A ver chicos y chicas,
hoy se realiza en Chile una nueva Marcha del Orgullo LGBTI, adelantándose a la
fecha internacional que corresponde históricamente al veintiocho de junio.
¿Pero qué significa y por qué se realiza?
Debo confesar que para
escribir este artículo me vi en la obligación de investigar porque ni siquiera
tenía una idea básica y anoche, habiendo puesto la bandera arcoíris como foto
de portada en mi perfil de Facebook, tía Gabriela me preguntó de qué se
trataba… Ya antes había leído que este ícono fue diseñado por el célebre artista
Gilbert Baker en 1978 con ocho franjas originales de las cuales actualmente
sólo sobreviven seis, representando la diversidad sexual de la comunidad LGBTI
además de cualidades como vida, salud, luz del sol, naturaleza, serenidad y
espíritu de arriba abajo (habiéndose quitado el rosa de la sexualidad y el
turquesa de la magia o arte).
Me gustaría asistir a
este evento y seguramente la primera pregunta, algo prejuiciosa, que debe
saltar en sus mentes es qué pinta un musulmán ahí. Pues bien, resulta que en
esta vida no tenemos sólo una cara para mostrarle al mundo. Actualmente se habla mucho de
TOLERANCIA y RESPETO, pero yo prefiero hablar de ACEPTACIÓN y EMPATÍA porque
Allâh sabe lo que hay en nuestros corazones y nosotros ponemos las etiquetas,
pero no debemos permitir que definan quiénes somos.
En este
caso como muchos otros, me parece incluso violento utilizar el término de
tolerancia, como si unos a otros debiéramos soportarnos aunque algunos
secretamente no aguanten al prójimo; me resulta más honesto referirme a la
aceptación porque desde ella podemos al menos intentar una convivencia pacífica
o civilizada en una sociedad donde actualmente todos se llenan la boca con supuesta
integración… Y me van a disculpar si les parece mal, pero un ejemplo de esto es
la mediocre iniciativa feminista de de cambiar el idioma español o castellano
utilizado durante siglos para no discriminar a mujeres, hombres, transexuales,
etcétera. ¿Qué diantres se consigue deformando la lengua más de lo que ya está
con WhatsApp y otras redes sociales?
Si las feministas
realmente quisieran ser útiles, se preocuparían de casos como la recientemente
fallecida señora Margarita Ancacoy, asesinada salvajemente a palos por cinco
delincuentes de origen ecuatoriano –y me refiero a su nacionalidad por
contextualizar– mientras se dirigía a su trabajo sólo para quitarle su teléfono
móvil y muy poco dinero. No quiero finalizar este párrafo sin antes
manifestarles respetuosamente mis más sinceras condolencias a los familiares de
esta honesta y esforzada trabajadora.
En lugar de
eso, marchan mostrando sus pechos desnudos tras una máscara u orinando
públicamente en la calle. Quiero ponerles un contexto histórico, pues la
célebre escritora británica Virginia Woolf nunca se desnudó y finalizando la
segunda década del siglo XX publicó la obra Una
habitación propia, donde expuso su pensamiento feminista sin pudor. Además,
era reconocidamente bisexual.
Otro ejemplo es Cleopatra
VII, legendaria reina egipcia de origen helénico cuya sexualidad fue exaltada
por los machistas aristócratas e historiadores romanos, quienes vieron
amenazado su sistema de gobierno por una mujer que manejaba perfectamente siete
idiomas, fue educada por filósofos griegos en la Biblioteca de Alejandría
–comparable hoy en día a las mejores universidades del mundo–, fue autora de
diversos tratados sobre filosofía, cosmética, química e incluso venenos. Fueron
todas estas cualidades las que le permitieron poner en jaque al gran Imperio
Romano y no mostrar los pechos.
Finalizado este
paréntesis, sigo escribiendo el artículo desde mi escritorio, mientras bebo té,
como huevo y llevo mi pijama, sin hacer escándalo. ¿Por qué no fui a la Marcha
del Orgullo LGBTI? Simplemente por tres razones:
La primera es que
recientemente enfermé de rotavirus –como diabético mi sistema inmunológico no
es tan fuerte– y no habría sido sensato salir de casa con este frío invernal.
La segunda es que no
tenía suficiente dinero y como utilizo silla de ruedas, debo movilizarme en
taxi a todos lados.
La tercera y quizás más
importante, es que no tengo suficientes amigos gays que pudieran acompañarme,
porque tampoco creo que a mis amistades heterosexuales les interese ir. Por las
razones anteriormente expuestas, prefiero tener compañía pero entendería si a
alguien le parezco un cacho problemático.
Sin embargo, inşAllah espero
tener los suficientes amigos el próximo año para compartir con ellos una
ocasión así, de igual manera que salud y dinero.
No estoy quejándome de
mis enfermedades; Allâh
(cc) sabe por qué me las dio y uno no debe cuestionar Su voluntad. El Islam
enseña que a la gente enferma se le perdonan muchos pecados y sólo el Creador
lleva la cuenta de los míos.
No estoy
escribiendo esto para predicar.
Seguramente al hablar de diversidad sexual –y por favor, no nos limitemos
solamente a los gays– mucha gente piensa de manera instantánea en prejuiciosos
tópicos como la promiscuidad –que algunos fomentan–, superficialidad, vicios e
incluso enfermedades de transmisión sexual. Les invito cordialmente a ir más
allá, pera ver si entendemos por qué a estos eventos se les denomina Marcha del Orgullo, pues muchos podrían
preguntarse si acaso cabe sentir orgullo de no ser heterosexual.

Pues bien,
todo comenzó con los disturbios de
Stonewall que consistieron en una serie de manifestaciones espontáneas y
violentas contra una redada policial que tuvo lugar en la madrugada del
veintiocho de junio de 1969, en el bar conocido como Stonewall Inn del barrio
neoyorquino de Greenwich Village. Frecuentemente se citan estos disturbios como
la primera ocasión, en la historia de Estados Unidos, en la que la comunidad
LGBTI luchó contra un sistema que perseguía a los homosexuales con el
beneplácito del Gobierno.
Durante las
décadas de 1950 y 1960, las minorías sexuales estadounidenses debían
enfrentarse a un sistema legal mucho más severo con los homosexuales que en
muchos de los países al este del telón de acero. Todos los estados del país, a
excepción de Illinois, penalizaban el sexo homosexual consentido entre adultos
en el ámbito privado y así es como en 1961 un hombre adulto podía ser acusado
de cometer un crimen por mantener
sexo con otro adulto del mismo género aunque fuera de forma consensuada en la
privacidad de su casa y podía imponérsele una multa ligera o pasar entre cinco
y veinte años –a veces incluso toda la vida– en prisión. En 1971 veinte estados
mantenían leyes sobre sexo psicopático
que permitían la detención de homosexuales. En Pensilvania y California, los
considerados ofensores sexuales
podían ser encerrados en instituciones mentales de por vida y en siete estados
podían ser inclusive castrados. Durante las décadas de 1950 y 1960 la castración
sí como terapia emética, hipnosis, electrochoque y lobotomías eran los medios
usados por los psiquiatras para intentar curar
a los homosexuales. Los primeros grupos homofóbicos de Estados Unidos fomentaron
una cultura de no confrontación entre homosexuales y heterosexuales en su afán
por demostrar que los primeros podían insertarse en la sociedad. Sin embargo,
los últimos años de la década de 1960 fueron turbulentos debido a la confluencia
de varias reivindicaciones sociales, como el movimiento afroamericano pro
derechos civiles (1955-1968), la contracultura y las manifestaciones contra la
guerra. Este clima beligerante, junto al ambiente liberal de Greenwich Village,
influyó en el desencadenamiento de los disturbios de Stonewall.
Es por todo esto que
aquellas manifestaciones son consideradas inicio del movimiento pro derechos de
la diversidad sexual en todo el mundo, existiendo aún hoy algunos países que
penalizan las orientaciones sexuales distintas a la heterosexualidad.
¿Alguien sabe el origen
de la palabra gay? Actualmente se denomina así a un homosexual asumido,
pero en principio ni siquiera era un término inglés como se cree popularmente
sino más bien, un anglicismo de origen occitano y esto a su vez corresponde a
una lengua romance europea hablada por dos millones de personas. Posteriormente
en la Inglaterra Victoriana, se denominaba gay al hombre alegre que
ejercía la prostitución homosexual, lo cual degeneró en gay boy y
después taxi boy.
Considerando las
anteriores referencias contextuales, me parece irónico llamar alegre a
un homosexual por cómo se viste, dado que en estricto rigor una persona no
heterosexual lleva la carga de pertenecer a una minoría que no escogió
caprichosamente como algunos creen y cuyo modus vivendi ha sido
sistemáticamente discriminado, reprimido e incluso castigado a lo largo de casi
toda la historia humana.
A pesar de ello y como
seguramente muchos ignoran, grandes personajes históricos han sido parte de la
diversidad sexual y su aporte no puede negarse: la poetisa Safo –quien vivió en
la isla de Lesbos de donde deriva el término lesbiana–, Sócrates,
Platón, Alejandro Magno, Julio César, Ricardo Corazón de León, Leonardo da
Vinci, Miguel Ángel –también conocido como Michelangelo Buonarroti–, William Shakespeare, los sultanes
otomanos Mehmet II el Conquistador y Murat IV sólo por mencionar algunos, Oscar
Wilde y Federico García Lorca.
Como limitados
seres humanos que somos, a veces no comprendemos la voluntad de Allâh (cc) y
tampoco nos corresponde siquiera intentarlo sino sólo aceptarla, pues Él nos
designa un destino al momento de nacer. También incorporó en la receta de
nuestros corazones los sentimientos y como ya he dicho ates en algún artículo,
ningún otro ser humano imperfecto como nosotros tiene la facultad de
prohibirnos aquellas emociones bajo concepto alguno, pues de hacerlo transgrede
nuestros derechos humanos y nos coarta parte de la propia existencia.
Sin extender
más este artículo y ya para finalizar, tomando en cuenta los párrafos
anteriores sólo les planteo una última interrogante que cada uno deberá
responderse a sí mismo según su propio criterio: ¿Por qué no sentirse orgulloso
de ser LGBTI?
Fuente de datos históricos: Wikipedia.