«Quien no conoce Estambul, no conoce el amor».

Yahya Kemal Beyatlı.

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martes, 14 de abril de 2015

Adiós al Sr. G. H.

Ayer se promulgó la Ley de Acuerdo de Unión Civil, mediante la cual parejas hetero y homosexuales consiguen igualdad de derechos con respecto a algunos asuntos relevantes de la convivencia.
Hoy, después de casi dos meses sin escribirle nada, se me ocurrió bromear con el Sr. G. H. y le escribí en su muro "Ahora te puedes 'casar'. Tienes pololo y Ley". Él respondió bromeando sobre no tener un vestido y obviamente el asunto fue creciendo con los típicos comentarios referidos a que no podía ser blanco hasta que aludiendo a su orientación sexual por demás difundida abiertamente en su perfil, le sugrí que el banquete de bodas podría ser en el 282.
A causa de esto, me puso "Se nota que no me conoces entonces, recuerda que tengo un novio y puede creer que lo que me dices es cierto".
Cabe mencionar que ya antes había dejado de seguirlo porque últimamente me acusaba de causarle conflictos con sus otras amistades, así que mi respuesta inmediata fue: "Todos los comentarios que te he hecho hasta ahora en esta publicación han sido bromas, de ahí las risas o chistes. Quien te conoce bien, lo sabe. Si alguien cualquiera creyera que mis palabras son ciertas, bastaría con decirle que apenas me has visto dos veces en la vida. La última vez que me escribiste, dijiste que esto era (...) y no la vida real. Aplicalo y riete un rato".
No pasó ni una hora y me eliminó enviándome previamente un mensaje privado reclamándome por haber peleado con su novio, que no entendió como bromas mis palabras y aunque reconoció que es su problema, me hizo responsale de su disgusto. Más aun, se dio vueltas diciendo que simplemente debía cortar el problema de raíz (eliminarme) sin previa explicación, pero me escribía porque en general fui buena onda. Sin embargo, esta última situación le trajo coletazos con terceros.
Así fue como me eliminó, pero aproveché de aclararle algunos puntos por última vez.
La primera vez que lo tuve agregado, hace cuatro años, recuerdo que lo eliminé, pero no diré el motivo porque tampoco viene al caso, aunque se lo dije apenas me agregó por segunda vez y di por hecho que todo había quedado suficientemente definido como para no tener una secuela.
No tengo ningún interés en causarle problemas y la muestra está en que dejé pasar harto tiempo desde que me escribió, para decirme que yo entraba en conflicto con sus amigos.
Ciertamente no me corresponde hacerme cargo de los problemas que tenga con su novio ni con ninguna otra persona, básicamente porque no soy nadie significativo, que ejerza influencia en él o pueda entorpecer sus relaciones. Al parecer, eso es algo que nunca ha entendido, ni la vez anterior ni ahora.
Me parece muy lamentable, y por qué no decirlo inmaduro de su parte, que me haga pagar los platos rotos, eliminándome por una pelea que tuvo con su novio, que no supo aclarar, en la cual no tengo ninguna responsabilidad y que seguramente pasará en dos días. Desperdició por segunda vez la amistad conmigo que podría haber crecido con el tiempo.
Es injusto también que me culpe de tener tanto protagonismo en su vida, como para causar peleas con su novio, siendo que apenas nos hemos visto dos veces y es muy improbable que haya una tercera.
Es cierto, he tratado de ser buena onda dándole consejos o haciéndole bromas pero al parecer, siempre acabo causándole conflictos o resulto demasiado serio. No tengo ese toque preciso de alegría y buen gusto para que a sus contactos les parezca bien que me tenga agregado en su perfil. ¿Se entiende lo que trato de decir o necesito ser más específico? Es demasiado desgastante que deba conseguir la aprobación y simpatía de terceras personas que ni siquiera conozco, para que él me tenga en sus contactos. Imagínense si mis dichos debieran ajustarse al gusto de todos los amigos de mis trescientos nueve contactos actuales. ¡Qué locura!
Ni siquiera quise comentar sus publicaciones sobre su relación, para que nadie me acusara de querer boicotearla. Eso es imposible porque no tenía por él un interés que fuera más allá de las redes sociales y sólo tal vez con el tiempo, una amistad, pues ni siquiera nos conocimos lo suficiente.
El último párrafo reza: "Bueno, si tu decisión de borrarme se mantiene, espero que te vaya bien. Pero si al contrario, rectificas y me agregas, no publicaré ni comentaré nada para evitarme malos ratos. Eres tú quien debe hacerse cargo de los conflictos que tengas con tu pareja, no yo". Si alguien me agrega en sus contactos de cualquier red social y no me permite comentar ni escribirle nada o incluso me acusa de causarle conflictos con terceros, no tiene sentido que me agregue y ya son dos veces que he tenido en mis contactos al Sr. G. H. Entiéndase que al decirle "
Pero si al contrario, rectificas y me agregas, no publicaré ni comentaré nada para evitarme malos ratos", no le estoy dando una nueva oportunidad sino al contrario, en el remoto caso de que quisiéramos agregarnos, lo ignoraría completamente y por lo tanto, sería absurdo.
Generalmente tengo mucho cuidado con lo que digo en redes sociales y a veces, prefiero ni siquiera opinar, porque algunas personas son demasiado susceptibles. En este caso, hace tiempo que tenía agregado al Sr. G. H. pero no lo seguía, porque no me permitía comentar sus publicaciones. Nos hemos visto dos veces en cinco años y no debo hacerme responsable de que él no sepa manejar los límites que debería poner a cada una de sus relaciones y espacios..
Si ventilas tus asuntos íntimos en redes sociales, le das derecho implícitamente a terceros para que opinen sobre tu vida privada y te den coletazos. Pero la influencia que tengan o el protagonismo que cobren, depende de ti. Lo que hizo se denomina transferencia de culpa porque me responsabilizó del conflicto que tuvo con su pareja por una simple broma, pero yo no fui el único que comentó la publicación; él también lo hizo y sabe que sólo se trataba de bromas... Si hasta hice un chiste sobre la Caperucita Roja porque quería un vestido para casarse.

Lo correcto en este caso para una persona adulta y madura -lo primero no siempre implica lo segundo-, sería hablar con su novio calmadamente y explicarle que no accederá a la exigencia de eliminarme, porque sólo hice una broma, no tienemos mayor relación y no se trata de nadie importante. Es necesario a veces demarcar los límites para ambos lados en el sentido de que tu pareja no debería determinar a quién agregas en tus redes sociales, porque son relaciones distintas con su propio espacio. Algunas personas cometen el error de sacrificar amistades que podrían durar, por las exigencias de una relación amorosa que tal vez no dure si la pareja se escandaliza por cualquier simple razón. Cualquiera sabe que las parejas van y vienen pero los amigos quedan; al menos así debería ser.
Cualquiera que analice las recriminaciones del Sr. G. H. o su círculo cercano en relación a mí, consideraría seriamente que me ven como competidor peligroso al momento de ganer su afecto o terreno influyente en su vida. Pero nada más lejos de la verdad, porque soy un tipo normal e incluso por debajo del promedio, pues ni siquiera me interesa buscar mayores vínculos y si los encuentro, intento cuidarlos.
A partir de ahora, me hago cargo de lo que digo y no de lo que los demás entiendan, ni de cómo se lo tomen. Sr. G. H. me eliminó de su perfil y yo a él de WhatsApp, porque ahora tengo demasiadas cosas en mi vida y en la cabeza, pero no me queda tiempo para aproblemarme por sus peleas de pareja o los coletazos que le den sus amigos; debería entender que en esta vida, no cualquiera puede ser considerado amigo y que el verdadero amor no es un espíritu simple..., pero ahora tendrá que darse cuenta sin mi ayuda, así como tampoco la necesita para boicotear sus amistades.

Tuvo que eliminarme porque a su pareja no le gustó una broma que hice ni aprobó nuestra amistad. Espero que le vaya bien en su relación. Los turcos tienen un refrán que reza "Bekarlik sultanlıktır" ("El celibato es sultanato" o bien "Ser soltero es ser sultán") y se refiere a que cuando te casas o tienes pareja pierdes tu autonomía, tu individualidad, tu espacio.

NOTA: Sr. G. H. y su novio finalmente fueron bloqueados en mi perfil.

viernes, 20 de marzo de 2015

Augusto Schuster acusado de homofobia


Anoche el actor Augusto Schuster fue parte de la parrilla programática en un nuevo capítulo de Vértigo, emitido por Canal 13, quedando en segundo lugar después de Lola Melnick.
A pesar de que el joven protagonista de Pituca sin lucas se esforzó en desplegar todo su encanto incluso cantando, perdió muchos puntos con la teleaudiencia, que se lo comió vivo en las redes sociales cuando le tocó hablar en el segmento La caja de los secretos. Narró un viaje con amigos y compañeros de trabajo a Montevideo donde hubo un momento que Schuster catalogó como “confuso”, y en el que uno de los varones presente comenzó a acosarlo, por lo cual él decidió “demostrar su virilidad” intimando esa misma noche con una fémina.
Ni bien acabó de decir esto y en Twitter comenzaron a acusarlo de ser homofóbico e incluso un homosexual no asumido. Es esto lo que me motiva a escribir este artículo no sin antes aclarar que con toda seguridad, el actor me es indiferente aunque reconozco su talento.
Para empezar, tal vez él usó mal las palabras porque virilidad y heterosexualidad no son conceptos necesariamente relacionados. Sinónimos de virilidad son hombría, masculinidad, fortaleza, reciedumbre, valor, energía, poder, firmeza, potencia, entereza y madurez. Sin embargo, suponer que un homosexual es inevitablemente afeminado no demuestra sino la ignorancia e incluso tal vez el prejuicio de una persona. Una persona homosexual puede perfectamente mantener relaciones sexuales con alguien del sexo opuesto y seguir siendo gay, muestra de ello es que hasta hace algunos años en Chile, cuando la comunidad GLBTI era severamente reprimida e incluso exterminada, muchos gays se vieron en la obligación de casarse con mujeres y hasta tener familia para sobrevivir.
Pretender que al acostarse con una mujer ahuyentaría a todos los homosexuales que le siguieran, es otra muestra de inmadurez e inseguridad. ¿Pero cuánto podría esperarse de alguien que tiene apenas veintidós años y ya es conocido en varios países? Su actitud se justifica sólo con el hecho de que ser famoso no le exige aceptar que cualquier persona se le acerque. Sólo en Twitter tiene ya doscientos sesenta y tres mil trescientos cuarenta y seis seguidores (263K), pero eso no significa que siempre deba esforzarse en complacerlos a todos y no pueda elegir con quién quiere estar o tampoco se le permita delimitar sus espacios personales como mejor le parezca.
¿Algún usuario que comentara este hecho se puso a pensar en ello? Si quisiera especular, podría decirse que el actor debió acostarse con una mujer después de haber rechazado muchas veces al compañero que lo acosaba, pues si únicamente hubiese sido una oportunidad, no se habría molestado en especificar que le insistió.
Bajo el razonamiento de Schuster, que se acostó con una mujer para demostrar su heterosexualidad cuando un gay lo acosó, todos deberíamos ser extremistas. A mí por ejemplo, si alguien me presionara para beber alcohol, podría simplemente decirle que como musulmán, tener contacto con licor me resulta haram o prohibido y no debo ceder a las presiones del grupo donde pudiere ser obligado a asumir una conducta extrema e incorrecta. Del mismo modo, si el actor sintió en alguna medida que su orientación sexual era puesta en duda sólo por gustarle a un gay que lo manifestó abiertamente, bastaba con ser enfático en decirle «Me gustan las mujeres y tú sólo puedes ser mi amigo, pero nada más. No insistas». Ahora lo tachan de gay encubierto y hasta homofóbico por no haber sabido cómo sostener correctamente su postura.
Se entiende que al ser famoso, Augusto es considerado un buen partido y además, muchos admiradores lo desean. Si fuese desconocido, otro gallo cantaría porque como siempre digo, sin importar la orientación sexual todos tenemos derecho a enamorarnos o sentirnos atraídos por alguien pero en la inmensa mayoría de los casos, sólo nos atrevemos a dar el paso de aproximación si tenemos motivos para creer que seremos correspondidos. ¿Se entiende? Atraer a un individuo sin hacer nada para dar pie a ello está al alcance de Schuster y algún otro suertudo por ahí. Tal vez él podría molestarse con el acoso gay si fuese anónimo, pero al ser un personaje tan público, esto es parte del costo a pagar.
No obstante, decir que un sujeto es homofóbico o gay no asumido es demasiado grave y más considerando que el argumento sea una simple declaración pública de alguien que insisto, apenas hace cuatro años salió del liceo. No estamos hablando de un tipo con cincuenta años en el cuerpo que no tiene necesidad de demostrarle su orientación sexual a nadie y para quien las críticas emitidas en Twitter le pueden servir como papel higiénico. Más bien estamos hablando de un chico que diariamente se ve enfrentado a juicios valóricos demoledores sobre cada gesto, palabra o participación pública que tenga a su corta edad y sin contar con asesoría constante. Pensó que contar eso sería divertido porque tal vez desde que ocurrió hasta ahora, lo ha considerado un hecho gracioso. Lo que finalmente consiguió es que gente prácticamente anónima, cobarde, que puede usar cualquier nombre de usuario y no necesariamente identificarse, lo acusara de ser homofóbico y homosexual no asumido.
Si yo emplease el mismo descriterio para hacer afirmaciones olvidando pensar, podría sin dar nombres ni acusar a nadie en específico, especular que más de alguien escupió veneno porque quiere acostarse con Schuster y sabe que jamás podrá hacerlo… También podría asegurar irresponsablemente que quienes opinaron están celosos del obvio éxito que tiene con las mujeres. Lo que acabo de decir es una estupidez del mismo calibre que la sostenida por tantos usuarios criticones en Twitter, quienes emplean de modo nefasto los ciento cuarenta caracteres pero si se les diera el mismo espacio que el presente artículo, no podrían decir nada mejor.
Tengo la impresión de que muchas veces los usuarios en redes sociales publican frases funestas contra alguien para desquitarse de la rabia almacenada durante un traumático período en sus vidas, porque se sienten tan miserables que necesitan imperiosamente compartir esa desdicha arruinando al prójimo o simplemente porque creen y desean ser tan famosos como el personaje público al que critican. A todos ellos les tengo una mala noticia: Augusto Schuster le da a sus opiniones el mismo valor y utilidad que lo dejado después de una visita suya al sanitario.
Mis palabras pueden parecer duras pero no quiero que me malentiendan. Estoy defendiendo encarnizadamente al actor porque a su edad tiene derecho de ser espontáneo y no creo que sus dichos tengan la intención de atacar a la comunidad GLBTI; la verdad es que si hubiese tenido más cuidado, lo habrían criticado por ser poco auténtico y le restarían credibilidad. Cualquier cosa que dijera les habría parecido mal; a muchos Twitter les sirve para escupir sin importar contra qué o quién.
Leí opiniones de gente gay acusándolo de esconder su verdadera sexualidad. Son heterofóbicos porque quieren que toda la sociedad sea parte de la comunidad GLBTI y si no logran que alguien asuma una supuesta orientación determinada, lo sacan forzosamente del armario, atribuyéndose el derecho de exponer a otros cuando en realidad dándose el caso, revelar algo tan privado es decisión individual. La heterofobia y la homofobia son igualmente molestas porque expresan discriminación y el empeño inútil de un individuo en imponer a otro su propia manera de llevar la vida íntima. La única diferencia y bastante importante es que la primera no causa que se mate a heterosexuales, pero no deja de ser discriminativa.
Las mismas personas lo acusan de ser homofóbico. Por favor, no cometan el error de subestimar a la gente pensante. Aunque no les guste afrontarlo, existen homosexuales que detestan a las lesbianas o discriminan a otros gays por no salir del armario, no frecuentar el ambiente o un gimnasio, ser gordos, viejos, calvos, inexpertos o algún otro detalle específico como no vestir a la última moda. Eso también es homofobia señores, aquí y en cualquier parte del mundo. ¿Homosexuales homofóbicos? No sé cómo se tolera eso pero efectivamente existe.
Espero que quien lea mis palabras sepa abordarlas con intelectualidad si corresponde o al menos, altura de miras como la que muchas veces no hay en las redes sociales.

viernes, 6 de marzo de 2015

Vínculos rotos

Durante estos días he pensado mucho en los afectos perdidos durante la vida, por la muerte, el distanciamiento y hasta el conflicto. Generalmente no soy orgulloso y la prueba está en que cuando debo disculparme por algún error, soy agobiante. Sin embargo, uno se encuentra muchas veces con gente soberbia que nunca reconoce sus equivocaciones ni hace nada por enmendarlos… Últimamente me ha pasado que tropiezo muy seguido con esta clase de personas o bien, con algunos que en realidad no tienen ningún interés en mí como persona y para ellos, sólo soy un perfil de redes sociales. Ésta no es la manera correcta de relacionarse.
Sé que es duro atacar en el primer párrafo de esta manera, pero ya que no doy ningún nombre, nadie debería tomarlo como algo personal pues cada uno sabe lo que hace y sus razones. Yo sólo estoy dando las mías para no callarme más y ambas perspectivas son igualmente válidas para quienes las esgrimimos. Si bien es cierto que podemos estar en desacuerdo unos con otros –porque nunca aprobaré que una persona sea emocionalmente despreocupada o excesivamente orgullosa–, llega el momento en que precisamente por salud mental y emocional, uno debe poner en la balanza las situaciones para decidir en qué casos se debe insistir con los afectos y cuándo seguir el camino.
Yo creo que sólo se debe ser orgulloso en última instancia y para salvar el honor, cuando ya no tiene caso disculparse y comienzas a humillarte. Pero hay personas para quienes salvar el orgullo es lo primero y nunca dan su brazo a torcer. Con esta gente no puedo lidiar si soy el agraviado; en otras palabras, si es conmigo que han cometido el error, doy un tiempo para que se arrepientan y den marcha atrás pero si no lo hacen, me parece incorrecto ser quien vaya tras ellos, porque simplemente no les interesa. Es como si al saludarlos, les dijera que estoy bien sin que me hayan preguntado; sería ridículo.
Así es como se pierden amistades valoradas que en realidad, no eran tan fuertes como uno creía. La culpa es mía por pensar que realmente durarán toda la vida y ésta insiste en demostrarme que algunas personas, siendo muy buenas en su momento, después no lo son porque sólo están de paso y desgraciadamente, han escogido las peores maneras para despedirse, sin siquiera considerar los catastróficos efectos emocionales que tiene una discusión para terminarlo todo. Al respecto, a veces las relaciones acaban por razones estúpidas o la incapacidad de algunos para resolver las diferencias dialogando e increíblemente, lo que desarrollan es una irritante hipersensibilidad, pues se ofenden por cualquier cosa sin notar que la crítica en sí misma es una muestra de afecto, no un intento por destruirlos. Explicado de manera más simple, alguien que critica quiere corregir un defecto que te puede hacer sufrir producto de los errores cometidos y para darse cuenta, se necesita ser humilde; las personas complacientes que nunca te critican, no te quieren, porque no les importa que tus equivocaciones causen desastres.
En mi vida ha habido personas que salieron estrepitosamente, por traiciones demasiado evidentes y reiterativas, pues no soporto a la gente desleal y fue precisamente por alguien así que preferí alejarme de Tarkan Fans Chile Club Oficial. Este párrafo merecería una mención aparte en un artículo propio y muy extenso, donde explicara desde cuándo y cómo terminó todo luego del viaje a Turquía en 2011. Sin embargo, por dignidad no hablaré del asunto ni mancharé una experiencia que inicialmente fue muy bonita. Sería desagradecido con Allâh (swt) si me empeñara en recordar deslealtades que ya disculpé en desmedro del viaje más bello que he hecho hasta ahora.
En otros casos, los afectos se enfrían por la vanidad de algunos que en lugar de tratarte como amistad, te consideran un admirador o seguidor, pero nunca se dan el tiempo para responderte un «¿Cómo estás?» apropiadamente, también porque no les interesa. Hasta el año pasado tuve agregada en Facebook a una persona que constantemente decía «Tengo ochocientos amigos en Facebook y en Twitter», pero yo pensaba «¿A cuántas de esas personas conoces o les importas, para poder llamarles tus amigos realmente? ¿Cinco, seis?»; tal vez eran incluso menos. Pero como no me gusta ser considerado admirador de nadie, esa persona fue eliminada y ni siquiera se dio cuenta de que ahora tiene setecientos noventa y nueve seguidores. Puede ser que mi afecto, mi amistad e incluso mi amor sean fáciles de conquistar, pero ganar mi admiración es bastante más difícil; muy pocos la han alcanzado y menos han sabido mantenerla.
No nos pisemos la capa entre superhéroes. Nadie tiene perfiles en redes sociales sólo para contactarse con ex compañeros de colegio o parientes. Ahora cualquiera puede ser un analista social en sus diversas vertientes y a veces, con muy poco criterio hablar sobre temas que en una conversación entre amigos siempre resultan conflictivos: política, religión, farándula o cualquier otro. Sin embargo, esto se ha traducido en que muchos usuarios persigan el objetivo de tener admiradores que siempre estén de acuerdo, sin importar la estupidez que sea publicada porque claro, no tendría sentido opinar sobre nada si no tuviésemos nadie que nos leyera y se deshiciera en halagos.
¿Y por qué existe gente que siempre nos elogie, aunque en nuestra foto de perfil tengamos una cara monstruosa? Muy simple: porque estos zalameros también necesitan atención y se conforman con un «Me gusta» cada vez que comentan algo. Es en el fondo, una gran máquina exaltadora de egos. Si estuviésemos hablando de sexo, podríamos decir que tiene la misma mecánica de una orgía, donde todos buscan la satisfacción de saberse atendidos aunque algunos quieran orgasmos mientras otros se conforman con besos en la mejilla. Se da el mismo fenómeno cuando sigues a personalidades famosas: sabes que jamás te responderán un comentario y aún así, les presumes a todos tus cercanos que lo tienes agregado; pero si por educación ese famoso también te sigue, alcanzas el éxtasis y eres capaz de salir a gritarlo por las calles con megáfono.
Sea porque necesitan la admiración o la atención de desconocidos, hay quienes agregan en sus redes sociales indiscriminadamente a todo aquél que les solicita amistad e incluso tienen posteos públicos gracias a los cuales cualquiera puede enterarse de todo lo que hacen, dónde van o información que debería ser privada. Yo soy más cuidadoso con eso porque mis publicaciones sólo las pueden leer ciertas personas que tengo agregadas por grupos y además, como en el caso de la persona que decía tener ochocientos amigos, si dentro de un tiempo prudente noto que alguien nunca me comenta nada ni responde mis saludos, simplemente lo elimino e incluso, he llegado a bloquear gente, aunque parezca extremista.
Sí. Es verdad que pocas veces la gente comenta mis publicaciones pero por otro lado, tampoco me gustaría recibir treinta notificaciones diarias ni tampoco necesito eso para sentirme querido por quienes realmente me importan. Hay que saber diferenciar entre los verdaderos afectos y aquellos que simplemente son conocidos.
No pretendo que mi número de amigos en las redes sociales descienda dramáticamente, pero escribo esto porque a veces espero demasiado de personas a quienes no les importo. Hace tiempo tuve una amistad que duró apenas dos años y cuando terminó, nunca me escribió ni telefoneó para preguntarme las razones, en parte porque creo que ya las sabía. Sin embargo, tiempo después de mi viaje a Turquía, me enteré de que estaba preguntándoles por mí a amistades comunes. ¿Por qué nunca tuvo el valor de buscarme directamente? Tal vez ese simple gesto me habría hecho reconsiderar mi decisión, pero es posible que su ego haya podido más. Ahora, aunque Sr. L me buscara, no tendriamos nada en común y no es que antes lo hayamos tenido, pero nos llevábamos relativamente bien. Siempre me ocurre que mis amistades me valoran demasiado tarde, porque creen tenerme seguro hasta que me pierden.
Es lamentable pensarlo pero a veces, los vínculos se rompen y no siempre es uno quien debe poner todo el esfuerzo para mantenerlos. En cuanto a las redes sociales, los que realmente me importan lo saben, porque constantemente demuestro mi interés y en la vida real, es igual.

viernes, 27 de febrero de 2015

Muere Leonard Nimoy

El actor Leonard Nimoy, popular por su papel del Mr. Spock en la serie Star Trek y las películas de la franquicia, ha muerto a los 83 años de edad, según informan medios estadounidenses. Su mujer, Susan Bay Nimoy, ha confirmado el fallecimiento a The New York Times.
Este es el último tuit del actor, enviado el pasado 23 de febrero.
Muchos han sido los actores que han sufrido la pesadilla del encasillamiento. Otros jamás han podido superar el peso del personaje más memorable que marcó sus carreras. Pero el caso de Leonard Nimoy, a quien todo el mundo recordará siempre como el racional Spock de la serie Star Trek, mitad humano, mitad vulcaniano, es ligeramente distinto. Nimoy no fue ni un actor encasillado, ni alguien que no pudo sobreponerse a una única interpretación memorable, sino que fue uno de esos pocos privilegiados que podían presumir de encarnar, de la cabeza a los pies, a un poderoso icono de la cultura popular. “Mi trabajo era lograr que el personaje fuese creíble”, declaraba el actor en una entrevista concedida en 2008, un año antes de retomar al personaje en la película de J. J. Abrams que relanzaría la franquicia Star Trek, “Spock es un personaje muy interesante, inusual, muy inteligente. Pienso que a la gente le gusta su inteligencia. También tiene sentido del humor, es extremadamente fiable, útil en toda crisis, alguien capaz de resolver problemas y, sobre todo, un buen amigo de los humanos”.
El peculiar equilibrio de fuerzas entre el sanguíneo, chulesco y emocional capitán Kirk que encarnaba William Shatner y el racional, gélido, pero siempre preciso en el uso del sobreentendido Spock definió, en buena medida, el poder de seducción de esa serie de ciencia-ficción, creada por Gene Roddenberry en 1966, que, tras su prematura cancelación en su tercera temporada, alentó uno de los más complejos –y longevos- fenómenos de fans en la historia del medio. Bajo la piel de Spock, Nimoy fue mucho más que un actor de escueta expresividad con puntiagudas orejas de maquillaje: el actor, nacido en Boston el 26 de marzo de 1931, consiguió articular toda una filosofía de la vida, sin renunciar nunca a un palpable sentido del humor. El mítico saludo del personaje fue, de hecho, invención suya: un gesto forjado a imagen y semejanza de esos sacerdotes judíos que formaron parte esencial del entorno familiar del actor, que tuvo en la defensa y divulgación de las raíces culturales del judaísmo ortodoxo otra de las grandes pasiones de su vida.
La larga y próspera vida de Nimoy terminó este pasado viernes 27 de febrero, a consecuencia de una enfermedad pulmonar obstructiva crónica que le fue diagnosticada cuando llevaba treinta años sin consumir tabaco. Nimoy había anunciado su retiro en abril de 2010, pero fueron diversos los trabajos, todos ellos relacionados con la aureola mítica de Spock, que le reclamaron a partir de ese momento, convirtiendo su supuesta jubilación en deseo perpetuamente postergado: en los últimos años, Nimoy fue el Spock en una línea temporal paralela en las dos películas de Star Trek de Abrams, pero también el memorable e inquietante William Bell de la serie Fringe, la voz de Sentinel Prime en Transformers: el lado oscuro de la luna (2011) de Michael Bay –que, por cierto, era el primo de su esposa Susan Bay Nimoy- y el sueño mitómano de Sheldon Cooper en un episodio de The Big Bang Theory.
Algo escrito en el firmamento, si es que tenemos que creer en estas cosas, parecía predestinar a Leonard Nimoy a un largo compromiso con la ciencia-ficción antes de ser Spock: abundan los títulos del género en el primer tramo de su filmografía, como el serial de la Republic Zombies of the Stratosphere (1952), la memorable monster movie de Gordon Douglas La humanidad en peligro (1954) y la paupérrima pero imaginativa adaptación de un clásico de Robert Heinlein The Brain Eaters (1958) de Bruno VeSota. Pero el actor tenía también otras inquietudes, como su interés por el teatro de Jean Genet: Nimoy no sólo apareció en la adaptación cinematográfica de El balcón que dirigió Joseph Strick en 1963, sino que produjo y protagonizó la adaptación cinematográfica de Severa vigilancia que dirigió Vic Morrow en 1966.
Nimoy, que dirigió dos películas de la saga Star Trek y cambió de género para firmar la película más taquillera de 1987 –Tres hombres y un bebé-, alternó la interpretación en películas y series con una carrera como fotógrafo artístico, con predilección por el desnudo femenino. También tuvo sus candorosos extravíos en el territorio de la música folk vertiente bizarre: su disco Mr. Spock’s Music from Outer Space es todo un clásico trash. Que escribiera dos libros de memorias de títulos contrapuestos –I Am Not Spock (1975) y I Am Spock (1995)- da fe de que, si bien alguna vez mantuvo una relación de amor/odio con su personaje, finalmente aceptó que la inmortalidad vulcaniana era su destino.

Fuente: El País.com.

martes, 24 de febrero de 2015

Síganme los buenos

Esta tarde me hice otra cuenta de Twitter en @carlosfloresa77 principalmente porque algunas personas con quienes quiero estar en contacto, increíblemente no usan Facebook.
Ya había entrado antes a esta red social y no me satisfizo como esperaba, pero es posible que ahora sea diferente, teniendo nuevos contenidos para tratar e interactuando con gente y medios de comunicación masiva que desarrollen temáticas interesantes.
Ahora pueden seguirme en Blogger, Facebook y Twitter.

viernes, 20 de febrero de 2015

Mi actual parada frente a la vida

Tarde o temprano, llega una edad para pararse frente a la vida y decir «Éste soy yo y de acuerdo a mis circunstancias, así veo el mundo». Pues bien, hoy he charlado con mamá durante la tarde como acostumbro hacerlo y he llegado a ciertas conclusiones con respecto a sucesos que han tenido lugar en mi vida durante los últimos trece meses, que preferí callar porque no son únicamente mis problemas y la demás gente involucrada no merece ser expuesta… ¿Para qué? Sin embargo, ahora con la mayor delicadeza que me permite el ser escritor, quiero decir ciertas verdades, sabiendo que algunos concordarán conmigo y otros no; pero cuando llegas a este punto, te da lo mismo, porque sólo importa decir lo que tienes atorado en la garganta. Espero tengan paciencia para leerme considerando el tiempo invertido en escribirlo y además, puede que a muchos de ustedes ya adultos esto no les sirva, pero lo dejo para gente como mis sobrinos, que mediante Allâh (swt) podrían alcanzar una edad en la cual puedan asimilar mis palabras. Aquí va:
1.-       Yo, Yahya, soy musulmán y si Allâh (swt) así lo quiere, dejaré esta vida siéndolo. La religión es un método simple para relacionarnos con el Creador y no debemos permitir que un ser humano imperfecto nos lo complique, imponiéndonos su modo de práctica. Si aceptamos que otros interfieran en nuestra relación íntima con Allâh (swt), corremos riesgo de que nos transfiera sus temores, prejuicios y culpas. La religión nos permite acercarnos al Creador, pero ninguna persona tiene derecho a decirnos lo que Él piensa o cómo actuaría en cada caso, pues Él ve nuestros corazones y sabe lo que nadie más conoce.
2.-       Siempre he dicho que al hacer Shahāda, acepté los planteamientos del Islam pero no inicié una carrera hacia la santidad. Soy el primero en reconocer mis limitaciones humanas físicas, psicológicas y emocionales, algunas de las que me doy cuenta y otras que ni siquiera noto pero los demás sí. No hice Shahāda para creerme perfecto ni señalar a los demás por sus errores. Soy musulmán en la medida que puedo y no pretendo la admiración ni acepto el repudio de los demás según sean mis acciones. Si soy musulmán es porque así lo quiso Allâh (swt) y no debo pasar por exámenes morales cada vez que un individuo me crea desviado. Cuando adopten un credo, vivan de acuerdo a su religión, pero no se dejen influenciar por opiniones de otros individuos. Sean seguidores de Dios (Allâh) y no de los hombres.
3.-       En este tiempo he sufrido el rechazo de algunas personas que me sacaron de sus vidas como si fuese un trapo desechable. Algunos me prometieron amistad eterna y ahora ni siquiera me preguntan cómo estoy. Es verdad que debería acostumbrarme a estas circunstancias porque todas las personas son así y los únicos con quienes puedo contar, son mis parientes, contando sólo algunas amistades muy específicas. ¿Por qué yo debo buscar a las personas que dicen quererme para decirles lo que me pasa, si no demuestran interés? No hice Shahāda para que la gente me quisiera más ni pretendiendo conseguir el afecto de nadie en especial y si algunas personas desacreditan mi Islam por creerme indigno, es su problema, no el mío.
4.-       Podría decirles a mis ex amigos que algunos seres queridos parientes y amistades están muy mal por circunstancias graves que no cabe detallar aquí, podría incluso describirles todas mis enfermedades. Pero no soy tan miserable como para aprovecharme del auténtico sufrimiento de otros o el propio para ganarme el cariño de algunas personas en base a su lástima. Cuando alguien te quiere, es porque te valora y no porque siente pena por ti.
5.-       Yo soy un hombre frágil e inseguro, lo reconozco y lo acepto como parte de mi personalidad, que se ha forjado en base a sufrimiento. Por eso, quien se gana mi amistad tiene todo mi cariño desmedidamente. Sin embargo, cuando alguien me lastima creo tener derecho a levantar algunas barreras y no ser tan entregado, para protegerme. No soy tan orgulloso y a veces la gente me humilla a ultranza porque doy pie para eso, pero algunos se aprovechan de eso.
6.-       Defiendo los derechos de las minorías sexuales a no ser discriminadas, porque conozco de primera mano lo que hace la discriminación y sufrí durante toda mi infancia que por diversas razones, algunos me maltrataran. Si a alguien esto le incomoda, no es mi problema y tampoco acepto que otros me digan qué causas debo defender, pues seguramente ninguno se ha puesto en los zapatos de un paria social. Deben tener claro que absolutamente todos somos discriminados sin excepción por padecer una enfermedad, raza, orientación sexual, ideología política, credo religioso, posición económica, origen social o cualquier otro motivo… Pero a pesar de ello, algunos creen tener derecho a discriminar a otros porque les permite evadir su propio dolor.
7.-       Hay veces en que puedes culpar a otros por lo que te ha ocurrido. Pero llega el momento en que debes hacerte cargo del dolor y superarlo antes de que éste te supere. Cuesta ser un individuo resuelto, empoderado y seguro, pero es posible si te lo propones sin permitir que las circunstancias sean más importantes que tu valor. El dolor en esta vida es inevitable, pero el sufrimiento como todo lo demás, no es eterno. Sea que te refugies en Allâh (swt) como yo o no, las heridas siempre cicatrizan con el tiempo y despertarás un día habiéndote acostumbrado a ver la marca, pero no te importará porque será parte de ti.
8.-       Un día dije que tener sentimientos es parte de ser humanos y no puede ni debe evitarse; si alguien intenta coartar tus emociones, te quitan parte de tu humanidad y libertad. A esto, alguien me respondió que las personas tenemos espiritualidad y racionalidad además de sensibilidad, pues somos una realidad compleja. Cuando digo que tenemos derecho a sentir, no me refiero necesariamente a que debamos desatar nuestras pasiones como alguien podría interpretar; pero tampoco es correcto que una persona tan imperfecta como tú te juzgue, porque todos cometemos errores y sólo Allâh (swt) puede juzgarnos.
9.-       Cuando debas decir algo, escoge muy bien tus palabras y refúgiate en Allâh (swt) para que tu lengua no te traicione. No seas impulsivo pero tampoco permitas que los demás callen tu voz, pues tal vez estarás diciendo lo que nadie más se atreva a hablar por cobardía.
10.-     Allâh (swt) está siempre muy cerca de ti, aunque te niegues a aceptarlo. Si no percibes Su presencia, no quiere decir que Él esté ausente. No permitas que nadie te convenza de lo contrario ni aceptes que otro determine tu cercanía con el Creador según tus acciones.
11.-     Todos podemos pelear por una causa, pero sólo está perdida cuando nos rendimos. Escojamos bien las batallas, pero que siempre sean nuestras y aprendamos a retirarnos oportunamente cuando nos quedemos sin municiones. Si debemos llorar, hagámoslo por perder a quienes nos valoran realmente, pues esta vida es demasiado corta para sufrir por cualquier razón. Si alguien no nos aprecia, ya lo hará si Allâh (swt) lo determina, pero primero debemos amarnos nosotros mismos, pues nadie quiere a quien se humilla en exceso.
12.-     No caigas en el orgullo ni la soberbia, pues podrías causar el sufrimiento de quien realmente te aprecia y es algo que difícilmente se recupera después. Cuando alguien es orgulloso, acaba quedándose solo. Somos pasajeros y al irnos, nuestro recuerdo será breve como un pestañeo.
13.-     Durante esta semana he descubierto vergonzosas mentiras de gente con cuya amistad contaba. Hay dos verdades innegables: la mentira no es eterna y la gente mala existe. Elhamdülillah su influencia sobre nosotros no dura mucho.
14.-     Todos los errores causan sufrimiento. Aprende de tus equivocaciones para que el dolor no sea en vano y al menos intenta no tropezar dos veces con la misma piedra.
15.-     Respeta a tus mayores, pues aunque hayas alcanzado la mayoría de edad, ellos siempre sabrán más que tú. La gente al alcanzar los treinta años, cree que ya sabe todo de la vida y sin importar la edad que tengamos, la verdad es que nunca sabemos nada, por eso nos equivocamos toda la vida.
16.-     Parecerá obvio, pero dada la gran cantidad de gente que podrías conocer a lo largo de tu vida, debes aprender a diferenciar entre quienes son realmente importantes y quien es sólo una persona más porque tu amor, respeto y atención no alcanzarán para distribuirlos a todos en una justa medida y tampoco puedes pretender que te valoren como crees merecer.
No sé si más adelante cambie mi planteamiento pero actualmente, es lo que pienso. Es todo lo que recuerdo por ahora, pero si me viene a la memoria algo más o llego a reflexiones que me parezcan importantes, las entregaré inşAllah a su debido tiempo.

sábado, 14 de febrero de 2015

La importancia de la comunicación paternofilial

Foto: Gerard Piqué en su faceta de padre.

En un artículo anterior donde hablaba sobre la demanda que Camila Améstica Merino interpuso recientemente contra su padre ante los Tribunales de Familia, exigiéndole manutención para pagar sus estudios, expuse también cómo diversos medios de comunicación distorsionaban la información diciendo que el señor Patricio Améstica negó la ayuda económica a su hija por ser lesbiana y lo tacharon de homofóbico. Pues bien, en el último párrafo de dicho post dije «Me parece también que se debe ser extremadamente criterioso al momento de exponer a un pariente al escarnio público, sea por la razón que fuere, pues está bien exigir manutención de los padres hasta una edad razonable; no obstante, ello no justifica que les permitamos a terceros opinar y sacar conclusiones descarnadamente sobre asuntos que debieran permanecer en la más estricta intimidad familiar. Creo pues que esto no tiene tanta relación con defender los derechos de las minorías sexuales sino más bien, con asuntos privados no resueltos que tampoco llegarán a buen puerto discutiéndose en un programa de televisión».
Anoche confirmé este punto viendo la primera parte de Primer Plano en Chilevisión. Allí estaban Tatiana Merino y su hija, hablando sobre lo duro que había sido para esta última ocultar su homosexualidad durante tanto tiempo, por temor a que sus padres la rechazaran y conociendo casos cercanos en los cuales sus amigas habían sido encerradas e incomunicadas debido a su lesbianismo.
Cuando Julio César Rodríguez le preguntó a la actriz cómo se sintió al saber esta verdad, ella respondió que tuvo frustración porque no hubo la oportunidad de hablar privadamente con Camila, sin intervención mediática. Fue entonces cuando, en un intento de imparcialidad, la producción del programa contactó telefónicamente al padre, quien manifestó la misma molestia y hasta desmintió ser homofóbico, pues dijo que habría aceptado a su hija con el mismo amor que siempre le ha tenido, sin importar su orientación sexual.
Yo aquí no hablaré de perspectivas conservadoras, de la intencionalidad que tuvieron los protagonistas del caso al exponerse tanto o de mi opinión más que conocida sobre programas faranduleros. Me parece que actualmente los padres deberían prepararse psicológica y emocionalmente ante la posibilidad de tener un hijo o una hija homosexual, más allá de conservadurismos cuadrados, prejuicios heredados o incluso manipulaciones porque, aunque no les guste afrontarlo, los padres muchas veces son prejuiciosos y manipuladores pretendiendo imponer su tradicionalismo valórico a generaciones recientes, que inevitablemente a veces tienen otra forma de ver la vida. Digo que sólo a veces porque aún hay jóvenes capaces de alimentar la discriminación contra minorías sexuales y otros sectores desfavorecidos socialmente… Es así como se cometen crímenes de odio en Chile.
Antes de ayer también escribí sobre el programa La cultura del sexo de TVN. En el capítulo titulado Los tabúes del sexo en Turquía, no escatimaron esfuerzos para hacer parecer al país que tanto amo como una cultura machista y retrógrada, sin considerar que Chile también tiene muchísimos casos de discriminación sexista o contra las minorías sexuales, careciendo de un pretexto por estúpido que fuere. Los chilenos no tenemos excusa para ser sexualmente incultos, prejuiciosos, incapaces y anticuados, por decir lo menos.
Tal vez es cierto que en Turquía las condiciones de educación sexual no sean las mejores, pero al menos los turcos tienen la excusa de no contar con programas escolares de información sobre el tema; aun así, yo no puedo asegurarlo ni hablar mal de ellos porque, sabiendo mucho sobre su cultura y habiendo viajado, nunca tuve relaciones sexuales allá. Vivo en Chile y aquí, contando con patética asignatura de educación sexual, todavía sufrimos desinformación y prejuicios obsoletos en una sociedad supuestamente moderna, todo lo cual redunda en incremento de enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, sexismo contra las mujeres y desde luego, discriminación a la comunidad GLBTI.
Es una vergüenza que nos atrevamos a criticar las realidades de otros países cuando aquí, una jovencita de veinte años no se atreve a hablar privadamente con sus padres sobre su orientación sexual, por temor a la reacción que podrían tener, pero al mismo tiempo prefiere que se enteren a través de la prensa escrita. En primer lugar y como bien dijo la experimentada periodista Pamela Jiles en el programa Intrusos de La Red, es prácticamente imposible que dos padres no noten en absoluto la verdadera orientación sexual de su hija tras veinte años conociéndola. En segundo lugar, cuando realmente tienes miedo de cómo reaccionen tus progenitores, por sentido común bajo ninguna circunstancia se te ocurriría informarles a través del diario y si lo hiciste, sin importar la razón, debes saber que ningún padre del mundo por hippie que sea, verá con buenos ojos tener un hijo gay y además, si utilizas la exposición pública para comunicarte le das todo el derecho a reaccionar mal.
Cualquier joven homosexual que quiera revelarles a sus padres la orientación sexual que tiene, peca de ingenuo (a) si cree que lo felicitarán. En ninguna parte del mundo ocurre eso –yo en lo personal creo que ni siquiera se daba así en la antigua Sodoma–, menos aquí porque sigue esperándose que demos nietos a nuestros progenitores y cuando no es así, la frustración es inevitable.
Siempre se dice que los padres no deben pretender proyectar sus propias metas a través de los hijos, que éstos tienen derecho a hacer sus vidas aunque tomen decisiones equivocadas. ¿Pero aplicamos esto realmente? No. Seamos sinceros. Aunque no puedo generalizar, diré que la mayoría de los padres nos educan bajo determinadas tradiciones y valores morales adecuados para hacernos encajar en la sociedad, lo que se conoce como heteronormalidad en este caso; pero si luego el hijo sale gay, inmediatamente la idea asociada es que sufrirá por ser un paria social y en consecuencia, un padre o una madre intentan negar, modificar y por último, tal vez aceptar la situación.
Conozco algunos casos de homosexuales bordeando los treinta e incluso cuarenta años que, por no poder hacer sus vidas libremente o no atreverse a salir del armario, se han emancipado muy jóvenes para vivir solos y no dar explicaciones a nadie. No sé si esto sea mejor que sentarse con los padres tranquilamente y decirles «Pues, que soy gay y ya está. Es lo que hay». Sin embargo, considero demasiado egoísta salir del armario sin considerar previamente los sentimientos parentales para, en virtud de este factor, escoger el mejor modo de hacerlo. Me parece que, aun cuando se justifica por todos los casos de discriminación extrema, hoy los jóvenes de la comunidad GLBTI se paralizan por el miedo o esto les hace revelar su identidad sexual de la peor manera, sin tomar en cuenta el funesto efecto que trae para la armonía familiar. Dicho de otro modo más simple, un padre o una madre que se entera malamente de la orientación sexual del hijo, no sólo debe lidiar con un sentimiento de fracaso en su intento de crianza recta, el temor que le produce la obvia discriminación a la cual el joven estará expuesto toda su vida y el derrumbe del proyecto personal como tener nietos sino que además, debe enfrentar el sufrimiento al saber que no goza del contacto suficiente, la confianza necesaria para romper barreras comunicacionales que les mantienen alejados aunque vivan en la misma casa.
La solución a este problema no es imponer forzosamente perspectivas morales personales a los hijos, porque tarde o temprano tomarán sus propias decisiones que podrían discordar con los principios inculcados durante la crianza. Tampoco se debe ocultar permanentemente la verdadera identidad sexual y fingir una orientación que complazca a los padres o la sociedad en su conjunto, pues aquella heteronormalidad autoimpuesta sólo da como fruto un engaño que irá creciendo con el tiempo hasta que, inevitablemente la verdad salga a la luz. La real solución  al problema expuesto en el párrafo anterior es cultivar la confianza y comunicación totalmente desprejuiciada, libre de ignorancia.
Finalizaré este artículo diciendo que nos guste o no, los padres tienen que cumplir el deber de criar inculcando valores e ideales. Pero al mismo tiempo, los hijos tienen derecho de decidir si siendo ya adultos y con criterio formado, quieren seguir aquellas directrices o tener una forma autónoma de enfrentarse al mundo. Esto, señoras y señores, es inevitable y normal, pero cuesta mucho menos aceptarlo si nos hacemos a la idea desde un principio.

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Yahya. Carlos Flores A.
Escritor chileno.