«Quien no conoce Estambul, no conoce el amor».

Yahya Kemal Beyatlı.

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Carlos Flores Arias – Yahya.

Escritor chileno.

jueves, 10 de mayo de 2018

La caja de recuerdos turcos

Me gusta el tema Lost on you de LP, pero habla de todo lo que una persona pierde cuando se produce una ruptura amorosa y no tengo la misma visión del asunto. Sin embargo, para llegar a esta actual perspectiva, debí pasar por muchas experiencias que me hicieron madurar.
Es cierto que quien más quien menos, todos en esta vida al enamorarnos, hemos debido sufrir alguna ruptura dolorosa y nadie puede decirnos cuánto debe durar el duelo o cómo debemos afrontarlo. Lo importante es vivir aquella etapa para poder superarla y no evadirla, como seguramente hacen muchos.
En esta vida he amado mucho y muy intensamente; nunca me han correspondido, pero toda experiencia por dolorosa que sea, sirve para aprender. A veces puede parecernos que hemos perdido el tiempo invertido en amar a alguien cuando no nos corresponde y hasta sentimos rabia o frustración. Sin embargo, después vemos que hasta las caídas más dolorosas nos sirven para tener cuidado de no tropezar al pasar nuevamente por esa ruta; en este sentido, debemos valorar cada paso avanzado.
Seguramente si volviera atrás en el tiempo, haría todo exactamente igual porque cada acción está escrita en mi destino. Además, todo ocurriría del mismo modo y no sabría lo que ahora sé; al contrario, me enamoraría de las mismas personas, sin poder cambiar nada.
La voluntad de Allâh (cc) se cumple; soy el resultado de cada paso que he dado en mi camino, hasta los tropiezos y por eso, agradezco incluso las lágrimas derramadas pues se lloran sólo una vez.
Desde hace seis años llevo esto en mi mochila como un recuerdo de amor, amistad e incluso fraternidad: un tesbih que me obsequiaran en un local McDonald's de Estambul, una flor seca recogida cerca de Üsküdar y las instrucciones para hacer Dhikr.
Paseábamos desde Salacak esa tarde, un día antes de regresar a Chile, pero quiso enseñarnos el paisaje más hermoso de Estambul y nos sentamos en el Café de las alfombras para contemplar la Torre de la Doncella mientras atardecía. Por el camino, mientras empujaba mi silla de ruedas, se detuvo contemplando un verde pasto al costado del camino y tras inclinarse, cortó la flor que hasta hoy conservo.
Empero, lo que más valoro es el masbaha que me regaló en tanto esperábamos una orden de papas fritas días antes y que apenas la jornada anterior se había comprado en una tienda entre las estaciones Sultanahmet y Laleli para añadir a su propia colección. Decía que se venden dos tipos de rosarios musulmanes: el que tiene cordón blanco hecho en China se corta pronto porque es de mala calidad mientras que el segundo al cual éste corresponde, se fabrica en Alemania con un cordón más resistente. Pese a ello, lo he usado pocas veces por temor a desgastarlo.
Pero hace cuatro años perdió su significado y es tiempo de seguir. Ahora guardaré esto en otro sitio, como recuerdo de lo que alguna vez fue. Si bien sigo siendo musulmán porque un tesbih no me define, considero que al continuar llevándolo en mi mochila estaré cargando mi pasado de una manera dolorosa y no corresponde; algunos llevan su pasado con orgullo y otros con vergüenza, pero el arrepentimiento debe ser sólo si hemos hecho algo tan malo que no seamos capaces de mirarnos al espejo. No es éste el caso.
En ocasiones, para que el pasado no nos duela tanto, intentamos olvidar ciertos fragmentos llevándolos a un cajón bien cerrado de nuestra mente, donde sepamos que estarán guardados durante toda esta vida pero no tendremos que verlos a diario ni soportar el peso sobre nuestras espaldas. Así pues, he guardado la caja de madera que me obsequió mamá con todo su contenido incluyendo una bolsa de terciopelo que quedó de un regalo hecho por papá en donde pueda recordarlo sin dolor ni mucho menos rencor, para apreciar lo hermosamente vivido y seguir aprendiendo.
Según mi parecer, cuatro años son demasiado tiempo lamentándose y no quiero ser como la abuela del film Mine vaganti, que sufrió su vida entera por un amor imposible o la legendaria Penélope, quien esperó a Ulises (también llamado Odiseo) durante veinte años. Esta vida es demasiado corta para desperdiciarla toda con sufrimiento. Ahora quiero darme la oportunidad de amar nuevamente, pero esta vez siendo correspondido, porque tal vez ésa sea la voluntad de Allâh (cc).

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Yahya. Carlos Flores A.
Escritor chileno.