«Quien no conoce Estambul, no conoce el amor».

Yahya Kemal Beyatlı.

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miércoles, 17 de diciembre de 2014

Cuando el corazón duele o se rompe

Hay días en que tengo sentimientos para expresar en este blog, pero ignoro cómo hacerlo a pesar de ser escritor, pues se supone que debería disponer de todos los recursos retóricos para hacer fluir la tinta en mi pluma dorada. A veces, por mucho que el corazón quiera hablar gritando a los cuatro vientos, debe callarse, contenerse porque sus palabras podrían perjudicar a terceros o simplemente, el mensaje no se entendería.
El corazón es un músculo al cual le cargamos tantas responsabilidades, culpas, errores, ilusiones, sueños y amores pero no aligeramos el peso. Cuando sufrimos, nadie dice que le duele el páncreas o el bazo sino el corazón, porque de algún modo tiene una conexión especial con nuestra alma y por eso, cuando algo nos duele, sentimos que tenemos una fractura en el pecho.
Hay gente que se pregunta por qué sufrimos en esta vida. Ésa es la clave: que sea esta vida. En el mundo o Dunya nacemos para ser probados en todo aspecto y uno de ellos es que debemos demostrar cuánto podemos soportar. La gente mala, que hay, parece tener mucha suerte y todo a su favor cumpliendo lo que quiere; pero tarde o temprano el castillo de naipes se derrumba y las deudas morales deben pagarse. Por eso, el consuelo de la gente buena es saber que aun cuando las circunstancias sean adversas, si se hace lo correcto aunque no se comprenda la razón, tener la conciencia tranquila es invaluable. Además, la vida que realmente importa es la Última Vida, donde la gente honestamente buena recibe recompensa por la misericordia de Allâh (swt).
Cuando sufre alguien a quien queremos muchísimo, sea amigo, pariente o pareja, a veces no sabemos cómo consolarle y nos sentimos impotentes, porque nos duele tanto como un sufrimiento propio. A veces se nos hace imposible articular palabras coherentes para empatizar con quien tiene roto el corazón, pues si es un dolor auténtico, como seres humanos quedamos en pausa, inmóviles, aletargados y es relativo el tiempo que permanezcamos así, dependiendo de cada persona según su tolerancia.
La publicidad y los medios nos pintan un ideal de vida en el cual todo debe ser perfecto: felicidad es sinónimo de éxito y se logra sumando salud, dinero y amor. Pero la verdad es que todo aquello es artificial y pasajero, porque a veces teniendo todo lo anterior somos infelices. Todos sabemos lo que en esta vida puede causarnos sufrimiento, pero absolutamente nadie puede dar la receta exacta para alcanzar la felicidad, porque ésta es individual. Un ejemplo de ello es que yo sería feliz regresando a Estambul próximamente, pero mi hermano ni siquiera está interesado en saber dónde está Turquía y no puedo culparlo por eso… Es un proyecto mío y personal, como suyo puede ser estudiar ingeniería.
En esta vida es difícil distinguir lo que realmente importa, porque hay muchas distracciones. Pero cuando logramos descifrar el enigma y encontramos algo significativo, no debemos dejarlo pasar por orgullos estúpidos, ambiciones materialistas o desmotivaciones perezosas. Es importante saber lidiar con el dolor, aliviar el corazón, descansar en la fe, atesorar los afectos como amores irreemplazables y saber que en esta vida todo lo malo es efímero aunque tengamos la impresión de que será permanente.
Si nos consideramos seres humanos con todo lo que ello implica, debemos saber que el espíritu simple es aquél que siendo hermoso, se esconde tras las apariencias de todo tipo. La belleza de espíritu tiene por obligación ser compartida y mejorar otras vidas; caso contrario, se desvaloriza.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Síndrome de Estambul en vías de ser publicada

Foto: Entrada del Palacio de la Puerta de los Cañones (en turco Topkapı Sarayı). Mi viaje a Estambul en 2011.

Después de mucho buscar, al fin encontré una editorial que publicara mi segunda novela. ĺnşAllah será publicada con el título Síndrome de Estambul en noviembre de 2015 por Contracorriente Ediciones. Hoy tuve una reunión con mis editores para acordar las condiciones.
ĺnşAllah comenzaré las correcciones mañana temprano para cumplir con mi trabajo lo antes posible. La obra, que originalmente se tituló Síndrome de Estambul: el diario de Sofía Mustakis, seguirá manteniendo su esencia y el mismo relato con las mínimas modificaciones, revelando los fabulosos misterios de aquella exótica ciudad que tanto amo y además, dando espacio a mi propia experiencia durante el viaje de 2011.
Ahora que Turquía está de moda por las telenovelas eurasiáticas que compraron canales chilenos, entre ellas Muhteşem Yüzyil (El Siglo Magnífico que en Chile será titulada El Sultán) que emitirá Canal 13, era de esperarse que esta cultura se abriera paso entre mis compatriotas y con ello, mi novela puede potenciar el interés. Debe tenerse en consideración que comencé mis estudios a fines de 1999, siendo considerado como loco por mis amigos pues aún recuerdo las palabras de algunos parientes diciéndome «Deberías estudiar inglés o algo que te sirviera más. ¿De qué te va a servir estudiar todo lo relacionado con Turquía?». Hoy sin embargo, cerca de mi casa está el Colegio Mustafa Kemal Atatürk, donde enseñan el idioma, la cultura y aproximan este país a nosotros; ahora no es una locura sino una asignatura obligatoria.
Además, en mi novela los lectores que no han tenido la oportunidad de viajar, podrán conocer los sitios que vi e imaginar una experiencia propia, explorando el romanticismo que sobrecoge durante el hermoso atardecer veraniego mientras se contempla la Torre de la Doncella (en turco Kız Kulesi) desde Üsküdar.
Intenté plasmar en parte la cultura turca, pero también escribí ficción para entretener al lector y capturarlo entre las páginas, para ver si se enamora de Turquía como yo lo hice. Ciertamente en mi vida he tenido enfermedades crónicas muy graves como la displejia espástica y la diabetes mellitus insulino requirente, pero de todos mis padecimientos el Síndrome de Estambul es lo que más constante se me presenta, con sus síntomas cardiacos y es que Turquía invadió mi corazón.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Fallece Roberto Gómez Bolaños, Chespirito.

FOTO: Roberto Gómez Bolaños, como El Chavo del 8. / TELEVISA.


Por Verónica Calderón.

Roberto Gómez Bolaños (Ciudad de México, 1929), uno de los artistas más populares de América Latina, falleció este viernes a los 85 años.
Pocos han ejercido la ironía como Roberto Gómez Bolaños, actor, escritor, cómico, director y dramaturgo mexicano. El Chavo del Ocho en millones de hogares de América Latina; el Chaves para otros tantos de brasileños; el Chómpiras, un ladrón noble; el Chapulín Colorado —un héroe “más ágil que una tortuga, más fuerte que un ratón, más noble que una lechuga, su escudo es un corazón”—. Chespirito. El creador de estos entrañables personajes de acento mexicano pero en el corazón de tantos latinoamericanos ha muerto este viernes. Tenía 85 años.
Hijo de la secretaria Elsa Bolaños-Cacho y del pintor y dibujante Francisco Gómez Linares, Roberto Gómez Bolaños nació en la Ciudad de México el 21 de febrero de 1929, el mismo año en que el astrónomo Hubble descubrió que el universo se encuentra en continua expansión y que los primeros lobos de Wall Street perpetraron su primer crack y hundieron al mundo en la Gran Depresión. Todo esto lo cuenta en su autobiografía titulada Sin querer queriendo (Aguilar, 2006), un libro que descubre a un resuelto narrador.
Pero en los tiempos en que Gómez Bolaños quiso aventurarse en los escenarios, el asunto no era sencillo. Primero quiso subirse a un ring (hizo de boxeador amateur y tras unas cuantas trompadas decidió que aquello no era lo suyo), cumplió el servicio militar —muy a su pesar— y debió sacarse un título de ingeniero por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Que nunca ejerció, por cierto. Finalmente terminó de creativo publicitario en una agencia y de guionista de películas, muchas de ellas de Viruta y Capulina, un popular dueto de cómicos de los años cincuenta.
De aquellos tiempos viene su apodo, Chespirito. Se le atribuye al director Agustín Delgado. El asunto es que de tanta creatividad que rebosaba el mexicano, de baja estatura además, el cineasta, cariñosamente, le dijo que era como un Shakespeare, pero en chiquito. Un Shakespearecito. El mote, mexicanizado, devino en Chespirito.
En su autobiografía, Gómez Bolaños confiesa también que fue primo del expresidente Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970 y mandatario el 2 de octubre de 1968, el día en que ocurrió la masacre contra estudiantes en la plaza de Tlatelolco). Dice que era primo hermano de su mamá, que tocaba la guitarra, que tenía estupenda voz y que era muy bueno para contar chistes. Y que sí, que era político. “Pero en este mundo nadie es perfecto”.
El gran momento de Chespirito llegó a finales de los años sesenta. Nacieron Los Supergenios de la Mesa Cuadrada, una suerte de tertulia en la que compartía mesa con María Antonieta de las Nieves, Rubén Aguirre y Ramón Valdés. Los televidentes mandaban preguntas de actualidad y los ponientes respondían de manera absurda. “Problema discutido, problema resolvido”, era su lema. Éxito instantáneo.
La creatividad de Gómez Bolaños, que sus primeros maestros bien habían diagnosticado como propia de un géiser, hizo que el programa se extendiera a una hora y se llamó entonces Chespirito. Se convirtió entonces en un espacio de sketches. Aquí nace El Chapulín Colorado y para 1971 había llegado El Chavo del Ocho.
El Chavo del Ocho era un niño que vivía en un barril en una vecindad como podría haber sido cualquiera de la Ciudad de México o quizá, aventurémonos, de cualquier metrópoli de América Latina. El Chavo no tenía nombre pero sí un sueño: una torta (bocata) de jamón. Sufría humillaciones, pero su ingenio lo salvaba. Los personajes de la vecindad hacían una burla del enraizado clasismo de la sociedad mexicana. “¡Chusma, chusma!”, gritaba el supuesto niño bien de aquella peculiar tropa, que en realidad era un muchachito de enormes mofletes que se refugiaba tras las faldas de su mamá.
El Chapulín Colorado se cuece aparte. México es un país que, pese a su vocación épica, tiende a mirar con una ceja levantada, por incredulidad, la aparición de un héroe autoproclamado. Así que a Chespirito se le ocurrió un héroe peculiar. Sus “antenitas de vinil" detectaban cualquier mal. Tenía mucha (mucha) torpeza. Pero un gran corazón. Su “chipote chillón” (esa era su arma) vencía a los malvados, sus “pastillas de chiquitolina" le ayudaban a escurrirse de situaciones incómodas y la “chicharra paralizadora” le servía para inmovilizar a sus enemigos y escapar una vez más y dejar a su público, como siempre, fascinado. “¡No contaban con mi astucia!”, espetaba a la cámara.
Falta describir al Chómpiras, el ladrón honrado; el doctor Chapatín, un veterano de Los Supergenios de la Mesa Cuadrada que cargaba una bolsa de papel que nadie supo que traía dentro o Chaparrón Bonaparte, el loco más cuerdo de un patio de vecinos.
Sus programas, bajo distintos nombres, se transmitieron por décadas por la televisión mexicana y en todo el continente a través de Televisa. Llenaba estadios en toda la región. No todo es un lecho de rosas. Siempre planeó sobre él la sospecha de haber actuado en una fiesta infantil para un narcotraficante colombiano (él lo negó con firmeza hasta el final) o que se presentó en Chile mientras el país sufría el sangriento régimen pinochetista. Chespirito decía que él no visitaba gobiernos sino “a los pueblos que disfrutaban su trabajo”.
Pero es que la América Latina de Roberto Gómez Bolaños lo amaba, y el sentimiento era mutuo. Salvadoreños, chilenos, brasileños, peruanos, por igual. “Ustedes, mexicanos, se creen que por haber inventado al Chavo del Ocho han inventado al mundo, ¿no?”, decía un peruano en Madrid hace poco más de un año.
Gómez Bolaños se casó dos veces, primero con Graciela Fernández, madre de sus seis hijos, y quien murió en agosto de 2013. Y después en 2004 con Florinda Meza, su compañera por décadas y otra infaltable en el amplio abanico de personajes del mundo de Chespirito.
A Chespirito le gustaba contar una anécdota. Un día, en un hospital, un señor de edad avanzada no podía hablar. Pero le brillaban los ojos cuando aparecía el programa de Gómez Bolaños y aún más cuando aparecía El Chapulín Colorado. Pasaron días y semanas. Finalmente, los médicos quedaron fascinados. El paciente habló. Solo dijo una palabra: Chapulín.
En México, el amor por Chespirito se lleva por dentro e incluso es conflictivo. Hay algunos que lo niegan de plano. Y no es común que se proclame, pero el hecho es que su programa no se ha dejado de transmitir y los derechos por sus personajes generan tantas ganancias que han provocado terribles peleas entre los otrora amigos del elenco. En México ha sido acusado de hacer un humor simplón, de pastelazo e incluso insultante.
Pero él, en el servicio militar, recordaba que un día se quedó dormido cuando era momento de hacer honores a la bandera. Cuando se iza el lábaro patrio y todos los jovencitos que cumplen la tarea deben estar firmes y serios. Pues Gómez Bolaños estaba dormido y cuando lo despertaron, lo único que se le ocurrió decir fue: “¡Y a mí qué me importa, carajo!”. Craso error. Su superior, ya bajados los ánimos, le dijo: “Antes no te mandé fusilar”. Chespirito reflexionaba: “Quizá yo sí merecía algo semejante. Pero la verdad es que no solo amo entrañablemente a mi país, sino que me encanta nuestra bandera y siento algo muy bonito cuando la veo”.

FUENTE: El País.com.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Posibles temas para nuevas novelas

FOTO: Atardecer en Turquía.
En estos días estoy dándole mucho de mi tiempo a la escritura y el ejercicio. He trabajado mucho buscando un tema que me interese lo suficiente como para desarrollarlo en una nueva novela, sin coartar mi creatividad, la libre expresión y pretendiendo como siempre, entregar algún mensaje, una moraleja que le sirva a quienes puedan ser mis lectores. No tendría sentido escribir cualquier estupidez sólo por creerme escritor; debo serlo realmente.
Si escribo sobre vampiros, no quiero darle más espacio a personajes demasiado femeninos, sensuales o adolescentes. Quisiera investigar la verdadera tradición mitológica para no tener un producto meramente comercial.
Escribiendo sobre brujas, aunque me eche encima a medio mundo, quisiera retomar la tradición histórica del personaje alejado de los encantamientos llenos de verborrea que distorsionan la verdad, haciéndolo parecer un ente absolutamente sobrenatural, inmortal y ajeno a este mundo.
No quiero escribir una novela dirigida al público gay, porque ya lo intenté cuando terminé de trabajar como columnista en Mitos RTV Magazín y no resultó. Eché fuera algo que muchos podrían considerar demasiado polémico por hablar sobre sexo, divorcio y drogadicción. Esta sociedad hipócrita cree que dichos fenómenos dejan de existir si no se habla de ellos.
Podría investigar más sobre Turquía, que para mí es un tema y un lugar realmente apasionante. Sin embargo, en todos mis trabajos abordo de algún modo aquel interés personal y sólo basta leerme para darse cuenta. No sería un escrito mío sin mencionar algo relacionado con Turquía, aunque fuese un detalle mínimo.
Quisiera escribir alguna experiencia personal pero ya lo hice, en Síndrome de Estambul: El diario de Sofía Mustakis. Un escritor debe escribir sobre lo que conoce y no es por presumir, pero esta novela mía es sin duda hasta ahora, la que más amo por plasmar en el papel lo mejor que me ha sucedido en la vida. ĺnşAllah tenga la oportunidad de repetir la experiencia, para renovar aquella inspiración que me permitió escribir esta novela.
Cualquiera sea el contenido de una próxima novela, haré todo lo posible por entregar lo mejor en cada página y que así, mis lectores reconozcan algo de sí mismos como podría ser una experiencia, un deseo o un sueño. No por nada al escribir, siento que revelo un rincón de mi corazón que otras veces permanece oculto en lo más íntimo. Cuando el escritor dibuja una letra, cada trazo desnuda su alma.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Siempre viviremos bajo el mismo cielo

FOTO: Café de las alfombras y Torre de la Doncella, Üsküdar, Estambul. Yo estuve ahí, contemplando el atardecer y es la vista más romántica que he presenciado en mi vida.

Otro año sin ir a la Feria Internacional del Libro de Santiago. Antes era un panorama obligado al cual como escritor, debía asistir. Pero ahora que mi principal objetivo es regresar a Estambul, InşAllah lo más pronto posible, debo dejar de lado cualquier capricho o gasto innecesario… Me parece llevar tanto tiempo postergando mi vida, pero si Allâh (swt) me concede volver al país donde mi corazón se quedó como el de muchos otros viajeros, todo habrá merecido la pena.
Aunque últimamente estar distanciado de mis amigos turcos ha hecho estragos en mi corazón, no pierdo la esperanza de reencontrarnos y darles un abrazo tan apretado, que pareceremos siameses. A diario me levanto por las mañanas y me gusta imaginar que es el día en que abordaré un avión rumbo a Turquía, dejando abajo todas mis tristezas por la distancia, aumentada indudablemente con el tiempo.
Lo que más lamento es no haber podido cultivar aquellos entrañables afectos, para mantenerlos como el primer día, cuando no importaba la diferencia de idiomas porque una mirada transparente lo decía todo sin problemas. Pasados los años, aquella flor otrora tan fértil ha sido víctima de una cochinilla algodonosa emocional, que perfora el cariño y me hace notar una dolorosa ausencia.
El Dunya nos atrapa inevitablemente en un remolino donde lo más importante ya no es un sentimiento puro sino el orgullo. La espiritualidad ha cedido demasiado espacio al materialismo y me preocupa que quedarnos solos o lastimar a quienes nos aman ya no importe.
Para quien sea un asiduo lector de este humilde blog, no resulta raro leerme en estos términos, porque en cualquier caso he repudiado desde siempre que los seres humanos nos consideremos desechables unos a otros; más ahora, que como musulmán he aprendido a veces a golpes, que orgullo y ego no conducen a ninguna parte, pues sólo causan un dolor inmenso, a veces irremediable.
Por eso, pudiendo parecer muchas veces majadero, nunca me he cansado de decirle «Te amo» (en otros idiomas no existen tantas expresiones afectuosas como en español) a un amigo, sin pudor aunque sea mal visto y acabe provocando un rechazo tal, que me saque de su vida a patadas. Me ha sucedido, generalmente porque las personas postergan tanto las emociones, que cuando se topan con alguien como yo, es como si vieran a Şeytan; pero ése es tema para otro artículo.
Por el momento, sólo escribiré estas palabras esperando conmover a quienes por cualquier razón se hayan distanciado física o emocionalmente de alguien a quien amaban. Por mis constantes crisis diabéticas, he aprendido a duras penas que la vida es demasiado efímera para perderla en silencios innecesarios.
Que mis amigos turcos no olviden sus propias palabras: «Vivimos bajo el mismo cielo, el mismo sol y la misma luna».

jueves, 6 de noviembre de 2014

Entre el Cielo y el Infierno estamos nosotros

Reconozco que últimamente no he sido constante al actualizar este blog. Y es que además de tener poco tiempo, otras ocupaciones e incluso preocupaciones que no viene al caso detallar públicamente, ahora me restrinjo más para escribir porque resultaría monotemático seguir abordando los mismos temas de hace años atrás, cuando me embarqué en esta aventura sin saber dónde me llevaría. Ahora son otros mis intereses y debo confesar que tampoco puedo decir mucha más novedad en relación a los asuntos previamente tratados, pues tengo un punto de vista sobre todo pero la mayoría de las veces no concuerdo con nadie que se atreva a decir «Sí, yo pienso lo mismo».  Para ser sincero, recientemente es más la gente que discrepa conmigo, ya sea por genuinos puntos de vista contrarios o como ya es costumbre en mi caso, porque simplemente produzco cansancio.
Hace poco un amigo católico a quien sólo llamaré Sr. F. A. me confidenció su homosexualidad bastante tímido y yo, que dejé la timidez hace quince kilómetros o quince años, no pude darle todos los consejos que me hubiese gustado compartirle. Ambos somos creyentes conociendo perfectamente la historia de Sodoma y Gomorra que en realidad, formaban parte de cinco ciudades o la Pentápolis (a saber Sodoma, Gomorra, Adama, Zeboím y Segor) situada al sur de Canaán que en la actualidad abarca Israel, la Franja de Gaza y Cisjordania, junto con la zona occidental de Jordania y algunos puntos de Siria y Líbano. Éste es el motivo de que mi amigo se sienta apenado con la supuesta idea de que Dios lo odie por ser homosexual.
No lo culpo por pensar así, pues muchas personas que también se definen como creyentes, especialmente tradicionalistas y conservadores, cometen el gravísimo error de apuntar con el dedo a alguien, condenándolo al Yahannam o Infierno sólo por llevar otro estilo de vida distinto al suyo. Como musulmán que soy, debo hacer ver lo que es ilícito según el Din y le he dicho que tanto en la Biblia como en el Noble Corán el pasaje que narra esta historia relacionada a Lut (a. s.) o Lot para los cristianos, muestra con claridad la postura de Allâh (swt) en dicho asunto. Sin embargo, también es cierto que sólo Él decidirá quiénes se salvan o condenan, no correspondiéndonos a nosotros juzgar y además, hasta donde entiendo el único pecado que Él no perdonaría es la idolatría, misma que profesan muchos conservadores rezándoles a supuestos asociados que según sus dogmas, Dios tendría. ¡Bah! Por último pero no menos importante, muchos olvidan que Allâh (swt) es Al-Ghaffâr (el Indulgente, el Perdonador por excelencia), Al-Khabîr (el Sagaz, el Bien informado. Aquél que conoce los secretos más íntimos de las creaturas) y también Al-Jasîb (el Calculador, Aquél a quien se debe rendir cuenta).
Muchos dicen que la homosexualidad va en contra de la creación de Allâh (swt), basándose en la historia de Lut (a. s.) y tomando en cuenta algunos detalles. Para empezar, Sodoma no era una ciudad en la cual simplemente existieran algunos homosexuales, pues las fuentes especifican que sólo Lut (a. s.) era heterosexual y hasta su esposa disfrutaba observando intimidad entre hombres. Así mismo, se detalla que cuando Allâh (swt) envió a sus ángeles para destruir las urbes, debió enceguecer incluso a los niños porque hasta ellos perseguían desesperados a los misioneros celestiales para intentar ultrajarles. El Noble Corán describe que la degeneración llegaba al grado de asaltar a hombres en los caminos, quitándoles sus bienes y forzándolos. Inclusive se narra que nunca antes en toda la historia humana pudo verse tal nivel de depravación. Estoy especulando al decir esto, pero seguramente hasta para un homosexual de estos tiempos tan deshumanizados, eso resultaría al menos chocante mientras que para alguien virtuoso debió ser el Infierno en la Tierra. El mismo Lut (a. s.) vivía en un constante asedio y los sodomitas intentaron invadir su casa cuando recibió a los ángeles, hermosos como ningún hombre que hubiesen visto antes. Ésta es la razón de que en las religiones se penalice la homosexualidad, a pesar de que no se hayan destruido otras ciudades como Roma, donde también sus pobladores estaban demasiado perdidos.
Si bien las tres principales religiones reiteran la misma perspectiva porque Allâh (swt) no prohibiría a una comunidad lo que le permitiera a otra, es necesario entender que la Biblia y el Noble Corán no autorizan al creyente para discriminar de ninguna forma. Poniéndolo de manera entendible, el Islam prohíbe también el consumo de alcohol, pero poniéndome como ejemplo para no ofender a nadie, el Noble Corán no dice en ninguna parte que yo pueda discriminar, humillar o maltratar a un borracho si lo veo por la calle o en algún otro sitio; sólo dice que el alcoholismo está prohibido. Según lo veo, ser musulmán no me da derecho a imponer mi estilo de vida o mis creencias a quienes me rodean y tengan otros credos, porque espero que los demás sean tolerantes conmigo pero lograrlo requiere que no sea invasivo y respete los espacios.
Antes había experimentado la discriminación por ser minusválido y a quien me conoce, le consta que no he podido conseguir ningún trabajo estable en algún medio de comunicación masiva pese a tener talento como escritor y comunicador social, porque ninguna empresa se tomaría la molestia de adaptar siquiera la infraestructura arquitectónica de sus oficinas para permitirme el acceso en silla de ruedas. Después vi cómo algunos amigos con quienes trabajé por corto tiempo sufrían la homofobia, porque son homosexuales y debían soportar ser humillados públicamente sin dar demostraciones sexuales de su orientación. Otras veces vi cómo la gente se burlaba o los estigmatizaba tachándolos de promiscuos, afeminados, degenerados sin siquiera conocerlos.
No quiero tapar el sol con un dedo pretendiendo que la promiscuidad no es asunto vivido por homosexuales. Pero con el mismo realismo debemos asumir que este fenómeno también se da entre heterosexuales que cometen adulterio, fornican, contratan servicios sexuales de profesionales y después, con la mayor hipocresía, apuntan con el dedo a los gays.
Quiero aclarar algo escribiéndolo aquí con negrita y destacándolo con color para que no quepa duda alguna de mi perspectiva: en ningún momento he dicho que debamos declarar lícito lo reprobable ni quiero ser tomado por apóstata. Simplemente digo que nuestro planeta es uno solo y nos guste o no, debemos aprender a convivir con gente cuyo modo de vida no siempre nos satisface. No podemos exigir ser respetados si en cualquier asunto somos incapaces de tolerar la presencia de otros al punto de querer desaparecerlos.
Ahora he incorporado a mi glosario el concepto de islamofobia y no es que me esté refiriendo exclusivamente a mis hermanos musulmanes sino que por ser yo mismo musulmán, es ésta la realidad que actualmente más conozco. El Sr. F. A. conoció hace poco a un hermano de fe mío, que paradójicamente también se llama Yahya, es homosexual pero vive en un país mayoritariamente islámico. Ambos viven la difícil existencia de quien intenta compatibilizar su orientación sexual y su credo sin que lo primero anule lo segundo. ¿Se entiende? Sr. F. A. por su parte, debe lidiar con gente que le recrimina constantemente ser algo que él no escogió y al mismo tiempo, le exige ser heterosexual para merecer el amor de Dios. Mi tocayo en tanto, lucha diariamente no sólo con la discriminación religiosa sino además, social por vivir en un país donde esto resulta especialmente reprochable e incluso peligroso. No nos engañemos, pues hasta en Chile, donde la mayoría es «católica a su manera», todavía hay quienes se creen con derecho a atacar psicológica, verbal o físicamente a alguien diferente por la razón que sea.
Por eso y no otra razón es que tanto me molesta ver en Internet algunas publicaciones afirmando que todos los minusválidos somos objeto de caridad temporal, que todos los homosexuales son poseídos por una locura que les hace presa de sus pasiones más bajas, que todas las mujeres rubias son estúpidas o que ningún ex presidiario puede reformarse. Me molesta profundamente vivir en una sociedad donde el valor lo dan las etiquetas y no se nos considera seres humanos por encima del estereotipo. He vivido en carne propia la discriminación, el rechazo, la burla y sé que sólo por sentido común no puedo mirar a nadie como si valiera menos que yo.
Sé que no es correcto refugiarse en una religión, cualquiera sea, para dar rienda suelta a nuestros prejuicios contra quienes nos parezcan pecadores, aunque lo sean. Isa (a. s.) conocido por los cristianos como Jesús, dijo sabiamente «El que esté libre de pecado, que lance la primera piedra» y hasta ahora se ha transformado en la frase cliché de quienes quieren hacer todo lo incorrecto sin recibir reproche alguno, pero deberíamos meditar en su verdadero significado.
Cuando era cristiano, nunca pretendí vestir una sotana para decirles a otros feligreses quién se salvaba mientras tuviera mis instintos bajo la ropa. Ahora que desperté al Islam, sé que no me corresponde amenazar con el Yahannam a mis hermanos si se equivocan. Como musulmán estoy consciente de mis propias limitaciones y no quiero mirar a los demás como si estuviesen por debajo de mis zapatos y tuviese el derecho de corregirles incansablemente en todo. No quiero ser considerado un santo porque no lo soy ni lo seré. Soy sólo un hombre, que está en la Tierra, entre el Cielo y el Infierno, como todos.
Debemos tener siempre presente que sólo Allâh (swt) perdona, salva, condena o castiga, porque nadie más puede ver los corazones, comprender y conocer hasta el más oculto secreto que ni siquiera nosotros queremos reconocer, porque nos avergüenza hasta pensar en ello.
No sé si mis lectores son creyentes, ateos, agnósticos o simplemente leen esto para entretenerse un rato. Lo que sí sé es que el Sr. F. A. y Yahya deberán encontrar un equilibrio propio y muy personal en sus respectivas almas, para no enloquecer con la tormentosa idea de que Dios no los ama. Mis últimas palabras en este artículo son para decirles que no puedo dirigir sus vidas, pues cada persona debe hacerse responsable de sus propias acciones. No escribí estas líneas para aconsejarles que se dejen llevar por sus propios deseos ni para obligarlos a llevar una vida en estricto celibato… Allâh (swt) nos revela lo que necesitamos saber sobre lo lícito e ilícito, ni más ni menos. Escribí esto pretendiendo recordarles en lo posible, que nuestro dedo índice no debe ser acusador.

sábado, 11 de octubre de 2014

Tarkan Fans Chile Club Oficial. AVISO IMPORTANTE

Esttimados socios:
Debido a que la actual administración del grupo no ha dado a basto con las tres páginas existentes en Yahoo! Grupos, Facebook y Twitter inauguradas en ese orden, por razones personales de fuerza mayor, se han eliminado las que estaban en Yahoo! Grupos y Twitter respectivamente, quedando vigente sólo la de Facebook.
Gracias por su comprensión y por favor, disculpen las molestias.

Carlos Flores Arias -Yahya.
Creador del grupo y moderador en retiro hace tiempo.

viernes, 10 de octubre de 2014

Mi Estambul particular



Hoy Arzu ha dicho la siguiente cita: «Tu tiempo es limitado, de modo que no lo malgastes viviendo la vida de alguien distinto. No quedes atrapado en el dogma, que es vivir como otros piensan que deberías vivir. No dejes que los ruidos de las opiniones de los demás acallen tu propia voz interior. Y, lo que es más importante, ten el coraje para hacer lo que te dicen tu corazón y tu intuición. Ellos ya saben de algún modo en qué quieres convertirte realmente. Todo lo demás es secundario» (Steve Jobs).
Mi respuesta, aunque algo redundante, fue simple: «Steve Jobs pone muchas palabras porque cuando una persona sigue su corazón, es rechazada por otra gente y la soledad es el precio a pagar muchas veces. Pero hermana, uno debe ser el primero en aceptarse a sí mismo. Quien te quiere de verdad, te quiere tal como eres, sin cambiarte y el resto, son sólo palabras. Saludos».
Ahora, pensándolo bien, me doy cuenta de que muchas veces la gente espera que frente a determinada circunstancia reaccionemos de la manera que socialmente se considera correcta, pero hacemos todo lo contrario o algo inesperado porque algunos no queremos vivir obsesionándonos por la opinión de los demás.
Me pasa por ejemplo cuando comento que quiero volver a Turquía InşAllah lo antes posible. La mayoría de quienes me rodean no pueden entender por qué me gusta tanto ese lejano país e intentan convencerme de que lo más lógico sería adaptarme a vivir en Chile porque no tengo otra opción debido a mi discapacidad física y la falta de oportunidades que obviamente significaría estar allá.
En el fondo, lo que se nos pide es resignarnos a que supuestamente no podremos llegar más lejos del lugar donde siempre hemos estado, como si fuésemos un brote de mala hierba en medio del bosque y no pudiésemos aspirar a convertirnos en menta silvestre o lavanda para ser mejores.
Así lo interpreto yo y sólo por ese lado aunque seguramente alguien más podría tomar otro extremo de esta madeja. Pero por otra parte, ciertamente a veces no sacamos nada escuchando nuestros corazones, porque nos dicen algo que nadie más en este mundo puede saber. Sin embargo, habemos quienes siendo imprudentes por naturaleza, creemos ingenuos que ir por la vida enseñando el corazón es lo mejor que podemos hacer.
No, señoras y señores. No se engañen aquellos que como yo, tienen la política de honestidad total en cuanto a las emociones, porque la gente casi nunca valora los sentimientos ajenos y se sufre demasiado cuando algunos le dicen a uno que la vida debe ser de una manera cuadrada cuando en realidad deseamos la redondez.
¿Por qué hay tanta gente sola en este mundo? Pues porque todos somos pobres inadaptados. Por un lado, estamos los idealistas que creemos en la bondad de un sentimiento y sufrimos desilusiones constantemente. Por otro, están quienes han postergado tanto sus emociones ante el temor de ser rechazados, que en determinado momento sus corazones entran en coma y sólo escuchan a sus pasiones.
Hoy mismo vi en otra entrada de este blog el comentario de una tal Claudia, quien muy simpática me decía que soy un aporte. La verdad es que cuando escribo, no busco el reconocimiento masivo ni los elogios fáciles, pero por otro lado y para ser honesto, es gratificante saber que mis palabras llegan a alguien con su significado y pueden servirle para ser mejor persona, aceptarse tal como es, abrazar su verdad y seguir luchando por una causa que quizás creía perdida antes de leerme.
¿Por qué no? Ciertamente yo mismo muchas veces he creído que mi propia causa está perdida, porque las emociones son todo mi capital y en ocasiones, algunas personas en quienes creí me dejaron luchando solo. Pero aquí estoy.
He sufrido mucho durante los últimos ocho meses por algunas derrotas emocionales que en su momento me derrumbaron completamente. Además, hay dos personas en mi vida a quienes estimo mucho y el cáncer llegó hasta ellos como una fría sombra de invierno. Ante eso, debí dejar de lado mis propias penas y soledades para levantar la cabeza lo más que pudiera. ¿Pero dónde están mis afectos ahora? Es algo que inevitablemente me pregunto algunos días, cuando sólo quisiera quedarme acostado sin hacer nada y a pesar de todo, no puedo.
¿Con qué moral podría pedirles a los demás que siguieran luchando contra las adversidades, si me rindiera? Es muy bonito lo que dice Steve Jobs; realmente es lo que cualquier soñador como yo quisiera escuchar. Pero a veces en la vida, debemos postergarnos a nosotros mismos por el bien común y esperar que más adelante, se nos presente la oportunidad de ser felices.
Jobs habla de los dogmas como maneras impuestas de vivir. Ahora estoy pasando por una etapa muy difícil de mi vida en la cual esperaba que me apoyaran algunas personas importantes, que por propia voluntad se han distanciado física y emocionalmente para continuar con sus vidas sin mí. Ante esto y aunque algunos puedan estar en desacuerdo, debo reconocer que la religión me ha sostenido o Allâh (swt) más bien.
Nunca es bueno esperar que personas humanas y por lo tanto, imperfectas como nosotros, sean centrales. Luego se van, motivados por cualquier razón o simplemente porque ya no nos quieren y ahí quedamos, desnudos frente a la vida en medio del inclemente frío. Cuando pasamos por circunstancias difíciles, no nos podemos permitir el lujo de que otro humano ordene nuestros sentimientos, porque hay quienes pueden necesitar nuestra ayuda o apoyo y debemos estar bien para ellos o al menos, vernos estables.
En este sentido, Jobs tiene razón, pues interpretando sus palabras diría que debemos hallar nuestro propio centro y no dejar que otro nos lo enseñe. Es la única manera de que podamos ser un aporte para los demás y al mismo tiempo, dirigirnos hacia nuestro horizonte personal.
Empero, no puedo dejar a un lado el hecho de que como siempre digo, la felicidad sólo es verdadera si se comparte. Ya olvidé dónde escuché por primera vez esa frase, pero encierra una gran verdad. Cuando uno está o se siente solo, no es feliz aunque tenga aquello que siempre ha soñado. En mi caso, hasta hace ocho meses mi principal motivación mundana era regresar a Estambul, no porque sea una ciudad preciosa sino por la gente que dejé allá. Sin ellos Turquía sería solamente un país más entre tantos, pero muchos no entienden que mi verdadera alegría está en los afectos y no en los lugares. Mi Estambul particular es donde ellos estén.
Hay veces en la vida, como ahora, en que la tristeza y la soledad sólo pueden combatirse con ayuda de Allâh (swt) y la esperanza de que nuestro sueño se haga realidad, pero podamos compartir nuestra felicidad con aquellas personas que amamos, estén en Turquía, Chile o cualquier otra parte. ¿Qué caso tendría seguir luchando si no fuera de ese modo? ¿Alguien más se siente así o soy el único?

lunes, 6 de octubre de 2014

Lo terrible de la amistad

«Lo terrible no es que te deje; lo terrible es que te deje de querer», decía el periodista José Antonio Neme hace algunas semanas en el matinal Mucho Gusto de Mega, hablando sobre la ruptura en las relaciones y de cómo a veces sabemos que esa persona ya no quiere saber nada de nosotros, pero insistimos en llamarle o escribirle con cualquier pretexto para saber si la puerta todavía está abierta. En ocasiones, lo único que conseguimos es que nos saque de su vida definitivamente a patadas porque nos transformamos en un estorbo. Es la pura verdad aunque suene triste decirlo.
A veces esto no sólo sucede en las relaciones amorosas sino también en las amistades. No podemos evitar sentirnos solos cuando sabemos que tenemos amigos pero por alguna razón, se alejan de nosotros sin que el problema sea evidente. Se callan, se distancian y ahí quedas, en el aire suspendido.
Mamá dice que las amistades no son eternas como dicen mis amigos turcos, pues las circunstancias a veces rompen un sentimiento genuino tan hermoso, que quisiéramos conservarlo para siempre pero no se puede, porque todo acaba en esta vida aunque no nos guste.
El Sr. L por su parte, habiéndome visitado un día en casa, me dijo que yo idealizaba las amistades. Es fácil para él decirlo porque no espera mucho de nadie, como tampoco deja que uno se haga demasiadas expectativas de él o así era mientras fuimos amigos, a no ser que durante estos tres últimos años algo extraordinario haya pasado y tenga otra perspectiva de las relaciones humanas. La verdad es que no solamente idealizo los afectos sino también a las personas olvidando que todos somos imperfectos y que generalmente lo más fuerte de la personalidad son nuestras debilidades o defectos.
La vida me ha enseñado a golpes que no podemos comprometernos emocionalmente al punto de quedar destruidos si la relación se acaba. Tampoco podemos ser completamente honestos al extremo de ir por la vida mostrando el corazón. Nadie valora eso y queda demostrado fehacientemente cuando a pesar de tus virtudes, alguien te patea el trasero sin importarle cómo quedes.
«La mucha bondad es causa de menosprecio» decía siempre Karina Züleija cuando todavía nos veíamos. La frase me hace mucho sentido ahora, pues mientras mejor trates a un amigo más es el daño que te hace al sacarte de su mapa o desaparecer del tuyo sin darte explicación alguna.
Debo reconocer que a lo largo de mis ya treinta y tres años en esta vida, me he decepcionado de mucha gente que aparentaba ser emocionalmente madura y sin fobia al compromiso. Pero tristemente he aprendido que a veces esas amistades de la infancia o incluso la adolescencia, sólo duran un corto período mientras sean frecuentes los encuentros y después, todo queda en silencio. No terminas formalmente la relación pero de algún modo, sabes que no sigue adelante.
Éste es un patrón que repetiremos el resto de nuestras vidas, siendo muy raras las ocasiones en que podamos cerrar un círculo o dar por terminado un ciclo afectivo formalmente. ¿Será que uno también debería divorciarse de los amigos cuando la amistad no resulta por diferencias irreconciliables? ¿Y cómo podemos determinar cuándo estamos frente a esas diferencias? Tal vez en la mayoría de los casos, rescatar un afecto sólo dependa de ejercitar nuestra tolerancia y saber disculpar al otro si se equivoca, comprendiendo que nadie en este mundo está libre de cometer errores y a veces, metemos la pata habiendo querido hacer lo mejor sin darnos un buen resultado.
«Quien tiene un amigo, tiene un tesoro», reza el viejo y conocido refrán. Pero a veces no valoramos esta posesión tan incomparable y como todo recurso en esta vida, ocasionalmente la amistad también se acaba. El que dijo por vez primera esta frase, seguramente nunca tuvo un amigo que lo apuñalara por la espalda o lo desechara como trapo viejo cuando ya no le era útil. Pero hoy en día, con las mal llamadas redes sociales, consideramos amigas hasta a las personas que acabamos de agregar sólo porque coincidimos en algunas cosas y creemos que incluso podremos hallar a nuestra alma gemela. Sí, claro…, como si la gente no pudiese mentir en Internet. Nos mienten a la cara y con mayor razón de otras maneras.
Las cosas como son. Hay gente traicionera en este mundo a la cual no le cuesta nada rodearse de gente y ser populares, sólo porque saben afirmarse bien la máscara. Mientras que otros, siendo honestos están completamente solos. Y habemos quienes estamos en un punto intermedio, pues a veces nos topamos con personas siniestras pero por lo general, quienes nos rodean sirven también de escudo, porque nos quieren.
Yo tengo pocas amistades, pero buenas y sé que si alguien me hace daño, reaccionan igual que desatando dos huracanes Katrina. En realidad lo prefiero a estar rodeado de personas que dicen ser mis amigos pero sólo están de paso. a veces me siento muy solo y tal vez se deba a mi carácter melancólico para lo cual, ser escritor y estar lejos de Turquía no me ayuda mucho, sino todo lo contrario.
Ciertamente tratándose de una amistad, hay errores imperdonables aunque pocos como por ejemplo, la traición que alguien nos hace intencionalmente con el fin de obtener algo, sacar provecho o alcanzar un fin. Pero otras veces y casi siempre, perdemos las mejores amistades porque somos incapaces de disculpar pequeños tropiezos, pues nos gusta agrandar las faltas de otros mientras que las propias siempre nos parecen nimiedades. En ese sentido, muchas veces exageramos el daño causado porque nos impulsa nuestro maldito orgullo e incurrimos en faltas más graves que el error mismo, como terminar abruptamente una amistad porque algo se dijo, callaron un secreto personal o simplemente cualquier cosa nos parece una afrenta.
He sabido de casos, muchos, en los que amistades se han roto porque una de las personas va más allá y se confunden los sentimientos. Sí, es un asunto delicado, especialmente cuando el confundido siente que le han dado señales para confundirlo. ¿Pero qué ser humano puede, desde su imperfección, decir cómo debe sentir otro? Hay gente que no puede iniciar una amistad con alguien sin pasar por la cama antes o al menos, tantear terreno, y después nadie se hace cargo de los sentimientos que despierta. En ese caso, y ésta es mi opinión personal basada en la experiencia, quien debiera dar una patada no es aquella persona que sedujo, sino más bien la seducida, por dignidad. Pero todos sabemos que los enamorados no tienen esto último. Ahí es donde la ecuación falla y no llegamos al resultado de la incógnita.
«A una mujer te puedes acercar por el camino de la amistad o el de la pasión. Pero cuando has escogido un camino, no puedes cambiar al otro», me dijo mi hermano una vez cuando todavía era adolescente y se me quedó grabado, aunque mi brújula suele llevarme a encrucijadas. Y claro, como uso silla de ruedas, a menudo mis amistades se truncan porque en la senda que señaló Iván, las ruedas se me desinflan o voy cojeando.
¿Y no será que algunas personas incitan a otras a confundir la amistad para arrepentirse luego, porque también están confundidos pero de otro modo? Digo que todos somos capaces, conscientemente o no, de despertar sentimientos en otros e ir más allá de la amistad, pero a veces no existe la intención de expresarlo o es tan efímero, que no se le da la suficiente importancia. Sin embargo, cuando realmente estamos vinculados a alguien que no nos corresponde, le doy la razón a José Antonio Neme diciendo «Lo terrible no es que te deje; lo terrible es que te deje de querer».

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Yahya. Carlos Flores A.
Escritor chileno.