«Quien no conoce Estambul, no conoce el amor».

Yahya Kemal Beyatlı.

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Carlos Flores Arias – Yahya.

Escritor chileno.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Siempre he pensado lo mismo

Es tarde, pero quise escribir porque hace bastante tiempo no abordó un tema con el cual antaño solía relacionarse este blog. Cuando estaba en mi etapa activista, luchaba contra la discriminación sexual escribiendo airados artículos sobre la conducta homosexual generalizada y había algunos a quienes esto les desagradaba por diversos motivos.
Ahora mi vida es diferente, pues aunque sigo creyendo en la fidelidad, monogamia y mantener una vida sexual responsable, lo cierto es que jamás he tenido pareja. Sin embargo, no necesito gran experiencia amorosa. El sentido común y los principios morales que tengo por crianza familiar, son suficientes para darme cuenta de que cualquiera sea nuestra orientación sexual, el amor verdadero existe y es más importante que la egoísta satisfacción personal.
Demoré en darme cuenta. Pero agradezco no haber cometido grandes errores en el camino, porque aún puedo reconocer la diferencia entre el sentimiento y la sensación. Sabiendo esto, salvé a tiempo mi autoestima y todavía soy digno de respeto por valorar a las personas íntegramente.
A decir verdad, siempre he valorado la familia, la amistad y los afectos verdaderos. Pero ciertamente me siento orgulloso de que mi corazón no se haya enfriado tras tanta decepción y todavía pueda amar sinceramente en sus diversas formas. ¿Cuántos pueden decir esto honestamente?
Hay muchos que cumplen sesenta años y pululan de sauna en sauna buscando sexo casual, porque han desestimado completamente los sentimientos, subestiman a las personas y ya no les importa lastimar a alguien tras usarlo. Yo en cambio, lucho contra eso porque aún creo en la familia, las relaciones adultas (no adúlteras) y el respeto entre seres humanos.
Hay quienes no le dan importancia alguna a la lucha por igualdad de derechos. Estas mismas personas son quienes sobrevaloran una discoteca, las drogas, la promiscuidad, el consumismo superficial la libertad mal enfocada que no es otra cosa sino soledad. Sí. Algunos son tan volubles en sus relaciones porque ésta es la única manera que han hallado de luchar contra ese vacío en sus corazones aletargados.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Con rumbo fijo

En la foto: Üsküdar, el sitio más romántico que conocí en Turquía. Se ubica en la orilla asiática de Estambul.
Este año comprobé que lo más importante de la vida es saber disfrutar y agradecer los regalos que Dios nos da. Después de viajar a Turquía y conocer a personas tan maravillosas como Mismo Mismo, aprecio mis afectos cuales tesoros invaluables. Ahora mi mayor deseo no es hallar el amor ideal que antes no me permitía dormir; quiero regresar donde hallé algo aún más significativo, algo tan importante como un hogar, cariño sincero y felicidad comprobable.
Mi camino no está aquí en Chile, donde tanto sufrí. Mi destino está en Turquía, donde seguramente tuve y tendré muchas vidas. Es que puedo destacar su preciosa arquitectura, milenaria historia, riquísima cultura, pero lo más valioso es su magnífica gente. Allí encontré una segunda familia, que me ha hecho olvidar mi doloroso pasado.
Este año mi vida pasó de ser un desolado desierto a un frondoso bosque. Ahora hasta tengo un propósito para seguir existiendo y luchar. No importa que existan grandes distancias, pues allá me espera la felicidad.
Tengo tantas personas a quienes agradecer por cómo me hicieron sentir cuando estuve allá. Gente que me adoptó como un pariente y que además de amarme, también quiere a mi familia.
Éste fue un gran año. Aprendí cuan cierto es aquello de que la felicidad sólo es verdadera si se comparte. Pude distinguir cariños sinceros o si lo prefieren, hallé el amor que realmente tiene importancia, más allá del interés o atracción sexual.
Ahora sé que el amor, cuando es verdadero, tiene muchos significados, pero siempre viene de Dios.
Cuando me vaya, dejaré aquí gran parte de mi pasado, porque mi presente es más importante y el futuro me espera.
Allah sizinle olsun!

sábado, 24 de diciembre de 2011

Una pregunta

¿Qué pasará ahora? Es justo lo que siento, cuando falta tan poco para finalizar el año 2011.
Ha sido sin duda alguna el mejor año de toda mi vida hasta ahora, por haber viajado a Turquía, conocer a Tarkan, ver todas aquellas maravillas históricas y arquitectónicas que siempre quise conocer. Además, conocí amigos increíbles que son la personificación de ángeles aquí en la Tierra.
De todo lo ocurrido, sin duda alguna lo mejor fue haber encontrado mi verdadero hogar, aquel único sitio en todo el mundo donde me sentí realmente feliz. Gran parte de esto se lo debo a Mismo Mismo, aquella persona que sin restricciones se empeñó en alegrar mi estadía y hacerla inolvidable.
Dios o Allah sabe cuánto me habría gustado quedarme allá. Pero por diversas razones fue imposible y ahora, cada moneda que llega a mis manos la ahorro, para regresar lo antes posible. Recorreré todos aquellos lugares que no pude visitar durante mi primer viaje, pero lo más maravilloso es tener allá gente buena que me espera.
Fue realmente hermoso encontrar allá ese cariño tan sincero y entregado. Cuando viajé me había desencantado del Sr. L; creí que debería endurecer mi corazón sin dar paso a amigos o amores nunca más, porque me sentí decepcionado de todos los cariños ajenos a la familia. Sin embargo, apenas llegué al Aeropuerto Internacional de Atatürk, Dios me tapó la boca presentándome a Mismo Mismo, quien me hizo recobrar la fe en un cariño sincero, desinteresado, ajeno a cualquier perversidad o egoísmo.
Allá descubrí que el amor verdadero no sólo se remite al sórdido sexo. También pude amar a dos amigas que conocí en tierras del poeta Homero, a un verdadero angelito que mi madre adoptó como su hijo sentimental y a hermanos que ahora constituyen mi segunda familia.
Por eso dejé de creer en el Príncipe Azul idealizado y preferí quedarme con los afectos sinceros, que aún hoy perduran, pese a las grandes distancias. Aquí en Chile creí tener amigos hasta darme cuenta de cuánto tiempo puede pasar sin tener noticias suyas. En Turquía encontré amigos y afectos que sin importar las latitudes, todavía se dan tiempo para entablar una conversación, escribir un mensaje o tener algún gesto aparentemente pequeño, pero muy significativo.
Si bien aquí conservo valiosos amigos y aún guardo afecto por quienes conocí antes del viaje, ahora tengo razones de bastante peso para establecerme en Turquía cuando pueda y hacer todo lo honestamente posible para lograrlo.
Por fin no estoy solo, no me siento ajeno al mundo, comprobé que mi familia es más grande de lo aparente y además, mi corazón se ha purificado hasta ser correspondido en sentimientos bienintencionados, que defiendo plenamente.

Fiestas decembrinas 2011

En estas fechas tan señaladas, solemos desear paz y amor a nuestros seres queridos. Compartimos con ellos una opípara cena, intercambiamos preciosos obsequios costosos y brindamos vistiendo elegantes para esperar la medianoche… Todo es muy entretenido. Pero detrás de eso, lo verdaderamente importante es detenernos un momento en nuestras agitadas vidas, sin ánimos de evaluar el año sino para descansar contemplando tranquilos cada paso avanzado.
Miremos nuestros errores y llantos no como tropiezos sino como aprendizaje que aún siendo difícil, resulta ser más duradero. De igual manera, volvamos a disfrutar las alegrías inolvidables que nos hicieron sonreír y tengamos siempre en cuenta que nuestra propia felicidad, aquella por la cual merece la pena esforzarse, no depende del logro profesional o algún regalo material específico. Propongámonos ser dichosos haciendo felices a otros y compartiendo desde el corazón.
Dios nos bendice cuando somos capaces de ver al prójimo como alguien a quien debemos favorecer desinteresadamente. No hagamos favores esperando una retribución. Más bien actuemos considerando siempre lo correcto y esforzándonos por proceder con rectitud. Al menos intentemos llevar una vida tranquila, sin pretender convertirnos en santos o ejemplos para otros. Seamos honestos y consecuentes defendiendo nuestros preceptos.
Además, amigos míos, no nos mortifiquemos con aquellas culpas del pasado. Más bien, hagamos lo posible por definir quienes somos y escuchemos fielmente nuestros corazones, donde se guardan los mayores tesoros: los sentimientos verdaderos.
En esta Navidad, recordemos que al ser hijos de Dios, todos somos hermanos sin importar las insignificantes diferencias que imponemos socialmente. De nada vale raza, condición o procedencia alguna porque siempre estaremos unidos al compartir un mismo espacio y lo realmente significativo es saber distinguir nuestras similitudes.
Cuando llegue el Año Nuevo, tengamos presente en nuestras memorias a quienes se hayan ido, respetando cada bello recuerdo con la dulzura que en vida nos hayan inspirado. Rescatemos del pasado aquellas valiosas lecciones aprendidas y atesoremos los inolvidables instantes.
Agradezcamos a Dios cada día vivido y los que están por venir, pues en ellos podremos hallar nuevas ocasiones de crecer como seres humanos. Seamos constantemente solidarios y respetuosos con todos, sin discriminar. No sirvamos sólo a quienes amamos sino también a aquellos que alguna vez hayan guardado rencor por nosotros. Seamos grandes no con ánimo de presumirlo, sino para guiar al que aún no lo comprenda.
Que Dios esté con ustedes siempre y que cada día puedan atestiguar el amor divino.

Carlos Flores A.
Escritor chileno.

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Yahya. Carlos Flores A.
Escritor chileno.