«Quien no conoce Estambul, no conoce el amor».

Yahya Kemal Beyatlı.

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Carlos Flores Arias – Yahya.

Escritor chileno.

sábado, 26 de mayo de 2012

Mi testimonio de fe islámica

Hoy por fin he dado mi Testimonio de fe islámica o Shehadah ante seis testigos musulmanes y un Sheikh. Ahora puedo ser considerado formalmente musulmán, aunque lo más correcto sería decir que estoy intentando serlo, porque nadie puede someterse completamente a la voluntad de Allah, debido a la imperfección humana.
A partir del momento en que recité el testimonio, todos mis errores pasados fueron perdonados y mi lista de malas acciones se borró completamente.
Además, ahora tengo un nombre islámico: Yahya, que significa Regalo de Dios. Pero éste no es un nombre que yo haya escogido, pues está escrito en mi esencia y pudo verse en los momentos finales de la recitación. Es como me bautizó Allah cuando nací.
Es increíble esta sensación de haber encontrado mi camino y estar finalmente haciendo cambios profundos que para mí son significativos, porque Él lo permite.
Ésta es la primera entrada que escribo bajo la etiqueta de Yahya en el blog, porque todo cuanto escribí antes sobre temas polémicos fue mi opinión civil. A partir de hoy, aquellos asuntos serán tratados por Carlos Flores Arias, el escritor y comunicador social que han conocido como crítico. Por lo demás, los temas religiosos serán tratados por Yahya y si antes se escribió sobre esto, no aparecerá su nombre en dichos artículos antiguos porque hoy comienzo una nueva vida.
El Sheikh me obsequió algunos presentes muy hermosos después de la ceremonia. Los trajo de Turquía. Entre ellos un tasbih. Me encantan estos rosarios musulmanes que a veces hago yo mismo, para que jamás vaya a ningún lado sin llevar uno pequeño, de treinta y tres cuentas. Es más, siempre llevo en mi mochila uno que me obsequiaron durante mi estadía en Estambul el año pasado.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Ley Zamudio

Hace dos horas en el Senado se aprobó la Ley Antidiscriminación, también denominada Ley Zamudio, refiriéndose al joven que hace algún tiempo falleció trágicamente luego de ser atacado por una pandilla neonazi debido a su orientación sexual.
Renombrados personajes públicos tales como el escritor Pablo Simonetti en su calidad de presidente de la Fundación Iguales, han manifestado su satisfacción, tras siete años luchando por sacar adelante este proyecto.
Ciertamente las minorías sexuales y organizaciones activistas que las representan han sido quienes más pelean desde siempre por los derechos que ahora una ley restrictiva otorga. Sin embargo, como parte de la población minusválida chilena esto también me beneficia en teoría.
Para quien lee por vez primera este blog, sería bueno mencionarle que mi silla de ruedas ha sido un obstáculo insalvable al momento de encontrar empleo. Hay por ahí en Santiago más copias de mi currículum vitae que de cualquier periódico y pese a ello, a mis treinta años de edad ninguna empresa ha querido contratarme. Siendo comunicador social, productor de eventos y escritor publicado, he debido conformarme con mi paso temporal como columnista en dos portales informativos y culturales, cuyos artículos pueden leer aquí mismo buscando las respectivas etiquetas.
De quienes nos vemos abordados por esta ley, cada uno sabrá hasta qué punto y de qué modo le beneficia. Pero ciertamente y como toda ley, ésta no es de libre interpretación. Su aprobación no implica en absoluto que a futuro las parejas de mismo sexo puedan casarse, así como tampoco garantiza que desde hoy los empresarios comiencen a emplear gente físicamente discapacitada.
Es bueno considerar que gracias a esto, en la teoría a nadie podrá negársele trabajo basándose en aspecto físico, si la tarea en cuestión no depende de aquel factor. Sin embargo, sigue deprimiéndome el hecho de saber que en mi país fue necesario luchar por una ley para exigir integración y aún así, nada garantiza completamente que nuestra sociedad cambie nefastos prejuicios profundamente arraigados.
Es una pena también que el elemento potenciador de una ley benefactora haya sido la muerte de un chileno cuya vida se vio truncada por la discriminación ejercida brutalmente.

martes, 8 de mayo de 2012

Mi oscuro rincón

No quiero ser ingrato con Allah, sobre todo porque ahora he encontrado Su camino y me gusta recorrerlo. Sin embargo y aunque a algunos les incomode leerlo, a veces tengo ganas de diluirme. Desaparecer me parece la única alternativa para salir del ambiente donde me muevo constantemente, como un pescado, encerrado en su pecera.
Fui tan feliz cuando estuve en Estambul, que ahora me resulta inevitable reconocer la monotonía del encierro en mi habitación; la infelicidad del rutinario amanecer, atardecer y anochecer.
Soy el primero en reconocer que cada nueva mañana tengo otra oportunidad de ser feliz y mejorar como persona. Pero aquí soy como un extraño a quien nadie reconoce y mientras más intento ser tolerante o llevar mejor mi vida, otros no se miden al momento de desquitar conmigo sus frustraciones. Luego de treinta años, nadie se ha dado cuenta de que al discutir con alguien, la rabia se va en minutos, pero lo que queda albergado en mi corazón es el doloroso golpe de las palabras que me han dicho sin medirse, según yo, injustamente.
Y porque no quiero hacerme la víctima frente al mundo, reconozco que puede existir la posibilidad de ser yo causa y origen de las tormentas en mi entorno. Pero juro que cada día lucho desde el amanecer hasta el ocaso para no sucumbir a mis propias limitaciones, pera dar lo mejor que tengo aunque para otros no sea mucho. Empero, resulta insuficiente porque siempre me equivoco hasta sin darme cuenta.
A veces uno se agota. No quiero ser ejemplo de buena conducta para otros ni mucho menos alcanzar la santidad porque sería petulante. Sé que diariamente flaqueo y de las cinco oraciones que hago en el día, todas son para superarme como persona. Tampoco busco reconocimiento por ello y soy el primero en recurrir a la modestia cuando alguien ve algo bueno en mí. Empero, ocasionalmente agradecería no ser el único empeñado en cambiar positivamente.
Mientras me esfuerzo por ser tolerante, no alterarme ni dejarme llevar por las negativas pasiones o arrebatos, me desanimo notando que otros simplemente dicen lo primero que se les ocurre o proceden sin reflexionar un momento en los nefastos efectos posteriores. Como si ello fuera poco, después ni siquiera se disculpan y al contrario, actuan como si nada hubiese sucedido.
Debo ver esto más de una vez al día, hasta que de tanto aguantar, mi frustración termina saliendo y en lugar de avanzar, retrocedo. Pareciera que en lugar de ayudar a otros a superarse, no hiciera nada.
En ocasiones siento como si la gente esperara demasiado de mí desde que emprendí esta lucha y me canso sin claudicar. Pero nadie más hace nada y me quedo completamente solo en este rincón donde inevitablemente, a ratos me encuentro encerrado e infeliz.
Si trabajase y tuviese dinero, habría intentado irme lo más lejos posible -a Estambul-. Pero aún así, mi discapacidad física y la diabetes son muy limitantes. Allah sabe por qué me dio esta vida y no está en mí cuestionar Su propósito, pero se sufre mucho, más de lo que la gente cree. Si me ven parado y entero es porque no me doy permiso de contagiar mi pena a otros, aunque siga estando ahí, guardada muy dentro donde sólo Allah la puede ver, y unos pocos muy rara vez.
Aquí sigo, en mi rincón, donde vivo como extraño para los demás, porque siempre lo he sido.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Metamorfosis

¡Cuánto ha cambiado mi vida desde que viajé a Turquía hasta ahora! Pasé de escribir artículos defendiendo la igualdad de derechos para las minorías sexuales a rezar cinco veces diarias y meditar permanentemente en la exaltación de Allah.
No quiero alcanzar la santidad y tampoco pretendo que la gente me vea como alguien que siempre ha sido puro de corazón. Sería extremadamente petulante además de falso. Quiero más bien acercarme a Dios y concentrarme en ello, sin distraerme con causas que actualmente no considero propias porque jamás me sentí integrado del todo al ambiente activista y mucho menos a algo relacionado. Intenté ser sociable, pero las fiestas donde ciertamente había alcohol, drogas y sexo jamás fueron lo mío. Más bien muchas veces me sentí innecesariamente expuesto e incluso en alguna ocasión estuve abandonado a mi suerte, en medio de la oscura calle, mojado, corriendo peligro de ser asaltado tres veces seguidas y sólo porque Allah -simplemente Dios para algunos- es grande, no sufrí mayores consecuencias.
Si bien es cierto que antes podría haberlo hecho todo, los valores morales que desde niño me inculcaron mis particulares padres y la nueva forma que tengo de ver la vida, me hicieron imposible darle prioridad a la satisfacción personal pasajera por encima del bien colectivo o el confort espiritual. Para ser sincero y más claro, jamás ha tenido para mí sentido el beber alcohol hasta emborracharse, drogarse con sustancias adictivas o fornicar de manera denigrante.
Para quien lea esto, puedo parecer un santurrón que jamás se ha divertido. Sin embargo, ya probé mis límites, jamás fui tan lejos y tampoco me interesa seguir en ese camino. Quienes han leído antes este blog, saben que hasta en las publicaciones más transgresoras y liberales siempre he defendido el respeto por uno mismo u otros, así como la estabilidad emocional más allá del proceder promiscuo.
No intento ser predicador de la palabra de Dios ni convertirlos a alguna religión determinada. Sólo digo que antes creía e intenté infructuosamente pertenecer a un submundo donde sin embargo, siempre me sentí como pollo en corral ajeno.
Tal vez por eso fueron muy pocas las verdaderas amistades que hice durante ese tiempo y que todavía me duran, porque de la mayoría me aparté cuando noté que nada nos aportábamos.
A algunos contactos los hice simplemente porque quería escribir una novela detallando las aventuras de un personaje que hacía todo lo cual nunca me he atrevido a hacer. Pero dicha obra aún no se publica y esas personas nunca me valoraron como creo debo ser apreciado.
En el fondo, lo que me importa ahora es mi relación con Allah y no la opinión que otros tengan de mí. Ya que sólo Él puede juzgarme y sabe tanto mis errores como los motivos, nada importa que otros me excluyan.
Me satisface estar en un camino que para mí es el correcto, porque seguir a Dios (Allah) no requiere demostrarle nada a nadie. Es una relación personal que nadie puede quitarme y afortunadamente, llegué aquí sin haber cometido errores irreparables para impresionar a gente superficial.
Sigo creyendo que el amor no es exclusivo de ciertos grupos sociales ni genéricos. Sin embargo, también creo que para ejercer derechos, es necesario ganárselos y falta mucho camino por recorrer.
Para muchos a quienes ya no veo, será encontrar esa ruta porque aún no usan su brújula. Para algunos pocos, será defender a las minorías sexuales sin discriminar. Para mí, es buscar constantemente a Allah y ayudar a otros si puedo.

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Yahya. Carlos Flores A.
Escritor chileno.