«Quien no conoce Estambul, no conoce el amor».

Yahya Kemal Beyatlı.

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Carlos Flores Arias – Yahya.

Escritor chileno.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Resumen de mi diario o resumen de mi vida


Quienes lleven un tiempo leyendo este blog, sabrán ya que uno de los temas más recurrentes es mi diario íntimo…, aquel cuaderno de turno donde escribo lo que aquí no puede decirse o simplemente, el espacio muy personal para reflexionar sobre la vida que Allâh me ha dado.
Hace algunos días me di el trabajo de ordenar en el librero de mi habitación los dieciocho diarios que se han salvado del periodo comprendido entre 1997 y 2013. Además, dejé listo otro cuaderno de bolsillo que comenzaré a escribir cuando termine el actual.
¿Qué importancia tienen? Tal vez ninguna por ahora si no se revela públicamente el secreto que me guardan entre sus añosas páginas. Sin embargo y aunque por tiempo no me diera a la tarea de leerlos uno por uno, sé perfectamente que los episodios más relevantes de mi vida se hallan registrados allí, dando testimonio de una existencia insignificante, pero a la vez agradecida. Tan sólo por dar algunos ejemplos:
1997-1999: Mis últimos años de colegio, que por momentos no fueron los más agradables pero fue entonces cuando definí mi personalida. Estudié en el Liceo Teniente Dagoberto Godoy Número 3.
2000-2002: El periodo en que comencé a estudiar comunicación social y producción de eventos en el instituto. Para entonces intentaba dejar atrás todos los complejos que adquirí en el liceo debido a los sobrenombres, mis enfermedades y mi personalidad algo siniestra.
En esta etapa también conocí la música de Tarkan, descubrí mi inmenso amor por Turquía planteándome el objetivo de viajar algún día y además, comencé mis clases de turco con M. Y., un agregado cultural de la Embajada de Turquía en Chile.
En este lapso también me sometí a una tenotomía de Eggers en mis piernas, para estirar los tendones e intentar caminar usando órtesis y bastones. Con el tiempo, dejaría la rehabilitación.
Durante estos años ocurriría el fallecimiento de mi abuelo paterno.
2003-2007: Aquellos años fueron testigos de mi titulación como Técnico en Comunicación Social con mención en Producción de Eventos, en el Instituto Profesional y Centro de Formación Técnica ALPES. Sin embargo, la cesantía llegaría a mi vida, aparentemente para quedarse porque ninguna empresa quiso aventurarse a contratar un chico minusválido y además, diabético.
Mientras hacía mi seminario de título, también escribía mi primera novela, titulada Alma Negra.
En este periodo fallecieron mis abuelos maternos. Con toda seguridad puedo afirmar que el último deceso ha sido hasta ahora el dolor más profundo que he sufrido.
2008-2010: Trabajé como columnista para los portales Radio Mitos RTV y la agenda cultural electrónica Mentes Dispersas.
Estos años fueron testigos de la publicación de Alma Negra por Editorial Forja, para ser exacto en 2009.
Retomo mis clases de turco, esta vez con A. K.
Escribo mi segunda novela, aún inédita, titulada ¿Con cuántos hombres has amanecido?, donde hago una descarnada crítica a la discriminación social ejercida sobre homosexuales, drogadictos y grupos minoritarios.
2011-2013: En este periodo se cumple mi mayor sueño hasta ese momento, pues finalmente viajo a Turquía para conocer Esmirna, Éfeso y Estambul además de reunirme con el mismísimo Tarkan gracias a la intervención del grupo Tarkan International.
Sin duda hasta hoy no puedo dimensionar lo maravillosa que fue aquella experiencia tras haber conocido gente realmente maravillosa, que cambió mi perspectiva sobre el mundo.
En este tiempo también doy mi testimonio de fe Islámica, convirtiéndome así en musulmán luego de haber descubierto un camino, despojándome de las malas experiencias que había tenido.
Más recientemente escribo mi tercera y también inédita novela, titulada Síndrome de Estambul: El diario de Sofía Mustakis, donde detallo mi viaje a Turquía en un contexto ficticio, para inmortalizar aún más esa experiencia inolvidable.
Actualmente me encuentro escribiendo mi cuarta novela, a la espera de hallar alguna editorial aventurera que se atreva a publicar las dos anteriores para tener lo que bien podría ser un par de Best Sellers a la venta.
Además, ahorro dinero para viajar a Turquía una segunda vez, buscando material para escribir la secuela que podría tener mi tercera obra. Sólo me falta un espíritu aventurero que realmente se embarque conmigo en la travesía.
İnşAllah mis planes se cumplan.
Como podremos ver ustedes y yo, mi vida no es tan fútil como creí hace algunos años, cuando un día le pregunté a Andrea R. –alias Cury- qué sentido tenía escribir un diario y me respondió sabiamente «No es necesario ser como Ana Frank para escribir un diario. Tu vida es emocionante porque es tuya, y eso la hace digna de ser escrita».
Es por esto que antes de ser comunicador social, columnista, escritor, novelista o poeta, soy diarista. Recuerdo bien que en mi quinto cumpleaños, mi abuelita materna me obsequió el primer diario y desde entonces, aunque algunos se han perdido, no he parado de escribir.
He omitido amores y desilusiones porque aunque sean un capítulo largo en mi vida y el lector morboso se pueda entretener con ello, cualquiera que me conoce bien sabe que jamás he tenido pareja hasta el momento. Por esto, tampoco es necesario dar tanto detalle. Sólo diré para no dejar del todo insatisfecho a quien me lee, que mi amor es siempre sincero y estable. No corresponde dar aquí los nombres de mis heridas de guerras pasadas o aquel único amor que hasta hoy alegra mi alma. Pero sí puedo decirles que al final de todo este periplo, me he dado cuenta de que las oscuras tinieblas de antaño han sido felizmente reemplazadas por la luz de un conmovedor atardecer, como aquel que se ve en Üsküdar durante el verano.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Fallece actor y compositor Jorge Pedreros

Uno de los protagonistas del programa humorístico Jappening con Ja falleció por una neumonía.

En horas de esta madrugada -cerca de las cuatro de la mañana- falleció el conocido actor y compositor nacional Jorge Pedreros, a los 71 años de edad.
Según su yerno, Claudio Piulats, el artista "murió tras una neumonía grave y multifocal, a lo cual se suma su daño hepático que arrastra desde 2010", dijo a el canal 24 Horas.
Pedreros falleció en la Clínica Dávila. Al cuadro clínico, se suma que hace pocos días el actor había sido dado de alta, tras una operación de cuatro bypass.
En 2010, Jorge Pedreros estuvo internado por 114 días, tras sufrir una hemorragia hepática aguda y ser tratado por una falla hepática crónica.
Los restos del artista están siendo velados en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen en la comuna de Ñuñoa, donde el día domingo a las 13.00 horas se realizará una misa fúnebre para luego dirigirse al cementerio de San Bernardo.
Pedreros estaba casado con Gladys del Río y tenía una hija, llamada Claudia.

Fuente: La Tercera.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Derecho a ser respetado


Desde hace un tiempo decidí no comentar más estados en Facebook, salvo aquellos de los contactos que realmente me interesen, porque sin querer mis palabras siempre desatan debates en los cuales se habla mal de gente nombrándola o despotrican contra alguna ideología determinada.
Sin embargo, éste es mi blog y aunque a algunos no les guste la idea, aquí puedo comentar libremente sobre diversos temas. Ni siquiera intento ser un aporte aunque me alegraría serlo; más bien busco expresar mis opiniones y si a alguien le sirve leerme, tanto mejor.
Ayer posteé la segunda carta que el ex sacerdote católico Andrés Gioeni le escribió al Papa Francisco, defendiendo la inclusión de homosexuales como feligreses. Esta misiva también ha sido publicada por diversos medios de comunicación masiva internacionales, ya que actualmente Andrés es modelo, escritor y actor.
En algunos medios se ha dado espacio para que los lectores comenten el artículo como aquí pueden hacerlo. Empero, la gente ha utilizado esta herramienta sólo para insultarse a favor o en contra del autor y su carta.
Es muy desagradable ver que hay personas creyéndose con el derecho de insultar públicamente a otro sólo por diferir. Dan ganas de denunciar dichos comentarios donde además, algunos utilizan inescrupulosamente citas bíblicas para intentar demostrarle a Andrés que está mal en su posición, según ellos, como si la Biblia les debiera servir de sostén al fundamentalismo grosero.
A mi humilde ver, los tres libros sagrados entregados por Allâh –Pentateuco, Biblia y Corán- son una guía para saber cómo debemos vivir si pretendemos alcanzar Su complacencia aún siendo tan indignos como somos. De ninguna manera un texto sagrado debería emplearse con el objeto de humillar al prójimo señalándolo, por mucho que su modus vivendi difiera del nuestro.
Una de las principales causas de las Guerras Santas durante la Edad Media fue creerse con el derecho de reclamar territorios por poder en nombre de la fe. Y digo esto aunque no estén de acuerdo… La historia lo confirma. Mas ya ha transcurrido un milenio, que en términos humanos es bastante tiempo y todavía nos creemos dueños del juicio.
Allâh no nos facultó con la capacidad de ejercer Su juicio, porque sabe que como humanos, jamás seríamos equitativos y al contrario, juzgaríamos indiscriminadamente según nuestra egoísta conveniencia. Si alguien no está de acuerdo con nosotros, entonces está mal y debe discriminársele o humillársele.
No pues. Las cosas no funcionan así. Nuestra sociedad sería mucho mejor si junto con profesar alguna fe –cualquiera-, estuviésemos dispuestos a respetar al prójimo en su espacio, sus libertades individuales, sin señalarle negativamente ni marginarlo.
Tenemos la maldita costumbre hipócrita de etiquetar a otros por apariencia, ideología –política o religiosa-, orientación sexual, conducta y muchos otros factores. Como musulmán que soy, no cito a sabios islámicos para defender una postura determinada ni ocupo el Sagrado Corán como metralleta citándolo cuando quiero oponerme a algo que me parece incorrecto. ¿Saben lo que hago? Vivo mi vida, así de simple.
Un verdadero musulmán, cristiano, judío o persona respetuosa ocupa todo su tiempo en corregir los errores propios, intentando vivir de acuerdo a lo que le parece correcto. No nos debería quedar ni un solo segundo para criticar a los demás por sus errores.
Hablar de otros es detestable para Allâh porque nos adjudicamos el derecho de hacer juicios morales, que son los peores. Aquellos que lo hacen tal vez no beben, tampoco fornican y cumplen a cabalidad todos los mandamientos e incluso ritos. Sin embargo, siempre tropiezan en algo pues, como dice el Corán «El hombre vive en el error».
Tal vez no dedique mucho tiempo a memorizar frases de sabios para debatir y seguramente habrá harta gente que desee contradecirme en mi punto, citando todo el conocimiento que cree tener, como lo hizo D. L. con Andrés Gioeni. Pero el punto de éste mi artículo no es determinar quién tiene la razón sobre algunos temas que también competen a la religión sino más bien, establecer el principio de respeto como punto inicial para opinar sobre cualquier asunto.
Conste que no me gusta nombrar a nadie específico cuando doy este tipo de discursos y por ello, me he referido sólo por las iniciales al tipo que despotricaba contra Gioeni utilizando como parte de su argumento las citas bíblicas. Señor mío, usted puede aprenderse de memoria los tres libros sagrados que Allâh hizo descender y aplaudo su esfuerzo; sin embargo, me parece absolutamente deleznable utilizarlos para imponerles a los demás nuestras ideas, como si fuésemos dueños de la verdad. Un texto sagrado te dice lo que debes hacer por amor a Allâh, pero no te da atribuciones sobre el prójimo como si fueses superior. Cuídate de estar seguro que haces lo correcto en desmedro del otro, porque en ese preciso momento cometes soberbia y ya has tropezado.
Por opiniones tan nefastas como las de D. L., quien parece creerse el perfecto católico, es que muchos dejan la fe. Cuando nos dedicamos a señalar los errores ajenos olvidando los propios y producto de esto, alguien se aleja del camino recto, deberíamos ser considerados culpables de su extravío, pues Allâh no quiere que se alejen de Él sino todo lo contrario.
Alguien podría decirme que la verdad es tal y a ello respondo que mí verdad personal es el Islam, pero mi jurisdicción llega hasta ahí, sin corresponderme denostar a quien tenga al lado por ser cristiano o judío, por ejemplo. El principio siempre debe ser respeto.
D. L. no tiene derecho a decir que Andrés no puede ser católico por su homosexualidad. Mucho sabrá de citas bíblicas, pero de nada sirve si no interioriza el conocimiento y parte de ello, es aplicarlo con equidad. Todo mérito ganado memorizando un texto sagrado se pierde al utilizarlo para humillar a alguien o promover el conflicto dentro de un grupo.
Puede que mi conocimiento religioso sea mínimo y por ello, muchos me reprochen. Pero soy minusválido y de discriminación sí sé. ¿Por qué alguien tan imperfecto como todos y además, arrogante a ultranza se siente capaz de decirle a Andrés que no puede ser católico?
Ciertamente el contenido de nuestros corazones es más valioso que el de nuestras cabezas y sólo Allâh sabe todo cuanto guarda el ser humano en su pecho.
Tal vez no concuerden conmigo en nada hasta ahora, pero este artículo se resume en una sola frase cuya veracidad no admite objeciones: para ser respetados, debemos respetar y no se puede hacer esto sin amor al prójimo.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Segunda carta de Andrés Gioeni al Papa Francisco

Una vez más estoy aquí como mero presentador de alguien que con sus palabras, se ha ganado la difusión en diversos medios de comunicación masiva y lo ha aprovechado positivamente para contribuir al desarrollo humanitario de una institución que muchos siguen y de este modo, facilitarles el camino.
Andrés Gioeni, ex sacerdote católico, autor del libro Vacío de resurrección y quien además ha tenido una exitosa trayectoria como modelo y actor, una vez más se dirige al Papa Francisco.
Sin más, así como les compartí su primera carta, les dejo aquí una nueva entrega, esperando que cada uno reflexione:

Buenos aires 5 de setiembre de 2013.

Admirado y Estimado Francisco:
¡Paz y bien! Hace poco más de un mes me atrevía a escribirle con respeto y admiración.
Y una vez más estoy aquí, igual de atrevido, con el mismo respeto y la misma admiración. Pero ahora con la actitud del amigo insistente del Evangelio (Lc 11,5-12), o como la viuda fastidiosa con el juez (Lc 18,1-8), haciendo caso de las palabras de Jesús: “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá” (Mt 7,7). O como repetía mi abuela: “persevera y triunfarás”. 
Entiendo que su ministerio está plagado de misiones y acciones y hay muchas cosas más urgentes que responder cartas. Entre ellas el grito por la Paz que elevamos todos al unísono esperando sea escuchado. Pero aquella carta que le envié se replicó por tantos lugares, y en tantos corazones se abrió una esperanza, que no puedo dejar de pedirle una devolución de su parte.
A partir de ella llovieron infinidad de hermosos mensajes, apoyo, agradecimiento y pedidos, algunos desesperados. Y me percaté de que hay un universo mucho mayor de fieles creyentes (incluso sacerdotes, seminaristas, religiosos, religiosas y laicos) que se encuentran en la búsqueda de una respuesta que satisfaga sus inquietudes espirituales.
No le estoy pidiendo que cambie hoy las palabras del Catecismo, no le estoy pidiendo que diluya el Evangelio, no le estoy pidiendo que no ejerza su ministerio de ser Custodio de la Verdad.
Le pido simplemente, con humildad, que incentive, estimule, promueva y acompañe a aquellos teólogos que se atreven a profundizar en la Teología moral sexual acerca del lugar y la experiencia de la persona homosexual. Los estudios, el diálogo, las discusiones, el consenso, la Verdad misma, serán quienes decidan el tiempo y el modo de dar a luz. 
Muchas personas, no sin buena voluntad, queriendo adelantarse a su respuesta han aventurado varias afirmaciones: que el Catecismo de la Iglesia ya tiene la visión eclesial que estoy reclamando; que no tenemos porqué pedirle cambios a la Iglesia; que la Biblia es muy clara al respecto; que Dios se ha manifestado en la Naturaleza.
Permítame el disenso, pero es que desde allí siguen surgiendo más y más preguntas: 
¿No es verdad lo que enseñan en el Seminario que todo Catecismo necesita renovarse y adaptarse al contexto cultural del aquí y el ahora? ¿No son necesarios los cambios en la Iglesia, también en lo doctrinal?
¿No es verdad que la Palabra es Viva y sigue creciendo para dar respuesta a nuevas preguntas?
Si la Biblia es tan clara al respecto y en ningún pasaje del Evangelio Jesús habla de la homosexualidad ¿por qué hay tantos teólogos, incluso comunidades eclesiales, que se están animando a llegar a lecturas despojadas de preconceptos y apoyan y aprueban el amor entre personas de un mismo sexo?
Si decimos que la Naturaleza es rica, insondable, inabarcable y todavía seguimos conociéndola y comprendiéndola (a través de la Ciencia, la Religión, la Filosofía, las Artes…) ¿cómo nos animamos a afirmar que hay pecados contra ella, si todavía no terminamos de vislumbrarla? Perdone que sea reiterativo, y una vez más recuerde cómo le fue a Galileo con su teoría heliocéntrica y el pasaje de Josué (Jos 10,12-14). ¿recuerda cuando los religiosos discutían acerca de la evangelización de América Latina y decían que “los indios perezosos no tienen alma”? La historia les pasó factura, aún cuando en aquella época estaban tan aferrados a sus argumentos.      
Preguntas y más preguntas, que buscan la Verdad que nos hace libres. Preguntas que sólo el avance y la evolución en el conocimiento y el amor irán respondiendo a la humanidad. 
Muchos me han malinterpretado. No le pido permiso para ser homosexual y obrar en consecuencia. Nací así, Dios me hizo así. Y aunque me costó mucho dolor y sufrimiento reconocerlo, hoy estoy orgulloso de ese calvario, de aquella cruz que me liberó y que me brindó la posibilidad de decir: “Soy lo que soy”. Ya hace casi diez años que convivo junto a mi pareja, nos amamos, tenemos proyectos en común, estamos abiertos a la Vida, y cuando podemos, hacemos el Bien. En resumen, somos personas.
También asumo lo que “hasta ahora” me responde la Religión. Por eso, ni comulgo ni me confieso, ni mucho menos ejerzo el Sacerdocio, aquel sacramento que recibí de una vez y para siempre. Pero entiendo que hay muchos hermanos míos que se animan a acceder a estos beneficios en mi misma situación. Los respeto, los comprendo y no los juzgo. Quiero entender que la Fe mueve montañas. O, como afirma la primera encíclica de su pontificado, “la fe es capaz de iluminar toda la existencia del hombre”.
Por eso insisto, por la fe de muchos fieles homosexuales que siguen profesando y queriendo abrazar su religión. Insisto y le pido que, como el Buen Pastor, deje de lado a las 99 ovejas y salga a buscarnos. No estamos lejos, algunos dentro del corral y otros afuera. Escuche nuestros balidos, algunos débiles e imperceptibles, otros fuertes y prepotentes como rugidos de león.
Cuando en su Seminario estudiaba Historia de la Iglesia ¿no admiraba a aquellos Santos que pasaron a la Historia por romper los paradigmas de su época? Es un desafío que hoy el mundo le pone a sus pies. Cientos de ciudades debaten hoy los derechos homosexuales, varias de ellas con sangre derramada y posturas encontradas. ¿Será usted quien desde la religión dé el primer puntapié para este giro copernicano? ¿será usted quien le recuerde al mundo que estos “nuevos indios perezosos” también tenemos alma?  
Elogiable tarea la suya, encomendada por Dios, a través de sus hermanos Cardenales que le confiaron esa misión. Para eso cuenta con la Gracia y con la energía de miles y miles de humanos que lo acompañamos desde la oración.
Andrés Gioeni, otro hijo de Dios.

Fuenter: Facebook de Andrés Gioeni.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Benjamín Vicuña y Julio Chávez. Todo por un beso

Escribo esta entrada del blog motivado por un profundo sentimiento de desagrado como público de la televisión. Comenzaré por decir que si bien antes he hablado de temas polémicos, el asunto que ahora me concentra es a mi modo de ver una polémica absolutamente estúpida.
Para nadie debe ser un secreto -o tal vez podrían suponerlo- que el Islam prohíbe la homosexualidad al igual que el cristianismo y seguramente también el judaísmo debido a que las tres son religiones abrahámicas y por lo tanto, aunque tienen algunas diferencias, en lo medular comparten puntos.
Siendo musulmán no me cuesta para nada entender el motivo de esta prohibición, sea por la legendaria historia de Sodoma, donde los ángeles que Allâh envió para destruir la inicua Pentápolis fueron acosados por hombres e incluso niños que deseaban mantener relaciones sexuales con ellos y al final su pasión los cegó literalmente o bien, en un intento de combatir la promiscuidad exacerbada que se dio en la Antigüedad y por cuyos escandalosos gobernantes se hicieran célebres las cenas y fiestas del Imperio Romano. Hoy nos escandalizamos al leer en los libros de historia que el emperador Calígula cometía incesto con sus hermanas.
Es un hecho que la homosexualidad existe desde los albores del mundo, cuando a algún cavernícola le pareció más atractiva la barba de un cazador que la greñas de su mujer. Aunque intenten convencernos de que los antiguos griegos inventaron esta orientación sexual junto con la filosofía, lo cierto es que al menos dos mil años antes en el Antiguo Egipto ya había esclavos dedicados exclusivamente a entretener al amo cuando su esposa no estaba.
¿Quiénes pasaron a la historia como los guerreros más feroces del mundo antiguo? Los espartanos, unos tipos que se dejaban crecer barba y cabello para parecer leones ante sus enemigos y cuyo ideal de vida era morir en batalla sin rendirse, pues comenzaban su entrenamiento militar a los ocho años. Sin embargo, bien difundido es que al pasar un mínimo de diez años lejos del hogar y acompañados únicamente por su tutor, los jóvenes espartanos se iniciaran sexualmente entre ellos como hoy lo hacen nuestros chicos con Internet. Por favor, no nos hagamos los locos.
Por todo esto, me parece realmente absurdo que ahora los programas de farándula se escandalicen con el beso gay que los actores Benjamín Vicuña y Julio Chávez se dan en una escena de la telenovela argentina Farsantes.
Somos una sociedad extremadamente hipócrita y enferma. Argentina es un país mucho más liberal que Chile y aún así, causa expectación ver a dos actores besándose en el contexto de la ficción. En tanto, los chilenos hacemos una tormenta en un vaso de agua porque Chávez le recomendó a Vicuña bañarse. Me detendré dos minutos para reírme.
Cinco mil personas mueren cada mes en Siria desde que comenzara la guerra civil hace apenas dos años y estamos al borde de una crisis mundial, pero nosotros aquí nos preocupamos del beso entre Vicuña y Chávez como si los hubiesen mostrado dentro de una escena pornográfica. Se me hace tan estúpido que pretendamos vivir en un planeta aparte y además, ni derecho tenemos a ser tan mojigatos después de ver por televisión programas donde la mujer es exhibida cual trozo de carne lista para fornicarle. ¿Dónde están las feministas cuando algo así aparece en pantalla?
En el programa Intrusos de La Red durante el almuerzo, escuché una cuña de alguien diciendo que era muy feo ver a Benjamín Vicuña besándose con otro hombre pero era parte de su trabajo. Por favor, no olvidemos que diariamente nuestros niños son erotizados mostrándoles mujeres que se pasean en bikinis tan pequeños que casi son invisibles. ¿Acaso esto es menos fuerte que ver a dos hombres dándose un beso? Para mi criterio, está por ahí. Además, supongo que la telenovela de Canal Trece (Argentina) se emite en un horario específico, permitiéndole al telespectador sacar a los niños de frente al televisor y aunque así no fuera, corresponde a los padres o adultos responsables hacerse cargo de contenidos mediáticos vistos en cada hogar. No podemos culpar a la productora o el canal por emitir un programa que nosotros no queremos ver. Ocurre que muchas veces nos desentendemos y dejamos que nuestros niños se maleduquen por cuenta propia mientras estamos ocupados con el trabajo o el consumismo y cuando vemos un funesto resultado, nos es más fácil responsabilizar al medio de comunicación. Y cuando no existía la televisión, ¿a qué o quién culpaban los padres irresponsables si el hijo se les descarriaba?
José Miguel Villouta, uno de los panelistas del programa farandulero, planteó muy acertadamente que si nuestra sociedad quisiera poner a dos actores besándose para contribuir con la apertura de mentes, deberíamos esperar que aquella escena fuese interpretada por dos homosexuales declarados y no personas pretendiendo ser gays, porque esto sólo contribuye al rating haciendo que en diversos medios de comunicación se trivialice el asunto. Debo admitir que el punto señalado por este periodista es digno de analizarse.
Saquemos la guitarra y la mariguana. Vemos diariamente programas donde se muestra al gay como figura bufonesca mientras el animador coquetea descaradamente con mujeres que usan escotes y minifaldas diminutas; toleramos series que caricaturizan y promueven el adulterio; aplaudimos programas disque teatrales cuyo climax de la obra llega cuando el protagonista es cómicamente sorprendido infraganti por su esposa mientras intenta mantener un encuentro íntimo con otra mujer –hermosa y joven por cierto- que enloquece de pasión; tenemos farándula en todos los canales discutiendo quién se acuesta con quién… ¿Y debemos poner a dos actores heterosexuales en una escena gay porque sería demasiado fuerte ver a homosexuales auténticos?
Por otra parte, si bien es cierto que lo más destacado del tema es el interés público por ver a Vicuña interpretando una vez más a un homosexual, me parece humildemente que si viéramos a dos actores gays en la misma escena, el morbo sería aún mayor y poco o nada nos interesaría contribuir a la tolerancia social. Al contrario, querríamos ver hasta dónde son capaces de llegar los productores y guionistas para alcanzar el más alto rating. Pues nada, vayamos todos en patota a encerrarnos en un convento hasta que esta Sodoma moderna también sea destruida.
Lo único cierto de todo esto es que no tenemos un filtro para seleccionar lo que vemos. Ergo, nos es imposible diferenciar entre un programa que contribuye y otro que simplemente destruye mentes. Este fenómeno seguirá existiendo hasta que el mundo se acabe y lo más desalentador es ver como nosotros, el público, somos conformistas e incapaces de exigir algo realmente bueno desde todo punto.
Pretenden vendernos el cuento de que su objetivo es abrir mentes, mostrar realidades sociales y contribuir a la tolerancia. Por televisión pagada podemos ver Espartaco, Los Borgia, Juego de Tronos, Sangre verdadera –Sangre fresca en España- y ninguna de esas series ha pretendido nunca ser un aporte académico o cultural destacable, pero muestran de casi todo sin cortarse un pelo, porque son honestos admitiendo que su único objetivo es entretener a quien las ve… Aquí los mojigatos las ven igual, supuestamente por el contesto histórico de algunas pero cuando muestran apenas un beso gay en televisión abierta, es como si no hubiese nada más importante de qué hablar. ¿Cómo hubiera sido si los actores aparecieran desnudos en la escena? No me lo quiero ni imaginar, porque no sólo los programas de farándula estarían hablando sino que habría trascendido a otras esferas del acontecer nacional.
Somos mediocres en extremo. Algunos por ver el programa para saber hasta dónde llega, otros por seguir hablando del tema en lugar de ocuparse con asuntos realmente importantes y unos tantos, lo somos por tolerar que a ésto se le llame “controversia”. En verdad les digo que mientras sea así, nos mereceremos lo que hasta ahora tenemos.
Foto 1 (arriba, derecha): beso de Dan Feuerriegel y Pana Hema Taylor en Spartacus - Vengeance.
Foto 2 (abajo, izquierda): beso de Benjamín Vicuña y Julio Chávez en la telenovela argentina Farsantes.

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Yahya. Carlos Flores A.
Escritor chileno.