«Quien no conoce Estambul, no conoce el amor».

Yahya Kemal Beyatlı.

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Carlos Flores Arias – Yahya.

Escritor chileno.

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martes, 20 de enero de 2015

La libertad de expresión no es cobarde

Hace algunos días publiqué en este mismo blog una entrada titulada Una falsatolerancia –la anterior–, donde dejo bastante clara mi opinión acerca de la libertad de expresión. En mi buzón de correo electrónico recibí el comentario hostil de un Anónimo que en apenas dos líneas insultó mi religión, a los musulmanes y reconoció que no daba su nombre por temer la reacción que podría provocar. ¿Por qué no publiqué este comentario? Mis razones son simples:
En primer lugar, jamás he discriminado a ningún grupo por razón alguna, incluso si eso me hace acreedor de la enemistad de quienes sí lo hacen. No será esta la primera vez que promueva mensajes de odio contra determinado sector social, animando así una injustificada cacería de brujas. Menos aún si ello perjudica a mis hermanos de fe. Este cobarde comentarista Anónimo no contaba con el hecho de que sus palabras saldrían a la luz pública sólo si pasaban mi filtro (en mi blog no se publica cualquier basura y menos si ataca a gente inocente).
En segundo lugar, no aprobaría los nocivos comentarios de alguien que se esconde en el anonimato para decir lo que se le plazca. «Je suis Charlie» es una frase en la que muchos han hallado la representatividad de la libre expresión, sin considerar que también hubo al menos una víctima musulmana en el atentado a la revista francesa y que eso también nos da el derecho a manifestarnos. Les guste o no, ser musulmán no es sinónimo de ser terrorista. Yo no he cometido el garrafal error de meter a todos los católicos, protestantes o judíos en un mismo saco por los errores de algunos; por ello, no permito que generalicen en mi caso.
En tercer lugar, comentar desde el anonimato es igual que cuando en la Revolución Francesa (1789 y no lo digo por los franceses de hoy), hubo cobardes que lincharon a gente inocente escudados en la multitud, llevándolos a la guillotina. La libre expresión no significa que puedas decir lo que quieras de cualquiera, sin filtro y peor aun, sin dar la cara... Es cierto que en este blog critico todo tipo de asuntos, pero todos mis lectores saben cómo me llamo y quién soy. Así es como trabaja correctamente el derecho a la libre expresión, con honestidad y yendo de frente.
En cuarto lugar, no es correcto utilizar una tragedia, el dolor de la gente, las muertes de personas inocentes y la muy lamentable discriminación de la cual hemos sido víctimas los musulmanes del mundo en mayor o menor grado, para subirte al carro de la victoria e insultarme gratuitamente desde el anonimato diciendo «Je suis Charlie». No es el propósito de esa frase ni de quienes, como el inocente pueblo francés de hace doscientos veintiséis años u hoy, la enarbolan. Tú no eres Charlie; tú no eres nadie.
En quinto lugar, comentarista Anónimo, reconoces no dar tu cara ni nombre por miedo. La razón de tu temor no es lo que ocurrió en Francia, sino tu ignorancia, tu desinformación y especialmente, el hecho de que te desquitaste con los musulmanes por algún problema personal en el cual, desde luego no tenemos ninguna responsabilidad. En otras palabras, no debemos hacernos cargo de que tu vida sea miserable y me incluyo, no sólo por ser musulmán, sino también porque tuviste la desafortunada idea de desquitar tu rabia en mi blog. Por si no lo notaste, tengo muchos más recursos argumentativos que tú y si no lo sabías, ya lo sabes; yo no te respondería insultándote gratuitamente en dos líneas.
En sexto lugar, el derecho a la libre expresión requiere que para ser ejercido correctamente, legitimes tus opiniones con argumentos, bases, pruebas y si lo hicieras como una persona adulta, madura, responsable e informada, no te esconderías en el anonimato cobardemente ni utilizarías insultos básicos, porque así no defiendes nada ni a nadie. Lo tuyo no pasa de ser la expresión descontrolada de una rabia personal que no guarda relación alguna con los hechos acontecidos últimamente.
En séptimo lugar, has de saber que por lo anterior, mientras no des tu cara y nombre para opinar, ni una sola letra tuya será publicada en los comentarios de mi blog, sin importar cuántas veces intentes envenenar a mis lectores. Esto es aplicable a cualquier comentarista que desde el anonimato ataque, humille o difunda mensajes discriminatorios y de odio contra cualquier persona, sin distinción alguna.

jueves, 8 de enero de 2015

Una falsa tolerancia

Ayer hubo al menos doce fallecidos en un atentado al semanario satírico parisino Charlie Hebdo e inmediatamente Facebook se llenó de comentarios contra los musulmanes, diciendo que debía defenderse la libertad de expresión. Pues bies, éste es el tema que ocupará el presente artículo de mi blog, porque los usuarios de redes sociales son muy buenos para expresarse sin siquiera saber de qué hablan concretamente.
En primer lugar, me gustaría aclarar que como musulmán, repruebo absolutamente el asesinato de personas inocentes e indefensas como ocurrió en Francia, especialmente porque el Noble Corán dice específicamente que ante los ojos de Allâh (swt), matar a una persona tiene la misma carga que haber matado a toda la Humanidad y salvar a alguien tiene el mismo significado que salvar a toda la Humanidad. Se nos enseña que sólo Allâh (swt) es Dueño de la vida y de la muerte y no debemos matar a ninguna criatura.
En segundo lugar, debo mencionar que uno de los policías fallecidos en el atentado era musulmán, pues en Francia la población islámica es numerosa. El radicalismo en todo sentido es negativo y no debe causar bajo ninguna circunstancia la nefasta discriminación generalizada, pues los propios musulmanes parisinos fueron primeros en repudiar este deleznable acto.
Si bien es horrible lo ocurrido, nadie toma en cuenta que las autoridades francesas han promovido un rechazo radicalizado a musulmanes, ejerciendo islamofobia igualmente reprobable. Consideremos pues que de un tiempo a esta parte las mujeres musulmanas en Francia tienen prohibido usar públicamente el hiyab, que no sólo es parte de su religión sino también de su cultura e identidad. Así mismo, las burlas de este semanario satírico contra el Profeta Muhammad (saws) podrían considerarse del todo escandalosas por sugerir abiertamente que fue pedófilo, sin investigar su vida en profundidad para tener bases certeras sino sólo en pos de la libertad de expresión y creatividad.
Ayer en Facebook tuve un debate muy irritante con alguien que siendo ateo decía que si soy musulmán, debo serlo en mi casa pero no públicamente y jamás entendió que la religión como la identidad no es una camisa que debas quitarte o ponerte según la ocasión. Seguramente esta persona sería feliz si en público un musulmán bebiera alcohol, comiera cerdo y sólo se comportara correctamente entre las cuatro paredes de su casa. Sin embargo, esto es hipocresía, pues uno debe ser musulmán todo el tiempo y si bien hay exigencias que no podremos cumplir por nuestras imperfecciones y limitaciones, no debemos intentar complacer a quienes nos aceptarían sólo si cometiéramos las mismas faltas que ellos. ¿Por qué yo, siendo musulmán, debo renunciar temporalmente a mis valores morales, ideales y creencias para simpatizarle a esta persona atea?
Él acusaba a los musulmanes de ser invasivos con nuestras costumbres e incluso sugirió que sólo debíamos profesar nuestra religión dentro de países musulmanes. Sin embargo, siendo musulmán no obligo a las mujeres a usar hiyab ni a otros hombres a rezar cinco veces diarias; mi religión es algo que practico sin estorbarle a nadie y no veo por qué a un ateo deba molestarle que sea musulmán practicante. Seguramente también hablaría mal de mí si fuera hipócrita, siendo musulmán de la boca para afuera y sin cumplir los pilares del Islam.
En definitiva, terminé la discusión porque se transformó en un diálogo de sordos donde cada quien esgrimía sus argumentos en una biografía de Facebook ajena, donde la usuaria obviamente se molestó porque si queríamos atacarnos, debíamos hacerlo en nuestras propias páginas.
Dicen que la libertad de expresión y creatividad son razones suficiente para obligarme a tolerar que difamen al Profeta (saws) y me encierren en mi casa si quiero practicar mi religión, sin derecho a moverme donde quiera o viajar al país que desee. Estas personas que me discriminan por el sólo hecho de ser musulmán –pues temen que esto sea sinónimo de terrorista–, son las mismas que dicen ser tolerantes, luchan contra la discriminación y disfrazan como falsa libertad de expresión un manifiesto mensaje de odio celebrado mediáticamente como sátira cómica. ¿Cómo se entiende esta contradicción en sí misma? Intentemos entender:
Yo, musulmán, debo aceptar que personas progresistas, tolerantes, intelectuales y evolucionadas, defensoras de los derechos de toda minoría, me obliguen a soportar la difamación del Profeta (saws) y sus enseñanzas, profesar mi religión encerrado, sospechen de mí por mi religión, no me permitan manifestarme como musulmán públicamente y promulguen leyes para forzarme a asimilar conductas que van contra mis ideales, so pena de ser arrestado o expulsado del país y en este punto no estoy mencionando ninguna nación en particular. ¿No les parece irónico?
Más aun, cuando ocurre un atentado terrorista al cual como musulmán me opongo rotundamente, todos se compadecen y con razón de las doce víctimas, sin considerar que uno de los muertos es musulmán y que se puede desatar un violento rechazo al Islam, absolutamente injustificado pero promovido socialmente.
Este hombre con quien debatí en Facebook me decía que cuando ha visitado Turquía, acepta descalzarse y que su esposa cubra su cabeza con un velo para entrar en una Mezquita; pero no acepta que en su país las mujeres musulmanas usen hiyab por las calles. Le hice ver que en Occidente es mal visto que una mujer entre en una Iglesia católica usando escote o minifalda. Básicamente es el mismo principio de ingreso a cualquier templo, sólo que una mujer musulmana no deja de serlo al salir de la Mezquita y por ello, al ir por la calle es cuando más debe usar el hiyab voluntariamente, para resguardar su pudor.
Quien diga qué el Islam sólo le impone obligaciones morales a mujeres, ignora que son recomendaciones y que un hombre musulmán también recibe sugerencias, como bajar la mirada ante las mujeres, para no fijarse en sus atributos femeninos lascivamente.
Durante estos días el programa Intrusos transmitido por La Red TV, han hablado pestes de las telenovelas turcas que los canales chilenos han comprado. Los panelistas protestan porque hace algunos años había seis programas televisivos dedicados a la farándula y hoy se transmiten seis producciones eurasiáticas. Sin embargo, las críticas no llegan hasta ahí porque uno de los panelistas siempre critica Turquía como cultura y a los turcos, rayando abiertamente en la xenofobia sin considerar que, siendo gay defiende los derechos de la comunidad GLBTI. Ésta también es una contradicción manifiesta e irritante, porque siendo víctima de discriminación, yo personalmente no me atrevo a discriminar a nadie, haciéndole pasar por las penalidades que esto implica. Siendo discriminado por cualquier motivo, ejercer discriminación sobre otro es una hipocresía.
No menciono esto antojadizamente sino como demostración de que la discriminación puede ejercerse incluso públicamente, sin importar país ni otras condiciones. Si hablas mal de alguien y trabajas en ello, siendo un personaje público e tu obligación aceptar que otros hablen mal de ti y si no te gusta, debes controlar tus declaraciones, sabiendo que la palabra tiene poder y puedes causar efectos sociales muy negativos contra el sector social que estás discriminando. Si criticas que los canales nacionales le den preferencia a exitosas producciones dramáticas extranjeras en desmedro de programas del rubro en el cual tú te desempeñas –sin importar si lo haces bien o mal–, no recurras a argumentos tan mediocres como discriminar por raza, cultura o nacionalidad, sabiendo que en tu país hay inmigrantes de muchos países quienes, como en todas partes, han aportado a tu propia cultura e identidad nacional aunque no te guste admitirlo.
Si ves que los programas televisivos del rubro al cual te dedicas ya no son del gusto general y cada vez van desapareciendo más, lo correcto no es aportillar el éxito que la competencia ha obtenido transmitiendo excelentes producciones extranjeras; al contrario, lo correcto sería esforzarte en hacer un mejor trabajo y así, encantar nuevamente al público cin programación de calidad.
Todo esto lo digo en mi blog personal porque me he dado cuenta de que a pesar de ser una red social, Facebook está lleno de casos en los cuales uno dice algo y causa un debate, malentendidos o declaraciones fuertes. Últimamente en Facebook no tengo libertad para hablar de deportes, política, religión ni sexo porque todo escandaliza a quienes me leen.
Como pueden ver en este artículo, la libertad de expresión se relativiza bastante al momento de ejercer tolerancia. Todos la exigimos, pero pocos son capaces de darla realmente. El hombre con quien tuve ayer el debate me decía que todas las religiones son hipócritas y causan guerras. ¿Es así? Según lo veo, la hipocresía y la guerra son responsabilidad de los seres humanos, que radicalizan sus ideologías ya sean de un extremo u otro. Si queremos respeto y tolerancia, debemos entender que así como el ateo tiene derecho a no creer, el religioso lo tiene de profesar su religión sin tener que esconderse, avergonzarse ni temer las reacciones de gente temerosa y prejuiciosa. Atención, que no estoy refiriéndome a casos particulares que me ha tocado tratar sino a generalidades vistas últimamente.
Durante la Edad Antigua, los cristianos fueron lanzados a los leones. En la Edad Media, la Inquisición se encargó de torturar y ejecutar a judíos, musulmanes y ateos. Al llegar la II Guerra Mundial, mataron masivamente a judíos, musulmanes, gays y extranjeros. ¿En qué se diferencia esto de lo ocurrido actualmente?

viernes, 2 de enero de 2015

Los polémicos rezos de Delfina Guzmán

Foto: La actriz Delfina Guzmán en uno de los posters de la campaña gubernamental para prevenir el cáncer de mama.

Bueno, yo no soy de aquellos que ventile su vida privada, principalmente porque antes lo hice y tiene un altísimo costo emocional. Sin embargo, hoy he visto parte de las declaraciones que la actriz Delfina Guzmán hizo recientemente para una entrevista concedida a Radio ADN, donde asegura «Escucho un comentario adverso y soy comunista pero católica, cosa que no me complica para nada. Entonces le rezo a la Virgen del Carmen, que es una reina para cumplir las mandas –qué cabra más buena persona– y a la Teresita de los Andes, para que les dé cáncer a los que pelen a Nicolás», refiriéndose a las críticas hechas contra el Ministro de Educación, señor Nicolás Eyzaguirre, quien es además su hijo. A esto, añade «Así que el primer cáncer que aparezca es porque yo le he rezado y he pedido a la virgen que le dé por bruto, mal educado, por incomprensivo y ordinario».
No daré nombres para evitar exponer públicamente a las personas afectadas, pero detallaré mi experiencia. Cuando era pequeño, una parienta cercana y amada fue tratada de un cáncer cervicouterino. Elhamdülillah, hoy es sobreviviente, luego de haberse sometido a una compleja cirugía y radioterapia en aquellos años.
Mis abuelos paterno y materno fallecieron de cáncer. El último fue afectado por uno prostático y a pesar de que le dieron sólo un año de vida, estuvo catorce luchando contra esta maldita enfermedad.
El suegro de mi hermano también falleció hace pocos años de este padecimiento, habiéndose tratado con muchos medicamentos paliativos que le daban para combatir las consecuencias de no tener dinero para un mejor tratamiento.
Una muy querida amiga de mi madre tuvo cáncer mamario y además de operarse, tuvo ciclos de quimioterapia y radioterapia, porque estuvo a punto de morir. Elhamdülillah también sobrevivió milagrosamente. Por su parte, ella tuvo una hermana que falleció por este mal y otra descubrió padecerlo justo a tiempo, pudiendo prevenirlo.
¿Les parece suficiente? Pues el año pasado un hermano de la Mezquita cayó hospitalizado y le descubrieron cáncer de médula ósea, también conocido como mieloma múltiple, además de leucemia. Elhamdülillah se recuperó del segundo, pero ha perdido al menos trece centímetros de estatura porque se quebró al menos seis costillas y la columna en dieciocho partes.
También el año pasado alguien próximo y muy querido fue diagnosticado con cáncer aunque prefiero ser discreto y no especificar de qué tipo, provocando el sufrimiento de todos quienes le conocemos. Rogamos a Allâh (swt) que haga un milagro y lo sane. Amin.
A pesar de ser musulmán y saber que sólo Allâh (swt) es el único Dios verdadero, respeto todas las religiones porque me gusta ser respetado. Empero, me da lo mismo si la gente le reza a vírgenes o santos. Y a pesar de esto, no puedo entender que alguien se pavonee de pedir que una persona sufra esta nefasta enfermedad por razones tan irrelevantes.
Para empezar, un personaje público debería asumir como parte de su labor el recibir críticas, sean éstas constructivas o no. Es una fracción del costo a pagar.
Pero es realmente terrible que en esta sociedad inmunda, corrupta, capitalista y degenerada –hablo en términos globales y no de un país o gobierno específico– en pleno siglo XXI, todavía exista quienes sean incapaces de empatizar con el dolor ajeno en circunstancias tan funestas como las descritas en párrafos anteriores y además, se refugie en la religión –cualquiera sea– para justificar sus dichos.
Y aun más, me parece gravísimo a ultranza que el gremio de actores, malamente representado por algunos rostros, apoye estas declaraciones con argumentos tan absurdos como «Todos sabemos que Delfina es irreverente y hay que entenderla, porque una madre defiende a su hijo con uñas y dientes». Pocas veces concuerdo con el señor José Miguel Villouta, periodista de profesión y panelista del programa televisivo Intrusos de La Red, porque sobre todo no soporto sus opiniones en contra de los turcos, un caso aparte. Sin embargo, hoy tenía razón al decir que los actores son representantes muy importantes de un país en el plano cultural e intelectual y como tales, deberían meditar más sus expresiones en asuntos tan serios.
Ciertamente es vergonzoso que en este país a ciertos personajes se les justifiquen desmadres sólo porque son ellos y además, se les premie la irreverencia. No debemos olvidar que en años anteriores la señora Guzmán participó en una campaña publicitaria de prevención del cáncer, donde muchos personajes públicos eran fotografiados calvos. Algo de muy mal gusto, chocante y como es esperable en la publicidad chilena, sin el efecto esperado. Es inconsecuente.
Ahora bien, porque no me chupo el dedo, sé que esto podría ser un desesperado intento mediático de hacer polémica donde nadie más se fija, convirtiendo en tema país algo que sólo nos importa a quienes hemos vivido el cáncer de cerca, lo que no es menor. Pero en una sociedad tan indolente como ésta, si no experimentas la situación en carne propia, poco o nada te importa lo sucedido al prójimo.
Así es como actualmente un programa de farándula deja a un lado los temas frívolos que siempre lo hicieron sustancioso a ojos de telespectadoras, para convertirse en el vigilante que denuncia públicamente los escándalos y desatinos de figuras que otrora se llevaban sus galardones.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Terminando 2014 como mejor se puede

Foto: Museo de Santa Sofía, Estambul.

Podría hacer un balance de 2014 como los que se acostumbra escribir en las redes sociales, pero me niego a ventilar públicamente mi vida privada. Toma apenas cincuenta y seis segundos saludarme y preguntar cómo estoy; quien realmente quiera saber de mí o le interese, siempre puede escribirme, llamarme y hasta visitarme si el tiempo se lo permite.
En el terreno profesional, inşAllah espero publicar mi novela Síndrome de Estambul a más tardar en noviembre del próximo año. Ya tengo listas las correcciones que me solicitaron para marzo en la editorial y lo hice antes de acabar diciembre. No es porque lo diga yo, pero eso es eficiencia. ¿No les parece?
Ahora debo ver si puedo cambiar un detalle, sólo uno, y quedaría prácticamente listo el trabajo. No se apuren, la historia queda exactamente igual, contando lo más importante ocurrió durante mi viaje a Turquía en 2011 y mucho más, incluyendo la reunión con Tarkan cuando yo era presidente de Tarkan Fans Chile Club Oficial, aunque pueda haber gente asustada –con razón– y otra contenta. En este sentido, estoy cumpliendo una promesa que comenzó cuando escribí la primera letra y culminará con la publicación, si Allâh (swt) lo permite.
Ya escribí la última página del diario íntimo que llevaba y aunque todavía no decido en qué cuaderno o soporte continuar el próximo año, si Allâh (swt) me da vida, lo que quiero es dejar atrás las desgracias del funesto 2014 e intentar superar todo en 2015.
A quienes están ahí para mí, correspondiendo mi cariño, gracias. Ustedes saben quiénes son.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Terminadas las correcciones

Por fin terminé las correcciones de Síndrome de Estambul que me pidió la editorial. Tras semanas trabajando arduamente, ya tengo lo que podría publicarse.
Durante estas semanas me dediqué a corregir todas las mañanas y Allâh (swt) es testigo de que a veces me quedé dormido en los lugares más insospechados, producto del agotamiento. La gente cree que ser escritor es fácil y el máximo esfuerzo sólo requiere que uno se siente frente al monitor a esputar cualquier cosa que se le ocurra. Es de una ingenuidad e ignorancia manifiestas.
Sin embargo, no me quejo del sudor, pues al mismo tiempo sentí como si tuviese la oportunidad de repetir el viaje que hice en 2011. El relato contiene elementos autobiográficos, pero también da cabida a ingredientes ficticios que sazonan la preparación literaria y de seguro, aumentarán el interés del lector.
Éste tal como mis anteriores trabajos, no fue una novela escrita para satisfacer el capricho de lo que me gustaría leer. Siempre que escribo algo, incluso en el presente blog, intento entregar al lector las herramientas para construir su propia historia a partir de lo que me lee. En este caso y sin ánimo de ser presuntuoso para nada, pretendí contagiar mi amor por Turquía, que otros se interesaran en descubrir los ancestrales misterios tan cautivantes para mí. En otras palabras, intento retomar el rumbo a tierras osmanlíes, pero acompañado por cada lector que se deje seducir a través de mi relato.
Para mi sorpresa, leyendo mis propias palabras me di cuenta del uso de muchas figuras retóricas y licencias poéticas. Pude no sólo recordar los hechos sino también las sensaciones, aromas, colores, sabores y emociones. Es lo que trato de transmitir a cada lector, para contagiarle mi síndrome crónico.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Cuando el corazón duele o se rompe

Hay días en que tengo sentimientos para expresar en este blog, pero ignoro cómo hacerlo a pesar de ser escritor, pues se supone que debería disponer de todos los recursos retóricos para hacer fluir la tinta en mi pluma dorada. A veces, por mucho que el corazón quiera hablar gritando a los cuatro vientos, debe callarse, contenerse porque sus palabras podrían perjudicar a terceros o simplemente, el mensaje no se entendería.
El corazón es un músculo al cual le cargamos tantas responsabilidades, culpas, errores, ilusiones, sueños y amores pero no aligeramos el peso. Cuando sufrimos, nadie dice que le duele el páncreas o el bazo sino el corazón, porque de algún modo tiene una conexión especial con nuestra alma y por eso, cuando algo nos duele, sentimos que tenemos una fractura en el pecho.
Hay gente que se pregunta por qué sufrimos en esta vida. Ésa es la clave: que sea esta vida. En el mundo o Dunya nacemos para ser probados en todo aspecto y uno de ellos es que debemos demostrar cuánto podemos soportar. La gente mala, que hay, parece tener mucha suerte y todo a su favor cumpliendo lo que quiere; pero tarde o temprano el castillo de naipes se derrumba y las deudas morales deben pagarse. Por eso, el consuelo de la gente buena es saber que aun cuando las circunstancias sean adversas, si se hace lo correcto aunque no se comprenda la razón, tener la conciencia tranquila es invaluable. Además, la vida que realmente importa es la Última Vida, donde la gente honestamente buena recibe recompensa por la misericordia de Allâh (swt).
Cuando sufre alguien a quien queremos muchísimo, sea amigo, pariente o pareja, a veces no sabemos cómo consolarle y nos sentimos impotentes, porque nos duele tanto como un sufrimiento propio. A veces se nos hace imposible articular palabras coherentes para empatizar con quien tiene roto el corazón, pues si es un dolor auténtico, como seres humanos quedamos en pausa, inmóviles, aletargados y es relativo el tiempo que permanezcamos así, dependiendo de cada persona según su tolerancia.
La publicidad y los medios nos pintan un ideal de vida en el cual todo debe ser perfecto: felicidad es sinónimo de éxito y se logra sumando salud, dinero y amor. Pero la verdad es que todo aquello es artificial y pasajero, porque a veces teniendo todo lo anterior somos infelices. Todos sabemos lo que en esta vida puede causarnos sufrimiento, pero absolutamente nadie puede dar la receta exacta para alcanzar la felicidad, porque ésta es individual. Un ejemplo de ello es que yo sería feliz regresando a Estambul próximamente, pero mi hermano ni siquiera está interesado en saber dónde está Turquía y no puedo culparlo por eso… Es un proyecto mío y personal, como suyo puede ser estudiar ingeniería.
En esta vida es difícil distinguir lo que realmente importa, porque hay muchas distracciones. Pero cuando logramos descifrar el enigma y encontramos algo significativo, no debemos dejarlo pasar por orgullos estúpidos, ambiciones materialistas o desmotivaciones perezosas. Es importante saber lidiar con el dolor, aliviar el corazón, descansar en la fe, atesorar los afectos como amores irreemplazables y saber que en esta vida todo lo malo es efímero aunque tengamos la impresión de que será permanente.
Si nos consideramos seres humanos con todo lo que ello implica, debemos saber que el espíritu simple es aquél que siendo hermoso, se esconde tras las apariencias de todo tipo. La belleza de espíritu tiene por obligación ser compartida y mejorar otras vidas; caso contrario, se desvaloriza.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Síndrome de Estambul en vías de ser publicada

Foto: Entrada del Palacio de la Puerta de los Cañones (en turco Topkapı Sarayı). Mi viaje a Estambul en 2011.

Después de mucho buscar, al fin encontré una editorial que publicara mi segunda novela. ĺnşAllah será publicada con el título Síndrome de Estambul en noviembre de 2015 por Contracorriente Ediciones. Hoy tuve una reunión con mis editores para acordar las condiciones.
ĺnşAllah comenzaré las correcciones mañana temprano para cumplir con mi trabajo lo antes posible. La obra, que originalmente se tituló Síndrome de Estambul: el diario de Sofía Mustakis, seguirá manteniendo su esencia y el mismo relato con las mínimas modificaciones, revelando los fabulosos misterios de aquella exótica ciudad que tanto amo y además, dando espacio a mi propia experiencia durante el viaje de 2011.
Ahora que Turquía está de moda por las telenovelas eurasiáticas que compraron canales chilenos, entre ellas Muhteşem Yüzyil (El Siglo Magnífico que en Chile será titulada El Sultán) que emitirá Canal 13, era de esperarse que esta cultura se abriera paso entre mis compatriotas y con ello, mi novela puede potenciar el interés. Debe tenerse en consideración que comencé mis estudios a fines de 1999, siendo considerado como loco por mis amigos pues aún recuerdo las palabras de algunos parientes diciéndome «Deberías estudiar inglés o algo que te sirviera más. ¿De qué te va a servir estudiar todo lo relacionado con Turquía?». Hoy sin embargo, cerca de mi casa está el Colegio Mustafa Kemal Atatürk, donde enseñan el idioma, la cultura y aproximan este país a nosotros; ahora no es una locura sino una asignatura obligatoria.
Además, en mi novela los lectores que no han tenido la oportunidad de viajar, podrán conocer los sitios que vi e imaginar una experiencia propia, explorando el romanticismo que sobrecoge durante el hermoso atardecer veraniego mientras se contempla la Torre de la Doncella (en turco Kız Kulesi) desde Üsküdar.
Intenté plasmar en parte la cultura turca, pero también escribí ficción para entretener al lector y capturarlo entre las páginas, para ver si se enamora de Turquía como yo lo hice. Ciertamente en mi vida he tenido enfermedades crónicas muy graves como la displejia espástica y la diabetes mellitus insulino requirente, pero de todos mis padecimientos el Síndrome de Estambul es lo que más constante se me presenta, con sus síntomas cardiacos y es que Turquía invadió mi corazón.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Fallece Roberto Gómez Bolaños, Chespirito.

FOTO: Roberto Gómez Bolaños, como El Chavo del 8. / TELEVISA.


Por Verónica Calderón.

Roberto Gómez Bolaños (Ciudad de México, 1929), uno de los artistas más populares de América Latina, falleció este viernes a los 85 años.
Pocos han ejercido la ironía como Roberto Gómez Bolaños, actor, escritor, cómico, director y dramaturgo mexicano. El Chavo del Ocho en millones de hogares de América Latina; el Chaves para otros tantos de brasileños; el Chómpiras, un ladrón noble; el Chapulín Colorado —un héroe “más ágil que una tortuga, más fuerte que un ratón, más noble que una lechuga, su escudo es un corazón”—. Chespirito. El creador de estos entrañables personajes de acento mexicano pero en el corazón de tantos latinoamericanos ha muerto este viernes. Tenía 85 años.
Hijo de la secretaria Elsa Bolaños-Cacho y del pintor y dibujante Francisco Gómez Linares, Roberto Gómez Bolaños nació en la Ciudad de México el 21 de febrero de 1929, el mismo año en que el astrónomo Hubble descubrió que el universo se encuentra en continua expansión y que los primeros lobos de Wall Street perpetraron su primer crack y hundieron al mundo en la Gran Depresión. Todo esto lo cuenta en su autobiografía titulada Sin querer queriendo (Aguilar, 2006), un libro que descubre a un resuelto narrador.
Pero en los tiempos en que Gómez Bolaños quiso aventurarse en los escenarios, el asunto no era sencillo. Primero quiso subirse a un ring (hizo de boxeador amateur y tras unas cuantas trompadas decidió que aquello no era lo suyo), cumplió el servicio militar —muy a su pesar— y debió sacarse un título de ingeniero por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Que nunca ejerció, por cierto. Finalmente terminó de creativo publicitario en una agencia y de guionista de películas, muchas de ellas de Viruta y Capulina, un popular dueto de cómicos de los años cincuenta.
De aquellos tiempos viene su apodo, Chespirito. Se le atribuye al director Agustín Delgado. El asunto es que de tanta creatividad que rebosaba el mexicano, de baja estatura además, el cineasta, cariñosamente, le dijo que era como un Shakespeare, pero en chiquito. Un Shakespearecito. El mote, mexicanizado, devino en Chespirito.
En su autobiografía, Gómez Bolaños confiesa también que fue primo del expresidente Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970 y mandatario el 2 de octubre de 1968, el día en que ocurrió la masacre contra estudiantes en la plaza de Tlatelolco). Dice que era primo hermano de su mamá, que tocaba la guitarra, que tenía estupenda voz y que era muy bueno para contar chistes. Y que sí, que era político. “Pero en este mundo nadie es perfecto”.
El gran momento de Chespirito llegó a finales de los años sesenta. Nacieron Los Supergenios de la Mesa Cuadrada, una suerte de tertulia en la que compartía mesa con María Antonieta de las Nieves, Rubén Aguirre y Ramón Valdés. Los televidentes mandaban preguntas de actualidad y los ponientes respondían de manera absurda. “Problema discutido, problema resolvido”, era su lema. Éxito instantáneo.
La creatividad de Gómez Bolaños, que sus primeros maestros bien habían diagnosticado como propia de un géiser, hizo que el programa se extendiera a una hora y se llamó entonces Chespirito. Se convirtió entonces en un espacio de sketches. Aquí nace El Chapulín Colorado y para 1971 había llegado El Chavo del Ocho.
El Chavo del Ocho era un niño que vivía en un barril en una vecindad como podría haber sido cualquiera de la Ciudad de México o quizá, aventurémonos, de cualquier metrópoli de América Latina. El Chavo no tenía nombre pero sí un sueño: una torta (bocata) de jamón. Sufría humillaciones, pero su ingenio lo salvaba. Los personajes de la vecindad hacían una burla del enraizado clasismo de la sociedad mexicana. “¡Chusma, chusma!”, gritaba el supuesto niño bien de aquella peculiar tropa, que en realidad era un muchachito de enormes mofletes que se refugiaba tras las faldas de su mamá.
El Chapulín Colorado se cuece aparte. México es un país que, pese a su vocación épica, tiende a mirar con una ceja levantada, por incredulidad, la aparición de un héroe autoproclamado. Así que a Chespirito se le ocurrió un héroe peculiar. Sus “antenitas de vinil" detectaban cualquier mal. Tenía mucha (mucha) torpeza. Pero un gran corazón. Su “chipote chillón” (esa era su arma) vencía a los malvados, sus “pastillas de chiquitolina" le ayudaban a escurrirse de situaciones incómodas y la “chicharra paralizadora” le servía para inmovilizar a sus enemigos y escapar una vez más y dejar a su público, como siempre, fascinado. “¡No contaban con mi astucia!”, espetaba a la cámara.
Falta describir al Chómpiras, el ladrón honrado; el doctor Chapatín, un veterano de Los Supergenios de la Mesa Cuadrada que cargaba una bolsa de papel que nadie supo que traía dentro o Chaparrón Bonaparte, el loco más cuerdo de un patio de vecinos.
Sus programas, bajo distintos nombres, se transmitieron por décadas por la televisión mexicana y en todo el continente a través de Televisa. Llenaba estadios en toda la región. No todo es un lecho de rosas. Siempre planeó sobre él la sospecha de haber actuado en una fiesta infantil para un narcotraficante colombiano (él lo negó con firmeza hasta el final) o que se presentó en Chile mientras el país sufría el sangriento régimen pinochetista. Chespirito decía que él no visitaba gobiernos sino “a los pueblos que disfrutaban su trabajo”.
Pero es que la América Latina de Roberto Gómez Bolaños lo amaba, y el sentimiento era mutuo. Salvadoreños, chilenos, brasileños, peruanos, por igual. “Ustedes, mexicanos, se creen que por haber inventado al Chavo del Ocho han inventado al mundo, ¿no?”, decía un peruano en Madrid hace poco más de un año.
Gómez Bolaños se casó dos veces, primero con Graciela Fernández, madre de sus seis hijos, y quien murió en agosto de 2013. Y después en 2004 con Florinda Meza, su compañera por décadas y otra infaltable en el amplio abanico de personajes del mundo de Chespirito.
A Chespirito le gustaba contar una anécdota. Un día, en un hospital, un señor de edad avanzada no podía hablar. Pero le brillaban los ojos cuando aparecía el programa de Gómez Bolaños y aún más cuando aparecía El Chapulín Colorado. Pasaron días y semanas. Finalmente, los médicos quedaron fascinados. El paciente habló. Solo dijo una palabra: Chapulín.
En México, el amor por Chespirito se lleva por dentro e incluso es conflictivo. Hay algunos que lo niegan de plano. Y no es común que se proclame, pero el hecho es que su programa no se ha dejado de transmitir y los derechos por sus personajes generan tantas ganancias que han provocado terribles peleas entre los otrora amigos del elenco. En México ha sido acusado de hacer un humor simplón, de pastelazo e incluso insultante.
Pero él, en el servicio militar, recordaba que un día se quedó dormido cuando era momento de hacer honores a la bandera. Cuando se iza el lábaro patrio y todos los jovencitos que cumplen la tarea deben estar firmes y serios. Pues Gómez Bolaños estaba dormido y cuando lo despertaron, lo único que se le ocurrió decir fue: “¡Y a mí qué me importa, carajo!”. Craso error. Su superior, ya bajados los ánimos, le dijo: “Antes no te mandé fusilar”. Chespirito reflexionaba: “Quizá yo sí merecía algo semejante. Pero la verdad es que no solo amo entrañablemente a mi país, sino que me encanta nuestra bandera y siento algo muy bonito cuando la veo”.

FUENTE: El País.com.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Posibles temas para nuevas novelas

FOTO: Atardecer en Turquía.
En estos días estoy dándole mucho de mi tiempo a la escritura y el ejercicio. He trabajado mucho buscando un tema que me interese lo suficiente como para desarrollarlo en una nueva novela, sin coartar mi creatividad, la libre expresión y pretendiendo como siempre, entregar algún mensaje, una moraleja que le sirva a quienes puedan ser mis lectores. No tendría sentido escribir cualquier estupidez sólo por creerme escritor; debo serlo realmente.
Si escribo sobre vampiros, no quiero darle más espacio a personajes demasiado femeninos, sensuales o adolescentes. Quisiera investigar la verdadera tradición mitológica para no tener un producto meramente comercial.
Escribiendo sobre brujas, aunque me eche encima a medio mundo, quisiera retomar la tradición histórica del personaje alejado de los encantamientos llenos de verborrea que distorsionan la verdad, haciéndolo parecer un ente absolutamente sobrenatural, inmortal y ajeno a este mundo.
No quiero escribir una novela dirigida al público gay, porque ya lo intenté cuando terminé de trabajar como columnista en Mitos RTV Magazín y no resultó. Eché fuera algo que muchos podrían considerar demasiado polémico por hablar sobre sexo, divorcio y drogadicción. Esta sociedad hipócrita cree que dichos fenómenos dejan de existir si no se habla de ellos.
Podría investigar más sobre Turquía, que para mí es un tema y un lugar realmente apasionante. Sin embargo, en todos mis trabajos abordo de algún modo aquel interés personal y sólo basta leerme para darse cuenta. No sería un escrito mío sin mencionar algo relacionado con Turquía, aunque fuese un detalle mínimo.
Quisiera escribir alguna experiencia personal pero ya lo hice, en Síndrome de Estambul: El diario de Sofía Mustakis. Un escritor debe escribir sobre lo que conoce y no es por presumir, pero esta novela mía es sin duda hasta ahora, la que más amo por plasmar en el papel lo mejor que me ha sucedido en la vida. ĺnşAllah tenga la oportunidad de repetir la experiencia, para renovar aquella inspiración que me permitió escribir esta novela.
Cualquiera sea el contenido de una próxima novela, haré todo lo posible por entregar lo mejor en cada página y que así, mis lectores reconozcan algo de sí mismos como podría ser una experiencia, un deseo o un sueño. No por nada al escribir, siento que revelo un rincón de mi corazón que otras veces permanece oculto en lo más íntimo. Cuando el escritor dibuja una letra, cada trazo desnuda su alma.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Siempre viviremos bajo el mismo cielo

FOTO: Café de las alfombras y Torre de la Doncella, Üsküdar, Estambul. Yo estuve ahí, contemplando el atardecer y es la vista más romántica que he presenciado en mi vida.

Otro año sin ir a la Feria Internacional del Libro de Santiago. Antes era un panorama obligado al cual como escritor, debía asistir. Pero ahora que mi principal objetivo es regresar a Estambul, InşAllah lo más pronto posible, debo dejar de lado cualquier capricho o gasto innecesario… Me parece llevar tanto tiempo postergando mi vida, pero si Allâh (swt) me concede volver al país donde mi corazón se quedó como el de muchos otros viajeros, todo habrá merecido la pena.
Aunque últimamente estar distanciado de mis amigos turcos ha hecho estragos en mi corazón, no pierdo la esperanza de reencontrarnos y darles un abrazo tan apretado, que pareceremos siameses. A diario me levanto por las mañanas y me gusta imaginar que es el día en que abordaré un avión rumbo a Turquía, dejando abajo todas mis tristezas por la distancia, aumentada indudablemente con el tiempo.
Lo que más lamento es no haber podido cultivar aquellos entrañables afectos, para mantenerlos como el primer día, cuando no importaba la diferencia de idiomas porque una mirada transparente lo decía todo sin problemas. Pasados los años, aquella flor otrora tan fértil ha sido víctima de una cochinilla algodonosa emocional, que perfora el cariño y me hace notar una dolorosa ausencia.
El Dunya nos atrapa inevitablemente en un remolino donde lo más importante ya no es un sentimiento puro sino el orgullo. La espiritualidad ha cedido demasiado espacio al materialismo y me preocupa que quedarnos solos o lastimar a quienes nos aman ya no importe.
Para quien sea un asiduo lector de este humilde blog, no resulta raro leerme en estos términos, porque en cualquier caso he repudiado desde siempre que los seres humanos nos consideremos desechables unos a otros; más ahora, que como musulmán he aprendido a veces a golpes, que orgullo y ego no conducen a ninguna parte, pues sólo causan un dolor inmenso, a veces irremediable.
Por eso, pudiendo parecer muchas veces majadero, nunca me he cansado de decirle «Te amo» (en otros idiomas no existen tantas expresiones afectuosas como en español) a un amigo, sin pudor aunque sea mal visto y acabe provocando un rechazo tal, que me saque de su vida a patadas. Me ha sucedido, generalmente porque las personas postergan tanto las emociones, que cuando se topan con alguien como yo, es como si vieran a Şeytan; pero ése es tema para otro artículo.
Por el momento, sólo escribiré estas palabras esperando conmover a quienes por cualquier razón se hayan distanciado física o emocionalmente de alguien a quien amaban. Por mis constantes crisis diabéticas, he aprendido a duras penas que la vida es demasiado efímera para perderla en silencios innecesarios.
Que mis amigos turcos no olviden sus propias palabras: «Vivimos bajo el mismo cielo, el mismo sol y la misma luna».

jueves, 6 de noviembre de 2014

Entre el Cielo y el Infierno estamos nosotros

Reconozco que últimamente no he sido constante al actualizar este blog. Y es que además de tener poco tiempo, otras ocupaciones e incluso preocupaciones que no viene al caso detallar públicamente, ahora me restrinjo más para escribir porque resultaría monotemático seguir abordando los mismos temas de hace años atrás, cuando me embarqué en esta aventura sin saber dónde me llevaría. Ahora son otros mis intereses y debo confesar que tampoco puedo decir mucha más novedad en relación a los asuntos previamente tratados, pues tengo un punto de vista sobre todo pero la mayoría de las veces no concuerdo con nadie que se atreva a decir «Sí, yo pienso lo mismo».  Para ser sincero, recientemente es más la gente que discrepa conmigo, ya sea por genuinos puntos de vista contrarios o como ya es costumbre en mi caso, porque simplemente produzco cansancio.
Hace poco un amigo católico a quien sólo llamaré Sr. F. A. me confidenció su homosexualidad bastante tímido y yo, que dejé la timidez hace quince kilómetros o quince años, no pude darle todos los consejos que me hubiese gustado compartirle. Ambos somos creyentes conociendo perfectamente la historia de Sodoma y Gomorra que en realidad, formaban parte de cinco ciudades o la Pentápolis (a saber Sodoma, Gomorra, Adama, Zeboím y Segor) situada al sur de Canaán que en la actualidad abarca Israel, la Franja de Gaza y Cisjordania, junto con la zona occidental de Jordania y algunos puntos de Siria y Líbano. Éste es el motivo de que mi amigo se sienta apenado con la supuesta idea de que Dios lo odie por ser homosexual.
No lo culpo por pensar así, pues muchas personas que también se definen como creyentes, especialmente tradicionalistas y conservadores, cometen el gravísimo error de apuntar con el dedo a alguien, condenándolo al Yahannam o Infierno sólo por llevar otro estilo de vida distinto al suyo. Como musulmán que soy, debo hacer ver lo que es ilícito según el Din y le he dicho que tanto en la Biblia como en el Noble Corán el pasaje que narra esta historia relacionada a Lut (a. s.) o Lot para los cristianos, muestra con claridad la postura de Allâh (swt) en dicho asunto. Sin embargo, también es cierto que sólo Él decidirá quiénes se salvan o condenan, no correspondiéndonos a nosotros juzgar y además, hasta donde entiendo el único pecado que Él no perdonaría es la idolatría, misma que profesan muchos conservadores rezándoles a supuestos asociados que según sus dogmas, Dios tendría. ¡Bah! Por último pero no menos importante, muchos olvidan que Allâh (swt) es Al-Ghaffâr (el Indulgente, el Perdonador por excelencia), Al-Khabîr (el Sagaz, el Bien informado. Aquél que conoce los secretos más íntimos de las creaturas) y también Al-Jasîb (el Calculador, Aquél a quien se debe rendir cuenta).
Muchos dicen que la homosexualidad va en contra de la creación de Allâh (swt), basándose en la historia de Lut (a. s.) y tomando en cuenta algunos detalles. Para empezar, Sodoma no era una ciudad en la cual simplemente existieran algunos homosexuales, pues las fuentes especifican que sólo Lut (a. s.) era heterosexual y hasta su esposa disfrutaba observando intimidad entre hombres. Así mismo, se detalla que cuando Allâh (swt) envió a sus ángeles para destruir las urbes, debió enceguecer incluso a los niños porque hasta ellos perseguían desesperados a los misioneros celestiales para intentar ultrajarles. El Noble Corán describe que la degeneración llegaba al grado de asaltar a hombres en los caminos, quitándoles sus bienes y forzándolos. Inclusive se narra que nunca antes en toda la historia humana pudo verse tal nivel de depravación. Estoy especulando al decir esto, pero seguramente hasta para un homosexual de estos tiempos tan deshumanizados, eso resultaría al menos chocante mientras que para alguien virtuoso debió ser el Infierno en la Tierra. El mismo Lut (a. s.) vivía en un constante asedio y los sodomitas intentaron invadir su casa cuando recibió a los ángeles, hermosos como ningún hombre que hubiesen visto antes. Ésta es la razón de que en las religiones se penalice la homosexualidad, a pesar de que no se hayan destruido otras ciudades como Roma, donde también sus pobladores estaban demasiado perdidos.
Si bien las tres principales religiones reiteran la misma perspectiva porque Allâh (swt) no prohibiría a una comunidad lo que le permitiera a otra, es necesario entender que la Biblia y el Noble Corán no autorizan al creyente para discriminar de ninguna forma. Poniéndolo de manera entendible, el Islam prohíbe también el consumo de alcohol, pero poniéndome como ejemplo para no ofender a nadie, el Noble Corán no dice en ninguna parte que yo pueda discriminar, humillar o maltratar a un borracho si lo veo por la calle o en algún otro sitio; sólo dice que el alcoholismo está prohibido. Según lo veo, ser musulmán no me da derecho a imponer mi estilo de vida o mis creencias a quienes me rodean y tengan otros credos, porque espero que los demás sean tolerantes conmigo pero lograrlo requiere que no sea invasivo y respete los espacios.
Antes había experimentado la discriminación por ser minusválido y a quien me conoce, le consta que no he podido conseguir ningún trabajo estable en algún medio de comunicación masiva pese a tener talento como escritor y comunicador social, porque ninguna empresa se tomaría la molestia de adaptar siquiera la infraestructura arquitectónica de sus oficinas para permitirme el acceso en silla de ruedas. Después vi cómo algunos amigos con quienes trabajé por corto tiempo sufrían la homofobia, porque son homosexuales y debían soportar ser humillados públicamente sin dar demostraciones sexuales de su orientación. Otras veces vi cómo la gente se burlaba o los estigmatizaba tachándolos de promiscuos, afeminados, degenerados sin siquiera conocerlos.
No quiero tapar el sol con un dedo pretendiendo que la promiscuidad no es asunto vivido por homosexuales. Pero con el mismo realismo debemos asumir que este fenómeno también se da entre heterosexuales que cometen adulterio, fornican, contratan servicios sexuales de profesionales y después, con la mayor hipocresía, apuntan con el dedo a los gays.
Quiero aclarar algo escribiéndolo aquí con negrita y destacándolo con color para que no quepa duda alguna de mi perspectiva: en ningún momento he dicho que debamos declarar lícito lo reprobable ni quiero ser tomado por apóstata. Simplemente digo que nuestro planeta es uno solo y nos guste o no, debemos aprender a convivir con gente cuyo modo de vida no siempre nos satisface. No podemos exigir ser respetados si en cualquier asunto somos incapaces de tolerar la presencia de otros al punto de querer desaparecerlos.
Ahora he incorporado a mi glosario el concepto de islamofobia y no es que me esté refiriendo exclusivamente a mis hermanos musulmanes sino que por ser yo mismo musulmán, es ésta la realidad que actualmente más conozco. El Sr. F. A. conoció hace poco a un hermano de fe mío, que paradójicamente también se llama Yahya, es homosexual pero vive en un país mayoritariamente islámico. Ambos viven la difícil existencia de quien intenta compatibilizar su orientación sexual y su credo sin que lo primero anule lo segundo. ¿Se entiende? Sr. F. A. por su parte, debe lidiar con gente que le recrimina constantemente ser algo que él no escogió y al mismo tiempo, le exige ser heterosexual para merecer el amor de Dios. Mi tocayo en tanto, lucha diariamente no sólo con la discriminación religiosa sino además, social por vivir en un país donde esto resulta especialmente reprochable e incluso peligroso. No nos engañemos, pues hasta en Chile, donde la mayoría es «católica a su manera», todavía hay quienes se creen con derecho a atacar psicológica, verbal o físicamente a alguien diferente por la razón que sea.
Por eso y no otra razón es que tanto me molesta ver en Internet algunas publicaciones afirmando que todos los minusválidos somos objeto de caridad temporal, que todos los homosexuales son poseídos por una locura que les hace presa de sus pasiones más bajas, que todas las mujeres rubias son estúpidas o que ningún ex presidiario puede reformarse. Me molesta profundamente vivir en una sociedad donde el valor lo dan las etiquetas y no se nos considera seres humanos por encima del estereotipo. He vivido en carne propia la discriminación, el rechazo, la burla y sé que sólo por sentido común no puedo mirar a nadie como si valiera menos que yo.
Sé que no es correcto refugiarse en una religión, cualquiera sea, para dar rienda suelta a nuestros prejuicios contra quienes nos parezcan pecadores, aunque lo sean. Isa (a. s.) conocido por los cristianos como Jesús, dijo sabiamente «El que esté libre de pecado, que lance la primera piedra» y hasta ahora se ha transformado en la frase cliché de quienes quieren hacer todo lo incorrecto sin recibir reproche alguno, pero deberíamos meditar en su verdadero significado.
Cuando era cristiano, nunca pretendí vestir una sotana para decirles a otros feligreses quién se salvaba mientras tuviera mis instintos bajo la ropa. Ahora que desperté al Islam, sé que no me corresponde amenazar con el Yahannam a mis hermanos si se equivocan. Como musulmán estoy consciente de mis propias limitaciones y no quiero mirar a los demás como si estuviesen por debajo de mis zapatos y tuviese el derecho de corregirles incansablemente en todo. No quiero ser considerado un santo porque no lo soy ni lo seré. Soy sólo un hombre, que está en la Tierra, entre el Cielo y el Infierno, como todos.
Debemos tener siempre presente que sólo Allâh (swt) perdona, salva, condena o castiga, porque nadie más puede ver los corazones, comprender y conocer hasta el más oculto secreto que ni siquiera nosotros queremos reconocer, porque nos avergüenza hasta pensar en ello.
No sé si mis lectores son creyentes, ateos, agnósticos o simplemente leen esto para entretenerse un rato. Lo que sí sé es que el Sr. F. A. y Yahya deberán encontrar un equilibrio propio y muy personal en sus respectivas almas, para no enloquecer con la tormentosa idea de que Dios no los ama. Mis últimas palabras en este artículo son para decirles que no puedo dirigir sus vidas, pues cada persona debe hacerse responsable de sus propias acciones. No escribí estas líneas para aconsejarles que se dejen llevar por sus propios deseos ni para obligarlos a llevar una vida en estricto celibato… Allâh (swt) nos revela lo que necesitamos saber sobre lo lícito e ilícito, ni más ni menos. Escribí esto pretendiendo recordarles en lo posible, que nuestro dedo índice no debe ser acusador.

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Yahya. Carlos Flores A.
Escritor chileno.