«Quien no conoce Estambul, no conoce el amor».

Yahya Kemal Beyatlı.

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Carlos Flores Arias – Yahya.

Escritor chileno.

viernes, 27 de octubre de 2017

Correo basura

Ayer tuve control médico por mi diabetes y la doctora me comentó orgullosa que hace algún tiempo leyó una crítica de Síndrome de Estambul en la sección Artes y Letras de El Mercurio. Entonces, lo había pedido a sus amigos como obsequio navideño… Le recomendé comprarla por internet en BuscaLibre.com porque no la hallaría en librerías. Pueden adquirirlo fácilmente haciendo Click aquí y les llega a domicilio.
Esta mañana estaba buscando la dirección de correo electrónico de mi diabetóloga para enviarle el enlace directo de la página y accidentalmente encontré algunos mensajes que me escribiera el Sr. L entre dos mil nueve y dos mil once.
Los leí y me di cuenta de que incluía su número telefónico móvil. De haberlo sabido, tal vez habría intentado escribirle por WhatsApp hace tiempo, cuando lo desbloqueé en Facebook.
Sin embargo, preferí eliminar definitivamente todo el contenido. Recientemente el Sr. L me respondió por Facebook y si bien actuó amable, también fue enfático en decirme que no reanudaríamos nuestra antigua amistad porque nuestros caminos eran distintos. En honor a la verdad, no nos separamos por diferencias irreconciliables sino por conflicto de intereses.
Ejerciendo mi consistencia, le prometí mantenerme alejado y no seguir buscándolo. ¿Para qué guardar su número o las palabras amables? En su momento tuvieron mucho significado, pero ahora ocupan gigas y no lo digo desde la acritud. Es mejor vivir de la esperanza y no del recuerdo.
También borré mensajes de Paulina y Cristina, escritos antes de viajar juntos a Turquía y llenos de expresiones cariñosas. Hoy son dos de las tantas amistades que se han roto por distintas razones.
Estuve con mi doctora por casi cuarenta minutos y nos dimos la libertad de charlar sobre mi nueva novela, amores y desamores… Ella me decía que si alguien no me respeta llamándose mi amigo, no lo es realmente; pero agregó algo muy importante: si quien amas no puede ni quiere corresponderte, ¿por qué no te lo dice de manera directa?
Años atrás si alguien no me quería, yo insistía en ganarme su cariño. Ayer la diabetóloga dijo que quien me amara debería hacerlo sin esfuerzo y es lógico. En la actualidad, prefiero que me hablen sin eufemismos porque las palabras de buena crianza sirven para que quien las dice esconda desagradables verdades, por su temor a caer mal.
¿Y qué más da si caigo mal por ser honesto? ¿No es eso mejor que simpatizar a partir de falsedades? Si esas personas ya no son mis amigas y tampoco les interesa retomar alguna relación conmigo, desde luego es irrelevante cuánto me simpaticen.
En el caso de Sr. L, entiendo perfectamente que tras seis años alejados por decisión mía, ya no despierte su interés en retomar nuestra amistad. Pero si es así, ningún sentido tiene haberme comentado alguna entrada en el blog, preguntarle a Esteban por mí o incluso enviarme saludos. Me busca y cuando le respondo, dice que no podemos ser amigos porque tenemos caminos distintos; entonces no debió buscarme… Estos años han bastado para que yo tampoco insistiera y ahora, borrara sus mensajes sin pensarlo dos veces. Insisto: no lo digo con resentimiento sino por lógica. Tampoco me habría sentido ofendido si sólo no hubiese respondido cuando le escribí.
En su respuesta se limitó a decirme que ha tenido una buena vida, pero sin darme detalles y por lo tanto, contarle qué ha pasado conmigo en este tiempo habría sobrado. Además, sé que ocasionalmente lee este blog porque le interesan mis novedades.
En los casos de Paulina y Cristina respectivamente, así como las otras amistades rotas en el desaparecido Tarkan Fans Chile Club oficial, se han limitado a decir que prefieren pasar página porque sucedieron demasiadas cosas y retomar la amistad es muy difícil… No me lo han dicho a mí porque tampoco les he buscado, pero sin quererlo sigo enterándome ocasionalmente de algunas novedades.
Al respecto, es evidente que prefieren dar vuelta la página, en lugar de reconocer sus errores y ofrecer disculpas, porque no salvarían el orgullo. Sí, ha corrido demasiada agua bajo el puente, pero nunca han demostrado interés en reconciliarse. Obviamente saben que yo podría ignorarles y prefieren evitarse la humillación; es mejor según creen, fingir que no queda nada por hacer.
Mi doctora dice que es preferible dejar ir a esos individuos, pues nunca fueron verdaderas amistades. Las personas maduras son capaces de superar los conflictos, llegar a acuerdos, restar importancia a roces del pasado. Eso es realmente pasar página, pues si eres incapaz de enmendar tus errores y ofrecer disculpas, sólo demuestras tu cobardía, orgullo y mediocridad.

jueves, 31 de agosto de 2017

Ser soltero no es tan malo

Era octubre de 2009 cuando escribí la entrada que quizás sea una de las más comentadas en este blog, titulada Haygente que nace para estar sola. Extrañado por la llegada que mis palabras tienen en algunas personas, decidí leerla para recordar qué escribí tan significativo y para mi sorpresa, no resistí darle una completa lectura al verme decir entre otras barbaridades que «Me resulta completamente desolador un paisaje en el cual alguien no únicamente esté solo, sino que además lo acepte, y se sienta conforme con ello». ¿Y por qué no?
Hoy me espanto viendo que a esa edad pensaba como una típica mujer decimonónica victoriana cuya única meta podría ser casarse antes de quedar solterona. Soy un hombre del siglo XXI, pertenezco a la generación de los jodidos Millennials y debería tomar en cuenta todas las oportunidades que esto ofrece.
Más me horroricé al leer «Sea por el costumbrismo social o el tradicionalismo, a los veintiocho años aún tengo la esperanza de terminar mi vida acompañado». Conste que jamás me he drogado para escribir… Está bien querer estar con alguien cuando lleguemos a la senectud, pero decirlo teniendo menos de treinta, proyectándome como si ésta fuese la única alternativa para ser feliz en este mundo, me parece demasiado pesimista.
Está claro que los lectores ni siquiera vieron qué más había en este blog y a esa edad, yo todavía no había viajado a Turquía, no tenía como meta el volver y dicho sea de paso, tampoco había tenido grandes experiencias en el terreno amoroso sino en su mayoría, sólo expectativas. Mis lectores deberían considerar que alguien inexperto no puede dar consejos y yo sólo estaba dando mi opinión sobre un asunto específico, pero jamás he sido dueño de la verdad.
No me malentiendan, pues me halaga enormemente que sientan como suyas mis vivencias y puedan identificarse con algunas cosas que me pasaron. Sin embargo, sería apropiado no sólo tomar en cuenta esos artículos donde critico nuestra sociedad, aunque sean la mayoría sino además, aquellos donde de alguna manera he pretendido abrir la puerta para que entre aire fresco.
Actualmente no pienso de la misma manera que lo hacía en 2009. Supongo que por entonces debí estar enamorado de alguien que me ignoraba, pero ahora pienso que uno mismo debe ser el primero en valorarse, en darse la oportunidad y no esperar que el amor toque a la puerta.
Y si uno está soltero, tal vez deba dejar de buscar entre la fauna que le rodea, hacerlo en horizontes más lejanos o plantearse nuevos retos. Considero que la máxima meta en esta vida no puede ser hallar con quién compartirla hasta que nos llegue la muerte, como dándole a otro la responsabilidad de completarnos... Hay tanto por hacer y no gozamos de tiempo sobrante para amargarnos porque una, dos o tres relaciones fracasaron.
Sería egoísta de nuestra parte entregarle a una pareja la carga de satisfacer aquellas carencias que nosotros mismos no hemos podido completar. Además, para tener una relación amorosa satisfactoria primero se debe estar mental y emocionalmente sano; quiero decir que si pretendemos encontrar a la pareja perfecta, mejor leamos cuentos de hadas porque nadie es perfecto y quien esté con nosotros, carga su propio pasado. Añado a esto que podamos pedirle al otro una solución si no hemos resuelto nuestros propios asuntos.
Esto, chicos y chicas, es como la masturbación… Una de nuestras primeras relaciones es con nosotros mismos y si estamos disconformes, no vendrá un extraño a darnos aquello que ignoramos necesitar. ¿Cómo pretendo que un extraño me haga feliz si no lo soy en mi soledad, si no me conozco lo suficiente?
Algunas personas cometen el error de esperar que una relación amorosa les solucione la vida vacía que llevan. Conozco gente soltera y madura que no se amarga, porque viaja bastante, conoce otras culturas, les gusta su trabajo, etcétera. Hay quienes siempre ven el vaso medio vacío, considerando prioritario aquello de lo cual carecen en desmedro de lo que tienen. En esta vida no se debe ser desagradecido porque puede ser importante tener una relación amorosa pero si estamos solteros, al menos tenemos religión, familia, amigos, salud y algunos hasta trabajan. ¿Por qué no valorar todo eso?
Tal vez algunos están solteros porque de momento, no se encuentran maduramente preparados para sostener una relación amorosa, pero son aventureros y les gusta viajar, tener nuevas experiencias, aprender del diario vivir. Una pareja te limita en todo esto, porque debes estar presente y en algunos casos, no se disfruta de la libertad necesaria para tener una vida propia.
El mejor ejemplo de esto es que alguien con vida amorosa descuida a sus amistades y sólo las atiende cuando está soltero o dicho de otro modo, tiene tiempo libre. Las personas a quienes les amarga su soledad prolongada –y lo digo por experiencia propia–, suelen creer que una relación es sólo aquel estado inicial de enamoramiento, pero en realidad es bastante más demandante que eso y a veces, no les gusta estar para el otro.
Foto: Escritora Adèle Hugo (1830 - 1915). 
En otros casos, todo se derrumba porque no aceptamos la relación como viene y en gran medida, tampoco a la pareja que tenemos sino al contrario, tratamos de amoldarla según un ideal, pero tratándose de sentimientos, las idealizaciones sólo causan frustración.
¿Y por qué validarnos a través de una relación? O sea que si no somos felices sería culpa del otro; eso es algo bastante egoísta. Cuando uno madura, la principal característica de nuestra adultez es hacernos cargo de nosotros mismos, aceptarnos tal cual somos y desarrollar las oportunidades que tenemos… Está bien deprimirse cuando una relación se acaba, pero también deberíamos concentrarnos en los demás aspectos de la vida, fijarnos metas, perseguir sueños y veríamos que al estar contentos con cuanto hacemos, la plenitud se hace más fácil.
Por otro lado, la gente ve lo que proyectamos al mundo. Sería muy difícil hallar pareja y hacer funcionar una relación si el resto nos ve depresivos, enamorados de alguien que no nos corresponde y sin ganas de seguir adelante… Por el contrario, si desarrollamos la resiliencia causaremos admiración en otros y cualquiera quiere estar con alguien capaz de continuar tras una caída. Además, es muy interesante un individuo cuyo centro en la vida no resulta ser el amor perdido.
Para qué vamos a ser delicados…, resulta patético perseguir a alguien que no nos corresponde, insistir en retomar una relación fracasada o creer que aún tenemos una oportunidad cuando en realidad, todo está de un siniestro total. No podemos obligar a una persona para estar con nosotros, si lo sabré yo. Los sentimientos deben darse de manera espontánea y voluntaria.
Si nos empecinamos en mantener relaciones enfermizas o mantener vínculos sentimentales con alguien que ya nos ha sacado de su vida, podríamos obsesionarnos al punto de desarrollar una erotomanía, locura de amor o como también se le conoce, el síndrome de Adèle Hugo. Ésta escritora fue hija del también autor francés Víctor Hugo y se le conoce por padecer esquizofrenia siendo todavía una mujer joven; su obra más reconocida quizás sea el diario íntimo que llevaba describiendo el enfermizo amor que sentía por un militar británico que le rechazó y al cual, siguió por varias partes en sus viajes.
Yo también he sufrido por amor y de ello hay tanta constancia en mis diarios íntimos como aquí. Pero por dignidad uno debe darse cuenta cuando la persona amada no nos quiere. Además, si avanzamos en la vida seremos los únicos lamentándonos a un costado del camino mientras el resto continúa y nos deja atrás.

domingo, 6 de agosto de 2017

Carta de despedida para Sr. L

No recuerdo bien la fecha, pero hace seis años cuando viajé a Turquía, conocí gente por la cual me sentí valorado, amado y respetado. Al regreso, mi reencuentro con el Sr. L –¿se acuerdan de él?– no fue todo lo que podría esperarse de dos amigos cuyas mutuas palabras hablaban de tanto cariño, añoranza y vivencias comunes rememoradas cuando estuviésemos ya viejos. Más bien resultó frío, distante, porque había experimentado nuevos sentimientos que reforzaron mi alicaída autoestima. Le entregué los regalos traídos desde Estambul, paseamos por el centro de Santiago y luego, me despedí sin saber si le vería nuevamente en esta vida.
Para entonces, ya tenía en mi corazón el deseo de ser musulmán, aunque como he dicho muchas veces, sabiéndome un ser humano imperfecto no pretendía ni lo hago ahora, alcanzar la santidad. Hay cosas en el alma a las cuales llamamos nuestra esencia.
El tiempo hizo que nos distanciáramos aún más, mientras que hasta cierto punto me dejé influenciar por opiniones de terceros –aunque con esto no pretendo eximirme de mi responsabilidad– y lo bloqueé en mis redes sociales sin decirle, como veces anteriores cuando simplemente lo eliminaba, que nuestra amistad había terminado… Tampoco asumiré toda la carga de ello, porque en su momento tuve razones de peso para tomar aquella decisión al darme cuenta de que necesitábamos avanzar y juntos no lo estábamos logrando: ambos esperábamos lo que por distintas razones, el otro no nos podía dar.
Habiendo pasado un tiempo, Esteban quien antes tanto se empeñara en hacerme ver los defectos del Sr. L, pasó a ser su principal defensor hasta el hartazgo –de hecho, ésta fue una de las razones por las cuales también terminé nuestra amistad–, insistiéndome en que todos merecemos una segunda oportunidad, pues el aludido tanto me extrañaba como me quería y hasta hacíamos una bonita pareja (aclarado sea que jamás lo fuimos). Sin embargo, evitando detallárselas, con la misma constancia le recordaba que había tenido mis razones para bloquearlo. A pesar de esto, siempre me extrañó que aun teniendo mi número telefónico o cómo conseguirlo por medio de nuestras amistades comunes, nunca me llamara a pesar de extrañarme tanto, en lugar de enviarme saludos con personas a quienes poco frecuentaba. Es sólo una duda.
Los años siguieron transcurriendo y el pesar de no haberme sentido valorado, se fue. Llegó así el 13 de noviembre de 2015 y un comentario anónimo en este blog rezaba: «A veces... Tantos años teniéndome bloqueado y “a veces” te sigues acordando de mí (como yo de ti). Un gran abrazo Carlangas. Mucho éxito». Lo interesante fue que en la entrada había mencionado uno de los tantos dichos que siempre repetía el Sr. L y a pesar del anonimato, pude reconocerle. Se había presentado la oportunidad perfecta para explicarle al menos un motivo y brevemente destacar que no sentía rencor.
Como siempre ocurre, el tiempo no se detuvo y desde hace algunos días en mi mente rondaba la curiosidad por saber qué sería de aquel amigo con quien a diferencia de otros, no tuve una pelea ni una separación ofensiva sino al contrario, simplemente hice mis maletas para retirarme sin despedirme cuando ya no estaba aportando a la relación. También recordé las palabras de Esteban al decirme que todos merecemos una segunda oportunidad, me asaltó la conciencia aquel du’â hecho diariamente para recobrar algunas amistades perdidas y por último, no pude evitar recordar que eventualmente todos moriremos. No quise irme de esta vida sin dar esa posibilidad de reconciliación, teniendo en consideración que el Sr. L aparentemente no me guardaba rencor.
Por eso, lo desbloqueé en Facebook y le escribí un mensaje privado recordándole su comentario en el blog, mencionándole que podía agregarme si así lo deseaba, pero entendería si decidía no hacerlo y por último, correspondiéndole el cariñoso saludo.
Es cierto que al principio me molestaba la intervención de terceras personas en nuestra amistad, tanto para criticarlo como abogando por su causa. Al igual que sucede con los sentimientos -siendo muy inútil presionar a alguien para declararse antes de que se sienta emocional y mentalmente listo-, también necesitamos tiempo para madurar y darnos cuenta de aquellas cosas imperceptibles cuando no podemos ver más allá del propio ombligo. Seis años debieron pasar, habiendo cumplido la misma edad que tenía Sr. L cuando nos separamos, pero finalmente comprendí que recordarlo estos días podía ser un presentimiento o simple nostalgia porque me guste o no, fue parte del proceso llamado madurar.
Algunos podrían creerse con el derecho de reprocharme que haya dejado pasar demasiado tiempo antes de escribirle, pero creo firmemente que todo sucede en el momento preciso -ni antes ni después- y tal vez el resultado final de este acercamiento no debía ser una reconciliación sino más bien, una despedida en buenos términos. Allâh (cc) sabe que si le hubiese escrito hace cinco años, cediendo a la presión de Esteban, no habría sido sincero pues todavía tendría algo de resentimiento y sí, durante este período había sentido el impulso de desbloquearlo, pero no me sentía suficientemente preparado, no sabía qué decirle y hasta cierto punto, temía una mala reacción. Creo que seis años es el tiempo justo para cerrar nuestras heridas y además, me aproximé por voluntad propia, sin sentirme presionado. Esto demuestra que mi interés en reconciliarnos era sincero, pero tal vez no debía ser; debo quedarme tranquilo habiéndolo intentado.
Pasaron tres horas antes de recibir su respuesta, que tampoco citaré textualmente aquí por considerarla relativamente privada, aunque sí puedo decir que para mi sorpresa no fue nada hostil sino todo lo contrario. Empero, el último párrafo fue sin duda una despedida: «No te agrego sólo porque ahora, nuestros caminos son distintos, pero siempre serás parte del camino que recorrí y yo del que recorriste tú. Bendiciones».
Fue muy gentil al responderme de manera casi inmediata, afable y educada. Pero al parecer, Esteban exageraba tanto criticándolo cuando éramos amigos como defendiéndolo cuando ya no teníamos una relación. Tal vez Sr. L se encontró con este intermediario y sólo le preguntó si acaso me había visto, cómo estaba o me envió sus saludos; pero esto fue aumentado al punto de hacerme imaginar que en realidad podía existir un reencuentro o que él estaba sufriendo muchísimo.
Cuando Esteban y yo charlábamos, ineludiblemente acabábamos hablando de Sr. L; es cierto que en su respuesta me dice «Justo hoy me estaba acordando de ti» pero como mencioné anteriormente, no importa cuántos años pasen siempre seremos los mismos en esencia y tal vez me recuerda esporádicamente por alguna frase específica -es mi caso-, pero no me lo imagino extrañándome a ultranza como lo describían. Recuerdo un hombre sin problemas con los apegos emocionales como yo los tenía entonces y pasando los años, aprendí a hacer algo parecido. Yo le criticaba abiertamente que me tratara como algo desechable, por decirme que si un individuo no le aportaba, lo sacaba de su vida. En aquel momento me molestaba muchísimo si alguien me eliminaba en las redes sociales. Hoy aprendí que quien me quiere es porque soy querible y quien está conmigo es porque desea acompañarme.
Como escritor soy también muy buen lector de las emociones humanas, pues son todo mi capital y sé que un mensaje no es sólo las palabras escritas sino lo dicho de manera subliminal.
«No te agrego sólo porque ahora, nuestros caminos son distintos». Después de seis años ha pasado mucha agua bajo el puente, Carlos y ahora, no creo que tengamos tanto en común como antes. Tu religión o tu nueva forma de vida no concuerda con la mía y tampoco quiero incomodarte. No quiero ser responsable de llevarte por el mal camino.
Al respecto, debo decir nuevamente que siendo musulmán no pretendo alcanzar la santidad. Le habría explicado al Sr. L que según el Islam, tenemos libre albedrío pero cada cosa que nos sucede o hacemos, está escrita en nuestro destino, por lo cual él no sería responsable de mis acciones y además, cuando uno está seguro de su fe, puede ser creyente incluso paseando por el Barrio Rojo de Ámsterdam.
Sin embargo, nuestro intercambio fue tan breve, que ni siquiera nos actualizamos de lo sucedido en nuestras vidas y no habría tenido tiempo de detallar cuestiones teológicas. Entendí que no darme detalles de su vida durante este tiempo ni preguntarme qué ha ocurrido conmigo era porque en el fondo, quería evitar abrir la puerta.
En una segunda respuesta mía, le dije que esperaba retomar nuestra amistad precisamente porque ahora tenemos más diferencias.
Reitero que hace seis años tuve motivos para alejarme y al parecer, Sr. L no estaba tan en desconocimiento de ellos. Sin embargo, tras este tiempo ya no existen esas aprehensiones que tenía por él, lo cual incluso debería hacerle sentir más cómodo ahora que antes.
Si temiera que yo intentara convertirle a mi religión, debe saber algo: en Turquía conocí a un chico del cual quiero proteger su identidad. Tenía entonces veintisiete años y como la mayoría de los jóvenes turcos tradicionales, era casto… Solía destacar hasta el hartazgo todo cuanto era haram o prohibido; si yo quería ir a una discoteca, él me decía «Eso es haram. El verdadero musulmán no frecuenta esos lugares». Pero jamás pensó que se enamoraría de alguien que me acompañaba en el grupo de fanáticas de Tarkan. Con los meses, engañó a su familia para venir a Chile y reencontrarse con su amada, sin importarle que mentirles a los padres fuese incorrecto y fornicar es haram. Fue lo que mi religión denomina un hipócrita. ¿Me entiende, Sr. L?
Yo sé que ser musulmán no me exime de cometer errores. Por eso, sólo digo lo que mi religión dicta si alguien me lo pregunta o es necesario explicar, pues es mi obligación responder y no guardarme el conocimiento… Pero según el propio Islam, se corrige en privado y se felicita en público, por lo cual no debería temer que le predicara de manera molesta para hacerle sentir mal cuando usted hiciera algo que según yo y para mí sería incorrecto. Cada persona sabe lo que hace, más si es adulta y debe hacerse responsable de sí misma.
Me enorgullece decir que durante mi corta vida he tenido amigos cristianos, judíos, musulmanes, de distintas nacionalidades, ideologías políticas, orientaciones sexuales y con un sinfín de características. También he conocido gente que no admite la idea de tener amistades diversas, tolerando sólo aquellas con quienes tienen mucho en común. Me parece que ser igual a mí no es un requisito para establecer una amistad con alguien y al contrario, las diferencias nos enriquecen.
Aunque fue muy amable contestando, no puedo descartar del todo la posibilidad de que estos años estando bloqueado mataran su interés en ser mi amigo y me parece lógico… Desconfiaría si en su respuesta no se dejara ver algo de desdén, pues al fin y al cabo, es humano.
En mi mensaje le hice ver que me habría gustado retomar nuestra amistad, pero entiendo perfectamente que después de seis años le parezca inapropiado y para los dos el alejamiento tuvo en alguna medida, efectos positivos tal como yo creí cuando tomé esa decisión… Por esto, respetaré su deseo de mantenernos alejados y no insistiré como lo hubiese hecho antes, cuando mi idea de la amistad para toda la vida era patética.
Me satisface haber superado añejos rencores por no comprender sus puntos de vista siendo infantil, aunque si mal no recuerdo, él también lo era en algunos aspectos. Tal como le dije, «Hace seis años no habría tenido la madurez suficiente para hablar y tampoco habría tomado a bien que prefirieras mantener las cosas como hasta ahora». Todavía me acuerdo de algunas cosas que pasaron, pero ya no con la misma frustración, siendo capaz de restarles importancia.
Esta aproximación fue buena porque pude comprobar varias cosas:
En primer lugar, que pese a mi arbitrariedad de aquel entonces –justificada, insisto–, no me guarda rencor.
En segundo, que pude ponerle un final feliz a nuestra historia, a diferencia de otras amistades rotas que han terminado muy mal. Además, haberlo bloqueado antes fue apenas ponerle tres puntos suspensivos.
La tercera, que Sr. L ha tenido una buena vida y no está destrozado como me lo describiera en alguna medida el exagerado Esteban. De verdad, me alegra y tranquiliza.
La cuarta, que le di una segunda oportunidad tal como Esteban me pidió tantas veces y ahora, fue Sr. L quien decidió conscientemente no tomarla, por lo cual aunque seguiré siendo parte de su vida y el malo de la película por bloquearlo –no digo que él piense así de mí sino que podría parecerles a algunos–, ya no soy culpable de tomar una decisión unilateral… Si Esteban y yo aún fuésemos amigos, ya no podría señalarme con el dedo, pero con los años he aprendido a restarle total importancia a los inquisidores.
La quinta, que saldé mi deuda con Sr. L y puedo irme tranquilo de esta vida en ese aspecto, inquietud que en principio me motivó a escribirle.
Tal como le dije al despedirme… «Un abrazo cariñoso y que Allâh (cc) siempre te acompañe (Amin)».

Nota 1: Aclaro que no estoy corrigiéndo públicamente al destinatario de este artículo, porque no doy su verdadero nombre.
Nota 2: Después de enviarle este artículo en un mensaje privado de Facebook, me despedí de Sr. L y lo bloqueé,  sólo para respetar su deseo de separar nuestros caminos pero a diferencia de la vez anterior, aquí le doy todas los argumentos sin quedar con cuentas pendientes.

miércoles, 12 de julio de 2017

Manifestaciones fuera del Congreso Nacional por Bus de la libertad

Foto 1: Pastor Javier Soto siendo arrestado en Valparaíso.
Hoy al ver los noticiarios en televisión, sentí vergüenza ajena al informarme sobre los desmanes protagonizados por el Bus de la libertad, el Bus de la diversidad, el MOVILH, el pastor Soto y la gente que los seguía en el recorrido frente al Congreso Nacional en Valparaíso donde además, salieron políticos a manifestarse por alguna posición.
Para empezar, creo que ninguna postura radicalizada es buena, porque llegar a acuerdos basados en el fanatismo es imposible. Como he dicho otras veces, no me gusta hablar de tolerancia en estos asuntos sino de respeto y aceptación. Tolerar me suena a soportar la presencia de alguien que detesto y en cambio, lo maduro sería aceptar respetuosamente la idea del prójimo aunque no se comparta, reconociendo su derecho a pensar distinto y expresarse sin ofender ni humillar a nadie.
Esencialmente lo que postulan los seguidores del Bus de la libertad es desde su heterosexualidad, tener derecho a educar a sus hijos con relación a la identidad de género como ellos deseen en su núcleo familiar, sin que el Gobierno ni el Estado impongan programas de educación sexual en las escuelas… Básicamente dicen algo que yo también defendería si fuese padre: «Tengo derecho a educar a mis hijos como quiera, sin la intervención de políticas públicas obligatorias».
El problema es cuando este grupo difunde también mensajes como «Nicolás tiene derecho a un papá y una mamá», que ha sido tomada como una frase odiosa y directamente homofóbica por aludir de modo negativo a las familias homoparentales. Sin embargo, visto desde una perspectiva más amplia y tal vez ignorada hasta ahora, este enunciado tampoco reconoce la legitimidad de familias constituidas sólo por un padre, una madre o en las cuales el infante es criado por un pariente como tíos, abuelos e incluso hermanos. La sociedad actual debería aceptar que el concepto de familia nunca ha estado limitado al marco de padre, madre e hijos; si así fuera, también debería negárseles el derecho de adopción a personas solteras o quitarles la custodia de infantes a padres solteros, lo cual francamente me parece horroroso hacer porque si un niño –entendiendo también el género femenino– necesita amor, educación y dedicación, la responsabilidad de entregárselos debería ser de cualquier adulto criterioso, responsable, estable y solvente.
Otro conflicto presente en este asunto es alegar que las parejas homosexuales y padres solteros quieran satisfacer un capricho egoísta adoptando niños. Al respecto, opino que alguien voluble y caprichoso no debería adoptar, porque estaría en riesgo la estabilidad del infante. Sin embargo, esto depende de una mejor fiscalización, exámenes psiquiátricos capaces de determinar la madurez emocional del adoptante. No es tan simple como descalificar al postulante sólo por no formar parte del núcleo familiar tradicional impuesto socialmente.
Foto 2: El profeta Lut (as) y sus hijas huyen de Sodoma destruida.
Ahora se han polarizado tanto las opiniones a favor o en contra, que esta mañana mientras ambos buses circulaban en Valparaíso aproximándose al Congreso Nacional, hubo que emplear recursos del Estado y fuerzas de orden público para controlar a la más que apasionada muchedumbre, sumándose el autodenominado pastor Soto para creo yo, hacer un aprovechamiento mediático –dicho sea de paso, era la intención de todos los voceros participantes, no nos hagamos los tontos– y una vez más, difundir sus ideas homofóbicas de las cuales muchas vertientes evangélicas se han desmarcado.
Yo no quiero ser tajante ni insultar al pastor Soto como se ha hecho libremente en redes sociales, burlándose tanto de sus apariciones mediáticas como de su postura religiosa. Tampoco es mi intención defenderlo ni adherirme a su discurso porque ello significaría darme vuelta la camiseta con lo dicho en este blog durante años. Más bien quiero explicar ciertos puntos:
Como musulmán practicante, reconozco que el judaísmo, cristianismo e Islam prohíben prácticas homosexuales y así consta en los libros sagrados de cada religión, citándose a menudo la destrucción de Sodoma y Gomorra entre otras ciudades por la furia que sus inicuas prácticas causaron en Allâh (cc). Éste ha sido el argumento esgrimido por fanáticos religiosos e instituciones totales desde siempre para oponerse a la lucha de personas que tienen otra orientación sexual distinta a la heterosexual, sin importar el daño causado.
Recientemente en Facebook leí el estado de alguien diciendo entre otras cosas «¿No tengo derecho a decir que no me gustan los homosexuales?». Durante siglos distintas instituciones religiosas, partidos políticos, movimientos sociales e individuos han sido responsables en mayor o menor medida de nefastos genocidios contra la comunidad GLBTI postulando radicalizadas posturas que insisto, jamás contribuyen al sano debate y mucho menos, la respetuosa integración dentro de una sociedad idealmente pluralista donde todos formemos parte y ningún grupo se sienta ajeno. En todo este tiempo nunca se ha negado la libertad de expresión a los heterosexuales –salvo lo puntualmente ocurrido en la historia de Sodoma, donde el profeta Lut o Lot (as) y su familia eran discriminados por los demás ciudadanos–. El problema es que la gente parece no saber cómo expresarse libremente sin atropellar al prójimo.
Reconozco el derecho del pastor Soto y otros creyentes practicantes a expresar libremente sus opiniones con respecto a los temas expuestos aquí y tantos que podrían quedárseme en el tintero, sobre todo porque actualmente profesar alguna religión sin importar cual sea, es sinónimo de conservadurismo, ser anticuado e incluso, víctima de burla social por quienes se consideran progresistas. Antes la Inquisición te quemaba en la hoguera si eras hereje o profesabas una religión distinta al catolicismo apostólico romano; ahora te crucifican mediáticamente si eres creyente o defiendes tus creencias con la misma pasión que progresistas defienden sus ideas liberales. Es mal visto creer en Dios porque esta sociedad se las da de intelectual y racional; pero un líder religioso debe comportarse de manera calmada, sin llamar al caos ni ofender gratuitamente, recordando que el profeta Jesús o Isa (as) aconsejó poner la otra mejilla. Una actitud contraria diluye el mensaje.
Foto 3: Bus de la libertad.
Sin embargo, nada de racional tiene ver un grupo de activistas por los derechos de la diversidad sexual atacando e insultando indiscriminadamente al grupo contrario, alzando cada uno la voz para imponerse al otro como si ello fuera a darles la razón. Un debate racional implica primero, saber escuchar y segundo, saber argumentar. Nada de esto se vio hoy, cuando líderes o voceros de ambos lados se vieron francamente sobrepasados por la irracional e infantil conducta de sus respectivos adherentes, quienes lejos de mantener una conducta cívica, causaron desorden por imponer su visión del asunto.
La señora Marcela Aranda, vocera del mal llamado Bus de la libertad –ya que a nadie corresponde adjudicarse la totalidad de este bien social– y también directora del Observatorio Legislativo Cristiano, se desentendió completamente de la conducta del pastor Soto, porque deduzco por sus declaraciones que su intención no era predicar ni causar disturbios.
Con respecto al nombre del organismo dirigido por la señora Aranda –y discúlpeme usted si me equivoco– me suena a que sus integrantes trabajan para aprobar leyes que velen por la conservación de valores cristianos entre los ciudadanos. ¿Deberían existir también observatorios legislativos para laicos, agnósticos, judíos y musulmanes? Porque es como si a través de las leyes quisieran imponer una postura que dicho sea de paso, no dista mucho de la islámica. Pero recordemos que el Bus de la libertad defiende el derecho de los padres a criar valóricamente a sus hijos de manera libre y sin políticas gubernamentales impuestas –coincido en su esencia–. Esto se contradice con la idea de legislar en base a ideales religiosos. ¿Me explico? Lo pongo así porque cualquiera podría llegar a esta conclusión, errónea o no; planteo esto desde la vereda de la ignorancia porque me parece una duda razonable, sin ofender. ¿En un Estado laico debería existir una organización que vele por la legislación según convicciones dogmáticas? Porque esto no guarda relación con el derecho a la libertad de culto reconocido constitucionalmente.
Foto 4: Bus de la diversidad.
En cuanto a las acciones de los activistas, es realmente lamentable haberles visto envueltos en dicha trifulca. Justificada la reacción o no, podría considerarse un retroceso en el arduo camino emprendido hace ya años por las organizaciones defensoras de las minorías sexuales. Cualquiera que diga defender la tolerancia tiene obligación de practicarla diariamente o caso contrario, cometería los mismos errores que aquellos a quienes critican y perdería credibilidad. No nos engañemos, algunas veces la comunidad GLBTI es bastante intolerante y tajante en sus juicios.
El Bus de la libertad no habría hecho ningún ruido en los medios si las organizaciones defensoras de la diversidad sexual hubiesen ignorado lo que consideraron una provocación. Simplemente circularía por las calles y quienes estuvieran en desacuerdo lo harían saber a su paso. Empero, salimos a marchar y manifestarnos como si supiésemos hacerlo cívicamente, sin desorden. Se nos olvida que como país, somos una sociedad adolescente e incluso, infantil en muchos sentidos. Nos creemos dueños de la verdad e imponemos nuestra perspectiva, sin considerar que una postura está determinada en parte por la experiencia personal de cada individuo, su historia con todo lo que ello significa. Por tanto, cuando confundimos la libertad de expresión con imposición ideológica o dogmática, olvidamos ser empáticos.
Muchas veces no lo somos porque creemos que nuestra experiencia personal es la única válida y no nos interesa lo que otro pueda decir. Al respecto, el sufrimiento ajeno nos es indiferente y siempre deberíamos pensar en la felicidad de los niños como parte de su bienestar; los libros sagrados dicen que nuestros hijos no nos pertenecen y debemos dejarles volar con sus propias alas… Tenemos el deber de formarlos valóricamente, pero me he dado cuenta de que ahora los padres se limitan a proveerles cosas materiales casi sin límites, despreocupando el aspecto espiritual; un padre o una madre creyente, sin importar la conformación familiar, se preocuparía de hablarle a sus hijos sobre Dios y darle la posibilidad de profesar alguna religión, pero ahora sólo se espera que los infantes crezcan para decidir por ellos mismos si desean ser creyentes ya adultos. ¿Cómo podrían hacerlo sin conocimiento?
Un niño no debiera ser forzado a profesar una religión determinada, porque también creo que cada individuo es libre de elegir su creencia, estando informado… Me refiero a la responsabilidad de los padres en cuanto al cultivo de la espiritualidad, como parte de la formación. Está comprobado que desarrollar excesivamente los ámbitos materiales desde la niñez no satisfacen todas las carencias del individuo en su adultez. ¿Por qué hay tanta gente consumista compulsiva depresiva?
En el mismo estado de Facebook citado anteriormente, el usuario decía no estar obligado a amar, aceptar y respetar un hijo que siendo homosexual, contradijera los deseos del Creador; no lo pongo entre comillas porque habiéndolo eliminado de mis contactos, olvidé la cita textual… Esta parte tras la cual se citaba el Noble Corán en una referencia a la historia del profeta Lut (as), me pareció muy agresiva por considerar que la primera obligación de los padres es amar a sus hijos, pues todo lo demás incluyendo lo material es por añadidura… Siempre suplico a Allâh (cc) que me proteja de mí mismo para no lastimarme ni dañar a los demás y ciertamente pude haber comentado esa publicación, pero preferí simplemente eliminar al sujeto para evitar un enfrentamiento; tal vez él no acabaría reconociendo que sus declaraciones podían violentar a alguien y por mi parte, tampoco aplaudiría a un padre que discrimina a su hijo. Sería una conversación de sordos.
En esta sociedad no estamos acostumbrados a dialogar, no sabemos debatir; hablamos más y escuchamos mucho menos. Se comprueba cuando en las redes sociales, usuarios inescrupulosos amparados en pseudónimos, atacan a la yugular al personaje público que tenga una opinión distinta, desatando la polémica. Debemos bajarnos del púlpito y ponernos en los zapatos de quien criticamos.
Cuando hablamos sobre cómo desarrollar nuestro núcleo familiar, criar a los hijos e incluso enseñarles respeto antes que imposición al prójimo –sea desde una perspectiva religiosa o liberal–, son temas para ser tratados en la intimidad del hogar, no en el caos de las calles visto hoy. Se comprueba una vez más que cualquiera sea el punto de vista defendido, las radicalizaciones no aportan en nada.

lunes, 10 de julio de 2017

Bus de la libertad llega a Chile

Con respecto al famoso Bus de la libertad cuya idea fue tomada de España... ¡Qué mal puesto tiene el nombre! Usan demagogia para decirnos cómo debemos pensar y vivir dentro de una sociedad que debería ser pluralista, respetuosa e integradora. No me gusta usar el término tolerancia, porque eso implica aguantar a alguien en mi espacio aunque realmente no lo soporte; prefiero hablar de aceptación y respeto. Es obvia la manipulación mediática, porque dicen defender los derechos infantiles y la familia. ¿A quién le preocupaba antes un adolescente transexual o un niño abandonado? ¿Dónde estaban? Ahora nos dicen que debemos ocuparnos del asunto pero además, hacia qué lado remar, como si no pudiésemos decidirlo.
En todos los libros sagrados se dice que para Dios -Allâh- la homosexualidad es reprobable como actitud. Pero en ninguna parte se le da derecho a nadie para discriminar, humillar o maltratar homosexuales. Incluso se ha hecho creer al pueblo que la lucha de minorías sexuales por tener derecho a adoptar niños y así convertirse en familias homoparentales, es sólo un capricho de gays que quieren tener hijos. Hace algún tiempo se publicó un cuento titulado Nicolás tiene dos papás y en el bus hay una clara referencia homofóbica con la frase «Nicolás tiene derecho a un papá y una mamá».
Yo creo que alguien religioso tiene derecho a estar en desacuerdo con el modo de vida GLBTİ, pero no debe decirle a otra persona cómo vivir ni puede imponer su visión. Hace unos días leí por ahí : «¿No tengo derecho a decir que los gays no me gustan?»... Claro que sí, pero ciertamente a lo largo de la historia la gente intolerante ha impuesto su parecer y cometido atrocidades basándose en el derecho a la libre expresión sin aplicarlo a quien piense distinto. Ahí tienen el caso de la Inquisición llamada también Santo Oficio, que cometió genocidio enarbolando la bandera de la fe católica apostólica romana.
Además, como creyente, pienso que si alguien es homofóbico no debe justificar su intolerancia basándose en la creencia sino al contrario, ser franco y admitirse homófobo. Como dije al principio, los libros sagrados no autorizan para tomar represalias contra la comunidad GLBTİ. Detesto que alguien no pueda defender su punto de vista por sí mismo y utilice los libros sagrados como escudo para evitar ser objetado... Se encierran en una posición fundamentalista, nada empática y a fin de cuentas, poco respetuosa con el prójimo si es distinto.
Creo que toda persona debe ser respetada primero por su condición de ser humano, sin etiquetas; en un país libre, democrático, no deberían decirnos cómo pensar sino respetar la individualidad, la diversidad. ¿Acaso todos somos niños a quienes no se nos pueda soltar la mano? Nadie ha podido darse cuenta realmente de todas las vertientes del asunto y al final, cada uno entiende lo que quiere según su conveniencia, sin sacar nada en limpio y olvidando completamente a los niños o familias supuestamente defendidas.

viernes, 7 de julio de 2017

De las fotos filtradas al mercantilismo sexual

Recientemente es muy frecuente ver en los medios alguna noticia sobre famosos que se han tomado fotos íntimas y luego, misteriosamente se filtran desatando un escándalo, como si se tratara de un tema país. En realidad, ha habido casos sobre todo de mujeres, en los cuales las víctimas han sido incluso despedidas de sus empleos y no puede negarse que las consecuencias van más allá del reportaje en un programa matinal o farandulero.
Sin embargo, en otros casos sin importar la nacionalidad del afectado, el hecho de filtrarse fotos se toma casi como un chiste sobre todo si la víctima es un hombre. Entonces, podría ser apropiado aunque no siempre, sospechar que el incidente ha sido provechoso para potenciar la carrera profesional, a veces alicaída, del sujeto… Lo mismo suele ocurrir cuando una celebridad de quien hace tiempo no se habla, repentinamente sale del armario por la puerta grande.
En lo personal, siento que como espectador, a veces intentan meterme el dedo en la boca con el asunto de fotos íntimas filtradas. Algunas víctimas argumentan que su privacidad ha sido vulnerada, que las imágenes son falsas o no han dado permiso para publicar aquel material. Empero, en sus redes sociales todo es público y además, argumentan tomarse fotos desnudos para enviarles a sus parejas por WhatsApp debido a la ampliación actual experimentada por la sexualidad actualmente… No me vengan con cuentos.
En primer lugar, sin importar si son famosos o no, casi todos los usuarios de redes sociales buscan seguidores aunque no tengan nada qué decirle al mundo y por eso, algunos cometen el nefasto error de publicar contenido sin ningún filtro de privacidad, siéndoles prácticamente imposible asegurarse de que ese material no sea después utilizado por algún inescrupuloso; el ego pesa más cuando buscamos admiradores.
Yo tengo un perfil en Instagram, pero es privado porque aún siendo escritor, no me interesa tener veinte millones de seguidores a los cuales de ningún modo podría responder todos sus comentarios y mensajes. No es mi intención hacerme perfiles en redes sociales para publicar cinco selfies diarias sin importar quién las vea o comente. Por lo mismo, no sigo ninguna figura pública nacional salvo un escritor, pues la mayoría ignora a sus seguidores y sólo alimenta el ego con los halagos. Parto de la base que si no tienes ningún criterio selectivo al aceptar amistades en redes sociales –de las cuales muy pocas lo son realmente–, no puedes quejarte de que luego tus fotos aparezcan en alguna página que hasta desconoces.
Por otro lado, si bien en mis cuentas tengo algunas selfies, creo que es muy poco interesante postear cinco diarias y de algún modo la gente se agota. Prefiero poner fotos sobre los temas que me interesan como Turquía, comidas, películas, libros, hechos noticiosos e incluso personajes históricos. De esa manera me doy a conocer como persona y no sólo un maniquí.
Además, en cuanto al otro punto, no puedes alegar que violaron tu privacidad si para ti una expresión de la sexualidad es enviarle por mensajería instantánea fotos de desnudos a tu pareja. La intimidad no requiere de avances tecnológicos, porque implica el encuentro amoroso entre dos personas que se respetan… Y si quieres tener sexo casual con más personas sin necesidad de implicarte emocionalmente, eres libre de hacerlo; incluso puedes buscar compañeros sexuales en páginas como Badoo, Tinder, Match o Grindr. Pero si eres alguien famoso, no pretendas que los demás usuarios respeten tus fotos sin difundirlas ni niegues tener perfiles ahí.
De un tiempo a esta parte me molesta que no se transparenten las situaciones difundidas en medios masivos de comunicación. Últimamente cuando ocurren estas filtraciones, los rostros televisivos solidarizan tanto con el afectado que le victimizan a ultranza. ¿Pero dónde queda la responsabilidad de esta persona cuando decidió tomarse fotos desnuda, sin considerar los riesgos al ser un personaje público? Luego, aparecen dando entrevistas donde se lamentan de las consecuencias posteriores o niegan ser quien aparece en las imágenes aunque a todas luces sean auténticas y hacen uso de su credibilidad.
¿La marca de nacimiento, lunar o tatuaje te salió al revés? Cualquiera sabría que si la foto fue tomada frente a un espejo por ejemplo, todo sale del lado contrario.
¿Tu trasero no es tan bien formado como se ve? Bueno, existe el Photoshop que podrías usar si tu intención es tener más seguidores; si usas tanto maquillaje para salir en televisión, emplear este programa no te supondrá un impedimento. Hay otros casos en que por ejemplo, si la persona apoya su trasero sobre alguna superficie, se verá más turgente que estando parada.
¿Dices que le pusieron tu cabeza al cuerpo de otra persona o que no se ve tu rostro porque estás de espaldas? Pero a veces hasta se nota la joyería que usas como por ejemplo, collares.
No me considero un personaje público y tal vez si quisiera, podría tomarme fotos desnudo aunque por dignidad, actualmente prefiero no hacerlo. Pero si fuese famoso, jamás se me ocurriría… Algunos lo hacen sin pensar en el costo y sólo por divertirse un rato, pero después se dan cuenta del error e intentan poner un paño frío para no perder el empleo ni ver menoscabada su reputación. Según yo lo veo, si metiste la pata, es mucho mejor ser honesto y estar al pie del cañón hasta el final, admitiendo ser tú quien aparece en las fotos; total, es tu vida, es tu cuerpo y si quieres mostrárselo a todo el mundo, hazlo. Nadie te obligó ni te chantajearon y tampoco te drogaron, lo hiciste por voluntad propia; cuando un adulto toma decisiones, sean buenas o malas, debe vivir con el resultado.
Ahora se afectó a hombres. El primero dijo que habían sacado fotos de sus perfiles públicos en redes sociales y trucaron una donde supuestamente se ve su trasero reflejado en un espejo. Sin embargo, no demandará a quien las publicó en su propio blog gay de famosos chilenos desnudos y hasta se lo tomó con humor. Me alegro, porque siendo un rostro televisivo ha salido del armario y hablado abiertamente de su sexualidad, con naturalidad; no tendría sentido espantarse porque la comunidad gay y bisexual quiera verlo desnudo.
Esta figura pública nunca ha temido desperfilarse y también es bueno que tampoco permita a los medios encasillarle en un marco inquebrantable del profesional uniformado e incorruptible, pues antes que todo es un ser humano con luces y sombras como todos. Lo peor es pretender construir una imagen incorruptible, como si estuviésemos por encima de los demás seres humanos, pues nadie es infalible.
El segundo admitió que las fotos eran suyas, incluso una frontal. Pero negó haber dado su permiso para publicarlas en alguna página gay. Sin embargo, lo bueno en su caso es que considera natural la desnudez. A mi parecer, si estas fotos trucadas o expuestas sin autorización causaron tanto revuelo, ambos deberían publicar imágenes auténticas para que los demás hablemos con razón y no nos llenemos de aire la boca. Entonces, podrán enorgullecerse diciendo «Esto es mío» pero además, conseguirán muchos más seguidores porque a fin de cuentas, a eso se reduce en la mayoría de los casos.
Un programa de farándula le consultó al dueño del blog gay donde se publicaron estas imágenes y sin especificar nombres, se defendió diciendo que la mayoría del material se lo envían los dueños por chat. Desconozco el aspecto legal y puede ser absolutamente equivocado, pero dependiendo de la conversación sostenida y mantenida en privado, basta con decir «Puedes hacer lo que quieras» para darle al individuo un permiso implícito aunque la intención no fuera esa.
En lo personal, creo que siempre se debe utilizar el sentido común… Si estoy chateando con el dueño de un blog donde se expone material de desnudos y le envío mis fotos, debo deducir que aún sin darle una autorización explícita, estoy arriesgándome. Además, actualmente es incluso ingenuo creer la seguridad tecnológica; en primer lugar, toda foto se toma para ser mostrada y no guardada bajo siete llaves pero en segundo, si queremos mantener nuestra privacidad deberíamos tener siempre presente cuan vulnerable es todo contenido virtual, sin importar cifrados, respaldos ni complejas contraseñas.
Algunos son muy inseguros en alguna medida; excepto yo porque sé que soy feo, pero no necesito publicar fotos íntimas para saberlo… Ya en serio, antes buscábamos la validación personal estudiando una buena carrera pero hoy la perseguimos mediante opiniones de terceros sin siquiera conocer a quienes nos dan los dichosos Me gusta, sin importar cuánto debamos hacer para conseguirlos.
A menudo cuando perseguimos tanto la aprobación de terceros, aunque sea vacía y a través del exhibicionismo, es porque arrastramos algún trauma con frecuencia desde la niñez porque nuestros compañeros de clase nos molestaban por ser gordos, flacos, tímidos, pálidos, pecosos, padecer acné o alguna otra circunstancia… En mi caso no me avergüenza decir que mis compañeros me robaban la colación a pesar de sufrir diabetes e incluso, por usar una silla de ruedas y serme imposible avanzar con ella entre los pupitres, estaba obligado a gatear y algunos me llamaban como si fuese un perro, silbándome; cuando estaba hincado, se aproximaban diciéndome «Aprovecha la altura» para sugerirme hacerles un felatio. Aunque parece cruel, no puedo pintarme como una víctima indefensa e incapaz de responder, pues sí lo hacía. Nadie puede decirse víctima del hostigamiento sin haber correspondido en alguna medida. Pese a todo, todavía tengo muy buenos amigos de aquella época, pues comprendí que a esa edad sólo tenemos ganas pero ninguna madurez. A veces estos traumas perduran hasta la adultez aunque no hagan efecto nefasto.
Inevitablemente hemos caído en un espiral de degradación personal donde si no tenemos seguidores, nos frustramos y si queremos sexo, lo buscamos en cualquier parte, sin importarnos ningún vínculo emocional ni empático con el otro. Como resultado, mercantilizamos la intimidad al punto de cosificar al prójimo, quitándole su valor como individuo pensante y emotivo. Peor todavía, nosotros mismos nos restamos valor, engañándonos al pensar que la autoestima consiste en conseguir un elogio insignificante… Publicamos una imagen supuestamente íntima en la cual a veces ni siquiera mostramos el rostro sino sólo un trasero o la genitalidad, como diciendo «Esto es lo que ofrezco».
Ahora es tan fácil llegar a un desnudo buscando pornografía, viendo televisión, en el cine y tantos otros medios, que el cuerpo humano ha perdido gran parte de su belleza al mostrarse no como estética sino más bien, como mero objeto.
Al contrario, deberíamos valorarnos, respetarnos y aceptarnos mutuamente primero por nuestra condición como seres humanos, lo más básico. Lamentablemente todos los fenómenos de relación dados en redes sociales ni siquiera se aproximan a la complejidad del diario acontecer en la intimidad del vincularse desde cualquier vereda entre las personas.
Tal vez en muchos artículos soy impopular por no opinar como lo hacen las masas, generalmente manipuladas por los medios y que en gran parte tampoco se interesan por informarse o simplemente deducir… Pero no me importa, porque tengo una opinión propia, analítica, crítica, constructiva, pensante y no me limito a repetir ciegamente.

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Yahya. Carlos Flores A.
Escritor chileno.