«Quien no conoce Estambul, no conoce el amor».

Yahya Kemal Beyatlı.

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sábado, 11 de octubre de 2014

Tarkan Fans Chile Club Oficial. AVISO IMPORTANTE

Esttimados socios:
Debido a que la actual administración del grupo no ha dado a basto con las tres páginas existentes en Yahoo! Grupos, Facebook y Twitter inauguradas en ese orden, por razones personales de fuerza mayor, se han eliminado las que estaban en Yahoo! Grupos y Twitter respectivamente, quedando vigente sólo la de Facebook.
Gracias por su comprensión y por favor, disculpen las molestias.

Carlos Flores Arias -Yahya.
Creador del grupo y moderador en retiro hace tiempo.

viernes, 10 de octubre de 2014

Mi Estambul particular



Hoy Arzu ha dicho la siguiente cita: «Tu tiempo es limitado, de modo que no lo malgastes viviendo la vida de alguien distinto. No quedes atrapado en el dogma, que es vivir como otros piensan que deberías vivir. No dejes que los ruidos de las opiniones de los demás acallen tu propia voz interior. Y, lo que es más importante, ten el coraje para hacer lo que te dicen tu corazón y tu intuición. Ellos ya saben de algún modo en qué quieres convertirte realmente. Todo lo demás es secundario» (Steve Jobs).
Mi respuesta, aunque algo redundante, fue simple: «Steve Jobs pone muchas palabras porque cuando una persona sigue su corazón, es rechazada por otra gente y la soledad es el precio a pagar muchas veces. Pero hermana, uno debe ser el primero en aceptarse a sí mismo. Quien te quiere de verdad, te quiere tal como eres, sin cambiarte y el resto, son sólo palabras. Saludos».
Ahora, pensándolo bien, me doy cuenta de que muchas veces la gente espera que frente a determinada circunstancia reaccionemos de la manera que socialmente se considera correcta, pero hacemos todo lo contrario o algo inesperado porque algunos no queremos vivir obsesionándonos por la opinión de los demás.
Me pasa por ejemplo cuando comento que quiero volver a Turquía InşAllah lo antes posible. La mayoría de quienes me rodean no pueden entender por qué me gusta tanto ese lejano país e intentan convencerme de que lo más lógico sería adaptarme a vivir en Chile porque no tengo otra opción debido a mi discapacidad física y la falta de oportunidades que obviamente significaría estar allá.
En el fondo, lo que se nos pide es resignarnos a que supuestamente no podremos llegar más lejos del lugar donde siempre hemos estado, como si fuésemos un brote de mala hierba en medio del bosque y no pudiésemos aspirar a convertirnos en menta silvestre o lavanda para ser mejores.
Así lo interpreto yo y sólo por ese lado aunque seguramente alguien más podría tomar otro extremo de esta madeja. Pero por otra parte, ciertamente a veces no sacamos nada escuchando nuestros corazones, porque nos dicen algo que nadie más en este mundo puede saber. Sin embargo, habemos quienes siendo imprudentes por naturaleza, creemos ingenuos que ir por la vida enseñando el corazón es lo mejor que podemos hacer.
No, señoras y señores. No se engañen aquellos que como yo, tienen la política de honestidad total en cuanto a las emociones, porque la gente casi nunca valora los sentimientos ajenos y se sufre demasiado cuando algunos le dicen a uno que la vida debe ser de una manera cuadrada cuando en realidad deseamos la redondez.
¿Por qué hay tanta gente sola en este mundo? Pues porque todos somos pobres inadaptados. Por un lado, estamos los idealistas que creemos en la bondad de un sentimiento y sufrimos desilusiones constantemente. Por otro, están quienes han postergado tanto sus emociones ante el temor de ser rechazados, que en determinado momento sus corazones entran en coma y sólo escuchan a sus pasiones.
Hoy mismo vi en otra entrada de este blog el comentario de una tal Claudia, quien muy simpática me decía que soy un aporte. La verdad es que cuando escribo, no busco el reconocimiento masivo ni los elogios fáciles, pero por otro lado y para ser honesto, es gratificante saber que mis palabras llegan a alguien con su significado y pueden servirle para ser mejor persona, aceptarse tal como es, abrazar su verdad y seguir luchando por una causa que quizás creía perdida antes de leerme.
¿Por qué no? Ciertamente yo mismo muchas veces he creído que mi propia causa está perdida, porque las emociones son todo mi capital y en ocasiones, algunas personas en quienes creí me dejaron luchando solo. Pero aquí estoy.
He sufrido mucho durante los últimos ocho meses por algunas derrotas emocionales que en su momento me derrumbaron completamente. Además, hay dos personas en mi vida a quienes estimo mucho y el cáncer llegó hasta ellos como una fría sombra de invierno. Ante eso, debí dejar de lado mis propias penas y soledades para levantar la cabeza lo más que pudiera. ¿Pero dónde están mis afectos ahora? Es algo que inevitablemente me pregunto algunos días, cuando sólo quisiera quedarme acostado sin hacer nada y a pesar de todo, no puedo.
¿Con qué moral podría pedirles a los demás que siguieran luchando contra las adversidades, si me rindiera? Es muy bonito lo que dice Steve Jobs; realmente es lo que cualquier soñador como yo quisiera escuchar. Pero a veces en la vida, debemos postergarnos a nosotros mismos por el bien común y esperar que más adelante, se nos presente la oportunidad de ser felices.
Jobs habla de los dogmas como maneras impuestas de vivir. Ahora estoy pasando por una etapa muy difícil de mi vida en la cual esperaba que me apoyaran algunas personas importantes, que por propia voluntad se han distanciado física y emocionalmente para continuar con sus vidas sin mí. Ante esto y aunque algunos puedan estar en desacuerdo, debo reconocer que la religión me ha sostenido o Allâh (swt) más bien.
Nunca es bueno esperar que personas humanas y por lo tanto, imperfectas como nosotros, sean centrales. Luego se van, motivados por cualquier razón o simplemente porque ya no nos quieren y ahí quedamos, desnudos frente a la vida en medio del inclemente frío. Cuando pasamos por circunstancias difíciles, no nos podemos permitir el lujo de que otro humano ordene nuestros sentimientos, porque hay quienes pueden necesitar nuestra ayuda o apoyo y debemos estar bien para ellos o al menos, vernos estables.
En este sentido, Jobs tiene razón, pues interpretando sus palabras diría que debemos hallar nuestro propio centro y no dejar que otro nos lo enseñe. Es la única manera de que podamos ser un aporte para los demás y al mismo tiempo, dirigirnos hacia nuestro horizonte personal.
Empero, no puedo dejar a un lado el hecho de que como siempre digo, la felicidad sólo es verdadera si se comparte. Ya olvidé dónde escuché por primera vez esa frase, pero encierra una gran verdad. Cuando uno está o se siente solo, no es feliz aunque tenga aquello que siempre ha soñado. En mi caso, hasta hace ocho meses mi principal motivación mundana era regresar a Estambul, no porque sea una ciudad preciosa sino por la gente que dejé allá. Sin ellos Turquía sería solamente un país más entre tantos, pero muchos no entienden que mi verdadera alegría está en los afectos y no en los lugares. Mi Estambul particular es donde ellos estén.
Hay veces en la vida, como ahora, en que la tristeza y la soledad sólo pueden combatirse con ayuda de Allâh (swt) y la esperanza de que nuestro sueño se haga realidad, pero podamos compartir nuestra felicidad con aquellas personas que amamos, estén en Turquía, Chile o cualquier otra parte. ¿Qué caso tendría seguir luchando si no fuera de ese modo? ¿Alguien más se siente así o soy el único?

lunes, 6 de octubre de 2014

Lo terrible de la amistad

«Lo terrible no es que te deje; lo terrible es que te deje de querer», decía el periodista José Antonio Neme hace algunas semanas en el matinal Mucho Gusto de Mega, hablando sobre la ruptura en las relaciones y de cómo a veces sabemos que esa persona ya no quiere saber nada de nosotros, pero insistimos en llamarle o escribirle con cualquier pretexto para saber si la puerta todavía está abierta. En ocasiones, lo único que conseguimos es que nos saque de su vida definitivamente a patadas porque nos transformamos en un estorbo. Es la pura verdad aunque suene triste decirlo.
A veces esto no sólo sucede en las relaciones amorosas sino también en las amistades. No podemos evitar sentirnos solos cuando sabemos que tenemos amigos pero por alguna razón, se alejan de nosotros sin que el problema sea evidente. Se callan, se distancian y ahí quedas, en el aire suspendido.
Mamá dice que las amistades no son eternas como dicen mis amigos turcos, pues las circunstancias a veces rompen un sentimiento genuino tan hermoso, que quisiéramos conservarlo para siempre pero no se puede, porque todo acaba en esta vida aunque no nos guste.
El Sr. L por su parte, habiéndome visitado un día en casa, me dijo que yo idealizaba las amistades. Es fácil para él decirlo porque no espera mucho de nadie, como tampoco deja que uno se haga demasiadas expectativas de él o así era mientras fuimos amigos, a no ser que durante estos tres últimos años algo extraordinario haya pasado y tenga otra perspectiva de las relaciones humanas. La verdad es que no solamente idealizo los afectos sino también a las personas olvidando que todos somos imperfectos y que generalmente lo más fuerte de la personalidad son nuestras debilidades o defectos.
La vida me ha enseñado a golpes que no podemos comprometernos emocionalmente al punto de quedar destruidos si la relación se acaba. Tampoco podemos ser completamente honestos al extremo de ir por la vida mostrando el corazón. Nadie valora eso y queda demostrado fehacientemente cuando a pesar de tus virtudes, alguien te patea el trasero sin importarle cómo quedes.
«La mucha bondad es causa de menosprecio» decía siempre Karina Züleija cuando todavía nos veíamos. La frase me hace mucho sentido ahora, pues mientras mejor trates a un amigo más es el daño que te hace al sacarte de su mapa o desaparecer del tuyo sin darte explicación alguna.
Debo reconocer que a lo largo de mis ya treinta y tres años en esta vida, me he decepcionado de mucha gente que aparentaba ser emocionalmente madura y sin fobia al compromiso. Pero tristemente he aprendido que a veces esas amistades de la infancia o incluso la adolescencia, sólo duran un corto período mientras sean frecuentes los encuentros y después, todo queda en silencio. No terminas formalmente la relación pero de algún modo, sabes que no sigue adelante.
Éste es un patrón que repetiremos el resto de nuestras vidas, siendo muy raras las ocasiones en que podamos cerrar un círculo o dar por terminado un ciclo afectivo formalmente. ¿Será que uno también debería divorciarse de los amigos cuando la amistad no resulta por diferencias irreconciliables? ¿Y cómo podemos determinar cuándo estamos frente a esas diferencias? Tal vez en la mayoría de los casos, rescatar un afecto sólo dependa de ejercitar nuestra tolerancia y saber disculpar al otro si se equivoca, comprendiendo que nadie en este mundo está libre de cometer errores y a veces, metemos la pata habiendo querido hacer lo mejor sin darnos un buen resultado.
«Quien tiene un amigo, tiene un tesoro», reza el viejo y conocido refrán. Pero a veces no valoramos esta posesión tan incomparable y como todo recurso en esta vida, ocasionalmente la amistad también se acaba. El que dijo por vez primera esta frase, seguramente nunca tuvo un amigo que lo apuñalara por la espalda o lo desechara como trapo viejo cuando ya no le era útil. Pero hoy en día, con las mal llamadas redes sociales, consideramos amigas hasta a las personas que acabamos de agregar sólo porque coincidimos en algunas cosas y creemos que incluso podremos hallar a nuestra alma gemela. Sí, claro…, como si la gente no pudiese mentir en Internet. Nos mienten a la cara y con mayor razón de otras maneras.
Las cosas como son. Hay gente traicionera en este mundo a la cual no le cuesta nada rodearse de gente y ser populares, sólo porque saben afirmarse bien la máscara. Mientras que otros, siendo honestos están completamente solos. Y habemos quienes estamos en un punto intermedio, pues a veces nos topamos con personas siniestras pero por lo general, quienes nos rodean sirven también de escudo, porque nos quieren.
Yo tengo pocas amistades, pero buenas y sé que si alguien me hace daño, reaccionan igual que desatando dos huracanes Katrina. En realidad lo prefiero a estar rodeado de personas que dicen ser mis amigos pero sólo están de paso. a veces me siento muy solo y tal vez se deba a mi carácter melancólico para lo cual, ser escritor y estar lejos de Turquía no me ayuda mucho, sino todo lo contrario.
Ciertamente tratándose de una amistad, hay errores imperdonables aunque pocos como por ejemplo, la traición que alguien nos hace intencionalmente con el fin de obtener algo, sacar provecho o alcanzar un fin. Pero otras veces y casi siempre, perdemos las mejores amistades porque somos incapaces de disculpar pequeños tropiezos, pues nos gusta agrandar las faltas de otros mientras que las propias siempre nos parecen nimiedades. En ese sentido, muchas veces exageramos el daño causado porque nos impulsa nuestro maldito orgullo e incurrimos en faltas más graves que el error mismo, como terminar abruptamente una amistad porque algo se dijo, callaron un secreto personal o simplemente cualquier cosa nos parece una afrenta.
He sabido de casos, muchos, en los que amistades se han roto porque una de las personas va más allá y se confunden los sentimientos. Sí, es un asunto delicado, especialmente cuando el confundido siente que le han dado señales para confundirlo. ¿Pero qué ser humano puede, desde su imperfección, decir cómo debe sentir otro? Hay gente que no puede iniciar una amistad con alguien sin pasar por la cama antes o al menos, tantear terreno, y después nadie se hace cargo de los sentimientos que despierta. En ese caso, y ésta es mi opinión personal basada en la experiencia, quien debiera dar una patada no es aquella persona que sedujo, sino más bien la seducida, por dignidad. Pero todos sabemos que los enamorados no tienen esto último. Ahí es donde la ecuación falla y no llegamos al resultado de la incógnita.
«A una mujer te puedes acercar por el camino de la amistad o el de la pasión. Pero cuando has escogido un camino, no puedes cambiar al otro», me dijo mi hermano una vez cuando todavía era adolescente y se me quedó grabado, aunque mi brújula suele llevarme a encrucijadas. Y claro, como uso silla de ruedas, a menudo mis amistades se truncan porque en la senda que señaló Iván, las ruedas se me desinflan o voy cojeando.
¿Y no será que algunas personas incitan a otras a confundir la amistad para arrepentirse luego, porque también están confundidos pero de otro modo? Digo que todos somos capaces, conscientemente o no, de despertar sentimientos en otros e ir más allá de la amistad, pero a veces no existe la intención de expresarlo o es tan efímero, que no se le da la suficiente importancia. Sin embargo, cuando realmente estamos vinculados a alguien que no nos corresponde, le doy la razón a José Antonio Neme diciendo «Lo terrible no es que te deje; lo terrible es que te deje de querer».

domingo, 5 de octubre de 2014

Si no te gustan los turcos, no busques amigos en Turquía

Tengo rabia. Quien siempre me lee sabe de sobra que despotrico contra todo tipo de discriminación y me concentro especialmente en algunos casos particulares. Esta tarde me contactó por Facebook una rumana llamada M. E. Bleotu, que a su vez, es amiga de L. Altun. Al principio fue agradable porque comenzamos a charlar sobre algunos comentarios que el turco publica en su biografía, pero lentamente la conversación se fue desviando perversamente hacia sus insinuaciones maliciosas acerca de por qué el osmanlí supuestamente no tiene amigos europeos agregados sino sólo mujeres latinas… Lo cierto es que efectivamente tiene amistades europeas y no pocas.
El Islam prohíbe las murmuraciones (chismes, habladurías) e intenté desviar el tema para hablar sobre Rumania. Sin embargo, comenzó a decir que los turcos eran un pueblo barbárico y se basó en el hecho de que por ejemplo, los padres turcos escogen la esposa de su hijo. La corregí diciéndole que si bien se acostumbra, no es una obligación que el hijo acepte la propuesta de sus padres y en Occidente los hijos no permiten que nadie se meta en sus vidas, pero como resultado de ello, llegan solteros a los cuarenta años y sin ánimo de establecerse. Insistió diciendo que ella tenía muchos amigos turcos. ¿Pero cuántos turcos habré conocido yo durante catorce años amando Turquía?
Como no pudo dejarme callado, siguió diciendo que los turcos eran demasiado tradicionalistas para algunos asuntos. Yo objeté diciendo que en Chile sucede igual y un ejemplo de ello es que todavía se mira mal a un homosexual o una madre soltera aunque no se dice abiertamente y cuando la comunidad GLBTI intenta empoderarse socialmente, en lugar de causar respeto provoca risa.
El tradicionalismo en Turquía es parte de un ancestral sistema de vida apoyado por la milenaria religión del Islam y las costumbres cultivadas culturalmente durante generaciones. Por otro lado, en Occidente las tradiciones se han perdido debido a un mal comprendido sentido del progreso y la modernidad, que nos invitan a cambiar nuestros valores morales por una liberación extremada, pocas veces abordada del modo correcto. Aquí conservar las tradiciones se relaciona a ser anticuado.
M. E. Bleotu comete el mismo error que mucha gente al criticar un sistema de vida distinto al suyo sin considerar las diferencias culturales que no nos hacen ni mejores ni peores sino sólo distintos. Se comete una equivocación mayúscula al viajar a Turquía suponiendo que por ser un país occidentalizado, podremos encontrar una réplica de nuestro propio país occidental. Estambul es una ciudad levantada sobre las ruinas de Bizancio y Constantinopla; del mismo modo, la modernidad turca está fundamentada sobre el respeto a las costumbres y tradiciones que hacen de Turquía el país que es hoy. Además, cometemos el error de pensar que todo comienza cuando nacemos, incluso nuestros países de origen como si no tuviésemos pasado cultural.
Sin ceder ni un milímetro en su implacable ataque, dijo que la barbarie turca procedía de las masacres del Imperio Otomano. Entonces, le mencioné que todo imperio tiene sus bases en episodios bélicos y los turcos habían participado en guerras. Sin embargo, hubo otros imperios anteriores y simultáneos que masacraron gente en tiempos de paz… Sobrados son los ejemplos. Además, sólo por mencionar detalles puedo decir que durante el gobierno del Sultán Solimán el Magnífico, como se le llamaba en Occidente, el Imperio Otomano alcanzó su cúspide de gloria y tanto fu así, que la tolerancia ejercida a favor de los ciudadanos les permitió recibir en sus tierras musulmanas a cristianos y judíos expulsados del Imperio Hispano por la Inquisición española que durante tiempos de paz torturó, quemó en la hoguera, ahorcó, ahogó, descuartizó y desterró a gente considerada hereje. ¿Necesito ser más específico?
Vlad Dracul es considerado un héroe patriótico rumano como los chilenos consideramos a Bernardo O’Higgins. Sin embargo, bien sabidos son los oscuros episodios entre los cuales se destaca que tenía un bosque de gente empalada. Muchos podrán decirme que el príncipe valaco pasó gran parte de su juventud en una celda turca, pero lo cierto es que no se puede afirmar a ciencia cierta que ésta sea la causa originaria de su conducta sólo comparable a la de otras célebres figuras históricas de poder como Atila, Gengis Kan o Napoleón Bonaparte sólo por mencionar algunos.
Es cierto que en tiempos de guerra se ven cosas horrorosas, pero se debe analizar el contexto y sus particularidades, no únicamente decir que los turcos otomanos eran bárbaros, porque es inexacto comparándolo con otros períodos históricos y gobiernos mundiales.
Ya que se vio perdida, comenzó a atacar mi religión porque y cito «La fe islámica es hipócrita amigo. Tengo muchos amigos que han vivido con turcos en Alemania, Francia. Allâh para arriba, Allâh para abajo Y tienen todas las relaciones extramatrimoniales que quieren». No le quise decir que Estambul tiene muchas prostitutas rumanas, porque sería ofensivo para mis amigos rumanos y además, no se debe generalizar en ningún caso. Habría significado bajar a su nivel.
En lugar de eso, cerré la conversación diciéndole lo siguiente: «Antes de que sigas... No es cortés insultar la fe de alguien. Creo que tú y yo tenemos más diferencias que igualdades. Lo que haga un musulmán en particular no te da derecho a decir que todo el Islam es hipocresía. No debes olvidar que todos los humanos somos imperfectos, pero nuestros errores no desacreditan nuestra fe». Su última frase antes de bloquearla fue «Mañana seguimos, si quieres».
Desde luego que no seguiremos debatiendo, porque además de cansarme con sus comentarios sobre L. Altun acusándolo de mentiroso y sugiriendo que es adúltero, no podría ser amigo de alguien que sin respeto alguno y desde la ignorancia opina descuidadamente sobre el Islam sin importarle cómo pueda sentirme.
Es cierto que los turcos a veces tienen un trato difícil y no sé cómo abordarlos. También es verdad que algunos turcos me han decepcionado durante estos catorce años. No puedo negar que he conocido musulmanes que han fornicado descaradamente y luego se comportan como si nada. Pero no puedo comportarme como si por ser musulmanes, los turcos debieran comportarse perfectamente, sin equivocarse nunca. Son seres humanos imperfectos iguales a cristianos, judíos o gente de cualquier otra creencia e incluso ateos y agnósticos.
Aquí mismo he defendido la idea de valorar al ser humano y respetarnos unos a otros por encima de nuestros errores, imperfección o limitaciones. Pero vivimos en un mundo donde pecar es pan de cada día, siendo absolutamente incorrecto que M. E. Bleotu hable de los turcos como si no tuvieran derecho a tropezar sólo por ser musulmanes. He conocido a mucha gente que sentencia a los demás como si ellos mismos estuviesen por encima de la imperfección humana. ¡Bah! Si M. E. Bleotu tiene tantos problemas para aceptar a los turcos, no debería buscar amigos en Turquía.

martes, 23 de septiembre de 2014

El tesoro

He resumido el contenido de mi mochila. Ahora sólo tengo dentro tres tubos con azúcar por si sufro alguna hipoglucemia, las llaves de mi casa, mi cédula de identidad y la credencial de discapacidad para ser identificado por si sufro algún accidente fuera o en caso de hacer trámites y el tesoro.
Hay cosas materiales a las cuales les tenemos mucho apego aunque como musulmán, no debería sentir amor hacia lo material e intento en lo posible obedecer esa regla. Sin embargo, tal como en una mochila a veces ponemos carga extra de cosas que quizás podríamos necesitar aunque no sea seguro, en la vida también guardamos recuerdos de situaciones que deberíamos olvidar, pero no lo hacemos porque nos marcaron a fuego.
En mi caso, ser portador del tesoro –que traje de Estambul–, a veces significa recordar lo bueno que viví allá pero también el alto precio emocional que debí pagar al volver y quisiera sacarlo del compartimiento donde está guardado pero cada vez que lo intento, no pasa un día antes de que vuelva a colocarlo donde mismo está siempre.
No es un talismán ni un amuleto porque el Islam prohíbe explícitamente llevar estos utensilios paganos. Empero lo porto por la carga sentimental que tiene y para que InşAllah algún día muy pronto pueda volver a Turquía, diciendo que aquel tesoro siempre fue conmigo a todas partes o al menos, la mayor parte del tiempo desde 2011 a la fecha.
Otros no valorarían el gesto y seguramente en estos tiempos modernos, cuando la gente está tan descorazonada y sin valorar los vínculos emocionales, pueda parecer estúpido cargar un artefacto aparentemente simple pero que en realidad, tiene un significado más que un costo económico.
Si me asaltaran en la calle, preferiría perder mi insulina pero no entregar el tesoro. ¿Qué diferencia hay? Que el tesoro es irreemplazable y en cambio, si pierdo la insulina podría sacar una nueva del refrigerador cuando llegara a casa.
Para mí es tan valioso, que está guardado dentro de una bolsa aterciopelada en el interior de una segunda bolsa similar, que va en una caja cuyo tamaño le permite no ocupar mucho espacio dentro del bolsillo en la mochila. ¿Ustedes tienen algo de lo cual sientan que no pueden desprenderse, emocionalmente hablando?

domingo, 21 de septiembre de 2014

Una foto a la depresiva sociedad moderna

Foto: Un joven trastornado pasea desnudo por una calle del Down Towm de Puerto Príncipe (Haití), días después del terremoto que asoló el país. La fotografía fue tomada el 4 de febrero de 2010. / CRISTÓBAL MANUEL.

¿Por qué la gente se deprime? Ismail me dijo una vez que todas las enfermedades psicológicas eran producto de la influencia demoniaca en el ser humano. Puede tener razón, porque una persona depresiva pierde el deseo de seguir adelante, viviendo y aprendiendo, disfrutando de lo que se tiene y agradeciéndolo. De hecho, hay que ser muy fuerte para hallarse en ese estado sin rendirse.
En esta sociedad materialista donde el consumo compulsivo de bienes materiales le ha robado espacio al desarrollo espiritual y las auténticas emociones, resulta un verdadero reto darle valor a lo intangible que muchas veces denominamos como la esencia de vivir, pero en pocas ocasiones apreciamos como corresponde.
cuando era pequeño, resultaba normal verme frente al televisor y llegaba un punto en el que mis padres me exigían compartir con la familia, salir con ellos un fin de semana o tener algún pasatiempo. Hoy las redes sociales y sistemas de mensajería instantánea han reemplazado en parte a la televisión y desgraciadamente se ocupan en gran parte de maleducar a los hijos, mientras los padres trabajan sin parar para consumir o estudian algún posgrado pretendiendo conseguir un ascenso, ganar más dinero, seguir consumiendo.
Es cierto que se me va la vida frente al computador y hago muy poco en el día mientras espero la respuesta de alguna editorial con respecto a mis novelas. Pero también es verdad que quienes trabajan con horarios de oficina o teniendo remuneración, dejan de vivir por trabajar y no les queda tiempo para nada. Es así como durante su niñez o buena parte de la adolescencia, los hijos sólo ven expresado el cariño paternal en obsequios cada vez más costosos pero a los cuales no se les tiene ningún aprecio. Criamos entonces a seres cada vez más insatisfechos emocionalmente, que exigen sin parar porque se les ha inculcado la idea de que aquel vacío afectivo podría en algún momento, llenarse con cosas materiales de las cuales, todas se acumulan en un rincón sin tener significancia alguna.
No nos damos cuenta de que mantenemos un sistema de crianza en el cual el niño crece solo, sin apoyo, desvinculado emocionalmente, padeciendo un leve autismo que se interrumpe únicamente cuando esta frente a la computadora. Este ser autómata procesa los valores morales del escaso ejemplo que ve en el diario vivir de su entorno familiar, las noticias o películas. Por ahí escuché que gracias al cine contemporáneo de acción, a los quince años una persona ya ha visto ochenta mil muertes violentas. No debería extrañarnos que un adolescente permanezca indiferente ante la actualidad noticiosa que acusa crisis bélicas en varias partes del mundo, pues el cine nos vende la imagen de asesinos a sueldo que sólo matan gente mala, viven muy bien y tienen vidas emocionantes por lo tanto, matar no debe ser tan malo.
Esto sumado al hecho de que la explotación sexual ya no se restringe sólo a la mujer objeto, que ya era algo catastrófico sino que ahora, además se ha erotizado increíblemente la presencia masculina en los medios de comunicación masiva y para entregar todo tipo de mensajes. Redunda esto en aumentar la incapacidad de vincularnos emocionalmente incluso nosotros mismos, que ya bordeando los treinta años deberíamos tener un criterio formado y no dejarnos influenciar demasiado por los cargados contenidos sexuales hasta para vendernos un champú. Con mayor razón entonces debería alarmarnos que niños de cuatro años ya estén capacitados para acceder a Internet porque están familiarizados con la tecnología de un modo sorprendente aunque funesto.
Si hoy vemos la paternidad en niños de diez años, no quiero ni imaginar qué sucederá más adelante con aquellos chicos que hoy a sus cuatro tiernas primaveras ya pueden ingresar a redes sociales, usar una consola de videojuegos e incluso enseñarles a sus padres. Me parece que vamos a pasos agigantados hacia una realidad social que cada vez será más difícil de manejar sino imposible y nos superará.
En este contexto y sin ánimo de ser alarmista, resulta lógico o hasta esperable que fenómenos como la depresión y la ansiedad en sus diversas variantes, ya no sean exclusivos de gente adulta sino que al contrario, se estén enfermando chicos cada vez más jóvenes. Eso sin detallar las enfermedades sistémicas como hipertensión, diabetes, bulimia, anorexia e inclusive el atroz cáncer que tanto nos asusta y con razón.
No quiero dejar pasar esta oportunidad para mencionar el hecho de que, aunado al factor de ausencia paterna en los hogares y con ello, la falta de autoridad moral, ahora nadie se ocupa ni preocupa de inculcar valores ideológicos de tipo religioso a los niños. Con excepción de las clases de religión que se imparten en cada colegio o liceo y de las cuales cualquier estudiante puede eximirse, no hay ningún reforzamiento desde el hogar. Por ello, estas clases que sólo se concentran en un catolicismo mal impartido, siendo muy deficientes en la enseñanza de otros credos, no bastan para despertar en el alumno un interés espiritual que pueda desarrollarse con el fin de combatir hasta cierto punto los embates mundanales del sistema.
Hemos llegado a tal indolencia, que nuestra capacidad de ser empáticos con el prójimo se ha visto reducida prácticamente a cero y si no me creen, vean pues otro fenómeno mediático incentivado por las redes sociales: antes si ocurría un accidente, todos nos sorprendíamos y hasta sufríamos el dolor ajeno; ahora podemos ver que alguien salta a las vías del tren subterráneo y en lugar de ayudarle, le tomamos una foto mientras los carros le pasan por encima, pera subirla a las redes sociales con algún mensaje informativo. Ahora todos nos creemos periodistas del minuto noticioso, pero somos incapaces de espantarnos, asombrarnos o conmovernos.
Hace pocos días leí en Yahoo! Noticias el titular de un matrimonio que arriesgó la vida de su pequeño hijo, poniéndolo al borde de un acantilado para tomarle una fotografía. Estuvieron a punto de matarlo y lo que más les importaba era obtener la captura. A veces culpamos a los demonios por nuestras desgracias y es tan fácil olvidar que la naturaleza humana tiene luz y oscuridad, pero la mayor parte del tiempo le hacemos más caso a lo segundo sin importar las consecuencias ni los sentimientos ajenos, porque nos mueven intereses egoístas.

sábado, 20 de septiembre de 2014

No se vale pontificar

Comúnmente cuando hablo de religión, me topo con gente que está constantemente objetando lo que las religiones dicen, como si sirviera de algo que estén en desacuerdo. Durante el Tedeum Ecuménico de este año, Monseñor Ricardo Ezzati habló contra la idea de legalizar el aborto en Chile. Horas más tarde en el noticiero, aparece una entrevistada feminista defendiendo los derechos de la mujer y diciendo que el Cardenal no debía opinar sobre estos asuntos. En lo personal y como musulmán, también estoy contra el aborto en cualquier circunstancia, aunque haya quienes digan que por ser hombre, no tengo derecho a manifestarme.
Disculpen pero esto no se trata de feminismo, machismo o quién tiene más derecho a opinar sobre ciertos temas. Yo no soy católico obviamente, y en muchos aspectos no tengo nada en común con la Iglesia Católica Apostólica Romana; para cualquiera que lee este blog eso es evidente. Sin embargo, las declaraciones del Cardenal Ezzati fueron hechas dentro de un contexto en el cual se defienden posturas religiosas más que ideologías sociales, aunque a veces se confundan. Creo que en muchos sentidos la Iglesia es inconsecuente pero al menos en este, si el Monseñor hablara a favor del aborto para caerle bien a las feministas, se echaría a todo el mundo encima.
Cuando se sostienen charlas sobre religión, es fácil convertirlas en un debate sin sentido donde pareciera que alguna postura debe ser ganadora y en realidad, sólo se trata de ampliar conocimientos inclusive por cultura general. Yo siempre tengo en mente que el judaísmo existe desde hace seis mil años, el cristianismo hace dos mil y el Islam mil cuatrocientos treinta y cinco. Por lo tanto, cuando doy la perspectiva musulmana sobre algún asunto, no tiene caso que la gente objete, pues no inventé las reglas y no seré quien la cambie.
De igual modo, considero que si alguien adopta determinada religión, no debe esperar que ésta se adapte según su conveniencia, pues sería imposible darle en el gusto a cada individuo. Somos nosotros quienes debemos adaptar nuestro modo de vida para ajustarnos a uno nuevo. Sin embargo, ocurre que muchas veces cometemos el garrafal error de juzgar determinado credo por lo que hacen o dicen algunos de quienes lo profesan, generalizando. Además de olvidar que la religión nos da ciertas directrices para llevar una vida correcta y la naturaleza humana es imperfecta, juzgamos a quienes se equivocan como si tuviésemos el derecho de hacerlo y metemos a todas las personas dentro de un mismo saco.
Escuchaba en la televisión decir a un gay que toda su familia fue católica hasta el momento en que escucharon a Ratzinger hablar contra los homosexuales. Es cierto que durante un tiempo él fue la cabeza de una institución que mueve a millones, pero no considero apropiado dejar la religión que uno tiene por las desafortunadas declaraciones de un ser humano imperfecto como todos.
Es cierto que si profesamos una religión, debemos proceder como dicta en cada momento. Pero con todas las trampas mundanas que hay y nuestras innumerables limitaciones humanas, no deberíamos decir que determinado credo es malo o que los fieles lo son, juzgando alguna conducta.
Hace pocos días estuve hablándoles sobre el perdón divino y la facultad humana de disculpar las ofensas. Empero, quienes más hablan de tolerancia son los que menos errores toleran y su rapidez para despotricar es mayor a la del rayo luminoso, sin considerar que muchas veces nuestras mayores equivocaciones son causadas con la lengua.
Tanto que hablan de ser libres, respetar los derechos humanos y la igualdad de minorías sexuales. En algunos casos, estos conceptos son esgrimidos por quienes no tienen ni Dios ni ley, empresas, instituciones que se proclaman voceras de una causa, etcétera. Yo antes era de ellos y conocí gente que no era buena, tuve malas experiencias, me arriesgué demasiado, cometí grandes errores. No digo que ahora sea un santo, porque estaría muy alejado de la verdad. Sigo equivocándome y mi sufrimiento es tal, que a veces me cuesta respirar por el llanto, dándome ganas de que todo se resuelva lo antes posible.
Quienes me conocen saben que soy una persona sola, jamás he tenido pareja, soy enfermo porque padezco diabetes además de usar silla de ruedas, mis complejos son innumerables y mi diario íntimo es un avispero de frustraciones. Cuando se trata de religión, todo el mundo habla de las restricciones que se imponen, pero nadie considera el enorme consuelo que puede traer al corazón de alguien como yo… Y eso sin considerar que hay gente en peores condiciones.
Es fácil dar nuestro punto de vista o hasta imponerlo y en el caso de la comunidad GLBTI por ejemplo, se ha convertido en un sector social burlado por los heterosexuales. Mientras más aparece un gay en los medios desfilando por el Día del Orgullo, mayor es la indiferencia que individuos e instituciones ejercen. Según yo y como ya he manifestado antes en este blog, los cambios vendrán cuando dejen de hojear revistas pornográficas para leer novelas, abandonen los saunas y gimnasios para asistir a cafés literarios u obras teatrales, frecuenten menos las discotecas y más los museos, gasten su dinero en centros culturales y no en centros comerciales. ¿Cómo esperan tener derecho al matrimonio igualitario, si no hacen nada para cambiar la imagen frívola que se tiene socialmente? Mi profesora, Cecilia Vera, decía «Como te ven, te tratan» y tenía razón.
Es que en cualquier aspecto de la vida humana, ya sea religión, libertad sexual o relaciones en sus diversas variantes, solemos ser egoístas en el sentido de que exigimos cosas, pero no estamos dispuestos a renunciar, comprometernos ni cambiar en nada. La vida funciona de manera que sólo obtenemos algo cuando demostramos merecerlo y valorarlo. ¿No será que algunos abandonan la religión, porque temen mirarse al espejo y que no les guste su reflejo? «Tanto me das, tanto te doy», como dice la doctora María Luisa Cordero.
La comunidad GLBTI seguirá existiendo como lo viene haciendo desde los tiempos aurorales del mundo, de la misma manera que la religión mantendrá sus principios intactos hasta el Día del Juicio Final. Yo sólo desearía que quienes hablan tanto de tolerancia y Dios por ambos lados, fueran capaces de respetar, amar y aceptar al prójimo como un igual.

martes, 16 de septiembre de 2014

Descorazonado

La gente ahora está descorazonada, es incapaz de empatizar con el prójimo y ya no le importa ver que alguien esté sufriendo. ¿Qué nos pasa? No mostramos ni el más mínimo interés cuando vemos a alguien sufrir y pasamos de largo si una persona llora. Hemos olvidado completamente la parábola del buen samaritano y algunos ni siquiera la conocen.
Ahora lo que más importa es el ego y satisfacer siempre nuestras propias necesidades, sin importar que para ello debamos causarle dolor a alguien más. En nuestra época, Maquiavelo se habría sentido como rey porque ciertamente, para la gran mayoría el fin justifica los medios.
¿Y qué pasa con los sentimientos? Eso a la inmensa mayoría no le interesa; preocuparse de las emociones es signo de debilidad y en nuestra sociedad tan materialista, competitiva e insensible, nadie se puede dar el lujo de ser frágil. Por ello, hay quienes incluso se dan el lujo de prohibirnos sentir algo, sin darse cuenta que los sentimientos son parte de la experiencia humana individual y coartarle la emotividad a alguien significa quitarle su humanidad… Algo a lo que no tenemos derecho.
¿Qué puedo decir de nuestros errores? Pues bien, es de Perogrullo decir que errar es humano y perdonar es divino, pero lo digo porque muchos lo han olvidado. La mayoría ocupa esta frase para justificar incansablemente sus propios errores, pero cuando alguien más se equivoca son incapaces de disculpar y al contrario, se comportan como si fuesen perfectos o estuviesen por encima de los demás. Son demasiado orgullosos y nosotros alimentamos su ego con cada disculpa que les damos. ¿Por qué hago la diferencia entre perdonar y disculpar? Simplemente porque sólo Allâh (swt) perdona y los seres humanos únicamente podemos disculpar.
Disculpar significa quitar o liberar de la culpa a alguien. Esto no se hace porque la persona lo merezca sino porque lo necesita. Muchas veces no entendemos eso o simplemente no nos importa y negamos el alivio, como si tuviésemos derecho a torturar al culpable con nuestro enojo e indiferencia orgullosa.
¿De qué nos sirve el orgullo? Muchas personas dicen que no se permiten ser humilladas por nadie. Lo cierto es que quien nos humilla se envilece a sí mismo en tanto que el orgulloso, tristemente se queda solo en esta vida.
En el Islam se dice que un musulmán debe corregir permanentemente su carácter y combatir su propio ego, de manera que las pasiones como el orgullo y el enojo, sean relegados a un segundo plano precisamente para permitirnos empatizar con el dolor ajeno. Un hadiz dice incluso que dos hermanos musulmanes no deben estar enojados por más de tres días y al respecto, se aclara que ante los ojos de Allâh (swt), un creyente que ofrece disculpas, demuestra arrepentimiento y se esfuerza por enmendar sus errores, tiene mayor grado que un musulmán incapaz de disculpar. Por último, se aclara que si el culpable intenta corregirse, queda exento de responsabilidad aunque su hermano no quiera disculparle.
El Din nos muestra que hay ciertas ocasiones en el año cuando Allâh (swt) nos bendice con Su misericordia brindándonos el perdón por nuestros pecados, si demostramos verdadero arrepentimiento o Tawba. Oportunidades como la Noche del Perdón o la Noche del Poder, también llamada Noche del Destino, son ideales para hacer actos de adoración o ibadât con la intención de alcanzar la complacencia de Allâh (swt) y Su perdón.
Sin embargo, de poco nos sirve tener todas estas oportunidades y más si somos incapaces de disculpar a nuestros semejantes cuando se equivocan. El Noble Corán nos dice que el hombre (como especie humana) vive en el error y con ello, sin justificar nuestras equivocaciones, nos recuerda que somos imperfectos y tenemos muchas limitaciones, pero siempre debemos recordar que en este aspecto todos estamos al mismo nivel. Nadie tiene derecho a sentirse superior, castigarnos excesivamente por un error o torturarnos con su orgullo.
¿Por qué ocurre eso? Actualmente nos hemos deshumanizado. Vivimos para consumir, escalar posiciones, lograr objetivos profesionales y concebimos la felicidad como una meta cuando en realidad, es un estado. Hoy en día palabras como amor, amistad y lealtad son poesía y no tienen ningún valor más allá del lírico, pues las promesas que nos hacen se las lleva el viento. Hemos reducido las emociones a sentir un orgasmo por sexo casual o tener un número indeterminado de seguidores en múltiples redes sociales, sin importar verdaderamente cuánto conocemos a cada persona. Hemos perdido nuestra capacidad de establecer auténticos vínculos emocionales, porque cualquier expresión afectiva es tomada como cursilería y no nos atrevemos a entablar compromisos.
Al contrario, hoy las personas son cosificadas, convertidas en objetos que sirven para alcanzar un objetivo determinado y luego desechados como basura inútil. Ello impide empatizar con quien se vincula y es impulsado por sus sentimientos. La empatía es nuestra capacidad de identificarnos con el otro y reconocerlo como un igual, valorándolo… Sin embargo, alguien poco empático, que no siente culpa, cosifica a las personas pretendiendo manipularlas y utilizarlas e incluso manipula psicológica o emocionalmente, posee el perfil de un psicópata según los expertos, aunque suene fuerte al decirlo. Para nuestra desgracia, en esta sociedad actual el fenómeno se ha masificado hasta el punto en que resulta difícil hacer un diagnóstico social y determinar cuántos sujetos son simplemente orgullosos y cuántos pueden calificar dentro de la psicopatía.
Por ello, resulta tan importante gobernarnos a nosotros mismos, controlar las pasiones, ponernos en el lugar del otro, valorar a las personas por su condición humana dejando a un lado las etiquetas y por último, reconocer la relevancia de las emociones ajenas por encima de nuestros intereses personales.
¿Seremos capaces o seguiremos siendo autómatas egoístas y rencorosos? Es difícil responder esta pregunta cuando vemos que la sociedad nos convierte en individuos descorazonados e incapaces de conmoverse. Queda como tarea para cada uno, si valoran el significado de mis palabras y no lo toman como un escrito más entre tantos.

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Yahya. Carlos Flores A.
Escritor chileno.