«Quien no conoce Estambul, no conoce el amor».

Yahya Kemal Beyatlı.

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Carlos Flores Arias – Yahya.

Escritor chileno.

martes, 19 de mayo de 2015

Un esfuerzo emocional importante

Es muy fácil que producto del enojo, guardemos rencor por alguien que hemos estimado en algún momento de nuestras vidas. Últimamente he tenido experiencias nefastas, malos momentos, dolores y problemas que en alguna medida pudieron influir sobre mi estado de ánimo y mis relaciones; reconozco que frecuentemente soy torpe y no tengo filtro al decir lo que pienso o siento, pero a veces las personas con quienes he cometido esos errores son demasiado severas para castigarme.
Yo no quiero ser así. Entiendo que como humanos todos podemos cometer errores y no podemos evitarlo. Por eso, para mí lo más importante emocionalmente siempre ha sido decir lo que siento con toda franqueza aunque eso incomode, pues al igual que cualquiera, no tengo la vida comprada y desconozco mi fecha de fallecimiento… Por eso, no estoy dispuesto a guardarme algo sólo por temor a que mi interlocutor reaccione mal. No quiero irme a la Ultima Vida sin antes haber manifestado todo lo que siento y si luego eso causa rechazo, simplemente dependerá de cada persona.
Mi corazón es demasiado pequeño para darle espacio al rencor, orgullo, soberbia y crueldad. Si he de llenarlo con algo, prefiero que sea fe, amor, amistad, tolerancia y respeto aunque eso me haga parecer débil y patético frente a los otros.
Obviamente protegeré con un muro muy alto estos tesoros y no se los daré a cualquiera, porque ya me ha ocurrido muchas veces que me equivoco al hacerme una idea sobre determinado individuo y cuando ya le he dado entrada a mi casa o corazón por confianza, de pronto me traiciona, apuñalándome por la espalda e incluso rompiendo sus promesas.
Quizás durante toda la vida pasamos decepcionándonos de personas que hemos conocido y pretendemos jamás volver a confiar. Pero lo hacemos, porque necesitamos compañía y además, la soledad es demasiado dura. Por eso, tan inevitable como cometer errores es arriesgarnos a despertar sentimientos por personas, sin saber si éstas nos corresponderán o valorarán lo que entregamos.
Creo pues, que al ser inevitables las emociones, no me queda más remedio que decidir quién me importa realmente, ver quiénes valoran mi cariño en el caso de que alguien me lastime, fijarme si se arrepiente o le da igual. Dependiendo de ello, podría determinar si debo o no abrir nuevamente la puerta en cada caso. Sin embargo, confieso que hay algunos por quienes con gusto me metería el orgullo en el bolsillo y me esforzaría en demostrarles cuánto les quiero, sin importar el daño causado, pues esta vida es demasiado corta para llevar cuenta de las ofensas cuando realmente se quiere. Por otro lado, en algunos casos cuando te lastiman demasiado y ni siquiera manifiestan arrepentimiento, hay que saber protegerse de una posible agresión futura.
A veces me perece que las oportunidades hay que ganárselas. De todos modos, cuando he sido yo quien se equivoca y realmente me importa la persona lastimada, quienes verdaderamente me conocen no pueden acusarme de poco esfuerzo intentando corregir mis errores, porque soy incluso obsesivo demostrando que valoro ese afecto y estoy arrepentido de haberle lastimado.
¿Cuántos pueden decir lo mismo en esta época? Hoy las personas son consideradas desechables y las relaciones temporales. Es raro ver que alguien realmente se esfuerce por mantener una amistad por ejemplo, pasando por alto los tropiezos y atesorando más el vínculo forjado.
Sé bien quiénes valoran mi amistad, y lo agradezco sinceramente, porque cuesta encontrar gente realmente sincera y confiable, que no lo miren a uno como un sujeto problemático ni quieran sacar provecho de lo poco que pueda hacer por ellos. Esas personas son las que a fin de cuentas, deberían quedarse, si quieren, para acompañarme en este difícil camino.
Nótese que no discrimino diciendo quién merece o no estar conmigo. No es una cuestión de mérito porque también sé que, en su justa medida, quienes estuvieron en mi vida y ya se han ido, me quisieron y fui yo el que no supo mantenerlos cerca. De ahí mi empeño en recuperar algunos de esos afectos.

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Yahya. Carlos Flores A.
Escritor chileno.