«Quien no conoce Estambul, no conoce el amor».

Yahya Kemal Beyatlı.

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Carlos Flores Arias – Yahya.

Escritor chileno.

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miércoles, 12 de diciembre de 2012

Capítulo 10: El tiempo pasa

A partir de hoy se hacen más cortos los días para que aquellos hijos turcos que hace meses salieron de sus hogares pretendiendo cumplir un deber patriótico, retornen al seno familiar, donde serán bienvenidos y amados, más que el día de su partida. Es un motivo de felicidad entre tanta incertidumbre.
La inquietud de nuestra distancia se calma al pensar que muy pronto y con el permiso de Allah, mis hermanos y amigos turcos que ocupan un lugar especial en mi vida, verán nuevamente el maravilloso atardecer de Estambul, tomando un té, tranquilamente.
Aún falta para que yo regrese a esa tierra donde mi corazón se quedó cautivado por una felicidad plena, jamás antes experimentada por quien escribe. Consta en cualquiera de mis diarios íntimos, escritos desde mi infancia, que la dicha ha sido escasa pero muy valorada y durante el viaje que hice en 2011, no tuve tiempo suficiente para digerir los sentimientos y emociones tan abundantes.
Aquí en Santiago hay veces que los días se hacen eternos añorando la felicidad de mis paseos por Turquía, con aquella gente magnífica que sólo sonriéndome podía hacerme olvidar casi cualquier sufrimiento.
No puedo evitar recordar las palabras de mi abuelita materna Victoria Ester, que en paz descanse, cuando me pedía postergar un posible viaje a Turquía hasta después de su fallecimiento. Así sucedió porque Allah lo quiso y durante mi aventura, muchas veces imaginé lo contenta que estaría viéndome tan dichoso.
Espero que mis súplicas sean prontamente atendidas si lo determina Allah, permitiéndome regresar al lugar donde mi pecho se llena, conmoviéndose el corazón.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Capítulo 9: Una luz de esperanza

A pesar del largo tiempo que ha transcurrido sin mantener contacto frecuente con mis seres queridos en Turquía, intento sobrevivir día tras día con algún breve mensaje, porque la información en los noticieros es cada vez más ausente.
Afortunadamente falta muy poco para que nuestro contacto pueda regularizarse y aún así, desde la lejanía, se deja ver una fugaz luz de esperanza al pasar los meses y leer que la cuenta regresiva ha comenzado para quienes preparan el retorno a sus amados hogares.
Desde el primer momento mis súplicas a Allah han sido rogándole que cada amigo y hermano se encuentre bien, bendecido y protegido. Estoy seguro que muchos ahora consideran el abrazar a sus familiares como una de las mayores bendiciones posibles.
Por otro lado, ésa no es mi suerte todavía, aunque diariamente ruego que nuestro reencuentro no tarde en llegar y podamos disfrutar otra vez la sencillez de un café en cualquier café osmanlí, de aquellos que te sirven un simit o los deliciosos helados turcos que son insuperables.
No es sólo el sabor lo que se extraña, sino escuchar sus voces, mirárles a los ojos para ver ese alegre brillo y abrazarlos con el deseo de no soltarlos nunca más. Sin embargo, aunque deposito mi destino en manos de Allah, la naturaleza humana que tengo no me permite desterrar completamente los pequeños rastros de tristeza por tenerles tan distantes, aún teniéndoles en mi corazón siempre.

domingo, 7 de octubre de 2012

Capítulo 8: Conflictos internos

Desde aquí todo se ve tranquilo porque paso el día en mi habitación, esperando que algo bueno suceda o recibir noticias más allá de los noticieros que informan sobre la terrible situación en Siria y sus ramificaciones dentro de la región.
Chile es un país muy bien preparado militarmente, pero vivimos en una zona pacífica donde los conflictos diplomáticos se resuelven entre políticos y no participamos en un enfrentamiento deede la Guerra del Pacífico -la ironía es odiosamente obvia- aunque también se le conoce como Guerra de Guano y el Salitre, ocurrida entre los años 1879 y 1883.
Somos una nación  que para algunos episodios dolorosos de su historia tiene amnesia mientras que para otros gozamos de memoria eterna. Tal vez eso ocurre siempre que el pueblo sufre pérdidas humanas, porque no sólo se trata de gente -que ya resulta doloroso- sino también implica la ruptura de historias personales para quienes sobreviven y deben seguir adelante con un corazón mutilado en sus emociones.
¿Qué habrán sentido aquellos cuyos seres queridos partían a pelear en la guerra? Aunque suene sexista, las mujeres eran quienes más afectadas resultaban. Madres, esposas, novias y hermanas que diariamente esperaban una carta con breves frases amorosas entre detalles que los informativos de antaño no sacaban a la luz pública.
El patriotismo era entonces aderezado con promesas de regresar pronto al hogar, donde los valientes soldados serían recibidos como héroes por quienes les esperaban angustiados durante largo tiempo.Tanto mayores eran el prestigio del soldado y el sufrimiento de quienes le aguardaban si la guerra los contaba entre sus víctimas. Pero los conflictos bélicos no consideran las emociones sino sólo intereses egoístas.
Es ridículo pensar que la guerra tiene algún lado positivo. No sólo los combatientes sufren o sus familias sino también en gran medida todo el mundo, cada vez que una persona muere. Las pérdidas no se limitan sólo al aspecto social, político o económico, pues las heridas en nuestra sociedad no cicatrizan completamente sin importar cuánto tiempo pase y en consideración a aquello, la calidad del ser humano disminuye cuando dejamos de respetar al otro y pretendemos someterlo e incluso eliminarlo.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

La TV: Somos lo que vemos

Bueno, ya llevaba un mes sin escribir nada entre las Fiestas Patrias, viajes y demás quehaceres. Pero hace dos días algo me motivó a escribir este artículo. Lo estoy notando desde hace bastante tiempo y no quiero parecer mojigato por la crítica, pero como comunicador y escritor que soy me siento en la obligación moral de denunciar la inexistente calidad de la televisión chilena.
Antes comentaba alguna noticia del espectáculo o película. Pero ahora enciendo el televisor para asquearme con series o telenovelas dedicadas al sexo, programas juveniles que en nada aportan a nuestras generaciones menores, farándula especializada en chismorreo barriobajero, reality shows en sus distintos formatos para mostrarnos la vida de famosos o marginales que destrozan la capacidad intelectual de cualquier televidente y programas denunciando la delincuencia que dicho sea de paso, sólo lo hacen a uno más paranoico cuando se debe salir a alguna parte. En cuanto a la programación cultural como La Belleza de Pensar o Una Belleza Nueva, no hay casi nada que realmente pueda rescatarse para brindarle a nuestra sociedad una ruta de escape a tanta televisión basura.
No citaré ningún caso puntual para evitar agraviar innecesariamente a alguien, pero demás está decir que este asunto nos compete a todos. Somos en parte responsables como teleaudiencia de aquello que vemos y no podemos culpar enteramente a los medios por aquello que nos transmiten, como si fuésemos borregos que inevitablemente consideran el control remoto un bastón de pastoreo. Así como los escolares protestan por educación gratuita o los trabajadores de la salud por mejores condiciones laborales, nosotros los telespectadores deberíamos manifestarnos contra un producto cada vez más mediocre que ya ni siquiera nos entretiene, pues aquellas familias que no disponen de televisión pagada -las menos- no ven aquella programación porque realmente les guste sino por la ausencia de algo mejor o simplemente encienden el televisor para escuchar algo aunque no presten atención a qué se trata.
Nos consideramos un país en vias de desarrollo o al menos, eso es lo que dicen los noticieros. Sin embargo, aún nos conformamos con telenovelas nocturnas que argumentan pretender abrir mentes a los problemas sociales y fomentar la discusión familiar sobre aquello que nos afecta. ¿En realidad creen eso? Lo cierto es que la industria televisiva e incluso teatral ha desmejorado bastante desde que la forma de abordar un conflicto social se centra en la exposición morbosa, burda y acentuada del sexo, narcotráfico, violencia, delincuencia y otros fenómenos.
Para ser sincero, me parece que programas como una telenovela nocturna o un reportaje de denuncia no deberían justificarse en discursos elaborados de una sociología barata, cuando lo más importante se reduce a lograr un alto rating que les permita mantener el auspicio y ganar dinero. Ahora casi todo nos muestra sexo y violencia en sus diversas vertientes, sin siquiera considerar que se está deformando no sólo la mentalidad de niños que escuchan música basura o ven programas donde se denigra a la mujer, sino que además la capacidad crítica del adulto que consume dicho producto sin cuestionarse. ¿Cuánto nos ayuda la televisión a mantener los valores morales que nos han inculcado de pequeños y prolongar esto en las generaciones jóvenes? ¿Nos interesa realmente mantener un nivel valórico promedio o estamos dispuestos a permitir que esto nos consuma? Yo creía ingenuamente que nosotros consumíamos televisión, pero al parecer es al revés. Hoy ni siquiera hay gente capaz de mantener un grado decente en la conversación porque nuestro lenguaje está cada vez más pobre, lleno de modismos que suplen malamente el idioma. Un ejemplo de esto es que ya casi nadie habla bien y cuando alguien lo hace, los demás no le entienden.
No digo que debamos ver los programas infantiles, aunque los dibujos animados de ahora son hacedores de imbéciles. Pero es que ya ni siquiera se debe esperar a las 22:00 horas para ver programación de adultos, pues los espacios juveniles exaltan la sexualidad. Ya que en este post he hablado tanto del sexo como recurso básico para lograr audiencia, pude haber colocado una fotografía subida de tono, pero quiero que lean y no se concentren en la imagen.
En la farándula no es muy distinto, porque hay gente famosa que hace verdaderas fortunas exponiendo sus vidas privadas del modo más humillante, como si hablar ante las cámaras sobre sus relaciones o conflictos familiares, fuese igual que chismorrear con la vecina de al lado.
Ciertamente los reportajes denunciando delincuencia o mostrando casi cinematográficamente los operativos policiales no contribuyen en nada a prevenir delitos o aumentar la seguridad social. Al contrario, te dejan soñando toda la noche con un funesto asalto.
Yo no soy tan estúpido para creer que en un reality show se muestra lo que ocurre en la casa estudio durante todo el día sin editarlo, como si fuese un experimento sociológico de nuestra realidad. Está claro que cada participante perfila un personaje: el simpático, el conflictivo, el líder, etc. Además, es sumamente sabido que cada uno recibe cuantioso sueldo por su estadía y la permanencia en el encierro no es tan constante como parece. Ni bien acaba un reality y los participantes se pasean por todos los programas de farándula contando cómo era realmente su estadía dentro.
Y como postre, criticaré aquellas series y telenovelas para adultos aunque en realidad, la crítica va para quienes las ven, porque los canales sólo cumplen con su trabajo al igual que productores, directores y actores. Como dijo una vez mi hermano, es una hipocresía ver «programas para adultos» si en realidad quieres ver una película pornográfica.
No seamos cínicos culpando a la sociedad por lo que consumimos, como si ésta fuese un ente ajeno a nosotros. La sociedad somos todos y nos compete directamente cómo se forma o deforma la cultura, aquello que es reflejo ante otros pueblos y nos inmortalizará en el futuro. Como ejemplo, pongo Roma, un imperio que abarcó gran parte del antiguo mundo y sin embargo, la principal imagen evocada es aquella legendaria depravación de ilustres personajes como Julio César o Calígula. ¿Acaso los romanos de estratos bajos no eran también ciudadanos? Llevando esto a la actualidad, las personalidades famosas o líderes de opinión que tenemos -sean de la índole que fueren e independiente de alguna conducta particular- no son sino ejemplos del universo compuesto por cada persona.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Capítulo 7: Retroalimentación

Falta poco para comenzar otra primavera lejos de mi amada Turquía. El calor santiaguino no remedia el invernal frío que existe en mi alma desde haber echado un último vistazo a la pista del Aeropuerto Internacional Atatürk en Estambul.
Cuan romántica puede ser la evocación del viaje, leyendo las breves palabras de mis amigos escritas desde allá en un cariñoso mensaje dándome noticias.A veces es un saludo o sólo una frase y otras es alguna novedad como estudios, trabajo o desafíos que les plantea la vida. Lo más importante es sentir que estamos cerca a pesar de cuanto difiera el mapa.
¿Cómo era antes de nuestra época? El sufrimiento podía ser mucho mayor y más las páginas que se escribían exponiéndo los sentimientos de un modo tan poético como les permitía el corazón. Más refinada y detallada resultaba la prosa si el vínculo era mayor. Ahora en cambio existen las redes sociales, correo electrónico, chat, telegrama, fax, mensajería instantánea, teléfono y móvil entre otros mdios sin dar resultado. Pareciera ser que sólo si el vínculo emocional es verdadero se da un contacto permanente, pues cada día aparece un nuevo medio de comunicación pero teniendo tantas alternativas, las relaciones continúan enfriándose por falta de contacto.
Pareciera que ahora tenemos muchas más razones para mantener contacto y aún así, no lo hacemos, porque estamos demasiado abrumados con nuestras obligaciones y sin darnos cuenta, hemos perdido la habilidad de charlar. Antes la conversación era considerada un verdadero arte, pero ahora nos da pereza mantenerla con alguien por mucho tiempo y siempre cometemos los mismos errores:
  1. No escuchamos a la otra persona, nuestro interlocutor.
  2. Creemos que sólo es interesante ese único tema del cual queremos hablar, aunque sepamos que a nadie más le interesa.
  3. Dejamos pasar demasiado tiempo sin comunicarnos, porque siempre creemos que mañana podremos hacerlo y ese día jamás llega hasta que realmente nos proponemos tomar cartas en el asunto.
  4. Mientras más rico lenguaje tenemos, menos palabras usamos y nos hemos olvidado de cómo hablar o escribir correctamente.
Así podría seguir enumerando muchas razones. Por eso considero tan valioso que desde el otro lado del mundo haya algunos dispuestos a responder cordialmente mis mensajes sin importar cuan superficial sea el contenido. Saben que me alegra el día saberlos parte de mi vida y no sólo se conforman con ver mi foto de perfil; realmente les interesa saber qué contiene mi corazón.

sábado, 25 de agosto de 2012

Fallece Neil Armstron

(Reuters) - El ex astronauta estadounidense Neil Armstrong, que dio un salto gigante para la humanidad cuando se convirtió en el primer hombre en pisar la Luna, falleció a los 82 años, dijo su familia el sábado.
La familia dijo en un comunicado publicado en internet que Armstrong murió tras complicaciones de cirugía de bypass en el corazón a la que fue sometido este mes sólo dos días después de su cumpleaños el 5 de agosto.
Como comandante de la misión Apolo 11, Armstrong se convirtió en el primer humano en pisar la superficie de la Luna el 20 de julio de 1969.
Cuando caminaba sobre la Luna, Armstrong emitió su famosa frase: "Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad".
Esas palabras siguen siendo unas de las citas más conocidas en la lengua inglesa.
La caminata lunar de los astronautas del Apolo 11 dio a los estadounidenses un sentido de logro en la carrera espacial frente a su enemigo de la Guerra Fría en ese momento, la Unión Soviética, y en momentos en que Washington estaba librando una sangrienta guerra contra los comunistas en Vietnam.
Neil Alden Armstrong tenía 38 años cuando pisó la Luna y pese a cumplir un antiguo objetivo de la humanidad y alcanzar lo más alto en materia de realizaciones, no gozó de su logro. Incluso parecía frustrado por la fama que le trajo.
"Supongo que a todos nos gusta ser reconocidos no por una pieza de fuegos artificiales, sino por nuestro trabajo diario", comentó Armstrong en una entrevista en el programa "60 Minutos" de la cadena CBS en el 2005.
Una vez le preguntaron cómo se sentía saber que sus huellas probablemente permanecerían en la superficie de la Luna por miles de años. "Espero que alguien vaya allá arriba uno de estos días y las limpie", contestó.
HOMBRE PRIVADO
James Hansen, autor de "First Man: The Life of Neil A. Armstrong" ("Primer Hombre: La Vida de Neil A. Armstrong") dijo a CBS: "Toda la atención que (...) puso el público en bajar esa escalera en la superficie misma, Neil nunca pudo entender por qué se enfocaron tanto en eso".
La misión Apolo 11 fue el último vuelo espacial de Armstrong. Al año siguiente Armstrong obtuvo el puesto de vice administrador asociado para aeronáutica de la oficina de investigación y tecnología avanzada de la NASA.
La vida de Armstrong después de la NASA fue muy privada. No tuvo un rol importante en las ceremonias conmemorativas del vigésimo quinto aniversario del alunizaje. "Es un recluso entre reclusos", dijo Dave Garrett, un ex portavoz de la NASA.
Hansen afirmó que las historias de Armstrong soñando con la exploración espacial cuando era un niño eran falsas, aunque desde hacía mucho tiempo estaba dedicado a volar. "Su vida era sobre volar. Su vida era sobre pilotear", sostuvo Hansen.
Nacido el 5 de agosto de 1930 en Wapakoneta, Ohio, Armstrong fue el primero de los tres hijos de Stephen y Viola Armstrong. Se casó con su novia de la Universidad, Janet Shearon, en 1956, pero se divorciaron en 1994, cuando se casó con Carol Knight.
Armstrong voló por primera vez en un avión cuando tenía 6 años. Mientras crecía en Ohio se dedicó al aeromodelismo y al comenzar su adolescencia ya tenía una significativa biblioteca de aviación. Con dinero que ganó realizando algunos trabajos, tomó lecciones de vuelo y obtuvo su permiso de piloto antes de obtener su permiso para conducir.
Durante la enseñanza media se destacó en ciencias y matemáticas y ganó una beca de la Marina estadounidense para asistir a la Universidad de Purdue en Indiana, donde entró en 1947. Dejó la Universidad dos años más tarde para convertirse en piloto de la Marina, volando en misiones de combate en la Guerra de Corea y ganando tres medallas.
Edwin "Buzz" Aldrin, quien con Armstrong y Michael Collins formaba parte de la tripulación del Apolo 11, dijo a la radio de la BBC que recordará a Armstrong como "un comandante muy capaz y líder de un logro que será reconocido hasta que el hombre ponga un pie sobre el planeta Marte".
Armstrong abandonó la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) un año después de la misión Apolo 11 para desempeñarse como profesor de ingeniería de la Universidad de Cincinnati.
NEGATIVA A LA POLITICA
Tras su carrera aeronáutica, Neil Armstrong fue contactado por grupos políticos, pero a diferencia de los ex astronautas John Glenn y Harrison Schmitt, que se convirtieron en senadores estadounidenses, él declinó todas las ofertas.
Armstrong tuvo una inusual aparición pública hace varios años cuando testificó en una audiencia del Congreso contra los planes del Gobierno del presidente Barack Obama de contratar servicios de otros países y corporaciones para transportar a astronautas estadounidenses hacia y desde la Estación Espacial Internacional.
También dijo que un retorno de los humanos a la Luna no era sólo deseable, sino necesario para exploraciones futuras, pese a que la NASA afirma que ya no es una prioridad.
El ex astronauta residía en el área de Cincinnati con su esposa, Carol.
"Estamos con el corazón roto al compartir la noticia de que Neil Armstrong ha fallecido tras complicaciones por procedimientos cardiovasculares", dijo su familia en un comunicado.
"Neil fue nuestro cariñoso esposo, padre, abuelo, hermano y amigo", añadió el comunicado.
Su familia expresó esperanzas de que jóvenes en todo el mundo se inspiren en la hazaña de Armstrong para romper fronteras y servir a una causa más grande que ellos mismos.
"La próxima vez que caminen afuera durante una noche clara y vean a la Luna sonriéndoles, piensen en Neil Armstrong y denle un guiño", dijo la familia.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, dijo que Armstrong "fue uno de los más grande héroes estadounidenses, no sólo de esta época, sino de todas las épocas (...)".
"Hoy, el espíritu de descubrimiento de Neil perdura en todos los hombres y mujeres que han dedicado sus vidas a explorar lo desconocido, incluyendo a los que están asegurando que lleguemos más alto y más allá en el espacio. Ese legado durará, encendido por un hombre que nos enseñó el enorme poder de un pequeño paso", agregó.
John Glenn, uno de los primeros astronautas de la NASA junto a Armstrong, habló sobre la naturaleza humilde de su colega. "El estaba dispuesto a arriesgarse mucho por este país y se sentía orgulloso de hacerlo, y aún así seguía siendo la misma persona humilde que había sido siempre", declaró Glenn el sábado a CNN.
La agencia espacial divulgó un breve comunicado tras conocerse la noticia, afirmando que "ofrece sus condolencias por el fallecimiento hoy de Neil Armstrong, ex piloto de pruebas, astronauta y el primer hombre en la Luna".
Armstrong tenía a dos hijos, un hijastro y una hijastra, diez nietos, a un hermano y a una hermana, dijo la NASA.
(Escrito por Philip Barbara. Editado en español por Patricio Abusleme/Marion Giraldo).

Fuentes: Reuters y Yahoo!

domingo, 12 de agosto de 2012

Capítulo 6: Gaziantep.

Mientras yo estoy aquí en Santiago de Chile, celebrando el cumpleaños de mi hermano, allá en Turquía hay muchos jóvenes preparándose para iniciar su servicio militar. Gaziantep es una de las ochenta y una provincias turcas que recibirán a estos reclutas y entre ellos está Mismo Mismo.
Como nunca he dado el servicio militar por estar físicamente impedido, ignoro completamente qué se experimenta. Tío Mario dio el servicio cuando era joven y siempre lo describe como algo muy positivo. Supongo que en alguna medida debe significar un rito de pasaje desde la niñez a la madurez viril.
Antropológicamente hablando, el servicio militar es un proceso netamente masculino que se ha presentado transversalmente en cada civilización humana desde los orígenes de la cultura universal, como necesidad básica de protección ante los constantes enfrentamientos por territorio y poder. Pero además, existe un imperativo psicológico primitivo del hombre, quien precisa sentirse dominante frente a otro. Al realizarse en grupos o tropas, fortalece la camaradería masculina mientras que a su término, inconcientemente el macho dominante le transmite seguridad a la hembra protegida, para preservar la especie y rasgos de identidad nacional.
En la Antigua Grecia, una de las polis más temidas y poderosas era Esparta, reconocida por sus fieros guerreros que entrenaban en el servicio militar desde los ocho hasta los dieciocho años. Quizás éste sea uno de los ejemplos más significativos de lo dicho anteriormente.
Empero, sin temor a equivocarme, tal vez uno de los motivos de mayor peso para un varón eurasiático al momento de realizar el servicio militar, sea su admiración por el Padre de la Patria, Mustafa Kemal Atatürk, reconocido militar y estadista que luchó por la independencia y se transformó en el primer presidente de la República de Turquía al caer el Imperio Otomano.
A tal grado llega la importancia de Atatürk, que incluso en Santiago existe un monumento dedicado a él, ubicado en Apoquindo 4200, Metro Alcántara, para quien guste visitarlo. Su apellido, el más reconocido por cualquier turco, le fue otorgado el 24 de noviembre de 1934 por la Asamblea Nacional Turca amparándose en la ley en relación de los apellidos, aprobada ese mismo año, pues antes las personas eran distinguidas por oficio o procedencia. Así pues, Atatürk viene a significar «Padre turco».
Por otro lado, añadir el servicio militar al currículum vitae es de suma importancia para quien pretenda hallar empleo. Esto le facilitará muchísimo su vida profesional en ese sentido, al ser reconocido oficialmente como ciudadano turco. Parece lógico, pues Turquía tiene uno de los ejércitos mejor preparado a nivel mundial, teniendo una proporción de setecientas mil personas para poco más de ochenta millones de habitantes.
Si bien el servicio militar turco no cuenta con un programa tan extremo como el de la antigua Esparta, especializándose en el entrenamiento intensivo, cursos teóricos -incluyendo alfabetización- y guardias nocturnas, es de gran importancia en cuanto a estrategia.
Sea cual fuere la razón, el servicio militar es obligatorio tanto en Chile como en Turquía, aunque algunas veces y por motivos sumamente específicos, podamos eximirnos, como es mi caso por la discapacidad física. Ahora sólo queda esperar a la distancia que aquellos jóvenes terminen el proceso y puedan contárnoslo como experiencia.

domingo, 5 de agosto de 2012

Capítulo 5: La intimidad publicada

No he actualizado mi diario desde el 2 de julio pasado, por falta de tiempo y pereza. Creo que al retomar la costumbre, deberé seleccionar las fechas que deseo conservar para la posteridad pues no todos los acontecimientos tienen la relevancia suficiente mereciendo su registro. Por otro lado, sé muy bien que un buen diarista anota cada suceso por irrelevante que pudiere parecerle al lector más adelante. Sin embargo, hoy con Internet se suele dar más espacio a las redes sociales que a un cuaderno donde la pluma escribe.
Es ahí donde además del desánimo, ataca la tristeza de no ver respuestas concretas a las constantes dudas existenciales de mi corazón siempre solitario.
Sí. Sé perfectamente que uno en realidad nunca está completamente solo porque Allah siempre acompaña y es cuestión de notar su presencia incansable, aunque me decepcione de mí mismo por saberme tan impotente ante ciertas situaciones. ¿Quién es mejor ayudante que Él? ¿Acaso existe alguien además de Él, capaz de consolarme completamente cuando la amargura innunda mi alma por notar las barreras?
Dado el anterior párrafo y muchos de los artículos pasados, aclaro inmediatamente que aún reconociéndome musulmán de corazón, humano imperfecto y constante buscador del auxilio o perdón divino, nunca he pretendido aquí predicar sobre religión alguna porque siendo éste un blog pluralista, ni siquiera considero la posibilidad de excluír a los lectores que con tanta fidelidad me han seguido durante estos años y aún así, no comparten mi religión. Más bien, quien lea esto debe saber desde un principio que no sólo se escriben artículos noticiosos y columnas de opinión sino sobre todo experiencias de vida del autor que aqui les habla. Llámenme Carlos Flores Arias o Yahya, éste sigue siendo el soporte en cuyas líneas registro hasta ahora mi pasado y presente, esperando darle si Allah lo permite, espacio a mi futuro.
¿Y cómo debemos entender la experiencia de vida que tiene una persona? ¿Podemos acaso darnos la libertad de decir que alguien está en lo correcto o equivocado por pensar de determinada manera en consideración a la mochila que carga? ¿Tenemos pues el derecho de desestimar la vivencia de un individuo tan sólo porque no se asemeja a la nuestra? Si este blog estuviese dedicado exclusivamente a un tema determinado y fuese escrito por eruditos en dicha materia, las opiniones personales de un servidor no tendrían cabida. Empero, al ser un espacio personal, elaborado con las capacidades innatas y nutrido de las emociones, aquellos asuntos con los cuales otro podría redactar cátedras complejas son abordados apenas desde la experiencia personal, que es otorgada al sentir satisfacción por acercarse humildemente a una realidad íntima donde se conjugan espiritualidad y humanidad sin dar rincón a terceros. ¿Acaso Allah pone dos almas en un mismo cuerpo? Porque hasta ahora defendí la romántica aunque contraria teoría de que existen en el mundo dos cuerpos con las mitades de una misma alma.
Bien me dijo alguien hace mucho tiempo que en este caso, tanto el blog como Facebook o cualquier otra red social son el espacio personal del usuario que crea dicha cuenta y como resultado, idealmente debería ser sólo éste quien controlara las expresiones manifestadas. ¿No es éste el objetivo de reemplazar aunque fuese temporalmente el diario íntimo tradicional con opiniones públicas de las cuales ciertos usuarios tienen libertad para debatir? Tal vez en algunas ocasiones sería mejor guardar dichas observaciones en la celosía de páginas privadas.
Es cierto que los tiempos han cambiado desde la carta certificada hasta el chat y antes dos personas que se hallaban distantes ansiaban recibir correspondencia durante semanas o meses, mientras que ahora incluso pueden hablar y verse a través del monitor de un frío aunque útil ordenador. Por desgracia, hemos pasado de escribir extensas y detalladas misivas a decir algo con sólo dos palabras, olvidando la cortesía y el interés personal por saber sobre la vida cotidiana del destinatario.
Incluso otorgándoles un voto de confianza a quienes por diversos motivos afectivos les brindamos un espacio en nuestras vidas virtuales, teniendo la ventaja de lo instantáneo, extraño enormemente la libertad del diario íntimo donde realmente puedo decir cuanto se me antoja sin temer la desaprobación pública o privada porque algunos no comprenden que Internet es en su mayoría superficial y en contadas oportunidades, podemos encontrar experiencias de vida que son siempre válidas y deben respetarse.
Eso ocurre porque con las mal llamadas redes sociales hemos perdido nuestra capacidad de distinguir entre amigos, conocidos y seguidores. ¿De qué nos sirve tener un millón de amigos en Facebook o seguidores en Twitter, si la verdad es que sólo permanecemos en contacto con algunos pocos? No ganamos dinero, tampoco nos hacemos famosos ni nos conocemos en profundidad mutuamente. Reconozco tener en redes sociales a personas que realmente me importan, por quienes incluso hago du'â en mis oraciones.
Si la palabra es de plata, el silencio es de oro o al menos, así reza un viejo y conocido refrán turco. Por eso hay períodos de tiempo en que no escribo mucho aquí, pues digo lo que siento sólo a quien le corresponde saberlo. Además, un «Te quiero» que viene desde el corazón, no se le dice a cualquiera, solamente a quien lo ha ganado.

miércoles, 11 de julio de 2012

Capítulo 4: Estoy muy feliz ahora

«Çok mutluyum şimdi, ama hastayım. Soğuk var».
Es cierto. Aún estoy enfermo por el resfrío, pero entre las sombras de mi padecimiento se asoma a lo lejos el tenue aunque cálido destello de la amistad. Bendito internet, que nos permite acercarnos aún estando a miles de kilómetros de distancia y aunque duela no poder abrazarles, tengo el consuelo del intercambio constante. Una palabra, un mensaje, la presencia en mi vida de aquellos que se han hecho un sitio especial dentro de mi alma... Eso es lo que me hace feliz pese a la AH1N1, bronquitis, faringitis y neumonitis que se han sucedido una tras otra desde hace un mes, manteniéndome en reposo.
Recuerdo que el año pasado estaba disfrutando el verano turco en lo que por mucho podría considerar las mejores vacaciones de mi vida, hasta ahora. Tal vez traje pocos recuerdos materiales entre los cuales puedo mencionar un precioso diario con tapas forradas de piel o un pequeño tasbih que me obsequió mi amigo Snoopy -le llamo así porque yo soy como Woodstock, revoloteando a su alrededor, aunque en Estambul le llamábamos Mismo Mismo porque siempre repetía esa frase- y que siempre llevo conmigo muy protegido dentro de una bolsa, en el interior de una caja, en mi mochila. Es una manera de tenerlo presente constantemente y jamás olvidar que, como él dijo una vez, «tenemos el mismo sol y la misma luna. Vivimos bajo el mismo cielo».
Y ahora que estoy viendo la película Mi nombre es Khan en televisión por cable, no puedo evitar conmoverme con el espíritu de un musulmán. Yo experimenté mucho de eso allá en Turquía, con toda la gente que conocí. Son como niños capaces de meterse en tu corazón y no puedes negarles cariño. Mamá dice que Snoopy o Mismo Mismo es un angelito, porque aprendió a quererlo como un hijo.
Y Ahmet... ¿Qué puedo decir de él? Desde aquí se preocupó por nosotros cuando estábamos allá y aún ahora, estando él en Estambul desde enero pasado, seguimos contactándonos. Allah sabe que en muchos aspectos, ellos son ejemplos para mí porque «el camino de Allah es de amor».
Deberé resignarme a que por circunstancias de la vida y por voluntad de Allah, durante cinco meses no podré contactarme con Mismo Mismo porque cumplirá su deber patriótico. Pero mi du'â siempre irá en su beneficio.
Ahora, mientras un rayo de sol se filtra por la ventana de mi encerrada habitación desde el patio, en el silencio relativo que ofrece la vida urbana, intento imaginar qué estarán haciendo mis amigos turcos cuando ya es de noche allá y recuerdo nostálgicamente cómo el plenilunio alumbra el Bósforo cuando lo cruzas abordando un ferry, mientras puedes ver en el orizonte la fachada del más que bellísimo Topkapı Sarayı.
Aquí estoy, cariacontecido rogando insistentemente en cada una de mis oraciones que me permita volver, pues si bien existe internet y podemos escribirnos, nada se compara a la estremecedora muestra de cariño cuando puedes estrechar en un interminable abrazo a aquellos que por mucho tiempo se hallaron lejos y entonces, puedes sentir su calor, mirarlos al rostro para decirles con lágrimas en los ojos y una incontenible felicidad en el cuerpo, aquel «te quiero» escrito tantas veces frente a la pantalla del ordenador, pero que solamente cobra verdadero sentido al decirlo desde el alma.
Ciertamente les digo que poco importan mis padecimientos y aunque mi felicidad sólo sea pasajera por comprobar el cariño y lealtad de un mensaje, estoy seguro de que se hará permanente a mi regreso. Mi corazón volverá a latir cuando les vea y pueda abrazarles hasta que los brazos se me duerman.

domingo, 8 de julio de 2012

Capítulo 3: Sólo le pido a Dios

Desde Occidente se ve distinta la vida. Cuando estuve en Estambul pude llenarme de aquella espiritualidad constante, que te sobrecoge hasta el llanto. Santiago en cambio, es una ciudad tan industrializada como vacía; llena de edificios que se elevan como los barrotes de una celda y paredes rayadas con aerosol que parecen testimonio del sinsentido urbano.
Tanto invade el gris ánimo santiaguino, que no puedo evitar añorar las veraniegas vistas osmanlies con sus inmensos bosques entre cuya profundidad resalta la bandera turca haciendo gala del patriotismo en aquella nación.
Pero sin duda, lo que más extraño es oír el Ezan cinco veces al día desde cualquier punto de la ciudad, recordándome que Allah está siempre presente en mi vida y es sin duda alguna el mejor amigo, pues me consuela cuando las lágrimas innundan mis ojos recordando a aquellas personas que conocí, que se abrieron camino fácilmente hasta ganarse por derecho propio un lugar en mi corazón.
Sin embargo, siempre digo que mi corazón se quedó allá. No porque me faltase espacio en la maleta para empacarlo de regreso a Chile, sino porque fue inevitable rendirme al celestial y romántico atardecer en Üsküdar. ¿Cuántas plegarias son necesarias para volver? Que alguien me diga y las hago, pues Allah sabe que aquél es mi deseo más intenso y majadero, como profundo es el Bósforo cuando le observas desde el ferry a la luz del plenilunio.
Mas cierto es que sin su gente, Turquía no sería nada. De todo lo existente allá, nada es más valioso que mis amigos, aquella familia elegida que Allah puso en mi camino y por quienes el amor es tan ardiente como doloroso. Que Él, clemente y misericordioso, me salve de morir desolado o consumido por las llamas de la premura.
Premio tan inmerecido como solicitado es recibir el abrazo turco nuevamente, escuchar ese exótico acento de que motivado por la religión o el sentimiento, te da sin esperar retribución alguna e incesantemente se entrega, sólo para verte sonreír.
Si sultán fuese, mi trono daría hoy para recorrer nuevamente sus calles, fuente inagotable de pasado que sin presumir se adapta, prometiendo un feliz futuro en compañía de los seres queridos.
Ay de quien en Estambul se enamore. Auguro para aquél el mayor de los placeres en compañía del ser amado, pero también la mayor agonía en su ausencia Créanme, conozco casos.
Así es esta ciudad, capaz de darte la plena felicidad mientras allí permanezcas, a riesgo de quedar sumido en la más profunda oscuridad cuando partes. Y de aquel exilio, sólo Allah puede rescatarnos a quienes no tenemos hogar donde están nuestros cuerpos, sino donde dejamos nuestros corazones.

lunes, 2 de julio de 2012

Capítulo 2: El uno y el otro

Hay momentos de la vida en que uno mismo deja de ser importante y cobran mucha relevancia aquellos a quienes se ama. Entonces, el du'â que antes hacías para tu propio beneficio pasa a segundo plano y comienzas a hacer uno por alguien más, no necesariamente porque esa persona esté mal sino simplemente porque quieres su bien.
Ahora que estoy con neumonitis, entiendo que puedo pedirle a Allah por mi propio bienestar, pero aún así importa más el prójimo. En ese momento comprendes la naturaleza significativa del amor que no puede explicarse, porque su expresión es la acción misma, desde un du'â hasta la entrega.
Sólo ahora puedo entender que el importante es quien tengo al lado. Más aún si despierta un noble sentimiento. Entonces, la palabra se convierte en proceder y la preocupación en ocupación.
No es un asunto exclusivo de las religiones sino de cuánto amor sentimos por otros, que nos motiva a suplicar por ellos.
Ya no importan los bienes materiales, el consumismo, los sentimientos egoístas impulsados por el deseo o la envidia. Sólo importan las personas que queremos y su bienestar. Si el otro está bien, yo lo estoy.

domingo, 1 de julio de 2012

Capítulo 1: Corazón osmanlí

Y pensar que hace un año yo estaba de vacaciones en la preciosa Turquía, disfrutando excelentes amistades, sitios maravillosos y experiencias inolvidables. Hoy estoy enfermo de influenza AH1N1, con reposo relativo, mucho frío y nostalgia.
He llenado páginas completas escribiendo los cambios que he tenido desde aquel viaje y sin duda el más importante ha sido descubrir un muy satisfactorio camino espiritual.
Tengo tantas súplicas para este Şaban. Confío en que Allah las escuche todas y perdone mis errores en Berat. Ciertamente no podemos evitar equivocarnos, pero siempre esperamos que Él nos escuche.
No le pido esa misma incondicionalidad a los seres humanos, porque sé que es imposible. Yo mismo le he fallado a gente que seguramente esperaba algo de mí y hoy ni siquiera me piensa. Seguramente no podemos evitar decepcionar a otros, sin importar cuánto les amemos, pero ello no significa que el amor deje de existir en nuestros corazones.
La palabra escrita se hace escasa para expresar todo aquello que ahora me importa y aunque parezca increíble, muy poco de mi vida anterior ha sobrevivido con sentido propio. De aquello, sólo algunos asuntos son realmente trascendentes, tanto como para ocupar mis pensamientos durante el día y la noche.
Ésta es la primera carta escrita a modo de artículo, explorando los sentimientos de mi corazón, que dejé allá en Üsküdar el atardecer del 17 de julio pasado. Bajo el título Corazón osmanlí, estas misivas seguirán publicándose hasta febrero próximo, cuando yo tenga más clara la lectura, inşallah!
Cuando este blog, mis novelas -publicada e ineditas- y hasta mis diarios sean leídos por quienes me aman e incluso por aquellos que ni siquiera me conocen, sólo Allah sabe qué impresión les causaré. Por ahora solamente puedo decir que carece de total importancia la idea que tengo de mí mismo, porque otros asuntos son indudablemente más relevantes.
Tal vez para un lector frecuente de mi blog sea difícil de ahora en adelante entender lo que escriba. Quizás como escritor debería pulir mi estilo con cada letra y sin embargo, lo cierto es que a veces los sentimientos son tan profundos que no pueden explicarse, sólo sentirse.
Si dejo a un lado todo cuanto significó para mí hasta hace dos años y que en nada me retribuyó, merecerá la pena si lo reemplazo por aquello que tiene verdadero sentido en mi vida desde hace un año.

sábado, 16 de junio de 2012

Explorando las oraciones

Hace pocos minutos terminé mi salâh de 'Asr. La verdad es que podría considerarse que hago duâ's interminables. ¿Pero qué es el du'â? Estuve leyendo en páginas dedicadas exclusivamente al Islam, así que esto no es sólo idea mía.
Según leí, el du'â es la súplica a Allah siendo específico e incluso no sólo sirve para pedir algo tan simple como «protégenos de todo mal», que es lo más común. También implica los agradecimientos por las bendiciones concedidas, que incluso son otorgadas sin previa solicitud.
No es que quiera irme en la profunda, pero es inevitable tratando este tema, porque no sólo se trata de la simplicidad del ser solicitante y la magna generosidad del Ser divino. También se trata sobre cómo nos desenvolvemos cada día y si notamos lo que ya tenemos, desde una nueva oportunidad amaneciendo vivos hasta algo como la rosa que florece en nuestro jardín, cuya belleza suele pasar desapercibida ante tantas obligaciones: estudios, trabajos y compromisos varios.
Seguro muchos de ustedes pensarán que no tienen tiempo de contemplar una rosa. Pero el du'â incluso nos permite agradecer por ello, aunque absortos en nuestro egoísmo mundano, a veces solemos concentrarnos suplicando sólo cosas que van en nuestro beneficio personal. Debemos entender pues, que si bien el du'â se hace en tiempo imperativo, como dándole una orden a Allah, no consiste en frotar la lámpara maravillosa para cumplir nuestros deseos.
Es más. En lo personal y por un asunto de respeto que no sé si será correcto, yo suplico, imploro y ruego majaderamente y no sólo por mí, sino también por otras personas de las cuales, no necesariamente todas están en mi alta estima. Yo entiendo el du'â y lo abordo como un medio de comunicación por el cual podemos beneficiar hasta a quienes nos odian. ¿Por qué? Porque para mí, el du'â debe servir como método de ayuda a quienes se han alejado de nosotros o se han extraviado del camino recto.
Lo sé. Estoy hablando como predicador fanático tal vez. Pero cuando pido a Allah que alguien regrese al buen camino es para que esa persona lleve una actitud recta y honesta, no necesariamente dentro de una religión determinada. Es usual pedir que alguien he incluso uno no le haga daño a otros ni a sí mismo.
Es muy común comentar públicamente cuando hacemos du'â por alguien específico. Las abuelitas suelen decirnos «te tengo en mis oraciones» y hasta yo lo hacía, pero ya no. En primer lugar, me di cuenta de cuanta petulancia involuntaria -e incluso voluntaria- contiene esa frase, pues uno espera que los demás le agradezcan las oraciones cuando realmente es Allah el único a quien debemos agradecer. En segundo lugar, que una persona te considere en sus plegarias no necesariamente es bueno, porque inconscientemente podría intervenir en tu libre albedrío. Por ejemplo, alguien puede pedir insistentemente «que mi nieto Pablito sea médico», ¿pero qué pasa si Pablito en realidad quiere ser actor? He ahí otro punto importante cuando hacemos du'â: nada ocurre si no es la voluntad de Allah.
En lugar de eso, yo pido por bendiciones y protección en general, pero siempre entendiendo que antes está la voluntad de Allah y Él decide cómo bendecir a quienes amo.
El du'â no es un pase mágico que decimos para cumplir nuestros caprichos como hacernos millonarios ganando un juego de azar en plan  «haz que me gane la Lotería». Tampoco quiero decir que sólo debamos pedir lo que podría considerarse dentro de un rango realista o posible, pues sabemos que para Allah no existen los imposibles. Si algo sucede, es sólo porque Allah lo permite.
¿Cómo funciona el du'â entonces? Es tan simple como pedir intensa y sinceramente aquello que está en nuestros corazones. No necesitamos ser políticamente correctos pidiendo la paz mundial como Miss Universo si en realidad, queremos hallar un empleo estable. ¿Me explico? Es tonto intentar engañar a Allah con frases de bronce porque Él puede ver nuestros corazones.
Además, el salâh u oración como es entendido en Occidente, es un momento íntimo no sólo con Allah, sino con uno mismo. No con quien creemos ser sino con nuestro verdadero yo interno, aquél despojado de apariencias mundanas y ajeno al escrutinio público. Debemos recordar también que Allah no es una entidad separada del ser humano. «Allah está más cerca de nosotros, que nosotros de nuestra vena yugular».
¿Por qué los musulmanes oramos cinco veces al día? En realidad, lo deben hacer todas las religiones abrahámicas, pero se explica de manera fácil. La gente dice creer en Dios, pero aquí en Chile por ejemplo, ya muy pocos católicos van a las iglesias o rezan el Mes de María y son más quienes sólo hacen plegarias desesperadas cuando están en desgracia. El salâh es una forma de conectarnos con Allah y recordarlo permanentemente, en buenos y malos momentos. No sólo tenemos presente que Él es lo que más importa sino quien más importa.
¿Por qué Allah o Dios es lo más importante? Esto lo digo sin ningún ánimo fundamentalista, porque no pretendo alcanzar niveles santos. Pero según he leído y aprendido en este tiempo, nuestra realidad o lo que comprendemos por ese concepto no existe. Sólo Él existe y todo lo demás -incluídos nosotros- es consecuencia de Su amor.
Él hace que todo sea posible y haciendo du'â sincero, nosotros contribuímos a aquella existencia de sucesos conectados, porque mi du'â también depende del que hagan otros y en conjunto, todo conforma un existir y un suceder. Entender esto implica que Allah se vale de nosotros para cumplir Su voluntad, pero si sólo Él existe, quiere decir que en realidad nosotros no existimos y más bien somos efecto de Su amor. Simple.

miércoles, 13 de junio de 2012

Escribir algo que merezca la pena leer

Recuerdo muy bien que hace algunos años, cuando surgieron los blogs, la lectura pasó de ser un pasatiempo que pocos teníamos a una costumbre masiva. Esto podría considerarse algo bueno, pero en muchos aspectos se nos dio la posibilidad de leer algo realmente sublime o un artículo mediocre dedicado a las más insignificantes actividades de alguien que se hizo popular gracias a internet.
Si bien este medio de comunicación es bastante democrático, actualmente quienes tenemos blog desde que esto surgió, lo abandonamos. Antes publicábamos hasta nuestros suspiros y ahora, pasan meses sin que publiquemos algo interesante.
¿Cuándo se nos ocurrió escribir un blog? Pudo ser cuando todos quisimos hacer nuestra propia versión de Sex and the city. Pero cuando la serie acabó y leí el libro, descubrí que por lo menos yo había perdido el interés, porque la temática de aquella serie televisiva después me pareció redundantemente frívola. Las cuatro amigas van en una constante búsqueda del amor, pero en realidad lo abordan desde un punto bastante egoísta, el típico «¡Dame, dame!» mundanalmente occidental, donde se compara el verdadero amor con un bolso fino o zapatos de marca.
¿En qué estaban pensando quienes publicaron blogs que luego no mantendrían? Fue difícil seguir haciéndolo cuando surgieron tantas redes sociales como Facebook o Twitter, donde se confunden amigos y seguidores que comentan de manera inmediata breves pensamientos nuestros, que pueden ser tan insignificantes como «Hace calor». ¿A quién carajo le importa eso?
En un blog teníamos la posibilidad de escribir sobre asuntos que realmente importan y la desperdiciamos, llenando de basura un mundo virtual que ya es peligroso si no sabemos andar por él. Me doy cuenta de que tristemente lo importante ya no le interesa a nadie, porque si escribimos algo realmente significativo en nuestro estado de MSN o Facebook, nadie lo comenta. ¿Será que aprendimos a reducir lo que pensamos o sentimos a ciento cuarenta caracteres y no decimos nada al final?
Es triste darse cuenta de que algunos aprenden a leer y escribir para no comunicarse como realmente merece la pena y aún peor, prolongan ese ciclo hasta un número incontable de generaciones.

martes, 12 de junio de 2012

Muelas del juicio. Primera parte

Ayer por la tarde fui al dentista, creyendo que debía ponerme apenas una tapadura por alguna caries que me molestaba. Sin embargo, mi sorpresa fue mayúscula cuando él dijo que mis molestias se debían a una gingibitis causada por la presión que ejercen las muelas del juicio. Me quitó las dos del lado derecho y aún faltan las del izquierdo, que me sacará en dos semanas más.
No fue nada fácil. De hecho, mientras yo me encomendaba a Allah, el odontólogo sudaba esforzándose y una vez hecho el procedimiento, habiéndome mostrado las dos piezas enormes, dijo que jamás había visto muelas tan difíciles de extraer, porque además tenían gancho, crecían curvadas y llevaban doble raíz. Muelas de extraterrestre.
Ahora sólo me levanté para cumplir con las cinco oraciones diarias. Tengo que guardar reposo relativo, además de medicarme con antibiótico y calmantes. Apenas pude entrar en Facebook para responder algunos mensajes y ver quién me había escrito.
Gracias a Allah, siendo diabético no he tenido mayores problemas de cicatrización ni nada por el estilo. Quería traer mis muelas a casa, pero el doctor dijo que por ley no podía entregármelas, ya que al parecer son fuente de infección. Bueno, tampoco pretendía mandar hacerme alguna joya con incrustaciones molares.

Gracias por tu visita

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Espero tenerte de regreso; siempre serás bienvenido. Hasta pronto.

Yahya. Carlos Flores A.
Escritor chileno.