«Quien no conoce Estambul, no conoce el amor».

Yahya Kemal Beyatlı.

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Carlos Flores Arias – Yahya.

Escritor chileno.

domingo, 12 de agosto de 2012

Capítulo 6: Gaziantep.

Mientras yo estoy aquí en Santiago de Chile, celebrando el cumpleaños de mi hermano, allá en Turquía hay muchos jóvenes preparándose para iniciar su servicio militar. Gaziantep es una de las ochenta y una provincias turcas que recibirán a estos reclutas y entre ellos está Mismo Mismo.
Como nunca he dado el servicio militar por estar físicamente impedido, ignoro completamente qué se experimenta. Tío Mario dio el servicio cuando era joven y siempre lo describe como algo muy positivo. Supongo que en alguna medida debe significar un rito de pasaje desde la niñez a la madurez viril.
Antropológicamente hablando, el servicio militar es un proceso netamente masculino que se ha presentado transversalmente en cada civilización humana desde los orígenes de la cultura universal, como necesidad básica de protección ante los constantes enfrentamientos por territorio y poder. Pero además, existe un imperativo psicológico primitivo del hombre, quien precisa sentirse dominante frente a otro. Al realizarse en grupos o tropas, fortalece la camaradería masculina mientras que a su término, inconcientemente el macho dominante le transmite seguridad a la hembra protegida, para preservar la especie y rasgos de identidad nacional.
En la Antigua Grecia, una de las polis más temidas y poderosas era Esparta, reconocida por sus fieros guerreros que entrenaban en el servicio militar desde los ocho hasta los dieciocho años. Quizás éste sea uno de los ejemplos más significativos de lo dicho anteriormente.
Empero, sin temor a equivocarme, tal vez uno de los motivos de mayor peso para un varón eurasiático al momento de realizar el servicio militar, sea su admiración por el Padre de la Patria, Mustafa Kemal Atatürk, reconocido militar y estadista que luchó por la independencia y se transformó en el primer presidente de la República de Turquía al caer el Imperio Otomano.
A tal grado llega la importancia de Atatürk, que incluso en Santiago existe un monumento dedicado a él, ubicado en Apoquindo 4200, Metro Alcántara, para quien guste visitarlo. Su apellido, el más reconocido por cualquier turco, le fue otorgado el 24 de noviembre de 1934 por la Asamblea Nacional Turca amparándose en la ley en relación de los apellidos, aprobada ese mismo año, pues antes las personas eran distinguidas por oficio o procedencia. Así pues, Atatürk viene a significar «Padre turco».
Por otro lado, añadir el servicio militar al currículum vitae es de suma importancia para quien pretenda hallar empleo. Esto le facilitará muchísimo su vida profesional en ese sentido, al ser reconocido oficialmente como ciudadano turco. Parece lógico, pues Turquía tiene uno de los ejércitos mejor preparado a nivel mundial, teniendo una proporción de setecientas mil personas para poco más de ochenta millones de habitantes.
Si bien el servicio militar turco no cuenta con un programa tan extremo como el de la antigua Esparta, especializándose en el entrenamiento intensivo, cursos teóricos -incluyendo alfabetización- y guardias nocturnas, es de gran importancia en cuanto a estrategia.
Sea cual fuere la razón, el servicio militar es obligatorio tanto en Chile como en Turquía, aunque algunas veces y por motivos sumamente específicos, podamos eximirnos, como es mi caso por la discapacidad física. Ahora sólo queda esperar a la distancia que aquellos jóvenes terminen el proceso y puedan contárnoslo como experiencia.

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Yahya. Carlos Flores A.
Escritor chileno.