«Quien no conoce Estambul, no conoce el amor».

Yahya Kemal Beyatlı.

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Carlos Flores Arias – Yahya.

Escritor chileno.

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lunes, 27 de mayo de 2013

Escritura creativa y recreativa

Hoy llueve en Santiago y hace un frío del carajo, pero a pesar de ello todo parece estar bien o al menos, mejor de lo que pensaba y como siempre, pude haber estado ahogándome en un vaso con agua.
Mi pluma vuelve a escribir con entusiasmo, aunque sólo sea en este blog porque mi diario íntimo hace meses que no es actualizado y sigo buscando un tema interesante -según yo- para escribir una nueva novela que me ayude a pasar el tiempo mientras tengo respuesta de la editorial con relación a la más reciente.
Lo que debo hacer primero es definir sobre qué asunto deseo narrar una historia y para ello, no es necesario retirarme a un lugar apartado meditando ni mucho menos, como algunos aseguran. Simplemente se requiere explorar en mis intereses y luego, ver haciadónde podría conducirse el relato.
Además, una vez definido el tema, se requiere elegir al protagonista y darle características tan básicas como el género y origen -que puede ser de raza, nacionalidad o incluso especie-. Ya hecho esto, se le otorga una historia pesonal de la cual puede derivarse el conflicto.
El conflicto de la obra es darle un espacio al protagonista dentro de una trama particular o contexto del relato.
Se puede contextualizar la narración definiendo un lugar, época, hecho histórico como lo más global hasta detallarlo en población socioeconómica o nivel cultural. De esto se desprenden los demás personajes que interactúan con el protagonista y contribuyen incluso con sus propias historias al universo del relato.
Por último, todo ello mezclado en dosis exactas da como resultado una narración que pueda desarrollarse prácticamente sola o de forma bastante fluida.
No hay ninguna ciencia compleja en esto. Es como poner a alguien desnudo en medio de la nada y comenzar a vestirlo, darle un entorno, una razón para moverse en ese espacio, colaboradores que lo guíen, obstáculos para superar... Del mismo modo en que un bebé aprende a caminar y luego marcha por sí mismo.
Quien diga que todo es un proceso de introspección profunda, se está liando más de lo necesario. A veces esto es necesario si se pretende definir como primer elemento el mensaje del relato, pero la mayoría de las oportunidades {este se da espontáneamente y entrega un valor mucho más significativos o permanentes que aquellos mensajes profundos cuya complejidad distrae al lector y no le permite gozar una vista panorámica del camino.
Hace algún tiempo perdí mi teléfono móvil, en cuya memoria guardaba muchos datos interesantes para escribir novelas. Desde hoy no confiaré tanto en la tecnología y comenzaré a utilizar una libreta de apuntes que llevaré a todos lados en mi mochila.
En esta libreta pueden anotarse nombres para personajes, fechas históricas importantes, hechos noticiosos, palabras curiosas. Para especificar más, pueden anotarse también las definiciones de dichos términos, sinónimos y antónimos que sirven para aumentar el vocabulario, evitando en lo posible la redundancia.
Aquella libreta también puede contener cualquier detalle que se aprecie por las calles como direcciones de sitios y descripciones de los mismos que luego, utilizar para darle mayor realismo al relato.
Aunque parezca tonto, no debe olvidarse llevar el lápiz. Siendo escritor, cuando ocupaba las notas del teléfono móvil jamás llevaba conmigo un bolígrafo y muchas veces necesité firmar documentos.
Ahora seguiré buscando la inspiración, que puede hallarse en cualquier sitio.

viernes, 24 de mayo de 2013

Yunus Emre estaba en lo cierto

 «Mi fugaz vida llegó y se fue
viento que sopla y pasa.
Que todo breve ha sido siento
un mero parpadeo
».

Yunus Emre (¿1240–1321?).

Hoy es un día fatal, pero como no tengo completamente actualizado mi diario íntimo, lo registro aquí sin dar mucho detalle, para no olvidarlo cuando pueda escribirlo en las páginas más personales.
Debí suponer que algo así pasaría, porque siempre me ha sucedido y a pesar de que tengo treinta y un años, al parecer esto es algo a lo que las personas debemos acostumbrarnos porque todo es efímero salvo Allah y sólo con Él podemos contar incondicionalmente. Aunque no me guste, deberé desempolvar una vieja frase del Sr. L y reconocer que «Todos estamos de paso por la vida de alguien y luego, cada cual sigue su camino». Él mismo fue pasajero en mi vida y estaba muy conforme con la idea.
Mi angustia no se debe sólo a ver cerrados algunos canales de comunicación sino también a ignorar qué sucede exactamente y odio sentirme impotente cuando son tantas mis ganas de estar con ellos, apoyándolos. Sin embargo, tanto los sentimientos como los deseos no pueden imponerse ni transferirse. Son semillas que sólo dan fruto en terreno fértil.
Pese a todo, me resisto a darle importancia al pensamiento del Sr. L cuando pasamos por la peor crisis y que sin duda, dio origen al posterior quiebre definitivo de nuestra amistad. Más bien prefiero hallarle otro significado: siempre puedo compartir mi felicidad con muchas personas, caminando juntos pero eso no quiere decir que mi dicha sea la suya, dividiéndose así las rutas. No obstante lo anterior, el amor es un lazo indestructible.
Aunque mi corazón se haya quedado allá en Estambul, entre Fatih y Üsküdar, a veces me grita desde lejos reclamándome que regrese a buscarle. Pero no entiende de razones ni acepta que en mis bolsillos hay más deseos e ilusiones que dineros.
La adivina que me leyó el café en ese local de Moda tenía razón al decirme que le temo a la muerte de los amigos, pero no se refería a un fallecimiento literal sino al distanciamiento, al enfriamiento de los afectos... Es tan inevitable y aún así, debo aceptar la voluntad de Allah porque sólo Él sabe qué depara el futuro, tan incierto como inexistente.
No podemos retener a nadie. Es lo único cierto además de la misma muerte, que no resulta inevitable como nacer y fallecer solos, teniendo de única e irreemplazable compañía a Allah desde antes del vientre hasta después de la tumba.
Nunca he aprendido a lidiar con mis apegos emocionales y sin importar qué camino recorra, siempre me tropiezo con la misma piedra, que parece buscar mi huella para interponerse en mis pasos. Es irónico decirlo, considerando que uso silla de ruedas y debería comprarme una todo terreno.
He tenido demasiadas pérdidas en mi vida, como toda la gente, supongo. De manera increíble, el llanto no se agota y vuelvo a comportarme como un perro abandonado en medio de la carretera cuando alguien que estimo se aleja.
¿Y quién me puede culpar? Ahora también tengo afectos turcos que están más allá de los mares, al otro lado de este pequeño mundo que a menudo nos agobia con su inmensidad. Sólo Allah sabe si algún día me permitirá verles nuevamente, pero entre los muchos asuntos que ignoro está mi inseguridad de mantener vivo su cariño como el primer día, sin importar cuánto tiempo transcurra o cuánta distancia nos separe. ¿Y si llego allá y me encuentro con las ruinas de lo que construí antes de vernirme a Chile? ¡Ay, mis amigos, mis hermanos!
Debo llevar a la práctica aquello que dije aquí alguna vez sobre no pensar tanto en mí y pensar más en el otro. No soy nadie para cuestionar nada y sólo me queda aceptar de buena gana lo que venga, no resignarme como si fuese una condena. Toca confiar en que Allah me enseñará el camino.

domingo, 19 de mayo de 2013

Buscando una nueva aventura literaria. Tercera parte

Por eso, ya en mi tercera novela cuyo manuscrito se titula Síndrome de Estambul: El diario de Sofía Mustakis, me doy permiso de ser totalmente egocéntrico desde un punto de vista literario para dar rienda suelta a lo que más me apasiona en el aspecto terrenal: Turquía. Allah me bendijo con un viaje soñado en 2011, tras doce años deseando conocer aquellas tierras tan distantes e igualmente maravillosas, donde se funden en una perfecta comunión Oriente y Occidente.
Allá sufrí una profunda metamorfosis que posiblemente pocos ojos entrenados noten a simple vista. Pero además, comprobé que la felicidad es posible cuando se cumple un sueño y conoces gente tan magnífica como a quienes yo encontré.
Y lo más espectacular de todo fue que ni en mis más ideales fantasías durante esos años soñando, podría haber imaginado una aventura tan perfecta, planificada por Allah. Si hasta tuve la ocasión de asistir a un recital del cantante turco cuya música suele acompañarme mientras escribo y me entrevisté con él. ¿Y todo eso no lo iba a compartir en una novela? Por favor.
Ahora sólo queda tener fe y esperar hasta julio próximo para recibir noticias. Mientras tanto, intentaré mantener vivos los sueños de otros universos literarios, donde se mezclen realidad y ficción como si de una receta gourmet se tratase.

Nota: Originalmente este artículo sería publicado en una única entrega, pero la página de Blogger no me permitió guardar ni postear un escrito superior a los doscientos caracteres. Por ello, preferí dividirlo en tres partes.

Buscando una nueva aventura literaria. Segunda parte.

Y sobre escribir una novela gay, ya lo hice en ¿Con cuántos hombres has amanecido?, sin publicarse. Terminada en 2011, aún no encuentro una editorial capaz de aventurarse con una obra atrevida, pero constructiva. En su momento, Pablo Simonetti me recomendó editoriales y hasta fue amable dándome consejos sobre cómo abordar temas que tratados superficialmente, no podrían aportar más allá del morbo.
Debo reconocer que pese a haber tenido mi segunda novela ya terminada e inscrita, los consejos de Simonetti fueron un gran aporte a mi desarrrollo como escritor. Aprendí que no debía narrar vulgaridades para ganar dinero. Además, cuando un narrador se limita sólo a un público objetivo, como lo fue el caso de mi segunda obra, su carrera se acorta aún más porque el tema se satura pronto.
Lo mejor es escribir sobre varios temas e intentar en la medida de lo posible, llegar a distintos publicos. Si se logra este objetivo, puedes reinventarte y narrar desde diversas perspectivas para no ser encasillado como escritor de misterio o algo parecido.
Frente a las escasas oportunidades de publicación para esta obra, al menos por el momento, decidí no aventurarme nuevamente en este aspecto de la narrativa, reconociendo que fue osado redactar el manuscrito como un diario íntimo claramente ficticio... Tal vez más adelante y para evitar los desagradables juicios valóricos pre publicación, pueda animarme a escribir otra obra polémica, pero en tercera persona.
Está claro que la mezcla de homoerotismo, drogadicción y núcleos familiares rotos es una receta para el desastre que sólo editoriales muy progresistas se atreverían a publicar, porque leerían un espejo de nuestra sociedad en el cual a muy pocos les gusta mirarse. Es increíble que en pleno siglo XXI, nos parezca demasiado fuerte leer lo que somos como sociedad y sin embargo, tengamos una conducta tasn indiferente al ver los noticiarios todos los días.
No fue mi intención aumentar el libertinaje ni convertirme en un moderno Marqués de Sade, pero si hay quienes exigen el derecho a matrimonio igualitario, creí que también estaríamos preparados para leer aquello de lo que nos gusta hablar muy poco o nada. Claramente me equivoqué.
Les aseguro que me aún me sorprende ver de cuánta hipocresía es capaz nuestra sociedad, que se espanta por leer sobre la vida misma con alguna licencia poética pero al mismo tiempo, se deleita viendo en televisión sobre los bochornosos escándalos de celebridades en programas faranduleros, como si de un circo romano se tratase.
¿Acaso es mentira que en nuestra sociedad existe el adulterio o el divorcio? ¿No podemos mirar más allá de nuestro ombligo y respetuosamente, ver que hay diversas formas de vivir en este mundo? Pero sí nos damos permiso para mirar en la televisión programas sobre crudas realidades, como si no fuese la nuestra.

Buscando una nueva aventura literaria. Primera parte

Aquí estoy, nuevamente intentando hallar la inspiración que a veces anda prófuga y me deja encadenado al peso de una página en blanco, donde podría narrar muchas historias aunque ninguna encuentre el camino en ese laberinto desde mi cabeza hasta el monitor.
Llevo tres novelas escritas y busco la cuarta, pero no sé qué tema abordar. Hace un tiempo quise escribir sobre vampiros y hombres lobo, dándome cuenta después de que es algo tan trillado como comercial, haciendo hasta odioso leer algo más al respecto.
¿Qué novedad podría incluír? Nada. Al final, con más o menos ingredientes la receta acaba teniendo el mismo sabor primordial y ya es un tema que no asusta a nadie como ocurría por ejemplo, en el siglo XVII. Si bien podría aceptar el desafío de escribir una historia terrorífica que quitara el sueño a mis lectores, ciertamente la mayoría de ellos -especialmente mujeres- buscarían entre las páginas a personajes seductores y bellos, decepcionándose con mi idea de retomar el antiguo mito europeo donde estos seres sobrenaturales son muertos bebedores de sangre.
¿Y qué tal los cazadores? Después de Buffy, cualquier personaje que usara estacas sería odiosamente comparado y resultaría inevitable incluír alguna lucha entre ambos bandos. No quiero eso; me parece demasiado simplista.
De una u otra forma terminaría escribiendo algo muy parecido a mi primera novela, Alma Negra, de corte épico y fantástico. Aunque alguna vez me aconsejaron narrar una segunda parte o incluso convertirla en saga porque tenía muchos detalles que lo permitirían, creo que una historia debe saber cuándo acabar y si el escritor no se siente ilusionado con la idea de seguir, tampoco será bueno lo entregado. Eso se nota.
No me considero un escritor comercial, de aquellos que escriben sobre lo que está de moda aunque estén imitando un patrón, para hacerse famosos y millonarios rápidamente. Escribo sobre lo que me gusta aunque a nadie más le apasione. Posiblemente jamás una novela mía sea llevada al cine ni mis lectores se disfracen como los personajes, pero pueden estar seguros, cuando sólo tengo una novela publicada de las tres, que escribo para entretener y enseñar sin ánimo petulante del intelectual superior al resto.
Tal vez retome algunas ideas esencialesopara construír mundos imaginarios donde pueda pasar de todo, pero no crearé encarnaciones de dioses paganos como en mi primera obra, pues sólo Allah debe ser adorado y aunque estemos hablando de ficción, no debemos olvidar lo más importante.
Escribo para sentir que puedo vivir más allá de mis propias limitaciones físicas y emocionales, no para tener una abultada cuenta bancaria, aunque sí reconozco que es un trabajo como cualquier otro y uno espera ganar dinero. No seré tsn cínico como aquellos que aseguran escribir por amor al arte. Sí. Quienes trabajamos en esto porque nos gusta, sentimos con el tiempo esa necesidad vital de escribir; pero también necesitamos comer o pagar las cuentas.
No soy un escritor que hace esto por tener un pasatiempo o porque no tiene nada mejor qué hacer. Soy uno de aquellos que aún sabiendo cuánto cuesta recorrer este camino, quiere llegar a la última estación y para eso, se requiere dedicación. Lo más fácil sería enviar a las editoriales muchos manuscritos de basura literaria que sólo entretuviera por un rato, pero esa fama es más efímera que la buscada por quienes realmente deseamos entregar algo a nuestros lectores y después, ellos juzgarán su valor.

martes, 14 de mayo de 2013

Un pensamiento inspirado

Esta tarde no quiero escribir setenta párrafos de algo que mis lectores ya saben sobradamente. Prefiero ser breve y dejarles una cita simple.
Que Allah lo facilite. (Amín).

lunes, 13 de mayo de 2013

Un ejemplar firmado

Aquí les dejo una foto ya antigua: un ejemplar de mi novela, Alma Negra, firmado para una ex compañera de liceo en su cumpleaños.
Desde entonces no he vuelto a verla, pues su vida de madre y el trabajo obviamente le ocupa más tiempo. Es increíble cómo pasa el tiempo y hace catorce años escribía en una agenda Pascualina, usaba camisetas cortas mostrando el ombligo y rompía la ventana de nuestra sala con su anillo, dándole un puñetazo.
Y pensar que yo también he cambiado.

sábado, 4 de mayo de 2013

Accidente en la ducha

Bueno, no fue precisamente en la ducha sino entrando al baño privado de mi habitación esta mañana, para hacerme la ablución de wudu antes de realizar el salat de Faÿr. Fue entonces cuando estornudé tan fuerte, que salí disparado de la silla hacia mi ducha, estrellándome con el lado izquierdo del cuerpo.
Quedé tirado ahí por breves segundos, pensando que pude haberme golpeado la cabeza contra la pared y romperme el cuello. Mis padres que aún dormían a las 5 a. m., me habrían hallado muerto dos horas más tarde, al darme el desayuno.
No me quedó otro remedio más que reincorporarme como pude, lavar con agua fría la herida que tenía en el brazo para evitar cualquier infección y hacerme la ablución de wudu. Seguí mi vida como si nada hubiese acontecido, pero les dije a mis padres para evitarles las preocupaciones o dudas al notarme la cicatriz. De todos modos, ya pasará porque es apenas superficial.
Sin embargo, memorable será el momento en que iba camino al piso, como digno protagonista de la saga Duro de matar. Ni siquiera tuve tiempo para fijarme si toda mi vida pasaba frente a mis ojos, pero no habría podido prestarle atención a esa película, porque haciéndolo, habría perdido todos los dientes. Lo que sí resulta cierto es eso de ver estrellas, pues aunque no me aturdí, seguramente mi cerebro se preparó para un probable coma..., pero yo no despertaría como Beatrix Kiddo, eso está claro.
Elhamdulillah, estoy aquí, escribiendo ahora y listo para seguir adelante hasta y como Allah lo determine.


martes, 16 de abril de 2013

Gestando un relato

Tal vez deba escribir una próxima novela sin fijarme mucho en lo que finalmente pueda resultar. Buscar un tema es difícil porque todos parecen apasionantes en un principio, pero hay veces en que la historia no cuaja y los personajes no van más allá de la primera página, luego borro todo y es como un aborto espontáneo.
Podría escribir sobre criaturas fantásticas por ejemplo, pero eso suele interesarle más que nadie a las niñas, salvo que incluya algún pasaje erótico para atraer público adulto pero es irse por el camino fácil y no te garantiza la entrada a una editorial. Además, tampoco se trata de escribir cualquier cosa que venda con tal de convertirme en otro escritor millonario y famoso por relatos fútiles. No quiero caer innecesariamente en lo comercial.
Deberé definir un tema que realmente me interese, para no quedar sin historia llegando a las cien páginas y luego, iniciar la investigación, de modo que hasta lo más ficticio le parezca verídico al lectgor o por lo menos, que no se aburra esforzándose en creer lo que le cuento. Hay algunos relatos que mueren precisamente porque su autor intenta a toda costa convencernos de algo, cuando lo mejor es dejar que el lector entre al juego y quiera creer.
Como siempre, buscaré un tema que además de entretener por un rato, deje algo más, un mensaje o una reflexión que sustente mi trabajo.

lunes, 25 de marzo de 2013

Mi nueva novela ya registrada

Hacía tiempo no escribía porque me dediqué durante meses a mi nueva novela. Escribí a diario desde las 8:00 hasta las 13:00 y por las tardes desde las 15:00 hasta las 21:00 horas, obviamente dejando tiempo para mis oraciones y comidas. ¿Por qué tanto afán? Pues quería participar en un concurso literario para el cual tenía como último plazo de entrega el próximo 10 de abril.
Sin embargo, antes de enviar el manuscrito por correo electrónico, debía imprimir dos copias de las cuales una tengo yo y la otra debía ser entregada en el Departamento de Derechos Intelectuales. Lo hice hoy y teniendo el número de registro, pude participar del concurso.
La obra quedó registrada bajo el título Síndrome de Estambul: El diario de Sofía Mustakis y en ella me valgo de la narrativa de ficción para detallar mi viaje a Turquía en 2011.
No quiero dar más detalles, pues sabré los resultados dentro de tres meses a partir del 10 de abril. El ganador obtiene un contrato de edición, la publicación del libro y una cuantiosa suma de dinero como adelanto.
Espero ganar, no porque sea buen escritor o tenga una cara bonita, sino porque en realidad trabajé mucho para obtener un buen producto final detallando mis aventuras en un país maravilloso, pero mezclándola con una historia ficticia que enmarca la crónica y dejé finales abiertos, por si se me antoja escribir una secuela pero para ello, tendría que hacer un segundo viaje.
Lo único malo es que mientras hacía el trámite de inscripción, perdí mi teléfono móvil que cayó de la mochila y debí bloquear el número. Pero es una nimiedad.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Pobreza cultural y desamor patrimonial

 Me encantan los colores de esta imagen. Me recuerdan a los tonos que ví allá al ocultarse el sol.
Aquí en Santiago los atardeceres no son tan románticos porque nos falta ver el mar y en cambio, hay demasiados edificios que se levantan como barrotes de una jaula contaminada.
A pesar de ello, también tenemos sitios interesantes para visitar como el Parque O'Higgins, el Palacio La Moneda, Santa Lucía y sus atracciones propias.
Sin embargo, heme aquí encerrado en mi cuarto, escribiendo esta entrada e intentando avanzar con mi más reciente novela. Así es la vida del escritor, vivida a través de sus escritos, que son testimonio de su efímero paso por este mundo, tan breve y olvidable como la brisa que puede rozarles la mejilla cualquier tarde, cuando regresan a casa desde la oficina, como una rutina.
No he ternido tiempo ni siquiera de actualizar mi diario íntimo porque al escribir una novela, debo concentrarme completamente en ella, sin leer o redactar casi nada más. Afortunadamente tengo aquel diario que mantuve durante mi viaje y puedo repasar para el trabajo mis paseos por Sultanahmet, Eminönü, Pierre Loti, Karaköy y Taksim entre otros sitios soñados.
Aquí hace falta tener más amor por nuestra historia que sin ser milenaria como en Turquía, tiene mucho qué decir sobre la Conquista y posterior Colonia. No tenemos suficiente respeto por nuestro propio pasado y ello nos hace menospreciar el patrimonio cultural que afuera es tan valorado.
Lamento decir que desde hace un buen tiempo en mi país se habla un nuevo castellano, uno más simple. En él las palabras marcha, manifestación y protesta son sinónimos de destrozo, saqueo y delincuencia. No es difícil hallar en los noticieros reportajes sobre marchas estudiantiles que terminan con barricadas o delincuentes arrestados que apenas son adolescentes encapuchados, cuya cobardía se acentúa más con cada bomba molotov lanzada contra la fachada de algún negocio o edificio público.
Aquí el defender los derechos de un sector específico de la sociedad es utilizado como escusa para robar y delinquir indiscriminadamente, dejando indefensa a la población que muy poco o ninguna relación tienen con la combocatoria.
Así es mi país. Una vergüenza.

> Foto arriba: Eminönü, Estambul-Turquía.
Fecha. Febrero, 2013.
Fotógrafo: Zafer Devel.
> Foto abajo: Marcha estudiantil, Santiago-Chile.
Fecha: Octubre, 2011.
Fuentes: Europa Press y Radio Mercosur.

viernes, 18 de enero de 2013

Capítulo 11: La gran bienvenida

Éste es el último capítulo de la serie de artículos Corazón osmanlí en el blog La pluma dorada.
Fueron cinco meses en que un amigo, un hermano, alguien que ocupa su lugar en mi corazón, estuvo lejos de su hogar para cumplir un deber patriótico y hoy, finalmente su familia lo puede abrazar.
Ayer regresó y todos estábamos al pendiente. Yo desde aquí, por correo electrónico, me mantenía al tanto de su llegada a casa pero allá, sus familiares y amigos más cercanos se alegraban viéndolo nuevamente.
Ahora está más maduro y se nota que tuvo tiempo para pensar sobre su vida y hacia dónde espera llevarla, siempre con el permiso de Allah. Espero que tenga la oportunidad de llevar a cabo aquellos proyectos que tanto debe haber madurado cada minuto de tiempo libre.
Hoy es su cumpleaños y seguramente el obsequio más valioso son las bendiciones de Allah, como estar con la familia y darse cuénta de cuánto le amamos quienes lo conocemos, si hasta mi madre estaba feliz por su hijo turco, el angelito que nos acompañó mientras estuvimos allá.
Sólo deseo que Allah me bendiga permitiéndome otra vez estar con mis queridos turcos, para abrazarles y sentir una segunda ocasión aquella felicidad plena, que únicamente pude experimentar allá. ¿Y por qué? ¿Qué hice yo para merecer tal privilegio? Nada.
Sin embargo, la experiencia me sirvió para nutrir mi corazón osmanlí, hallar el atardecer más bello y romántico del mundo o escribir una novela narrando los inolvidables días en Turquía.
En mi alma sigue existiendo la huella de un pasado distante cuyos ecos se escuchan hasta hoy y seguramente, continuarán repercutiendo en mí por mucho tiempo más, forjando nuevas realidades distintas a la que una vez fue, con esperanzas de un futuro auspicioso junto a quienes amé, amo y amaré.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Capítulo 10: El tiempo pasa

A partir de hoy se hacen más cortos los días para que aquellos hijos turcos que hace meses salieron de sus hogares pretendiendo cumplir un deber patriótico, retornen al seno familiar, donde serán bienvenidos y amados, más que el día de su partida. Es un motivo de felicidad entre tanta incertidumbre.
La inquietud de nuestra distancia se calma al pensar que muy pronto y con el permiso de Allah, mis hermanos y amigos turcos que ocupan un lugar especial en mi vida, verán nuevamente el maravilloso atardecer de Estambul, tomando un té, tranquilamente.
Aún falta para que yo regrese a esa tierra donde mi corazón se quedó cautivado por una felicidad plena, jamás antes experimentada por quien escribe. Consta en cualquiera de mis diarios íntimos, escritos desde mi infancia, que la dicha ha sido escasa pero muy valorada y durante el viaje que hice en 2011, no tuve tiempo suficiente para digerir los sentimientos y emociones tan abundantes.
Aquí en Santiago hay veces que los días se hacen eternos añorando la felicidad de mis paseos por Turquía, con aquella gente magnífica que sólo sonriéndome podía hacerme olvidar casi cualquier sufrimiento.
No puedo evitar recordar las palabras de mi abuelita materna Victoria Ester, que en paz descanse, cuando me pedía postergar un posible viaje a Turquía hasta después de su fallecimiento. Así sucedió porque Allah lo quiso y durante mi aventura, muchas veces imaginé lo contenta que estaría viéndome tan dichoso.
Espero que mis súplicas sean prontamente atendidas si lo determina Allah, permitiéndome regresar al lugar donde mi pecho se llena, conmoviéndose el corazón.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Capítulo 9: Una luz de esperanza

A pesar del largo tiempo que ha transcurrido sin mantener contacto frecuente con mis seres queridos en Turquía, intento sobrevivir día tras día con algún breve mensaje, porque la información en los noticieros es cada vez más ausente.
Afortunadamente falta muy poco para que nuestro contacto pueda regularizarse y aún así, desde la lejanía, se deja ver una fugaz luz de esperanza al pasar los meses y leer que la cuenta regresiva ha comenzado para quienes preparan el retorno a sus amados hogares.
Desde el primer momento mis súplicas a Allah han sido rogándole que cada amigo y hermano se encuentre bien, bendecido y protegido. Estoy seguro que muchos ahora consideran el abrazar a sus familiares como una de las mayores bendiciones posibles.
Por otro lado, ésa no es mi suerte todavía, aunque diariamente ruego que nuestro reencuentro no tarde en llegar y podamos disfrutar otra vez la sencillez de un café en cualquier café osmanlí, de aquellos que te sirven un simit o los deliciosos helados turcos que son insuperables.
No es sólo el sabor lo que se extraña, sino escuchar sus voces, mirárles a los ojos para ver ese alegre brillo y abrazarlos con el deseo de no soltarlos nunca más. Sin embargo, aunque deposito mi destino en manos de Allah, la naturaleza humana que tengo no me permite desterrar completamente los pequeños rastros de tristeza por tenerles tan distantes, aún teniéndoles en mi corazón siempre.

domingo, 7 de octubre de 2012

Capítulo 8: Conflictos internos

Desde aquí todo se ve tranquilo porque paso el día en mi habitación, esperando que algo bueno suceda o recibir noticias más allá de los noticieros que informan sobre la terrible situación en Siria y sus ramificaciones dentro de la región.
Chile es un país muy bien preparado militarmente, pero vivimos en una zona pacífica donde los conflictos diplomáticos se resuelven entre políticos y no participamos en un enfrentamiento deede la Guerra del Pacífico -la ironía es odiosamente obvia- aunque también se le conoce como Guerra de Guano y el Salitre, ocurrida entre los años 1879 y 1883.
Somos una nación  que para algunos episodios dolorosos de su historia tiene amnesia mientras que para otros gozamos de memoria eterna. Tal vez eso ocurre siempre que el pueblo sufre pérdidas humanas, porque no sólo se trata de gente -que ya resulta doloroso- sino también implica la ruptura de historias personales para quienes sobreviven y deben seguir adelante con un corazón mutilado en sus emociones.
¿Qué habrán sentido aquellos cuyos seres queridos partían a pelear en la guerra? Aunque suene sexista, las mujeres eran quienes más afectadas resultaban. Madres, esposas, novias y hermanas que diariamente esperaban una carta con breves frases amorosas entre detalles que los informativos de antaño no sacaban a la luz pública.
El patriotismo era entonces aderezado con promesas de regresar pronto al hogar, donde los valientes soldados serían recibidos como héroes por quienes les esperaban angustiados durante largo tiempo.Tanto mayores eran el prestigio del soldado y el sufrimiento de quienes le aguardaban si la guerra los contaba entre sus víctimas. Pero los conflictos bélicos no consideran las emociones sino sólo intereses egoístas.
Es ridículo pensar que la guerra tiene algún lado positivo. No sólo los combatientes sufren o sus familias sino también en gran medida todo el mundo, cada vez que una persona muere. Las pérdidas no se limitan sólo al aspecto social, político o económico, pues las heridas en nuestra sociedad no cicatrizan completamente sin importar cuánto tiempo pase y en consideración a aquello, la calidad del ser humano disminuye cuando dejamos de respetar al otro y pretendemos someterlo e incluso eliminarlo.

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Yahya. Carlos Flores A.
Escritor chileno.