva entrega narrando su idílico romance con el abogado Mark Darcy, teniendo un trabajo estable como reportera de un reconocido matutino británico donde constantemente se ve expuesta a cómicas situaciones y desde luego, frecuentando al mismo círculo social sin cuya intervención, Jones definitivamente no sería la misma.
De una genialidad particular, la protagonista narra cual escritora consumada otro año donde le ocurren muchas vicisitudes que reavivan sus dudas existenciales: un posible embarazo, desacuerdos con el novio, trabajar junto al funesto Daniel Cleaver nuevamente y la aparición de una rival que podría romper su relación son sólo algunos ingredientes.
Sin embargo, el clímax de esta obra para mi gusto, son las aventuras de Bridget en Bangkok, donde experimenta con hongos alucinógenos y conoce una cárcel femenina de donde quizás no pueda salir. Fielding tiene ese talento especial para lograr que este fascinante personaje esparza sus vivencias entre pintorescos bares londinenses y exóticas islas.
De todos modos, como ambas partes de la saga fueron llevadas al cine, no puedo evitar sentirme en parte decepcionado por las versiones fílmicas, donde Bridget pierde mucho de su encanto esencial al no mencionarse pasajes importantes del trabajo literario… Un ejemplo es que en el primer diario se nombra sólo una vez al hermano de Jones mientras el celuloide la muestra como hija única.
Así mismo, tal vez sólo para no confundir al público, la segunda parte cinematográfica no menciona en absoluto aquella fascinación de Bridget con la serie “Orgullo y prejuicio” transmitida por la BBC y su estrella Colin Firth, a quien conoce en Italia. Firth, además, es el actor que interpreta a Mark Darcy en las dos adaptaciones y habría sido antojadizo pretender rigurosidad narrativa.
Por ello, el libro conserva ese encanto primordial que la gran pantalla no tiene: leer un diario íntimo con detalles aparentemente frívolos pero que en conjunto, enriquecen el relato hasta brindarle cierto realismo deseable cuando leemos este tipo de documentos.
Me parece notable, aunque no extraño, que Fielding alcanzara reconocimiento escribiendo para la prensa británica una columna diaria sobre su adorable personaje: una soltera treintañera que vive en Londres y trabaja para una editorial. Argumento simple, pero significativamente desarrollado.

lunes, 7 de marzo de 2011

"El diario de Bridget Jones". Fielding, Helen.

Hace trece años iba por los pasillos del Mall Plaza Oeste y al detenerme en la librería, buscando biografías o diarios íntimos de gente reconocida, el vendedor me recomendó “El diario de Bridget Jones” en su edición Femenino Lumen 1998.
Debo reconocer que estuve un año sin siquiera sacar este libro del rincón donde entonces apilaba grandes tomos, pues en mi ingenuidad ignoraba que ésta era una obra de la renombrada autora británica Helen Fielding y más bien creí que Bridget Jones era una persona real como Ana Frank. Lo sé, pueden reírse.
En las vacaciones aquel año sin tener ningún otro método de entretención salvo mirar las horas pasar, decidí empacar el libro en mi mochila. Al leer las primeras cinco páginas ocurrió algo sorprendente: había reído con un humor inglés sofisticado, impecablemente aplicado e inteligente, muy distinto a la absurda comicidad de Benny Hill o Mr. Bean. De ahí en adelante fue casi carcajada por página descubriendo las aventuras y sobre todo desventuras del personaje tan bien delineado.
Sin ser una más de “Sexo en la ciudad”, Bridget es una treintañera, soltera, pasada de peso, insegura, fumadora y empeñada en darle a su vida un giro radical nada más comenzar un nuevo año. ¿Qué mujer del siglo XX-XXI no se identifica con Jones? Para ello comienza a escribir un diario donde su primera anotación registra los propósitos fijados, ejercicio que francamente deberíamos hacer todos al menos una vez en la vida. Su crónica registra minuciosamente cada cigarrillo, caloría o copa que consume hasta profundizar pormenores laborales, familiares, amistosos, sociales pero sus amoríos con Daniel Cleaver o aquel tira y afloja ofrecido por Mark Darcy son pináculo del argumento.
¡Qué suerte tenía ésta! Traía loquitos a un dios sexual promiscuo y un abogado millonario al que le gustaba Bridget, tal como era. Todos sabemos cuan distante es esto de la realidad, pues hallar el verdadero amor en nuestra sociedad tan deshonesta suele ser mucho más difícil, pero para fines literarios Fielding logra su meta: cautivar.
En lo personal, creo que una obra es buena sólo si su autor logra en alguna medida hacer que el lector se sienta protagonista por momentos, enfrentándolo a situaciones con las cuales pueda sentirse identificado. Aquí esto es una constante sin importar género, pues los hombres también podemos compartir opiniones de Bridget o empalizar frente al relato… Mi único desconsuelo, teniendo veintinueve años, es saber lo universal que resulta la maldita crisis de los treinta.
Tal vez éste sea el motivo de que la obra literaria y su secuela hayan sido adaptadas cinematográficamente con tanto éxito, haciéndonos esperar una próxima tercera parte donde la periodista es ya cuarentona y desea ser madre. En alguna medida el libro ofrece a quienes puedan sentirse como Bridget una esperanza, tras cambiar actitudes y patrones, de hallar nuevos caminos por donde conseguir lo deseado, como los libros de autoayuda que lee Jones.
Además, la autora hace una crítica abordando temas controversiales como la homosexualidad encubierta o el constante cuestionamiento social hecho a las mujeres solteras cuando alcanzan sus tres décadas. En este punto, la obra entrega inteligentemente un retrato cultural globalizado, perpetuado por muchas generaciones conservadoras cuyos portavoces a veces tienen acceso a plataformas progresistas actuales.
El encanto de esta narración no está tanto en el carácter gracioso o trivial, sino más bien en ser entretenida al mostrarnos personajes arquetipos que ilustran mejor las realidades expuestas: los amigos compinches y el elitista círculo social donde Bridget por supuesto es una inadaptada, son sólo dos ejemplos.
Del mismo modo, Fielding crea un personaje audaz dentro de sus complejos. Bridget es despierta, crítica tanto de sí misma como del entorno, inconformista en cuanto al orden socioeconómico inglés. Tiene una personalidad fresca y auténtica que pese a sus inseguridades, la hace entrañable.
En este aspecto cada personaje que interactúa con Bridget Jones está desarrollado con similar riqueza, para estar a su altura y es así cómo la autora consigue enseñarnos un trabajo excepcional que hoy forma parte de nuestra cultura pop.
Ahora el ejemplar, guardado en mi polvoriento librero, atestigua con algunas notas personales a los márgenes y pasajes subrayados, cuántas veces lo he leído sin desencantarme ni un poco.

domingo, 6 de marzo de 2011

Primera clase de turco con el grupo

Ayer tuve mi primera clase de turco tras diez años de haber estudiado con un agregado administrativo de la embajada eurasiática en Chile. Mi profesor llegó a las 17:15, quince minutos antes que el resto de sus estudiantes, las chicas de Tarkan Fans Chile que viajarán conmigo a Estambul. Ya estamos en la cuenta regresiva. Me sentí raro al comprobar que si bien hace una década no estudio formalmente, los conocimientos aún están en mi memoria, haciéndose presentes.
Al terminar la clase y como habíamos pactado, preparamos carne asada con las ensaladas y guarniciones que desde el viernes por la noche preparó mamá. Charlando amenamente mientras las chicas se probaban algunos caderines bailando música árabe o de Tarkan, la comida fue sazonada hasta alcanzar su punto, cuando todos compartimos mesa.
Habiendo finalizado la reunión a las 3:00, luego de tratar variados temas que fueron desde el viaje hasta por qué nos interesaba conocer Estambul y otros asuntos místicos, acordamos encontrarnos el próximo sábado para continuar aprendiendo. Hasta tarea me dejó el maestro, dejando muy claras algunas reglas gramaticales y fonéticas de la lengua turca.
Aunque no pretendo adelantarme a los hechos, estoy muy ansioso, pues por diversas razones hasta el momento reservadas, todo indica que viajar podría cambiar mi vida radical, positiva y definitivamente.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Pasaje a Estambul

Estoy muy feliz. Ayer y hoy fui con mis viejos a los bancos para hacer giros de dinero y el depósito que me permitió obtener el pasaje a Estambul, donde estaré durante julio.
Lamentablemente no ha sido posible programar un encuentro con Tarkan pese a los esfuerzos, pero viajo con algunas socias del grupo Tarkan Fans Chile, con quienes recorreré la ciudad más bella del mundo.
Los románticos atardeceres, las delicias turcas, el aromático té, su reconocido bullicio, los fabulosos paisajes, aquellas divinas mezquitas y grandiosos palacios, las playas de islas paradisiacas, coloridas casas, enormes bazares con un cuanto hay, ese melodioso idioma, los llamados a oración... Hay tanto qué ver y experimentar. No perderé oportunidad para visitar un baño turco -hammam- y discotecas.
Las cosas han salido tan bien para el viaje, que me cuesta dar crédito: Diario, pasaporte, pasaje y pronto comenzaré a estudiar turco otra vez.
Cada vez queda menos tiempo y tengo tantas ganas de viajar, para ver el mundo desde otra perspectiva.
Aunque todavía no haya llegado a tierras osmanlíes, por distintas razones a veces desearía poder quedarme allá, dejar atrás mucho de lo que hasta ahora llevo conmigo. Cuando falte poco para partir, procuraré empacar muy ligero, dejando aquí mi memoria y llevando mis sueños por realizarse. Aquel Carlos que me estorba no entrará en el equipaje.
Hasta hoy he sido incapaz de escribir algo nuevo, distinto, porque siempre acabo narrando aquello que precisamente no debería. ¿Quién sabe? Tal vez vuelva con historias frescas, energías renovadas y personajes distintos.
Sólo espero que una vez allá, el tiempo transcurra lento. He intentado escribir poco en mi diario para llevar un registro de mi odisea, pero apenas es marzo y tal vez deba continuar en un segundo cuaderno, porque Estambul ocupará sin duda algunas de las páginas más importantes en mi vida.

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Yahya. Carlos Flores A.
Escritor chileno.