«Quien no conoce Estambul, no conoce el amor».

Yahya Kemal Beyatlı.

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Carlos Flores Arias – Yahya.

Escritor chileno.

miércoles, 12 de julio de 2017

Manifestaciones fuera del Congreso Nacional por Bus de la libertad

Foto 1: Pastor Javier Soto siendo arrestado en Valparaíso.
Hoy al ver los noticiarios en televisión, sentí vergüenza ajena al informarme sobre los desmanes protagonizados por el Bus de la libertad, el Bus de la diversidad, el MOVILH, el pastor Soto y la gente que los seguía en el recorrido frente al Congreso Nacional en Valparaíso donde además, salieron políticos a manifestarse por alguna posición.
Para empezar, creo que ninguna postura radicalizada es buena, porque llegar a acuerdos basados en el fanatismo es imposible. Como he dicho otras veces, no me gusta hablar de tolerancia en estos asuntos sino de respeto y aceptación. Tolerar me suena a soportar la presencia de alguien que detesto y en cambio, lo maduro sería aceptar respetuosamente la idea del prójimo aunque no se comparta, reconociendo su derecho a pensar distinto y expresarse sin ofender ni humillar a nadie.
Esencialmente lo que postulan los seguidores del Bus de la libertad es desde su heterosexualidad, tener derecho a educar a sus hijos con relación a la identidad de género como ellos deseen en su núcleo familiar, sin que el Gobierno ni el Estado impongan programas de educación sexual en las escuelas… Básicamente dicen algo que yo también defendería si fuese padre: «Tengo derecho a educar a mis hijos como quiera, sin la intervención de políticas públicas obligatorias».
El problema es cuando este grupo difunde también mensajes como «Nicolás tiene derecho a un papá y una mamá», que ha sido tomada como una frase odiosa y directamente homofóbica por aludir de modo negativo a las familias homoparentales. Sin embargo, visto desde una perspectiva más amplia y tal vez ignorada hasta ahora, este enunciado tampoco reconoce la legitimidad de familias constituidas sólo por un padre, una madre o en las cuales el infante es criado por un pariente como tíos, abuelos e incluso hermanos. La sociedad actual debería aceptar que el concepto de familia nunca ha estado limitado al marco de padre, madre e hijos; si así fuera, también debería negárseles el derecho de adopción a personas solteras o quitarles la custodia de infantes a padres solteros, lo cual francamente me parece horroroso hacer porque si un niño –entendiendo también el género femenino– necesita amor, educación y dedicación, la responsabilidad de entregárselos debería ser de cualquier adulto criterioso, responsable, estable y solvente.
Otro conflicto presente en este asunto es alegar que las parejas homosexuales y padres solteros quieran satisfacer un capricho egoísta adoptando niños. Al respecto, opino que alguien voluble y caprichoso no debería adoptar, porque estaría en riesgo la estabilidad del infante. Sin embargo, esto depende de una mejor fiscalización, exámenes psiquiátricos capaces de determinar la madurez emocional del adoptante. No es tan simple como descalificar al postulante sólo por no formar parte del núcleo familiar tradicional impuesto socialmente.
Foto 2: El profeta Lut (as) y sus hijas huyen de Sodoma destruida.
Ahora se han polarizado tanto las opiniones a favor o en contra, que esta mañana mientras ambos buses circulaban en Valparaíso aproximándose al Congreso Nacional, hubo que emplear recursos del Estado y fuerzas de orden público para controlar a la más que apasionada muchedumbre, sumándose el autodenominado pastor Soto para creo yo, hacer un aprovechamiento mediático –dicho sea de paso, era la intención de todos los voceros participantes, no nos hagamos los tontos– y una vez más, difundir sus ideas homofóbicas de las cuales muchas vertientes evangélicas se han desmarcado.
Yo no quiero ser tajante ni insultar al pastor Soto como se ha hecho libremente en redes sociales, burlándose tanto de sus apariciones mediáticas como de su postura religiosa. Tampoco es mi intención defenderlo ni adherirme a su discurso porque ello significaría darme vuelta la camiseta con lo dicho en este blog durante años. Más bien quiero explicar ciertos puntos:
Como musulmán practicante, reconozco que el judaísmo, cristianismo e Islam prohíben prácticas homosexuales y así consta en los libros sagrados de cada religión, citándose a menudo la destrucción de Sodoma y Gomorra entre otras ciudades por la furia que sus inicuas prácticas causaron en Allâh (cc). Éste ha sido el argumento esgrimido por fanáticos religiosos e instituciones totales desde siempre para oponerse a la lucha de personas que tienen otra orientación sexual distinta a la heterosexual, sin importar el daño causado.
Recientemente en Facebook leí el estado de alguien diciendo entre otras cosas «¿No tengo derecho a decir que no me gustan los homosexuales?». Durante siglos distintas instituciones religiosas, partidos políticos, movimientos sociales e individuos han sido responsables en mayor o menor medida de nefastos genocidios contra la comunidad GLBTI postulando radicalizadas posturas que insisto, jamás contribuyen al sano debate y mucho menos, la respetuosa integración dentro de una sociedad idealmente pluralista donde todos formemos parte y ningún grupo se sienta ajeno. En todo este tiempo nunca se ha negado la libertad de expresión a los heterosexuales –salvo lo puntualmente ocurrido en la historia de Sodoma, donde el profeta Lut o Lot (as) y su familia eran discriminados por los demás ciudadanos–. El problema es que la gente parece no saber cómo expresarse libremente sin atropellar al prójimo.
Reconozco el derecho del pastor Soto y otros creyentes practicantes a expresar libremente sus opiniones con respecto a los temas expuestos aquí y tantos que podrían quedárseme en el tintero, sobre todo porque actualmente profesar alguna religión sin importar cual sea, es sinónimo de conservadurismo, ser anticuado e incluso, víctima de burla social por quienes se consideran progresistas. Antes la Inquisición te quemaba en la hoguera si eras hereje o profesabas una religión distinta al catolicismo apostólico romano; ahora te crucifican mediáticamente si eres creyente o defiendes tus creencias con la misma pasión que progresistas defienden sus ideas liberales. Es mal visto creer en Dios porque esta sociedad se las da de intelectual y racional; pero un líder religioso debe comportarse de manera calmada, sin llamar al caos ni ofender gratuitamente, recordando que el profeta Jesús o Isa (as) aconsejó poner la otra mejilla. Una actitud contraria diluye el mensaje.
Foto 3: Bus de la libertad.
Sin embargo, nada de racional tiene ver un grupo de activistas por los derechos de la diversidad sexual atacando e insultando indiscriminadamente al grupo contrario, alzando cada uno la voz para imponerse al otro como si ello fuera a darles la razón. Un debate racional implica primero, saber escuchar y segundo, saber argumentar. Nada de esto se vio hoy, cuando líderes o voceros de ambos lados se vieron francamente sobrepasados por la irracional e infantil conducta de sus respectivos adherentes, quienes lejos de mantener una conducta cívica, causaron desorden por imponer su visión del asunto.
La señora Marcela Aranda, vocera del mal llamado Bus de la libertad –ya que a nadie corresponde adjudicarse la totalidad de este bien social– y también directora del Observatorio Legislativo Cristiano, se desentendió completamente de la conducta del pastor Soto, porque deduzco por sus declaraciones que su intención no era predicar ni causar disturbios.
Con respecto al nombre del organismo dirigido por la señora Aranda –y discúlpeme usted si me equivoco– me suena a que sus integrantes trabajan para aprobar leyes que velen por la conservación de valores cristianos entre los ciudadanos. ¿Deberían existir también observatorios legislativos para laicos, agnósticos, judíos y musulmanes? Porque es como si a través de las leyes quisieran imponer una postura que dicho sea de paso, no dista mucho de la islámica. Pero recordemos que el Bus de la libertad defiende el derecho de los padres a criar valóricamente a sus hijos de manera libre y sin políticas gubernamentales impuestas –coincido en su esencia–. Esto se contradice con la idea de legislar en base a ideales religiosos. ¿Me explico? Lo pongo así porque cualquiera podría llegar a esta conclusión, errónea o no; planteo esto desde la vereda de la ignorancia porque me parece una duda razonable, sin ofender. ¿En un Estado laico debería existir una organización que vele por la legislación según convicciones dogmáticas? Porque esto no guarda relación con el derecho a la libertad de culto reconocido constitucionalmente.
Foto 4: Bus de la diversidad.
En cuanto a las acciones de los activistas, es realmente lamentable haberles visto envueltos en dicha trifulca. Justificada la reacción o no, podría considerarse un retroceso en el arduo camino emprendido hace ya años por las organizaciones defensoras de las minorías sexuales. Cualquiera que diga defender la tolerancia tiene obligación de practicarla diariamente o caso contrario, cometería los mismos errores que aquellos a quienes critican y perdería credibilidad. No nos engañemos, algunas veces la comunidad GLBTI es bastante intolerante y tajante en sus juicios.
El Bus de la libertad no habría hecho ningún ruido en los medios si las organizaciones defensoras de la diversidad sexual hubiesen ignorado lo que consideraron una provocación. Simplemente circularía por las calles y quienes estuvieran en desacuerdo lo harían saber a su paso. Empero, salimos a marchar y manifestarnos como si supiésemos hacerlo cívicamente, sin desorden. Se nos olvida que como país, somos una sociedad adolescente e incluso, infantil en muchos sentidos. Nos creemos dueños de la verdad e imponemos nuestra perspectiva, sin considerar que una postura está determinada en parte por la experiencia personal de cada individuo, su historia con todo lo que ello significa. Por tanto, cuando confundimos la libertad de expresión con imposición ideológica o dogmática, olvidamos ser empáticos.
Muchas veces no lo somos porque creemos que nuestra experiencia personal es la única válida y no nos interesa lo que otro pueda decir. Al respecto, el sufrimiento ajeno nos es indiferente y siempre deberíamos pensar en la felicidad de los niños como parte de su bienestar; los libros sagrados dicen que nuestros hijos no nos pertenecen y debemos dejarles volar con sus propias alas… Tenemos el deber de formarlos valóricamente, pero me he dado cuenta de que ahora los padres se limitan a proveerles cosas materiales casi sin límites, despreocupando el aspecto espiritual; un padre o una madre creyente, sin importar la conformación familiar, se preocuparía de hablarle a sus hijos sobre Dios y darle la posibilidad de profesar alguna religión, pero ahora sólo se espera que los infantes crezcan para decidir por ellos mismos si desean ser creyentes ya adultos. ¿Cómo podrían hacerlo sin conocimiento?
Un niño no debiera ser forzado a profesar una religión determinada, porque también creo que cada individuo es libre de elegir su creencia, estando informado… Me refiero a la responsabilidad de los padres en cuanto al cultivo de la espiritualidad, como parte de la formación. Está comprobado que desarrollar excesivamente los ámbitos materiales desde la niñez no satisfacen todas las carencias del individuo en su adultez. ¿Por qué hay tanta gente consumista compulsiva depresiva?
En el mismo estado de Facebook citado anteriormente, el usuario decía no estar obligado a amar, aceptar y respetar un hijo que siendo homosexual, contradijera los deseos del Creador; no lo pongo entre comillas porque habiéndolo eliminado de mis contactos, olvidé la cita textual… Esta parte tras la cual se citaba el Noble Corán en una referencia a la historia del profeta Lut (as), me pareció muy agresiva por considerar que la primera obligación de los padres es amar a sus hijos, pues todo lo demás incluyendo lo material es por añadidura… Siempre suplico a Allâh (cc) que me proteja de mí mismo para no lastimarme ni dañar a los demás y ciertamente pude haber comentado esa publicación, pero preferí simplemente eliminar al sujeto para evitar un enfrentamiento; tal vez él no acabaría reconociendo que sus declaraciones podían violentar a alguien y por mi parte, tampoco aplaudiría a un padre que discrimina a su hijo. Sería una conversación de sordos.
En esta sociedad no estamos acostumbrados a dialogar, no sabemos debatir; hablamos más y escuchamos mucho menos. Se comprueba cuando en las redes sociales, usuarios inescrupulosos amparados en pseudónimos, atacan a la yugular al personaje público que tenga una opinión distinta, desatando la polémica. Debemos bajarnos del púlpito y ponernos en los zapatos de quien criticamos.
Cuando hablamos sobre cómo desarrollar nuestro núcleo familiar, criar a los hijos e incluso enseñarles respeto antes que imposición al prójimo –sea desde una perspectiva religiosa o liberal–, son temas para ser tratados en la intimidad del hogar, no en el caos de las calles visto hoy. Se comprueba una vez más que cualquiera sea el punto de vista defendido, las radicalizaciones no aportan en nada.

1 comentario:

Francisco Andrade dijo...

Simplemente brillante. Me encantó tu artículo y creo que expresas muy bien con palabras mi pensar.
Con más tiempo te detallaré mis comentarios.
Aleykum salams.

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Yahya. Carlos Flores A.
Escritor chileno.