«Quien no conoce Estambul, no conoce el amor».

Yahya Kemal Beyatlı.

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Carlos Flores Arias – Yahya.

Escritor chileno.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Terminando 2014 como mejor se puede

Foto: Museo de Santa Sofía, Estambul.

Podría hacer un balance de 2014 como los que se acostumbra escribir en las redes sociales, pero me niego a ventilar públicamente mi vida privada. Toma apenas cincuenta y seis segundos saludarme y preguntar cómo estoy; quien realmente quiera saber de mí o le interese, siempre puede escribirme, llamarme y hasta visitarme si el tiempo se lo permite.
En el terreno profesional, inşAllah espero publicar mi novela Síndrome de Estambul a más tardar en noviembre del próximo año. Ya tengo listas las correcciones que me solicitaron para marzo en la editorial y lo hice antes de acabar diciembre. No es porque lo diga yo, pero eso es eficiencia. ¿No les parece?
Ahora debo ver si puedo cambiar un detalle, sólo uno, y quedaría prácticamente listo el trabajo. No se apuren, la historia queda exactamente igual, contando lo más importante ocurrió durante mi viaje a Turquía en 2011 y mucho más, incluyendo la reunión con Tarkan cuando yo era presidente de Tarkan Fans Chile Club Oficial, aunque pueda haber gente asustada –con razón– y otra contenta. En este sentido, estoy cumpliendo una promesa que comenzó cuando escribí la primera letra y culminará con la publicación, si Allâh (swt) lo permite.
Ya escribí la última página del diario íntimo que llevaba y aunque todavía no decido en qué cuaderno o soporte continuar el próximo año, si Allâh (swt) me da vida, lo que quiero es dejar atrás las desgracias del funesto 2014 e intentar superar todo en 2015.
A quienes están ahí para mí, correspondiendo mi cariño, gracias. Ustedes saben quiénes son.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Terminadas las correcciones

Por fin terminé las correcciones de Síndrome de Estambul que me pidió la editorial. Tras semanas trabajando arduamente, ya tengo lo que podría publicarse.
Durante estas semanas me dediqué a corregir todas las mañanas y Allâh (swt) es testigo de que a veces me quedé dormido en los lugares más insospechados, producto del agotamiento. La gente cree que ser escritor es fácil y el máximo esfuerzo sólo requiere que uno se siente frente al monitor a esputar cualquier cosa que se le ocurra. Es de una ingenuidad e ignorancia manifiestas.
Sin embargo, no me quejo del sudor, pues al mismo tiempo sentí como si tuviese la oportunidad de repetir el viaje que hice en 2011. El relato contiene elementos autobiográficos, pero también da cabida a ingredientes ficticios que sazonan la preparación literaria y de seguro, aumentarán el interés del lector.
Éste tal como mis anteriores trabajos, no fue una novela escrita para satisfacer el capricho de lo que me gustaría leer. Siempre que escribo algo, incluso en el presente blog, intento entregar al lector las herramientas para construir su propia historia a partir de lo que me lee. En este caso y sin ánimo de ser presuntuoso para nada, pretendí contagiar mi amor por Turquía, que otros se interesaran en descubrir los ancestrales misterios tan cautivantes para mí. En otras palabras, intento retomar el rumbo a tierras osmanlíes, pero acompañado por cada lector que se deje seducir a través de mi relato.
Para mi sorpresa, leyendo mis propias palabras me di cuenta del uso de muchas figuras retóricas y licencias poéticas. Pude no sólo recordar los hechos sino también las sensaciones, aromas, colores, sabores y emociones. Es lo que trato de transmitir a cada lector, para contagiarle mi síndrome crónico.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Cuando el corazón duele o se rompe

Hay días en que tengo sentimientos para expresar en este blog, pero ignoro cómo hacerlo a pesar de ser escritor, pues se supone que debería disponer de todos los recursos retóricos para hacer fluir la tinta en mi pluma dorada. A veces, por mucho que el corazón quiera hablar gritando a los cuatro vientos, debe callarse, contenerse porque sus palabras podrían perjudicar a terceros o simplemente, el mensaje no se entendería.
El corazón es un músculo al cual le cargamos tantas responsabilidades, culpas, errores, ilusiones, sueños y amores pero no aligeramos el peso. Cuando sufrimos, nadie dice que le duele el páncreas o el bazo sino el corazón, porque de algún modo tiene una conexión especial con nuestra alma y por eso, cuando algo nos duele, sentimos que tenemos una fractura en el pecho.
Hay gente que se pregunta por qué sufrimos en esta vida. Ésa es la clave: que sea esta vida. En el mundo o Dunya nacemos para ser probados en todo aspecto y uno de ellos es que debemos demostrar cuánto podemos soportar. La gente mala, que hay, parece tener mucha suerte y todo a su favor cumpliendo lo que quiere; pero tarde o temprano el castillo de naipes se derrumba y las deudas morales deben pagarse. Por eso, el consuelo de la gente buena es saber que aun cuando las circunstancias sean adversas, si se hace lo correcto aunque no se comprenda la razón, tener la conciencia tranquila es invaluable. Además, la vida que realmente importa es la Última Vida, donde la gente honestamente buena recibe recompensa por la misericordia de Allâh (swt).
Cuando sufre alguien a quien queremos muchísimo, sea amigo, pariente o pareja, a veces no sabemos cómo consolarle y nos sentimos impotentes, porque nos duele tanto como un sufrimiento propio. A veces se nos hace imposible articular palabras coherentes para empatizar con quien tiene roto el corazón, pues si es un dolor auténtico, como seres humanos quedamos en pausa, inmóviles, aletargados y es relativo el tiempo que permanezcamos así, dependiendo de cada persona según su tolerancia.
La publicidad y los medios nos pintan un ideal de vida en el cual todo debe ser perfecto: felicidad es sinónimo de éxito y se logra sumando salud, dinero y amor. Pero la verdad es que todo aquello es artificial y pasajero, porque a veces teniendo todo lo anterior somos infelices. Todos sabemos lo que en esta vida puede causarnos sufrimiento, pero absolutamente nadie puede dar la receta exacta para alcanzar la felicidad, porque ésta es individual. Un ejemplo de ello es que yo sería feliz regresando a Estambul próximamente, pero mi hermano ni siquiera está interesado en saber dónde está Turquía y no puedo culparlo por eso… Es un proyecto mío y personal, como suyo puede ser estudiar ingeniería.
En esta vida es difícil distinguir lo que realmente importa, porque hay muchas distracciones. Pero cuando logramos descifrar el enigma y encontramos algo significativo, no debemos dejarlo pasar por orgullos estúpidos, ambiciones materialistas o desmotivaciones perezosas. Es importante saber lidiar con el dolor, aliviar el corazón, descansar en la fe, atesorar los afectos como amores irreemplazables y saber que en esta vida todo lo malo es efímero aunque tengamos la impresión de que será permanente.
Si nos consideramos seres humanos con todo lo que ello implica, debemos saber que el espíritu simple es aquél que siendo hermoso, se esconde tras las apariencias de todo tipo. La belleza de espíritu tiene por obligación ser compartida y mejorar otras vidas; caso contrario, se desvaloriza.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Síndrome de Estambul en vías de ser publicada

Foto: Entrada del Palacio de la Puerta de los Cañones (en turco Topkapı Sarayı). Mi viaje a Estambul en 2011.

Después de mucho buscar, al fin encontré una editorial que publicara mi segunda novela. ĺnşAllah será publicada con el título Síndrome de Estambul en noviembre de 2015 por Contracorriente Ediciones. Hoy tuve una reunión con mis editores para acordar las condiciones.
ĺnşAllah comenzaré las correcciones mañana temprano para cumplir con mi trabajo lo antes posible. La obra, que originalmente se tituló Síndrome de Estambul: el diario de Sofía Mustakis, seguirá manteniendo su esencia y el mismo relato con las mínimas modificaciones, revelando los fabulosos misterios de aquella exótica ciudad que tanto amo y además, dando espacio a mi propia experiencia durante el viaje de 2011.
Ahora que Turquía está de moda por las telenovelas eurasiáticas que compraron canales chilenos, entre ellas Muhteşem Yüzyil (El Siglo Magnífico que en Chile será titulada El Sultán) que emitirá Canal 13, era de esperarse que esta cultura se abriera paso entre mis compatriotas y con ello, mi novela puede potenciar el interés. Debe tenerse en consideración que comencé mis estudios a fines de 1999, siendo considerado como loco por mis amigos pues aún recuerdo las palabras de algunos parientes diciéndome «Deberías estudiar inglés o algo que te sirviera más. ¿De qué te va a servir estudiar todo lo relacionado con Turquía?». Hoy sin embargo, cerca de mi casa está el Colegio Mustafa Kemal Atatürk, donde enseñan el idioma, la cultura y aproximan este país a nosotros; ahora no es una locura sino una asignatura obligatoria.
Además, en mi novela los lectores que no han tenido la oportunidad de viajar, podrán conocer los sitios que vi e imaginar una experiencia propia, explorando el romanticismo que sobrecoge durante el hermoso atardecer veraniego mientras se contempla la Torre de la Doncella (en turco Kız Kulesi) desde Üsküdar.
Intenté plasmar en parte la cultura turca, pero también escribí ficción para entretener al lector y capturarlo entre las páginas, para ver si se enamora de Turquía como yo lo hice. Ciertamente en mi vida he tenido enfermedades crónicas muy graves como la displejia espástica y la diabetes mellitus insulino requirente, pero de todos mis padecimientos el Síndrome de Estambul es lo que más constante se me presenta, con sus síntomas cardiacos y es que Turquía invadió mi corazón.

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Yahya. Carlos Flores A.
Escritor chileno.