«Quien no conoce Estambul, no conoce el amor».

Yahya Kemal Beyatlı.

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viernes, 23 de enero de 2015

Fallece Pedro Lemebel


Pedro Lemebel (Santiago, 21 de noviembre de 1952 - Providencia, Santiago, 23 de enero de 2015) fue un escritor, cronista y artista plástico chileno. Su única novela fue Tengo miedo torero.
Nominado al Premio Altazor en seis ocasiones y al Premio Nacional de Literatura una vez. En 2006 recibe el Premio Anna Seghers y en 2013 el Premio José Donoso.
Lemebel fue cronista de Página Abierta, La Nación, de las revistas de izquierda Punto Final (desde 1998) y The Clinic. También condujo programas radiales, dirigió talleres de crónicas y dió conferencias en diversas universidades, como la Universidad de Harvard y la Universidad Stanford.
A las 2 de la madrugada (hora local) del 23 de enero de 2015, Pedro Lemebel, falleció a causa del cáncer de laringe que lo arrastraba desde 2011, en la Fundación Arturo López Pérez de Providencia, Santiago. Años atrás, había sido operado en este mismo lugar en dos ocasiones, con el fin de acabar con su enfermedad.
La población marginal y pobre así como también los parias sociales y la comunidad GLBTI del mundo tiene en él un gran representante cultural. En mi sección de Noticias de Facebook he visto sólo una publicación sobre esto. El cáncer se llevó a uno de los últimos verdaderos escritores chilenos, cronista de nuestra realidad cuando actualmente los narradores jóvenes pretenden alcanzar fama y fortuna rápidamente.
¿Dónde están los activistas gays? Lo he dicho antes y lo digo ahora: preocúpense menos del sexo casual, el sauna, la discoteca, el bar de moda y el centro comercial. Presten más atención a la literatura, el teatro, los museos y el arte. Dejen de comportarse como subcultura y tengan más cultura.

miércoles, 21 de enero de 2015

Palabras al Sr. G. H.

Cuando era más joven, me resultaba impensable dormir una siesta después de almorzar, pues al parecer mi cuerpo tenía más energía o ganas de vivir. Hoy en cambio, llevo días acostándome hasta las cuatro de la tarde y diría que hasta me ha salido un poco de panza. Sin embargo, ahora en lugar de la siesta, preferí quedarme escribiendo esto para un amigo.
Anoche el Sr. G. H. escribió que su ex pareja había llegado de sorpresa a su departamento sin avisar, reavivando el fuego que alguna vez hubo entre ambos. Pero después de una fugaz recaída, el susodicho recibió una llamada de su actual novio y salió corriendo a su encuentro, dejando a mi amigo con lágrimas en los ojos y la ilusión rota.
Apenas leí esto, a las dos de la madrugada le escribí un correo electrónico de aquellos tediosos como sólo yo sé hacerlo, de trece párrafos, para aconsejarlo e intentar de algún modo consolarle.
Básicamente le dije que lamentaba su llanto, pero no debía preocuparse porque su dolor era señal de que aún podía sentir, pues hay quienes desmotivados por las desilusiones amorosas, renuncian a los sentimientos y eligen vivir mecánicamente sus pasiones, como entes sin emociones, perdiendo parte de su humanidad.
Estas criaturas subestiman tanto las emociones que incluso creen patético a quien tiene sus sentimientos como motivación. Cualquiera podría decirme que cada persona es libre de vivir como quiere y que ser promiscuo también es legítimo. Pero no es así si tu modus vivendi afecta a otros, atropellando sus emociones y lastimándolos.
En este sentido, es común que alguien a quien le han roto el corazón muchas veces, cansado de sufrir, claudique ante el amor y prefiera tener varias parejas esporádicas en lugar de comprometerse sentimentalmente con sólo una persona, manteniendo una relación madura y estable. Es cierto que desde hace un tiempo no abordo los temas de la comunidad GLBTI con la misma frecuencia que antes, pero esto es igualmente aplicable a cualquier persona sin importar su orientación sexual. Sigo creyendo que no es válido anteponer las pasiones propias en desmedro de los sentimientos que alguien tenga.
¿Qué le pasa a la gente, que va por la vida ensuciando los corazones de quienes a pesar del sufrimiento, están dispuestos a sentir? Sería oportuno decir en este punto que debemos ser cuidadosos en general, hombres y mujeres, al momento de dejar entrar a alguien en nuestras vidas, porque hay quienes no valoran este voto de confianza y tampoco les importa causarnos una pérdida afectiva, una desilusión.
Estas personas, psicópatas porque no hay otra forma de llamarles, nos cosifican; somos para ellas una fuente de placer que no vale nada después de haber logrado su mezquino objetivo. Muestra de ello es cómo nos abandonan fríamente, sin importarles el rastro de desolación que dejan con su partida, porque les resulta más provechoso usar a un ser humano emocional que masturbarse o comprarse un consolador. Cuando digo que nos cosifican, es porque nos ven como si fuésemos consoladores parlantes o elementos desechables de los cuales pueden desprenderse fácilmente cuando hayan obtenido utilidades. Sí, soy duro e implacable en mi forma de hablar porque estas criaturas no tienen tacto alguno al momento de llevar a cabo su plan y tampoco les debe afectar demasiado cómo se les diga la verdad.
Es cierto que tal vez el resto de nosotros nos exponemos a este tipo de abuso socialmente aceptado, porque a veces necesitamos sentir afecto de otro y cometemos el error de escoger a la persona más inapropiada, sea porque no nos quiere o simplemente porque no estamos hechos el uno para el otro. Sería deshonesto no admitir cierto grado de responsabilidad propia en aquellas traumáticas experiencias amorosas que nos dejan cicatrices.
Sí. No toleramos la soledad y a veces, preferimos engañarnos creyendo las mentiras de alguien que sólo quiere aprovecharse por un rato de nuestras carencias. No soy cínico fingiendo ser alguien sin experiencia; la verdad es que tampoco soy muy experimentado, pero si a los treinta y tres años todavía me contaran cuentos, estaría totalmente perdido.
Hace algún tiempo escribí sobre el Sr. F. A., quien recientemente admitió su homosexualidad aunque se ve enfrentado a una problemática de tipo religiosa, porque siendo católico apostólico y romano, se niega a vivir plenamente su sexualidad y sus sentimientos por temor al Infierno. Actualmente no mantiene contacto con mi tocayo con la misma frecuencia que antes, pues al parecer se dio cuenta de que sería difícil vivir en Jordania siendo abiertamente gay.
Quiero dejar claro que este artículo no trata de lo que dice la religión sobre la homosexualidad sino más bien, acerca de cómo algunas personas sin importar su orientación sexual, se aprovechan de las carencias afectivas o el cariño que han despertado en otros, para satisfacer sus necesidades egoístas sin considerar el bien común. Sé que a muchos no les gustará mi opinión, pero lo cierto es que a veces sufrimos estas decepciones porque nos dejamos llevar por nuestras pasiones e ilusiones, dejando de lado el razonamiento. ¿Qué nos hace creer que si no funcionó bien la primera vez con una persona, funcionará en un segundo intento?
No quiero que el Sr. G. H. se enoje conmigo por lo que diré a continuación, pero sólo es un análisis: su ex pareja le visitó sin avisarle previamente, pasaron juntos una tarde maravillosa y finalmente, cuando el actual novio de este sujeto lo telefoneó, salió corriendo a su encuentro. Para mí es evidente que no sólo lastimó a mi querido amigo sino además, a su pareja que inevitablemente, acabará enterándose. Este tipo es una joyita como para llevar a casa; es ideal para pedirle que marche a favor de una Ley de Matrimonio Igualitario. Luego son estos personajes por los cuales la comunidad GLBTI tiene mala fama.
Yo sé que el Sr. G. H. tiene un vínculo emocional con el tipo que lo dejó tirado ayer y por ello, me preocupa que mis palabras sean malinterpretadas. Sin embargo, él debe saber que también he tenido muchas decepciones amorosas, principalmente porque me encuentro con gente cobarde que le teme al compromiso y aunque pueda enamorarse de mí, nunca tendrá el valor para estar conmigo porque nadie querrá hacerse cargo de este cacho…, un tipo enfermo, cesante y que además, habla demasiado.
Repito que aquí estoy hablando sobre cómo algunas personas desalmadas nos utilizan, engañan, manipulan y cuando han logrado su objetivo, nos desechan como trapos viejos. Da lo mismo que estas palabras las lea un heterosexual homofóbico o un gay reconocido, porque ambos sabrán comprender mi mensaje, pues a todos nos ha pasado lo mismo y a algunos, más de una vez.
Hemos escuchado la flauta de Hamelin, pero cuando cruzamos al otro lado del río, sólo encontramos ratas. Y ya que hablo sobre cuentos de hadas, recordé que anoche el Sr. G. H. se durmió esperando al Príncipe Azul. Sin embargo, ésta al igual que la Princesa Encantada, no existe. Sólo habemos hombres reales de carne y hueso; para quien busque el amor, sólo tiene dos alternativas: los hombres malos o los mejores.
Por eso es que los señores F. A. y G. H. no deberían sufrir al tropezar con tipos como los descritos anteriormente. A los tres con el permiso de Allâh (swt) nos queda mucho camino por andar, cada uno en su senda y por ello, es preciso asumir que si bien el dolor es inevitable, podemos elegir por quién sufrir: una persona que merezca la pena o una que no.

martes, 20 de enero de 2015

La libertad de expresión no es cobarde

Hace algunos días publiqué en este mismo blog una entrada titulada Una falsatolerancia –la anterior–, donde dejo bastante clara mi opinión acerca de la libertad de expresión. En mi buzón de correo electrónico recibí el comentario hostil de un Anónimo que en apenas dos líneas insultó mi religión, a los musulmanes y reconoció que no daba su nombre por temer la reacción que podría provocar. ¿Por qué no publiqué este comentario? Mis razones son simples:
En primer lugar, jamás he discriminado a ningún grupo por razón alguna, incluso si eso me hace acreedor de la enemistad de quienes sí lo hacen. No será esta la primera vez que promueva mensajes de odio contra determinado sector social, animando así una injustificada cacería de brujas. Menos aún si ello perjudica a mis hermanos de fe. Este cobarde comentarista Anónimo no contaba con el hecho de que sus palabras saldrían a la luz pública sólo si pasaban mi filtro (en mi blog no se publica cualquier basura y menos si ataca a gente inocente).
En segundo lugar, no aprobaría los nocivos comentarios de alguien que se esconde en el anonimato para decir lo que se le plazca. «Je suis Charlie» es una frase en la que muchos han hallado la representatividad de la libre expresión, sin considerar que también hubo al menos una víctima musulmana en el atentado a la revista francesa y que eso también nos da el derecho a manifestarnos. Les guste o no, ser musulmán no es sinónimo de ser terrorista. Yo no he cometido el garrafal error de meter a todos los católicos, protestantes o judíos en un mismo saco por los errores de algunos; por ello, no permito que generalicen en mi caso.
En tercer lugar, comentar desde el anonimato es igual que cuando en la Revolución Francesa (1789 y no lo digo por los franceses de hoy), hubo cobardes que lincharon a gente inocente escudados en la multitud, llevándolos a la guillotina. La libre expresión no significa que puedas decir lo que quieras de cualquiera, sin filtro y peor aun, sin dar la cara... Es cierto que en este blog critico todo tipo de asuntos, pero todos mis lectores saben cómo me llamo y quién soy. Así es como trabaja correctamente el derecho a la libre expresión, con honestidad y yendo de frente.
En cuarto lugar, no es correcto utilizar una tragedia, el dolor de la gente, las muertes de personas inocentes y la muy lamentable discriminación de la cual hemos sido víctimas los musulmanes del mundo en mayor o menor grado, para subirte al carro de la victoria e insultarme gratuitamente desde el anonimato diciendo «Je suis Charlie». No es el propósito de esa frase ni de quienes, como el inocente pueblo francés de hace doscientos veintiséis años u hoy, la enarbolan. Tú no eres Charlie; tú no eres nadie.
En quinto lugar, comentarista Anónimo, reconoces no dar tu cara ni nombre por miedo. La razón de tu temor no es lo que ocurrió en Francia, sino tu ignorancia, tu desinformación y especialmente, el hecho de que te desquitaste con los musulmanes por algún problema personal en el cual, desde luego no tenemos ninguna responsabilidad. En otras palabras, no debemos hacernos cargo de que tu vida sea miserable y me incluyo, no sólo por ser musulmán, sino también porque tuviste la desafortunada idea de desquitar tu rabia en mi blog. Por si no lo notaste, tengo muchos más recursos argumentativos que tú y si no lo sabías, ya lo sabes; yo no te respondería insultándote gratuitamente en dos líneas.
En sexto lugar, el derecho a la libre expresión requiere que para ser ejercido correctamente, legitimes tus opiniones con argumentos, bases, pruebas y si lo hicieras como una persona adulta, madura, responsable e informada, no te esconderías en el anonimato cobardemente ni utilizarías insultos básicos, porque así no defiendes nada ni a nadie. Lo tuyo no pasa de ser la expresión descontrolada de una rabia personal que no guarda relación alguna con los hechos acontecidos últimamente.
En séptimo lugar, has de saber que por lo anterior, mientras no des tu cara y nombre para opinar, ni una sola letra tuya será publicada en los comentarios de mi blog, sin importar cuántas veces intentes envenenar a mis lectores. Esto es aplicable a cualquier comentarista que desde el anonimato ataque, humille o difunda mensajes discriminatorios y de odio contra cualquier persona, sin distinción alguna.

jueves, 8 de enero de 2015

Una falsa tolerancia

Ayer hubo al menos doce fallecidos en un atentado al semanario satírico parisino Charlie Hebdo e inmediatamente Facebook se llenó de comentarios contra los musulmanes, diciendo que debía defenderse la libertad de expresión. Pues bies, éste es el tema que ocupará el presente artículo de mi blog, porque los usuarios de redes sociales son muy buenos para expresarse sin siquiera saber de qué hablan concretamente.
En primer lugar, me gustaría aclarar que como musulmán, repruebo absolutamente el asesinato de personas inocentes e indefensas como ocurrió en Francia, especialmente porque el Noble Corán dice específicamente que ante los ojos de Allâh (swt), matar a una persona tiene la misma carga que haber matado a toda la Humanidad y salvar a alguien tiene el mismo significado que salvar a toda la Humanidad. Se nos enseña que sólo Allâh (swt) es Dueño de la vida y de la muerte y no debemos matar a ninguna criatura.
En segundo lugar, debo mencionar que uno de los policías fallecidos en el atentado era musulmán, pues en Francia la población islámica es numerosa. El radicalismo en todo sentido es negativo y no debe causar bajo ninguna circunstancia la nefasta discriminación generalizada, pues los propios musulmanes parisinos fueron primeros en repudiar este deleznable acto.
Si bien es horrible lo ocurrido, nadie toma en cuenta que las autoridades francesas han promovido un rechazo radicalizado a musulmanes, ejerciendo islamofobia igualmente reprobable. Consideremos pues que de un tiempo a esta parte las mujeres musulmanas en Francia tienen prohibido usar públicamente el hiyab, que no sólo es parte de su religión sino también de su cultura e identidad. Así mismo, las burlas de este semanario satírico contra el Profeta Muhammad (saws) podrían considerarse del todo escandalosas por sugerir abiertamente que fue pedófilo, sin investigar su vida en profundidad para tener bases certeras sino sólo en pos de la libertad de expresión y creatividad.
Ayer en Facebook tuve un debate muy irritante con alguien que siendo ateo decía que si soy musulmán, debo serlo en mi casa pero no públicamente y jamás entendió que la religión como la identidad no es una camisa que debas quitarte o ponerte según la ocasión. Seguramente esta persona sería feliz si en público un musulmán bebiera alcohol, comiera cerdo y sólo se comportara correctamente entre las cuatro paredes de su casa. Sin embargo, esto es hipocresía, pues uno debe ser musulmán todo el tiempo y si bien hay exigencias que no podremos cumplir por nuestras imperfecciones y limitaciones, no debemos intentar complacer a quienes nos aceptarían sólo si cometiéramos las mismas faltas que ellos. ¿Por qué yo, siendo musulmán, debo renunciar temporalmente a mis valores morales, ideales y creencias para simpatizarle a esta persona atea?
Él acusaba a los musulmanes de ser invasivos con nuestras costumbres e incluso sugirió que sólo debíamos profesar nuestra religión dentro de países musulmanes. Sin embargo, siendo musulmán no obligo a las mujeres a usar hiyab ni a otros hombres a rezar cinco veces diarias; mi religión es algo que practico sin estorbarle a nadie y no veo por qué a un ateo deba molestarle que sea musulmán practicante. Seguramente también hablaría mal de mí si fuera hipócrita, siendo musulmán de la boca para afuera y sin cumplir los pilares del Islam.
En definitiva, terminé la discusión porque se transformó en un diálogo de sordos donde cada quien esgrimía sus argumentos en una biografía de Facebook ajena, donde la usuaria obviamente se molestó porque si queríamos atacarnos, debíamos hacerlo en nuestras propias páginas.
Dicen que la libertad de expresión y creatividad son razones suficiente para obligarme a tolerar que difamen al Profeta (saws) y me encierren en mi casa si quiero practicar mi religión, sin derecho a moverme donde quiera o viajar al país que desee. Estas personas que me discriminan por el sólo hecho de ser musulmán –pues temen que esto sea sinónimo de terrorista–, son las mismas que dicen ser tolerantes, luchan contra la discriminación y disfrazan como falsa libertad de expresión un manifiesto mensaje de odio celebrado mediáticamente como sátira cómica. ¿Cómo se entiende esta contradicción en sí misma? Intentemos entender:
Yo, musulmán, debo aceptar que personas progresistas, tolerantes, intelectuales y evolucionadas, defensoras de los derechos de toda minoría, me obliguen a soportar la difamación del Profeta (saws) y sus enseñanzas, profesar mi religión encerrado, sospechen de mí por mi religión, no me permitan manifestarme como musulmán públicamente y promulguen leyes para forzarme a asimilar conductas que van contra mis ideales, so pena de ser arrestado o expulsado del país y en este punto no estoy mencionando ninguna nación en particular. ¿No les parece irónico?
Más aun, cuando ocurre un atentado terrorista al cual como musulmán me opongo rotundamente, todos se compadecen y con razón de las doce víctimas, sin considerar que uno de los muertos es musulmán y que se puede desatar un violento rechazo al Islam, absolutamente injustificado pero promovido socialmente.
Este hombre con quien debatí en Facebook me decía que cuando ha visitado Turquía, acepta descalzarse y que su esposa cubra su cabeza con un velo para entrar en una Mezquita; pero no acepta que en su país las mujeres musulmanas usen hiyab por las calles. Le hice ver que en Occidente es mal visto que una mujer entre en una Iglesia católica usando escote o minifalda. Básicamente es el mismo principio de ingreso a cualquier templo, sólo que una mujer musulmana no deja de serlo al salir de la Mezquita y por ello, al ir por la calle es cuando más debe usar el hiyab voluntariamente, para resguardar su pudor.
Quien diga qué el Islam sólo le impone obligaciones morales a mujeres, ignora que son recomendaciones y que un hombre musulmán también recibe sugerencias, como bajar la mirada ante las mujeres, para no fijarse en sus atributos femeninos lascivamente.
Durante estos días el programa Intrusos transmitido por La Red TV, han hablado pestes de las telenovelas turcas que los canales chilenos han comprado. Los panelistas protestan porque hace algunos años había seis programas televisivos dedicados a la farándula y hoy se transmiten seis producciones eurasiáticas. Sin embargo, las críticas no llegan hasta ahí porque uno de los panelistas siempre critica Turquía como cultura y a los turcos, rayando abiertamente en la xenofobia sin considerar que, siendo gay defiende los derechos de la comunidad GLBTI. Ésta también es una contradicción manifiesta e irritante, porque siendo víctima de discriminación, yo personalmente no me atrevo a discriminar a nadie, haciéndole pasar por las penalidades que esto implica. Siendo discriminado por cualquier motivo, ejercer discriminación sobre otro es una hipocresía.
No menciono esto antojadizamente sino como demostración de que la discriminación puede ejercerse incluso públicamente, sin importar país ni otras condiciones. Si hablas mal de alguien y trabajas en ello, siendo un personaje público e tu obligación aceptar que otros hablen mal de ti y si no te gusta, debes controlar tus declaraciones, sabiendo que la palabra tiene poder y puedes causar efectos sociales muy negativos contra el sector social que estás discriminando. Si criticas que los canales nacionales le den preferencia a exitosas producciones dramáticas extranjeras en desmedro de programas del rubro en el cual tú te desempeñas –sin importar si lo haces bien o mal–, no recurras a argumentos tan mediocres como discriminar por raza, cultura o nacionalidad, sabiendo que en tu país hay inmigrantes de muchos países quienes, como en todas partes, han aportado a tu propia cultura e identidad nacional aunque no te guste admitirlo.
Si ves que los programas televisivos del rubro al cual te dedicas ya no son del gusto general y cada vez van desapareciendo más, lo correcto no es aportillar el éxito que la competencia ha obtenido transmitiendo excelentes producciones extranjeras; al contrario, lo correcto sería esforzarte en hacer un mejor trabajo y así, encantar nuevamente al público cin programación de calidad.
Todo esto lo digo en mi blog personal porque me he dado cuenta de que a pesar de ser una red social, Facebook está lleno de casos en los cuales uno dice algo y causa un debate, malentendidos o declaraciones fuertes. Últimamente en Facebook no tengo libertad para hablar de deportes, política, religión ni sexo porque todo escandaliza a quienes me leen.
Como pueden ver en este artículo, la libertad de expresión se relativiza bastante al momento de ejercer tolerancia. Todos la exigimos, pero pocos son capaces de darla realmente. El hombre con quien tuve ayer el debate me decía que todas las religiones son hipócritas y causan guerras. ¿Es así? Según lo veo, la hipocresía y la guerra son responsabilidad de los seres humanos, que radicalizan sus ideologías ya sean de un extremo u otro. Si queremos respeto y tolerancia, debemos entender que así como el ateo tiene derecho a no creer, el religioso lo tiene de profesar su religión sin tener que esconderse, avergonzarse ni temer las reacciones de gente temerosa y prejuiciosa. Atención, que no estoy refiriéndome a casos particulares que me ha tocado tratar sino a generalidades vistas últimamente.
Durante la Edad Antigua, los cristianos fueron lanzados a los leones. En la Edad Media, la Inquisición se encargó de torturar y ejecutar a judíos, musulmanes y ateos. Al llegar la II Guerra Mundial, mataron masivamente a judíos, musulmanes, gays y extranjeros. ¿En qué se diferencia esto de lo ocurrido actualmente?

viernes, 2 de enero de 2015

Los polémicos rezos de Delfina Guzmán

Foto: La actriz Delfina Guzmán en uno de los posters de la campaña gubernamental para prevenir el cáncer de mama.

Bueno, yo no soy de aquellos que ventile su vida privada, principalmente porque antes lo hice y tiene un altísimo costo emocional. Sin embargo, hoy he visto parte de las declaraciones que la actriz Delfina Guzmán hizo recientemente para una entrevista concedida a Radio ADN, donde asegura «Escucho un comentario adverso y soy comunista pero católica, cosa que no me complica para nada. Entonces le rezo a la Virgen del Carmen, que es una reina para cumplir las mandas –qué cabra más buena persona– y a la Teresita de los Andes, para que les dé cáncer a los que pelen a Nicolás», refiriéndose a las críticas hechas contra el Ministro de Educación, señor Nicolás Eyzaguirre, quien es además su hijo. A esto, añade «Así que el primer cáncer que aparezca es porque yo le he rezado y he pedido a la virgen que le dé por bruto, mal educado, por incomprensivo y ordinario».
No daré nombres para evitar exponer públicamente a las personas afectadas, pero detallaré mi experiencia. Cuando era pequeño, una parienta cercana y amada fue tratada de un cáncer cervicouterino. Elhamdülillah, hoy es sobreviviente, luego de haberse sometido a una compleja cirugía y radioterapia en aquellos años.
Mis abuelos paterno y materno fallecieron de cáncer. El último fue afectado por uno prostático y a pesar de que le dieron sólo un año de vida, estuvo catorce luchando contra esta maldita enfermedad.
El suegro de mi hermano también falleció hace pocos años de este padecimiento, habiéndose tratado con muchos medicamentos paliativos que le daban para combatir las consecuencias de no tener dinero para un mejor tratamiento.
Una muy querida amiga de mi madre tuvo cáncer mamario y además de operarse, tuvo ciclos de quimioterapia y radioterapia, porque estuvo a punto de morir. Elhamdülillah también sobrevivió milagrosamente. Por su parte, ella tuvo una hermana que falleció por este mal y otra descubrió padecerlo justo a tiempo, pudiendo prevenirlo.
¿Les parece suficiente? Pues el año pasado un hermano de la Mezquita cayó hospitalizado y le descubrieron cáncer de médula ósea, también conocido como mieloma múltiple, además de leucemia. Elhamdülillah se recuperó del segundo, pero ha perdido al menos trece centímetros de estatura porque se quebró al menos seis costillas y la columna en dieciocho partes.
También el año pasado alguien próximo y muy querido fue diagnosticado con cáncer aunque prefiero ser discreto y no especificar de qué tipo, provocando el sufrimiento de todos quienes le conocemos. Rogamos a Allâh (swt) que haga un milagro y lo sane. Amin.
A pesar de ser musulmán y saber que sólo Allâh (swt) es el único Dios verdadero, respeto todas las religiones porque me gusta ser respetado. Empero, me da lo mismo si la gente le reza a vírgenes o santos. Y a pesar de esto, no puedo entender que alguien se pavonee de pedir que una persona sufra esta nefasta enfermedad por razones tan irrelevantes.
Para empezar, un personaje público debería asumir como parte de su labor el recibir críticas, sean éstas constructivas o no. Es una fracción del costo a pagar.
Pero es realmente terrible que en esta sociedad inmunda, corrupta, capitalista y degenerada –hablo en términos globales y no de un país o gobierno específico– en pleno siglo XXI, todavía exista quienes sean incapaces de empatizar con el dolor ajeno en circunstancias tan funestas como las descritas en párrafos anteriores y además, se refugie en la religión –cualquiera sea– para justificar sus dichos.
Y aun más, me parece gravísimo a ultranza que el gremio de actores, malamente representado por algunos rostros, apoye estas declaraciones con argumentos tan absurdos como «Todos sabemos que Delfina es irreverente y hay que entenderla, porque una madre defiende a su hijo con uñas y dientes». Pocas veces concuerdo con el señor José Miguel Villouta, periodista de profesión y panelista del programa televisivo Intrusos de La Red, porque sobre todo no soporto sus opiniones en contra de los turcos, un caso aparte. Sin embargo, hoy tenía razón al decir que los actores son representantes muy importantes de un país en el plano cultural e intelectual y como tales, deberían meditar más sus expresiones en asuntos tan serios.
Ciertamente es vergonzoso que en este país a ciertos personajes se les justifiquen desmadres sólo porque son ellos y además, se les premie la irreverencia. No debemos olvidar que en años anteriores la señora Guzmán participó en una campaña publicitaria de prevención del cáncer, donde muchos personajes públicos eran fotografiados calvos. Algo de muy mal gusto, chocante y como es esperable en la publicidad chilena, sin el efecto esperado. Es inconsecuente.
Ahora bien, porque no me chupo el dedo, sé que esto podría ser un desesperado intento mediático de hacer polémica donde nadie más se fija, convirtiendo en tema país algo que sólo nos importa a quienes hemos vivido el cáncer de cerca, lo que no es menor. Pero en una sociedad tan indolente como ésta, si no experimentas la situación en carne propia, poco o nada te importa lo sucedido al prójimo.
Así es como actualmente un programa de farándula deja a un lado los temas frívolos que siempre lo hicieron sustancioso a ojos de telespectadoras, para convertirse en el vigilante que denuncia públicamente los escándalos y desatinos de figuras que otrora se llevaban sus galardones.

Fuente: El Mostrador.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Terminando 2014 como mejor se puede

Foto: Museo de Santa Sofía, Estambul.

Podría hacer un balance de 2014 como los que se acostumbra escribir en las redes sociales, pero me niego a ventilar públicamente mi vida privada. Toma apenas cincuenta y seis segundos saludarme y preguntar cómo estoy; quien realmente quiera saber de mí o le interese, siempre puede escribirme, llamarme y hasta visitarme si el tiempo se lo permite.
En el terreno profesional, inşAllah espero publicar mi novela Síndrome de Estambul a más tardar en noviembre del próximo año. Ya tengo listas las correcciones que me solicitaron para marzo en la editorial y lo hice antes de acabar diciembre. No es porque lo diga yo, pero eso es eficiencia. ¿No les parece?
Ahora debo ver si puedo cambiar un detalle, sólo uno, y quedaría prácticamente listo el trabajo. No se apuren, la historia queda exactamente igual, contando lo más importante ocurrió durante mi viaje a Turquía en 2011 y mucho más, incluyendo la reunión con Tarkan cuando yo era presidente de Tarkan Fans Chile Club Oficial, aunque pueda haber gente asustada –con razón– y otra contenta. En este sentido, estoy cumpliendo una promesa que comenzó cuando escribí la primera letra y culminará con la publicación, si Allâh (swt) lo permite.
Ya escribí la última página del diario íntimo que llevaba y aunque todavía no decido en qué cuaderno o soporte continuar el próximo año, si Allâh (swt) me da vida, lo que quiero es dejar atrás las desgracias del funesto 2014 e intentar superar todo en 2015.
A quienes están ahí para mí, correspondiendo mi cariño, gracias. Ustedes saben quiénes son.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Terminadas las correcciones

Por fin terminé las correcciones de Síndrome de Estambul que me pidió la editorial. Tras semanas trabajando arduamente, ya tengo lo que podría publicarse.
Durante estas semanas me dediqué a corregir todas las mañanas y Allâh (swt) es testigo de que a veces me quedé dormido en los lugares más insospechados, producto del agotamiento. La gente cree que ser escritor es fácil y el máximo esfuerzo sólo requiere que uno se siente frente al monitor a esputar cualquier cosa que se le ocurra. Es de una ingenuidad e ignorancia manifiestas.
Sin embargo, no me quejo del sudor, pues al mismo tiempo sentí como si tuviese la oportunidad de repetir el viaje que hice en 2011. El relato contiene elementos autobiográficos, pero también da cabida a ingredientes ficticios que sazonan la preparación literaria y de seguro, aumentarán el interés del lector.
Éste tal como mis anteriores trabajos, no fue una novela escrita para satisfacer el capricho de lo que me gustaría leer. Siempre que escribo algo, incluso en el presente blog, intento entregar al lector las herramientas para construir su propia historia a partir de lo que me lee. En este caso y sin ánimo de ser presuntuoso para nada, pretendí contagiar mi amor por Turquía, que otros se interesaran en descubrir los ancestrales misterios tan cautivantes para mí. En otras palabras, intento retomar el rumbo a tierras osmanlíes, pero acompañado por cada lector que se deje seducir a través de mi relato.
Para mi sorpresa, leyendo mis propias palabras me di cuenta del uso de muchas figuras retóricas y licencias poéticas. Pude no sólo recordar los hechos sino también las sensaciones, aromas, colores, sabores y emociones. Es lo que trato de transmitir a cada lector, para contagiarle mi síndrome crónico.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Cuando el corazón duele o se rompe

Hay días en que tengo sentimientos para expresar en este blog, pero ignoro cómo hacerlo a pesar de ser escritor, pues se supone que debería disponer de todos los recursos retóricos para hacer fluir la tinta en mi pluma dorada. A veces, por mucho que el corazón quiera hablar gritando a los cuatro vientos, debe callarse, contenerse porque sus palabras podrían perjudicar a terceros o simplemente, el mensaje no se entendería.
El corazón es un músculo al cual le cargamos tantas responsabilidades, culpas, errores, ilusiones, sueños y amores pero no aligeramos el peso. Cuando sufrimos, nadie dice que le duele el páncreas o el bazo sino el corazón, porque de algún modo tiene una conexión especial con nuestra alma y por eso, cuando algo nos duele, sentimos que tenemos una fractura en el pecho.
Hay gente que se pregunta por qué sufrimos en esta vida. Ésa es la clave: que sea esta vida. En el mundo o Dunya nacemos para ser probados en todo aspecto y uno de ellos es que debemos demostrar cuánto podemos soportar. La gente mala, que hay, parece tener mucha suerte y todo a su favor cumpliendo lo que quiere; pero tarde o temprano el castillo de naipes se derrumba y las deudas morales deben pagarse. Por eso, el consuelo de la gente buena es saber que aun cuando las circunstancias sean adversas, si se hace lo correcto aunque no se comprenda la razón, tener la conciencia tranquila es invaluable. Además, la vida que realmente importa es la Última Vida, donde la gente honestamente buena recibe recompensa por la misericordia de Allâh (swt).
Cuando sufre alguien a quien queremos muchísimo, sea amigo, pariente o pareja, a veces no sabemos cómo consolarle y nos sentimos impotentes, porque nos duele tanto como un sufrimiento propio. A veces se nos hace imposible articular palabras coherentes para empatizar con quien tiene roto el corazón, pues si es un dolor auténtico, como seres humanos quedamos en pausa, inmóviles, aletargados y es relativo el tiempo que permanezcamos así, dependiendo de cada persona según su tolerancia.
La publicidad y los medios nos pintan un ideal de vida en el cual todo debe ser perfecto: felicidad es sinónimo de éxito y se logra sumando salud, dinero y amor. Pero la verdad es que todo aquello es artificial y pasajero, porque a veces teniendo todo lo anterior somos infelices. Todos sabemos lo que en esta vida puede causarnos sufrimiento, pero absolutamente nadie puede dar la receta exacta para alcanzar la felicidad, porque ésta es individual. Un ejemplo de ello es que yo sería feliz regresando a Estambul próximamente, pero mi hermano ni siquiera está interesado en saber dónde está Turquía y no puedo culparlo por eso… Es un proyecto mío y personal, como suyo puede ser estudiar ingeniería.
En esta vida es difícil distinguir lo que realmente importa, porque hay muchas distracciones. Pero cuando logramos descifrar el enigma y encontramos algo significativo, no debemos dejarlo pasar por orgullos estúpidos, ambiciones materialistas o desmotivaciones perezosas. Es importante saber lidiar con el dolor, aliviar el corazón, descansar en la fe, atesorar los afectos como amores irreemplazables y saber que en esta vida todo lo malo es efímero aunque tengamos la impresión de que será permanente.
Si nos consideramos seres humanos con todo lo que ello implica, debemos saber que el espíritu simple es aquél que siendo hermoso, se esconde tras las apariencias de todo tipo. La belleza de espíritu tiene por obligación ser compartida y mejorar otras vidas; caso contrario, se desvaloriza.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Síndrome de Estambul en vías de ser publicada

Foto: Entrada del Palacio de la Puerta de los Cañones (en turco Topkapı Sarayı). Mi viaje a Estambul en 2011.

Después de mucho buscar, al fin encontré una editorial que publicara mi segunda novela. ĺnşAllah será publicada con el título Síndrome de Estambul en noviembre de 2015 por Contracorriente Ediciones. Hoy tuve una reunión con mis editores para acordar las condiciones.
ĺnşAllah comenzaré las correcciones mañana temprano para cumplir con mi trabajo lo antes posible. La obra, que originalmente se tituló Síndrome de Estambul: el diario de Sofía Mustakis, seguirá manteniendo su esencia y el mismo relato con las mínimas modificaciones, revelando los fabulosos misterios de aquella exótica ciudad que tanto amo y además, dando espacio a mi propia experiencia durante el viaje de 2011.
Ahora que Turquía está de moda por las telenovelas eurasiáticas que compraron canales chilenos, entre ellas Muhteşem Yüzyil (El Siglo Magnífico que en Chile será titulada El Sultán) que emitirá Canal 13, era de esperarse que esta cultura se abriera paso entre mis compatriotas y con ello, mi novela puede potenciar el interés. Debe tenerse en consideración que comencé mis estudios a fines de 1999, siendo considerado como loco por mis amigos pues aún recuerdo las palabras de algunos parientes diciéndome «Deberías estudiar inglés o algo que te sirviera más. ¿De qué te va a servir estudiar todo lo relacionado con Turquía?». Hoy sin embargo, cerca de mi casa está el Colegio Mustafa Kemal Atatürk, donde enseñan el idioma, la cultura y aproximan este país a nosotros; ahora no es una locura sino una asignatura obligatoria.
Además, en mi novela los lectores que no han tenido la oportunidad de viajar, podrán conocer los sitios que vi e imaginar una experiencia propia, explorando el romanticismo que sobrecoge durante el hermoso atardecer veraniego mientras se contempla la Torre de la Doncella (en turco Kız Kulesi) desde Üsküdar.
Intenté plasmar en parte la cultura turca, pero también escribí ficción para entretener al lector y capturarlo entre las páginas, para ver si se enamora de Turquía como yo lo hice. Ciertamente en mi vida he tenido enfermedades crónicas muy graves como la displejia espástica y la diabetes mellitus insulino requirente, pero de todos mis padecimientos el Síndrome de Estambul es lo que más constante se me presenta, con sus síntomas cardiacos y es que Turquía invadió mi corazón.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Fallece Roberto Gómez Bolaños, Chespirito.

FOTO: Roberto Gómez Bolaños, como El Chavo del 8. / TELEVISA.


Por Verónica Calderón.

Roberto Gómez Bolaños (Ciudad de México, 1929), uno de los artistas más populares de América Latina, falleció este viernes a los 85 años.
Pocos han ejercido la ironía como Roberto Gómez Bolaños, actor, escritor, cómico, director y dramaturgo mexicano. El Chavo del Ocho en millones de hogares de América Latina; el Chaves para otros tantos de brasileños; el Chómpiras, un ladrón noble; el Chapulín Colorado —un héroe “más ágil que una tortuga, más fuerte que un ratón, más noble que una lechuga, su escudo es un corazón”—. Chespirito. El creador de estos entrañables personajes de acento mexicano pero en el corazón de tantos latinoamericanos ha muerto este viernes. Tenía 85 años.
Hijo de la secretaria Elsa Bolaños-Cacho y del pintor y dibujante Francisco Gómez Linares, Roberto Gómez Bolaños nació en la Ciudad de México el 21 de febrero de 1929, el mismo año en que el astrónomo Hubble descubrió que el universo se encuentra en continua expansión y que los primeros lobos de Wall Street perpetraron su primer crack y hundieron al mundo en la Gran Depresión. Todo esto lo cuenta en su autobiografía titulada Sin querer queriendo (Aguilar, 2006), un libro que descubre a un resuelto narrador.
Pero en los tiempos en que Gómez Bolaños quiso aventurarse en los escenarios, el asunto no era sencillo. Primero quiso subirse a un ring (hizo de boxeador amateur y tras unas cuantas trompadas decidió que aquello no era lo suyo), cumplió el servicio militar —muy a su pesar— y debió sacarse un título de ingeniero por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Que nunca ejerció, por cierto. Finalmente terminó de creativo publicitario en una agencia y de guionista de películas, muchas de ellas de Viruta y Capulina, un popular dueto de cómicos de los años cincuenta.
De aquellos tiempos viene su apodo, Chespirito. Se le atribuye al director Agustín Delgado. El asunto es que de tanta creatividad que rebosaba el mexicano, de baja estatura además, el cineasta, cariñosamente, le dijo que era como un Shakespeare, pero en chiquito. Un Shakespearecito. El mote, mexicanizado, devino en Chespirito.
En su autobiografía, Gómez Bolaños confiesa también que fue primo del expresidente Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970 y mandatario el 2 de octubre de 1968, el día en que ocurrió la masacre contra estudiantes en la plaza de Tlatelolco). Dice que era primo hermano de su mamá, que tocaba la guitarra, que tenía estupenda voz y que era muy bueno para contar chistes. Y que sí, que era político. “Pero en este mundo nadie es perfecto”.
El gran momento de Chespirito llegó a finales de los años sesenta. Nacieron Los Supergenios de la Mesa Cuadrada, una suerte de tertulia en la que compartía mesa con María Antonieta de las Nieves, Rubén Aguirre y Ramón Valdés. Los televidentes mandaban preguntas de actualidad y los ponientes respondían de manera absurda. “Problema discutido, problema resolvido”, era su lema. Éxito instantáneo.
La creatividad de Gómez Bolaños, que sus primeros maestros bien habían diagnosticado como propia de un géiser, hizo que el programa se extendiera a una hora y se llamó entonces Chespirito. Se convirtió entonces en un espacio de sketches. Aquí nace El Chapulín Colorado y para 1971 había llegado El Chavo del Ocho.
El Chavo del Ocho era un niño que vivía en un barril en una vecindad como podría haber sido cualquiera de la Ciudad de México o quizá, aventurémonos, de cualquier metrópoli de América Latina. El Chavo no tenía nombre pero sí un sueño: una torta (bocata) de jamón. Sufría humillaciones, pero su ingenio lo salvaba. Los personajes de la vecindad hacían una burla del enraizado clasismo de la sociedad mexicana. “¡Chusma, chusma!”, gritaba el supuesto niño bien de aquella peculiar tropa, que en realidad era un muchachito de enormes mofletes que se refugiaba tras las faldas de su mamá.
El Chapulín Colorado se cuece aparte. México es un país que, pese a su vocación épica, tiende a mirar con una ceja levantada, por incredulidad, la aparición de un héroe autoproclamado. Así que a Chespirito se le ocurrió un héroe peculiar. Sus “antenitas de vinil" detectaban cualquier mal. Tenía mucha (mucha) torpeza. Pero un gran corazón. Su “chipote chillón” (esa era su arma) vencía a los malvados, sus “pastillas de chiquitolina" le ayudaban a escurrirse de situaciones incómodas y la “chicharra paralizadora” le servía para inmovilizar a sus enemigos y escapar una vez más y dejar a su público, como siempre, fascinado. “¡No contaban con mi astucia!”, espetaba a la cámara.
Falta describir al Chómpiras, el ladrón honrado; el doctor Chapatín, un veterano de Los Supergenios de la Mesa Cuadrada que cargaba una bolsa de papel que nadie supo que traía dentro o Chaparrón Bonaparte, el loco más cuerdo de un patio de vecinos.
Sus programas, bajo distintos nombres, se transmitieron por décadas por la televisión mexicana y en todo el continente a través de Televisa. Llenaba estadios en toda la región. No todo es un lecho de rosas. Siempre planeó sobre él la sospecha de haber actuado en una fiesta infantil para un narcotraficante colombiano (él lo negó con firmeza hasta el final) o que se presentó en Chile mientras el país sufría el sangriento régimen pinochetista. Chespirito decía que él no visitaba gobiernos sino “a los pueblos que disfrutaban su trabajo”.
Pero es que la América Latina de Roberto Gómez Bolaños lo amaba, y el sentimiento era mutuo. Salvadoreños, chilenos, brasileños, peruanos, por igual. “Ustedes, mexicanos, se creen que por haber inventado al Chavo del Ocho han inventado al mundo, ¿no?”, decía un peruano en Madrid hace poco más de un año.
Gómez Bolaños se casó dos veces, primero con Graciela Fernández, madre de sus seis hijos, y quien murió en agosto de 2013. Y después en 2004 con Florinda Meza, su compañera por décadas y otra infaltable en el amplio abanico de personajes del mundo de Chespirito.
A Chespirito le gustaba contar una anécdota. Un día, en un hospital, un señor de edad avanzada no podía hablar. Pero le brillaban los ojos cuando aparecía el programa de Gómez Bolaños y aún más cuando aparecía El Chapulín Colorado. Pasaron días y semanas. Finalmente, los médicos quedaron fascinados. El paciente habló. Solo dijo una palabra: Chapulín.
En México, el amor por Chespirito se lleva por dentro e incluso es conflictivo. Hay algunos que lo niegan de plano. Y no es común que se proclame, pero el hecho es que su programa no se ha dejado de transmitir y los derechos por sus personajes generan tantas ganancias que han provocado terribles peleas entre los otrora amigos del elenco. En México ha sido acusado de hacer un humor simplón, de pastelazo e incluso insultante.
Pero él, en el servicio militar, recordaba que un día se quedó dormido cuando era momento de hacer honores a la bandera. Cuando se iza el lábaro patrio y todos los jovencitos que cumplen la tarea deben estar firmes y serios. Pues Gómez Bolaños estaba dormido y cuando lo despertaron, lo único que se le ocurrió decir fue: “¡Y a mí qué me importa, carajo!”. Craso error. Su superior, ya bajados los ánimos, le dijo: “Antes no te mandé fusilar”. Chespirito reflexionaba: “Quizá yo sí merecía algo semejante. Pero la verdad es que no solo amo entrañablemente a mi país, sino que me encanta nuestra bandera y siento algo muy bonito cuando la veo”.

FUENTE: El País.com.

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Yahya. Carlos Flores A.
Escritor chileno.